Raíces históricas del conflicto Estado/mapuche (IV)

15/04/2019
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Parte 4

 

Las raíces históricas del conflicto Estado/Mapuche aclaran el presente. Por un lado, pese a ser una sociedad sin Estado o, quizás por ello, los Mapuche, resistieron eficazmente la colonización. Fueron, según el Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar,[1] la “única nación indígena que derrotó un imperio”.

 

Es así como, ellos mantuvieron esa autonomía hasta ser derrotados en la pacificación de la Araucanía (1883). La subsiguiente ocupación redujo sus territorios a un mosaico de reducciones. A ello se agregó la violenta usurpación de esas reducciones. Además, las leyes facilitaron la división y enajenación de las tierras. Como resultado, decenas de miles de Mapuche sin tierra se integraron al peonaje o migraron a las ciudades.

 

Asimismo, los Mapuche resistieron junto a colonos pobres y campesinos contra latifundistas (Ranquil). Muchos esperaron que los juzgados de indios, les devolvieran sus tierras. Otros, ingresaros al gobierno de Ibáñez en los años 50. De todos modos, no consiguieron recuperar sus territorios. Sólo durante el gobierno de Salvador Allende, recuperaron sus tierras, legalmente o mediante corridas de cerco.

 

Sin embargo, esa primavera terminó abruptamente con la dictadura de Pinochet (1973-1990). Los Mapuche pagaron costos humanos altísimos. Ellos perdieron las tierras recuperadas y, las que conservaron, perdieron su carácter comunal.

 

Por otro lado, la resistencia contra la dictadura, coincidió con el creciente reconocimiento internacional de los derechos colectivos de los pueblos originarios. Así pues, se favoreció un nuevo despertar indígena en Chile, con la consiguiente narrativa indigenista. Además, ese despertar creció paralelamente a la profundización de la ofensiva neoliberal extractivista de monocultivo forestal en la Araucanía. Contribuyó también, la creciente decepción por las promesas no cumplidas del Acuerdo de Nueva Imperial. Por ello, creemos que las raíces históricas del conflicto Estado/Mapuche interpelan las izquierdas y sus propuestas socialistas para el siglo XXI. Veamos estas aseveraciones en detalle.

 

La conquista que no ocurrió

 

Un millón de Mapuche habitaban entre el Rio Limarí (Ovalle) y la isla grande de Chiloé (Millalén, p. 17).[2] Los españoles arrasaron o asimilaron los Picunches (Mapuche  del Norte), al norte del río Bío-Bío. Otros sobrevivientes huyeron para evitar el régimen de encomienda (Bengoa, p.23)[3]. Por su parte, los pueblos Mapuche del Wallmapu y el Willimapu (del río Bío-Bío hasta la isla de Chiloé) resistieron durante 250 años la colonización española. Sólo fueron sometidos con la pacificación de la Araucanía, a fines del siglo XIX.

 

Recordemos que durante la colonia, el territorio Mapuche se extendía a Argentina, al Puelmapu, la tierra de los Mapuche del este. Aunque menos numerosos que en Chile, ellos jugaron un rol clave en el comercio Mapuche durante la colonia.

 

Notemos además, que los Parlamentos (Koyang) con la Corona española incluían esos territorios. Ello explica que la pacificación de la  Araucanía, después de la independencia, coincidiera con la Guerra del Desierto en Argentina. Tenía los mismos fines de control territorial por los Estados nacientes.

 

Ello explica que hoy existe consenso en que los hechos históricos sustentan una narración alternativa a la de la historia oficial. En efecto, el conflicto Estado /Mapuche no tiene 500 años (Cayuqueo p. 18).[4] Fue el Estado chileno, en la segunda mitad del siglo XIX, el que impuso la colonización forzosa del territorio Mapuche. De acuerdo a la narrativa indigenista actual, las raíces del conflicto Estado/Mapuche son recientes: tienen poco más un siglo

 

Sin embargo, ello no explica el hecho inédito de la conservación de la autonomía y la soberanía del territorio Mapuche durante toda la colonia. Ello apasiona los antropólogos, historiadores y cientistas políticos. Esa particularidad interpela las izquierdas chilenas, obligando, entre otros, al reconocimiento del carácter plurinacional del territorio chileno.

