A 50 años de la Asamblea Episcopal, “Medellín-68”

“Por su propia vocación, A. Latina intentará su liberación a costa de cualquier sacrificio”… (IV)

14/05/2018
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IV y última entrega

 

Pero las posturas de la Eclesiástica, del Imperio y de las clases dominantes de América Latina, llevaron a frenar los procesos de liberación porque se satanizó el quehacer político al interior de las iglesias nacionales, que debe pasar por los compromisos fuertes de la Pastoral Social, con las luchas campesinas, indígenas, barriales, de las y los trabajadores, de las mujeres, de la juventud, de los sin techos, de los sin trabajo, de la población LGBTTI…

 

La Iglesia tiene un quehacer político, entendido como la búsqueda y construcción de la VIDA, del BIEN COMÚN, del mejor vivir, del bienestar de todas y de todos. Que no es otra cosa que la Opción preferencial por los Pobres”.

 

El mensaje de los obispos fue claro, directo, apremiante…

 

Nuestra palabra de Pastores quiere ser signo de compromiso”. “Como hombres latinoamericanos, compartimos la historia de nuestro pueblo. El pasado nos configura definitivamente como seres latinoamericanos; el presente nos pone en una coyuntura decisiva y el futuro nos exige una tarea creadora en el proceso de desarrollo”.

 

América Latina parece que vive aún bajo el signo trágico del subdesarrollo, que no sólo aparta a nuestros hermanos del goce de los bienes materiales, sino de su misma realización humana. Pese a los esfuerzos que se efectúan, se conjugan el hambre y la miseria, las enfermedades de tipo masivo y la mortalidad infantil, el analfabetismo y la marginalidad, profundas desigualdades en los ingresos y tensiones entre las clases sociales, brotes de violencia y escasa participación del pueblo en la gestión del bien común”…

 

La Iglesia, la historia de América Latina y nuestro aporte

 

Como Pastores, con una responsabilidad común, queremos comprometernos con la vida de todos nuestros pueblos en la búsqueda angustiosa de soluciones adecuadas para sus múltiples problemas. Nuestra misión es contribuir a la promoción integral del hombre y de las comunidades del continente. Creemos que estamos en una nueva era histórica. Ella exige claridad para ver, lucidez para diagnosticar y solidaridad para actuar”.

 

A la luz de la fe que profesamos como creyentes, hemos realizado un esfuerzo para descubrir el plan de Dios en los "Signos de nuestros Tiempos". Interpretamos que las aspiraciones y clamores de América Latina son signos que revelan la orientación del plan divino operante en el amor redentor de Cristo que funda estas aspiraciones en la conciencia de una solidaridad fraternal”.

 

Por ello nos sentimos solidarios con las responsabilidades que han surgido en esta etapa de transformación de América Latina. América Latina, una comunidad en transformación”

 

Llamamiento final:

 

Llamamos a todos los hombres de buena voluntad para que colaboren en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, en esta tarea transformadora de nuestros pueblos, al alba de una era nueva”.

 

Por su propia vocación, América Latina intentará su liberación a costa de cualquier sacrificio, no para cerrarse sobre sí misma, sino para abrirse a la unión con el resto del mundo, dando y recibiendo en espíritu de solidaridad”.

 

Tenemos fe: en Dios, en los hombres, en los valores y en el futuro de América Latina”.

 

En aquellos años, los vientos de liberación soplaban por todas partes

 

Volver a vivir una coyuntura como la de los años sesenta, será un cuasi-imposible. No me refiero a una repetición mecánica sino a una situación que conlleve aquellos niveles de vitalidad, de creatividad, de esperanza, de ganas de cambio, de entregas generosas, de mirada utópica… Hoy reina el pesimismo y la falta de esperanza en amplios sectores de la población. En Colombia se usa una expresión con mucha frecuencia: “Esto no lo cambia nadie”.

 

Las fuerzas de la opresión se han apalancado de tal manera, que todo lo controlan, con las mejores técnicas de punta… Inclusive acudiendo al asesinato de las y los luchadores. Pero la Historia siempre ofrece oportunidades… Como en la Naturaleza, la evolución siempre es creadora… La evolución de la Naturaleza y de la Historia no se ha cerrado. No se podrá cerrar porque el cambio es una ley inherente, propia, sabia, dinámica…

 

50 años después tenemos que constar que a la construcción Bien Común se opuso, desde los años ochenta, el neoliberalismo salvaje, que hizo retroceder aún más la Historia para las clases populares, para los pobres y para quienes viven en la miseria.