 

La Colonia Fortaleció la Nación Mapuche

 

Los Parlamentos entre los españoles y los butalmapu,[5] confirman la derrota militar de los conquistadores españoles en la Guerra de Arauco. Es lo que establece el Parlamento de Curalaba (1598), firmado con Oñez de Loyola. Después, lo confirma el Parlamento de las Paces de Quilín (1641): A cambio de un reconocimiento simbólico; el rey de España acepta que los Mapuche ejerzan su soberanía y autodeterminación al sur del rio Quilín.

 

Por su parte, el estudio de Carlos Contreras Painemal,[6] sobre los 70 parlamentos entre la Corona española y los Mapuche, confirma que los Mapuche ejercieron su soberanía territorial durante toda la colonia. En efecto, el Parlamento de Negrete (1803), en vísperas de la guerra de independencia, volvió a confirmar la autonomía del territorio Mapuche respecto de la Corona española.

 

Esa situación no era fortuita. Las crónicas de la época, afirmaban que la Guerra de la Araucanía costó más vidas españolas, que en todo el resto del continente. Algunos aducen que fueron factores geopolíticos los que llevaron a que los españoles prefirieran mantener una guerra larvada, antes que pagar el alto costo de la conquista del Arauco indómito. Más aún cuando se estimaba que era un territorio sin grandes riquezas, ubicado además, en el confín del mundo.

 

Lo cierto es que los Parlamentos, reconocían las tensiones permanentes en la Frontera. Los Parlamentos no evitaron ni las incursiones militares españolas en territorio Mapuche; ni los malones Mapuche en territorio español.

 

Numerosos estudios confirman la influencia del periodo colonial. Por ejemplo, el butalmapu devino una instancia política regional permanente. Además, las relaciones fronterizas favorecieron un comercio basado en ventas de ponchos y charqui de caballo, entre otros. También, la sedentarización agregó el trigo a sus cultivos (papa, cereales, etc.) y la crianza de caballos.

 

Raíces históricas complejas y polémicas

 

Fuera de la teoría narrativa Mapuche que orienta este artículo, hay diversas explicaciones. En efecto, fue la tradicional estructura familiar, los lof; las uniones de varios lof, los ayllarewe y; particularmente los Butalmapu (instancia política y militar territorial) las que permitieron la resistencia exitosa de una Nación sin Estado contra los conquistadores.

 

Fueron esos butalmapu los que firmaron más de 70 parlamentos (Koyang) que confirmaron la autonomía de facto del territorio Mapuche. Posteriormente, con la República de Chile, los butalmapu, firmaron otros 25 Parlamentos, hasta 1883, que siguieron afirmando la autonomía indígena.

 

Ello lleva a autores como Painemal,[7] a proponer los Parlamentos como la instancia que permitiría resolver, mediante el diálogo el conflicto Estado/Mapuche. La dimensión cultural, hace que esos Parlamentos sean hasta hoy, los espacios donde se desarrolla la política Mapuche.

 

Antropólogos como Guillaume Boccara (1999)[8] plantean que la etnogénesis de la nación Mapuche se construyó en el contacto con los españoles y que maduró en el siglo XVIII. En la misma línea, Mario Góngora, afirmó que fue el estado de guerra larvado en la Frontera, lo que cristalizó en el Estado Portaliano autoritario del siglo XIX. Por su parte, José Bengoa[9] (2017), agregó que la identidad de la Nación Mapuche se construyó como un efecto de espejo respecto de la Nación Chilena.

 

No debemos olvidar que persiste el discurso racista decimonónico tradicional de la derecha chilena. Una narrativa reactivada en los años ochenta por el historiador Sergio Villalobos[10] de la escuela de las relaciones fronterizas. Ella niega que los pueblos originarios hayan tenido cultura; niega que la guerra haya durado más allá de 1655. Afirma que fueron asimilados. Esa tesis es criticada por su enfoque asimilacionista. Entre otros, por Foerster y Vergara.[11] Sin embargo es la que alimenta el Plan Araucanía de Sebastián Piñera.

 

Guerra y ocupación de la Araucanía

 

La Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas (2004)[12] reconoció que la naciente República chilena pasó rápidamente, de valorar el coraje del Mapuche ante los españoles, a un discurso racista y de negación (p.346).

 

Efectivamente, una carta de O’Higgins[13] reconocía en 1819 la autonomía Mapuche y su coraje contra los españoles. El Director Supremo les invitaba a construir la nueva Nación chilena.

 

Por su parte, Ramón Freire en el Parlamento de Tapihue (1825), reconoció el Bío-Bío como frontera de la Araucanía. Ese Parlamento prohibió la instalación de chilenos al sur del Bío-Bío. Pero era ambiguo (Millalén, p. 17) porque afirmaba que Chile se extendía desde “el despoblado de Atacama, hasta los últimos límites de la provincia de Chiloé” (Téllez p. 176).[14]

 

Constatemos, que la guerra a muerte (1819-1832) inicialmente contra realistas españoles, terminó centrándose contra los Mapuche, que defendían sus territorios contra los winkas. Ciertamente, hubo otros, los abajinos, que como el Lonko Mariluán, apoyaron los criollos.

 

RodrigoAndreucci[15], reseñó los sucesivos planes de ocupación de la Araucanía. El primero, el Plan Egaña (1823) prometió tierras a soldados, colonos chilenos y “los indios que quisieran optar por la vida civilizada”. Siguieron, el Plan Bulnes (1834), el Plan Varas (1849) y el plan Montt (1851). El expansionismo del Estado Portaliano y la primera crisis del modelo exportador chileno (1857-1861), aceleraron la invasión de la Araucanía.

 

 

Para justificar la invasión, la ofensiva por transformar esa región salvaje en el granero de Chile, surgió el discurso racista decimonónico del salvaje opuesto al progreso. En 1859 El Mercurio era el principal portador de ese discurso (Pinto p. 16)[16]. Después de la pacificación Robustiano Vera (p. 5)[17] afirmaba en 1905, quitamos “a la barbarie esos campos para entregarlos a la civilización”.

 

Reducciones, usurpación, división y enajenación territorial

 

La república independiente de Chile demoró 60 años en ocupar violentamente el territorio Mapuche. Ya la creación de la provincia de la Araucanía por Manuel Montt (1851-1861) permitió circunscribir el Wallmapu, al territorio entre el Bío-Bío y Valdivia (Calbucura 2013, p. 410).[18]

 

Luego, la Guerra de la Araucanía dirigida, entre otros, por el Coronel Cornelio Saavedra duró de 1860 a 1883. No hubo tal Pacificación, fue una guerra de exterminio[19]. No hubo un acuerdo pacífico final en la Patagua del armisticio. Fue una ocupación militar que terminó con la toma de la ciudad de Villarrica el 1 de enero de 1883.[20]

 

Después, la Comisión Radicadora de Indígenas fue la encargada de consumar la ocupación. Ella radicó los Mapuche en reducciones de carácter comunal, entregándoles “títulos de merced” por el entorno de sus habitaciones tradicionales.

 

El Estado chileno recurrió al subterfugio de justificar la confiscación legal del territorio Mapuche, porque ellos recurrían a una ocupación no agrícola ni extensiva. Fue así como en 1866, el Congreso,[21] declaró baldías, por Ley, todas aquellas tierras, sin posesión efectiva y continuada de un año. De esta manera el Estado entró en posesión del 95% del territorio Mapuche y, hasta 1929 lo subastó a colonos chilenos y extranjeros.