 

Los ricos son más ricos y los pobres son más pobres, en cada país. Eso no quiere decir que algunos sectores sociales no hayan mejorado. Las clases políticas le han dado aún más la espalda a las y a los de abajo, por cuanto se han dedicado a la corrupción y a robar los bienes comunes, comenzando por los presupuestos... Esos altos niveles de corrupción, no han sido denunciados con nombres propios, salvo excepciones, de parte de los sectores eclesiásticos: cardenales, obispos, sacerdotes… A nivel nacional (conferencias episcopales, CELAM), a nivel diocesano (obispos) y a nivel parroquial, sólo se hacen declaraciones en abstracto. A nadie se nombra, a nadie se menciona. En esos comunicados no hay sujetos de la corrupción.

 

La opción preferencial por los pobres, la defensa y la lucha por la justicia social y la construcción de un mejor vivir, que Jesús llama “El Reino de Dios” o “El Reinado de Dios”, son constitutivos del Evangelio

 

Jesús dio prioridad a lo que llamamos hoy la justicia social y no al culturalismo o a celebración de ritos y rituales. No fundó una religión. La religión cristiana se fue configurando en la segunda mitad del siglo tercero, y entró por la puerta grande bajo Constantino, en el año 325.

 

Ni los protagonistas del Concilio Vaticano II ni los protagonistas de “Medellín-68” pensaron que la situación de explotación y opresión de las poblaciones, podría ser peor, apenas 15 años después. “El Documento de Santa Fe” o carta fundacional del neoliberalismo data de 1982, pero ya se venía aplicando.

 

El neoliberalismo catapultó la Doctrina Social de la Iglesia

 

En muy pocos años, el neoliberalismo salvaje dio al traste, con la GAUDIUM ET SPES del Concilio Vaticano II, con la Doctrina Social de la Iglesia y con “Medellín -68”, apoyado ante todo en la “despolitización” del clero y las congregaciones religiosas, bajo Juan Pablo II.

 

También apoyado en la politización de las iglesias neo-evangélicas o neo-pentecostales, que apoyan y votan por los partidos de las derechas y buscan llegar al poder de los estados, no sólo para dar mayor seguridad al modelo neoliberal sino para imponer su moral centrada en el control de la sexualidad y la imposición de una mayor culpabilidad, porque son muchos los pecados que se han inventado… Como antaño y hoy todavía, lo hacen un buen número de obispos, sus cleros y algunos movimientos laicales.

 

Los obispos y sacerdotes “estilo Juan Pablo II”, que son la mayoría, dejaron de analizar las cuestiones socio-económicas y políticas de los países, de las regiones, de los municipios. No es gratuito que la Congregación para la Doctrina de la Fe, bajo el cardenal Ratzinger y luego bajo el cardenal Tarsicio Bertone, siendo Ratzinger ya Benedicto XVI, hayan perseguido cerca de 250 teólogos y teólogas de la Teología de la Liberación y de las teologías progresistas, de todos los continentes. Ese muy largo Pontificado Juan Pablo II-Benedicto XVI, hirió cuasi de muerte la inteligencia crítica de la fe. Se estancó la reflexión teológica de avanzada. Quienes siguieron batallado lo hicieron retirándose de la eclesiástica, tales como Hans Kung, Leonardo Boff, José María Castilla, Eugen Drewermann, para citar solamente algunas de las personas muy conocidas. Otras personas, hombres y mujeres, se auto silenciaron

 

Desde el siglo XIX se venía construyendo la doctrina social de la Iglesia, que pasaba en esos años por la aceptación y la práctica de la democracia, la libertad de expresión y de opinión, la libertad de prensa, la configuración de la clase trabajadora, el sindicalismo… Las ideas sociales fueron fruto de la Revolución Francesa y se desarrollaron en las propuestas socialistas y comunistas. Precisamente este año se conmemora y se celebra el bicentenario del nacimiento de Karl Marx, su mayor vocero. Las ideas modernistas, en bloque, fueron condenadas por Pío IX, con la publicación del “SYLLABUS”, o catálogo de errores modernos. En Francia, dos sacerdotes se lanzaron en ese empeño: El padre Lacordaire, O.P, y el padre Lamenais. Fueron silenciados.

 

Hubo que esperar hasta el pontificado de León XIII, afínales del siglo XIX y su encíclica “Sobre las cosas nuevas” (Rerum novarum), porque el mundo, quiera o no quiera la Eclesiástica, va cambiando. La apertura fue creciendo con el Concilio y las grandes encíclicas sociales de Juan XXIII y Pablo Sexto. Pero recibió un frenazo bajo Juan Pablo II.

 

El historiador y sacerdote Eduardo Hoornaert, en su libro “La memoria del pueblo cristiano”. “Una historia de la Iglesia en los tres primeros siglos”, afirma que desde la primera mitad del siglo III se empezó a marginar la teología de los marginados. Su primer teólogo fue Clemente de Alejandría. Desde entonces, obispos y clérigos se apegaron más al culto y a las riquezas, y fue desapareciendo la solidaridad como expresión de la fraternidad de los bienes comunes. Se impuso, entonces, la práctica de la limosna para socorrer a los pobres.

 

Desde entonces y hasta el siglo XX, los pobres en la Iglesia fueron considerados como objetos de limosna y no como sujetos de su propia historia.

 

Obispos y cleros, salvo excepciones, no estudiaron, no analizaron, no criticaron, no denunciaron y no se opusieron al neoliberalismo, bajo el largo pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Francisco-Papa trata de remediar la situación, pero los sectores conservadores de la eclesiástica le hacen contrapeso.

 

Porque se dejó de lado la pastoral social, como estudio y acompañamiento en las situaciones concretas de opresión y explotación de las poblaciones, no se denunciaron las injusticias que conlleva y no se luchó contra.

 

El neoliberalismo acabó con reivindicaciones fruto de largas luchas populares

 

Destruyó el Estado de Bienestar Social y privatizó el Estado, para imponer sus “dogmas”:

 

- “Todo se vende-todo se compra”. El Planeta es un gran mercado, el mercado global.

 

-El Estado no debe tener empresas, y no debe intervenir en el desarrollo del mercado y de la economía.

 

- La privatización asegura el éxito de la economía.

 

- Se globalizó la economía, entendiendo por globalización el reino y el gobierno de las multinacionales, de los bancos y de las instituciones financieras.

 

- Se elevó al máximo extremo la intocabilidad del capital privado. Como consecuencia crecieron exponencialmente las riquezas de los individuos, de las empresas y de las instituciones financieras.

 

- Se impuso el gobierno y la dictadura de las multinacionales, de los bancos y de las instituciones financieras.

 

- El neoliberalismo exige vender las empresas públicas, fruto del ahorro social de largos años. Los gobiernos corruptos las vendieron favoreciendo a los capitalistas compradores. Se vendieron, baratas, a empresas privadas y/o a multinacionales.

 

- Se vendieron en primer lugar las empresas que aseguraban los servicios públicos: agua, energía, acueductos, hospitales. Los servicios públicos se convirtieron en un negocio, en una mercancía.

 

- Los planteamientos católicos a favor del BIEN COMÚN y por la defensa de los bienes al servicio del conjunto de la ciudadanía, quedaron en letra muerta.

 

- No se hizo conocer ampliamente la Doctrina Social de la Iglesia y los sectores populares creyentes, salvo excepciones, no han sabido defender sus derechos, y los derechos de los demás.

 

- Se dejó de acompañar a los trabajadores, campesinos, indígenas, mujeres, negritudes, los sin techo, los jóvenes…, en sus luchas concretas, diarias…

 

- El neoliberalismo decretó que las organizaciones sindicales y de las-los trabajadores son un peligro para las empresas. No se propició y colaboró en la concientización y la organización de la clase trabajadora. Ésta ha sido golpeada y sus sindicatos diezmados.

 

-Se impuso la precarización y la inseguridad del empleo, por varias razones, pero ante todo para ganar más:

 

1. Menos trabajadores para el mismo tipo de trabajo

2. La creciente automatización de las empresas

3. Las jornadas extendidas: Más horas de trabajo sin pago de horas extras

 

- Una de las más flagrantes injusticias ha sido la baja y estancamiento de los salarios, la desregulación de las normas y de las leyes a favor de los trabajadores y la destrucción de los sindicatos.

 

- Ayer la iglesia o las iglesias fueron importantes para un alto porcentaje de la población trabajadora organizada. Hoy, no. Porque las iglesias abandonaron a las clases trabajadoras.

 

- Una buena parte del clero se dedicó a vender misas, ritos y rituales. O a crear mini-mercados a la entrada de los templos, para lucrarse con la venta de novenas y objetos religiosos,…

 

- El neoliberalismo impuso la explotación al máximo de la naturaleza. Las iglesias han llegado un poco tarde a la defensa del Medio Ambiente y del cambio climático.