 

Las 3.078 reducciones con títulos de merced, cubrían 475.194 hectáreas, pero estaban diseminadas en el antiguo territorio histórico Mapuche. En el proceso, fueron radicados 77.751 indígenas,  mientras tanto, unos 33 mil Mapuche perdieron sus tierras y debieron engrosar el peonaje de latifundistas (Curiñir, p. 48).[22]

 

El sistema de reducciones desarticuló completamente las instituciones y la capacidad de autogobierno Mapuche (Marimán 2006, p.123). Como resultado, en lugar de civilización, la integración del Wallmapu al modo de producción capitalista occidental trajo pobreza y latifundio (Caniuqueo, 2006, p. 161).

 

Raíces contemporáneas de un conflicto territorial

 

Después vino la usurpación, generalmente violenta, de las reducciones (Bengoa 1996, págs. 374-376). Ya habían más de 1.200 juicios por recuperación de tierras comunales en 1929 (Nuevo Trato, p.391). Además las leyes, promulgadas entre 1927 y 1931, favorecieron la división de las tierras comunales en hijuelas individuales enajenables. Es así como entre 1931 y 1971, se dividieron 832 comunidades (Observatorio, p. 21).[23] La pérdida de tierras provocó migraciones masivas. En 1992, el 80% de la población que se reconocía como Mapuche era urbana (J. Aylwin 2002, p. 36).[24]

 

También se invisibilizó la resistencia Mapuche. Es así como la historia oficial desconoció durante años la masacre de Ranquíl en 1934,[25] para aplastar un levantamiento[26] Mapuche y campesino calificado de República Araucana.[27] Una reacción ante el decreto de Arturo Alessandri, que entregó tierras de Mapuche y colonos a los latifundistas Puelma y Bunster (Téllez).[28]

 

Otros, se integraron, como Venancio Coñoepán, ministro de Tierras y Colonización de Ibañez (1952) o quienes entraron a partidos políticos y llegaron al Congreso (Bengoa, 2011).[29] Sin embargo, ellos no consiguieron la restitución de tierra demandada a los juzgados de indios.

 

En los años sesenta cambió la situación. Ya en 1962, el Congreso Provincial de campesinos e Indígenas de Cautín llamó a movilizarse (Curiñir, p. 53).[30] A fines del gobierno de Frei (1964-1970) los Mapuche recurrieron a tomas de fundos[31] y corridas de cercos contra latifundistas. Durante el gobierno de Allende (1970-1973), consiguieron la restitución de 68 mil hectáreas. Se dieron experiencias como las del emblemático Complejo Maderero de Panguipulli.[32] También participaron en el proceso político, incluido hasta en propuestas como la del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR).

 

Aunque no era indigenista, el gobierno de Allende, (Albizú 2014),[33] fue el primero que abandonó el objetivo estatal de asimilar los Mapuche a la civilización (Ruiz, 2016).[34]

 

 

Ofensiva neoliberal en el Wallmapu

 

La dictadura pinochetista ejerció una sangrienta represión en territorio Mapuche. Una represión agudizada por el racismo tradicional del ejército hacia los pueblos originarios (Camacho, p.7, 2004).[35] En 2016, el Informe final del Trabajo de investigación de ejecutados y desaparecidos, 1973-1990, pertenecientes a la nación mapuche, contaba centenares de detenidos desaparecidos, asesinados, torturados y encarcelados (Curiñir, 2016, p.62).

 

Por un lado, la contrarreforma agraria de Pinochet devolvió a empresarios latifundistas miles de hectáreas, recuperadas por los Mapuche. Inició, además, la ofensiva neoliberal extractiva que ha destruido las especies nativas y el hábitat Mapuche (Samaniego, Ruiz, p. 179, 2015).[36] El decreto 701[37] de la dictadura sigue incentivando hasta hoy el monocultivo forestal extractivista.

 

Por otro lado, en ataque frontal contra las comunidades Mapuche, Pinochet eliminó la Ley Indígena de Allende. El nuevo decreto 2.568 (1979)[38] transformó las comunidades Mapuche en propiedades individuales con títulos de dominio. Ello aumentó la vulnerabilidad económica de los Mapuche ante un mercado hostil controlado por los winkas. También ese decreto les hizo perder su identidad legal como indígenas.