 

- Las empresas multinacionales y las grandes nacionales declararon la persecución y hasta el asesinato de las y los opositores el extractivismo acelerado, la destrucción de la naturaleza y la crisis del agua. En Colombia en dos primeras semanas de este mayo, han sido asesinados tres ambientalistas.

 

- Las multinacionales aceleraron la compra de tierras en América Latina, África y Asia, para plantaciones extensivas, tipo aceite de palma, caña de azúcar como combustible…

 

-No se ha defendido la ética, hasta las últimas consecuencias, la moral ciudadana, política y pública, denunciando la corrupción directamente, con nombres propios.

 

- Fruto de la corrupción y del armamentismo se crecieron las deudas públicas, hoy impagables, tanto para los países ricos, como para los países pobres

 

El neoliberalismo y la crisis de las iglesias históricas

 

En la etapa neoliberal han disminuido los creyentes, las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. La iglesia católica y las iglesias protestantes históricas han perdido millones de fieles. En Occidente (Europa-USA-Canadá y América Latina y El Caribe), el cristianismo “inteligente”, declina. Ayer los medios de comunicación se interesaban bastante por el hecho religioso y por las iglesias, de manera positiva. Hoy mucho menos.

 

Ayer hubo una intelectualidad entre laicas y laicos, con cierto prestigio, que colaboraba en la creación de opinión. Hoy tiende a desaparecer…

 

Crece, sí, el cristianismo de corte supersticioso, mágico, piadoso, de venta de milagros. Han crecido los evangélicos de última generación, sin raíces históricas.

 

Las nuevas iglesias son conservadoras en todo: lectura e interpretación de la biblia, teología simplista, amantes del poder, ligadas a las derechas políticas y sus partidos y a los centros del poder económico, centradas en culpabilizar las conciencias…

 

Se hizo oposición a las CEBS, y se desarrollaron las iglesias “cristianas” o neo-evangélicas o de última generación, en todos los sectores populares Según informes periodísticos, existen más de 19 mil iglesias neo pentecostales en el continente, que organizan a más de cien millones de creyentes, es decir, una quinta parte de sus habitantes

 

¿Se inicia una etapa post-cristiana en Occidente?

 

Han cambiado los tiempos, los paradigmas y la simpatía hacia las iglesias y las religiones, de parte de amplios sectores de la ciudadanía, han decrecido. Y mucho más, de parte de las y los intelectuales. Inclusive se expresa cierta agresividad y una enorme indiferencia hacia las iglesias y las religiones… Se manifiesta cansancio por el accionar milenario de las tres religiones del Libro: cristianos, judíos, musulmanes

 

Por los desarrollos de la nueva arqueología, de las ciencias exactas, de las ciencias humanas y de las ciencias auxiliares en el estudio de la biblia y de los evangelios, la biblia como “Palabra de Dios” en el sentido clásico, perderá terreno. También como texto que respalde la autoridad de las iglesias. La biblia, así como el Corán, serán aceptados como “Palabra humana sobre Dios” muy importante, pero no como “Palabra de Dios”, como se nos venía enseñando.

 

Estamos ante una crisis como jamás la habían vivido las iglesias cristianas de cualquier tipo. El reto es fenomenal, enorme… Y mucho más si nos quedamos estancados en el viejo paradigma religioso, que nos acompañó durante varios milenios, como le pasa a un sector del clero y de los creyentes. Ese viejo paradigma religioso, desarrollado y practicado en la era agropecuaria de la humanidad, se desmorona.

 

Algunas palabras y frases lo sintetizan: énfasis en lo sobre-natural. Todavía se expresa una geografía religiosa: el cielo, arriba, la tierra en el centro y los infiernos, abajo, en el inframundo. Hubo hasta purgatorio y limbo.

 

Existen fuerzas extra mundanas que intervienen en la vida diaria. El mundo está lleno de dioses, diablos y espíritus. Ese mundo lo conocen los especialistas de la religión, llámense como se les llame, que nos pueden transmitir sus designios por medio de sus teologías, enseñanzas, oráculos, consejos… Dios, los dioses se comunican con ellos. Esos dioses producen hechos extraordinarios, maravillosos, prodigiosos, fantásticos, milagrosos, si los invocamos por los intermediarios, a quienes hay que pagarles para la celebración de ritos y rituales. Se vive más de la imaginación que de la razón.

 

Ese paradigma religioso se enfrenta al paradigma racional, científico, fruto de la investigación, del análisis, de las cifras y de los datos “probados”, que va ganando terreno, así tenga sus contradictores, que vienen ante todo del paradigma religioso que muere…

 

Esa batalla “no” está ganada pero sí cobra fuerza el paradigma científico, que nos ofrecerá muchas sorpresas. La historia sigue, no se ha acabado, ni se va a acabar muy pronto, a menos que nos autodestruyamos con la destrucción del Medio Ambiente.

 

La eclesiástica en la encrucijada

 

No escribo la “Iglesia” como Pueblo de Dios, como Comunidad de creyentes, porque no tiene las riendas de los procesos eclesiales. Éstos están todavía en manos de la eclesiástica vaticana, que todavía todo lo controla y dirige. Pareciera que esta eclesiástica no se ha dado cuenta o no quiere darse cuenta que todos los pisos, que todas las placas se han movido y se están moviendo, como cuando va a ocurrir un temblor o un terremoto. Y lo vemos en toda la oposición que ejercen, por encima y por debajo de la mesa, contra el Papa Francisco y contra quienes lo acompañan en el diseño de los procesos de cambio.

 

A Francisco hasta se le ha acusado de hereje. Y tienen razón porque con el Concilio Vaticano II, “Medellín-68” y la teología de Francisco, que no es de Francisco sino de lo mejor de la conciencia eclesial, se les están destruyendo “sus verdades”.

 

Además, es preciso tener en cuenta que ha crecido la autonomía de las y los creyentes, de las personas y de las instituciones, de todas las religiones. En tiempos del pluralismo ideológico y religioso no se soporta que la Iglesia católica o las iglesias cristianas sigan afirmando que tienen la Verdad, y que quieran imponer sus dogmas, ética y moral.

 

Las grandes religiones no están dispuestas a dejarse cristianizar. Se han ido despertando frente a la “invasión” cristiana.

 

¿Podemos seguir calificando de “mártires” a las-los cristianos atacados por interferir en el seno de otras religiones y contribuir en su destrucción?

 

Por tal motivo asistimos a actos crecientes de desprecio y acciones vandálicas, tales como robo de objetos llamados sagrados, incendio de templos, manifestaciones en contra, denuncias por los atropellos de autoridades religiosas hacia ciudadanas y ciudadanos…

 

Se ha hablado hasta el cansancio de la Nueva Evangelización. Benedicto XVI creó la Congregación para la Nueva Evangelización. ¿Cuáles han sido los frutos? Poco se ven.

 

La crisis de la Iglesia católica debe resolver cuanto antes, cuestiones de fondo, a su interior. Los mínimos para estos tiempos que son hoy.

 

- La descentralización. Poner en un justo lugar el poder de las instituciones vaticanas. La descentralización pasa por las conferencias episcopales nacionales, a condición de que no se conviertan en un “vaticanito”. Deberán asumir la genuina teología de la colegialidad.

 

- La participación real y masiva de laicas y de laicos, desde la más humilde parroquia, pasando por cada diócesis y hasta llegar al Vaticano. Para que esto ocurra, cada obispo y cada párroco no deberán auto concebirse como “un pequeño monarca”. Obispos monárquicos y párrocos monárquicos. Con frecuencia se les oye afirmar de manera autoritaria: “Aquí mando yo”. Persiste el verticalismo clerical.

 

-Las parroquias necesitan ser reorganizadas con abundante participación laical. Con laicas y laicos pensantes, críticos, analíticos, creativos. No hay democracia en las parroquias. No hay parroquias vivas sino centros de ritos y rituales.

 

- Diócesis y parroquias menos clericales y más laicales. Formación y organización de cientos de miles de laic@s, en los diferentes temas y cuestiones de la vida de la Iglesia y en los múltiples aspectos de la vida ciudadana, para que sean capaces de crear dinamismo, participar de verdad y ejercer vigilancia.

 

- El sacerdocio de las mujeres y el diaconado. Ya no se trata de crear más comisiones. Ya las ha habido. No se debe contar solamente con la teología y la tradición católica sino con la tradición antigua y con la tradición actual de otras iglesias, a las cuales también asiste el Espíritu Santo. En tiempos ecuménicos no hay ninguna razón para no hacerlo.

 

- Una liturgia más dinámica y participativa. Que se celebren verdaderas eucaristías y no se digan-vendan cientos de miles de misas cada día. No se re-inventó la liturgia, y sí se propició el super desarrolló del culto mariano, el culto a los santos (organización de “novenas”) y la “venta” de milagros y sanaciones.

 

- Asumir el compromiso real con los pobres y sus organizaciones, para desarrollar la Doctrina Social de la Iglesia y acompañarlos en sus denuncias, marchas, demandas, reivindicaciones, huelgas… “Oler a oveja”, “Iglesia en salida”, “Iglesia, hospital de campaña”, “ir a las fronteras existenciales de las personas”, “salir de las sacristías”, … A los jóvenes: “No callar”, “hacer bulla”…

 

- Compromiso total de parroquias y diócesis en los temas y luchas socio-económicas. Solidaridad con las protestas. Diálogo con los movimientos sociales. Lo ha hecho Francisco. Si las iglesias no se la juegan a fondo para luchar contra las injusticias de diferente índole, perderán aún más visibilidad, influencia y legitimidad…

 

- Apoyar la formación en la democracia de participación ciudadana y promover organizaciones

 

- Estudio permanente de la situación socio-económica del territorio de las diócesis y de los territorios de las parroquias. Lo que se llamaba o se llama “análisis de la coyuntura” o análisis de la realidad. VER-JUZGAR-ACTUAR.

 

- Compromiso total e implacable de las diócesis y de las parroquias contra la corrupción, en sus territorios, y promover diferentes tipos de veedurías ciudadanas

 

- Dialogar y no querer imponer, en el diálogo y en el debate con la sociedad civil, tanto a nivel global como nacional o diocesano, los puntos de vista católicos, apoyándose en los estados y sus gobiernos.

 

- No habrá “conciliación” entre la sociedad civil y las posturas de la Iglesia católica frente a las nuevas maneras de concebir la sexualidad, el divorcio, el aborto, las vivencias de la población LGBTTTI, la teoría de género, las vivencias sexuales de la juventud y las prácticas prematrimoniales… Pero sí se pueden establecer diálogos, encuentros y análisis.

 

Muy breve paralelo entre el Pontificado de Pío XII y de Juan Pablo II. Y entre el Pontificado de Juan XXIII y Francisco

 

Ambos pontificados dejaron la iglesia en gran crisis. No se hizo un análisis desapasionado de lo que pasaba en el “mundo”. Se profundizó el abismo entre la eclesiástica y la sociedad común y corriente. La crisis tocó fondo bajo Pío XII y el cardenal Alfredo Ottaviani-Inquisidor: se rechazaban todas las novedades. Se condenaron la “Nueva Teología” y las corrientes de pensamiento progresista.

 

Bajo Juan Pablo II y Joseph Ratzinger-inquisidor, se condenaron la Teología de la Liberación y todas las teologías progresistas. No se entendieron las “revoluciones” latinoamericanas y se apoyaron, directa e indirectamente, las dictaduras militares.

 

Las crisis de la Iglesia, en su respectivo momento histórico, fueron entendidas por dos papas profetas: Juan XXIII y Francisco.

 

Ambos vivieron situaciones límite: Roncalli, desde Francia, tomó conciencia de la crisis y comprendió que la Nueva Teología era positiva. La aceptó silenciosamente. Sus impulsadores, sin saberlo, pensaron el Concilio Vaticano II, y hasta fueron elevados al cardenalato como Congar, O.P, y De Lubac, S.J…

 

Jorge Mario Bergoglio, desde la Argentina bajo la dictadura militar, los movimientos revolucionarios y bajo la influencia de la Teología del Pueblo y la Teología de la Liberación, ha intentado comprender la crisis de la Iglesia, en América Latina, en Europa, US y Canadá.

 

No ha tenido Concilio, y está bien que NO lo tenga. El conjunto de obispos NO tiene la apertura suficiente para cambios de fondo y peso. Pero la hace desde su magisterio, que ha suscitado reacciones similares a las que recibió el Concilio Vaticano II y Medellín 68.

 

Como nunca había pasado en la historia de los papas, ha tenido un grupo de cardenales y obispos opuestos a sus planteamientos teológicos que van en la línea del Concilio Vaticano II. Los cardenales estaban encabezados por cuatro de ellos. Dos ya murieron. El cardenal Müller, anterior Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, también se ha colocado en la oposición.

 

Si se deja pasar “la hora” Francisco, la Iglesia se sumirá en una crisis mucho más profunda que la que atraviesa actualmente.

 

Bogotá, Sábado 12 de mayo de 2018

 

Héctor Alfonso Torres Rojas

Licenciado en Sociología y Teología

 

 

 

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