Madurez e inteligencia latinoamericana ante las verdaderas amenazas

15/10/2012
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El debate está instalado en América Latina y va adquiriendo una mejor definición en su forma y extensión. Se está echando luz sobre las verdaderas amenazas al desarrollo e integración de los pueblos del continente, a medida que los gobiernos de movimientos políticos nacionales y populares han ido madurando en una década de experiencia directa, de interacción con los poderes reales de la región y el mundo. Han abrazado y profundizado en el conocimiento de causas nacional-continentales, de raíz histórico-cultural e importancia geopolítica, abandonando paulatinamente posturas esquemáticas y radicales, de ideologías importadas, que conspiran contra las propias fuerzas y potencialidades.
 
Esta nueva claridad que asoma no solamente llega a los gobiernos. Muchos ciudadanos latinoamericanos y extranjeros que mantuvieron una postura escéptica o de condena respecto a la vigencia del modelo democrático en nuestros países, empiezan a moderar sus pensamientos ante el irrefutable pronunciamiento soberano en las urnas, una vez más, y bajo las más estrictas medidas de vigilancia electoral y comunicacional que se practiquen en el mundo. No podía sostenerse un diálogo constructivo sobre la base de que el problema de América Latina es la tiranía o pertenecer al “eje del mal”. Los radicalismos van, lentamente, cediendo y eso es una buena noticia.
 
Algunos signos de este proceso se han podido percibir en las últimas semanas. Para muestra mencionaré y explicaré algunos de ellos.
 
En Ecuador el presidente Rafael Correa se refiere seguidamente a la “izquierda infantil” y algunos de sus reclamos y orientaciones que se vuelven funcionales a las viejas estructuras oligárquicas de poder que dominaron los recursos del país. La principal divergencia es con los movimientos ecologistas. Dijo Correa en entrevista con el periodista Augusto Álvarez Rodrich: “Hay gente que cree que vivir en armonía con la naturaleza es volver al estado primitivo de la humanidad. ¡Es una barbaridad! Hay gente que pretende que la pobreza es parte del folklore, que nuestros pueblos ancestrales están bien como están. ¡No están bien por favor! Vaya y vea la esperanza de vida, la desnutrición infantil, la mortalidad infantil; ellos mismos nos reclaman estos servicios, y por un lado nos reclaman todo y por otro lado nos impiden todo. Entonces no tiene sentido esto” [1].
 
En Bolivia se está dando una tensión de similares características, donde el eje de la cuestión es el indigenismo a ultranza y el enfrentamiento del gobierno con algunos de los movimientos más extremistas. Evo Morales finalmente ha declarado que “algunos dirigentes de esos grupos están cosechando plata (…) algunas ONG se aprovechan del llamado medio ambiente para cosechar plata” acusándolos de “asalariados”[2] y hasta confesando que “yo me salvé felizmente de las garras de las ONGs. Algunas las respeto pero muy poco” porque “usan a los pobres para vivir bien”[3]. Este sinceramiento es muy esclarecedor como advertencia del mal uso de viejas banderas de izquierda que son manipuladas por estrategias de intervención actualizadas, modernizadas y que hábilmente se aprovechan tanto de buenas voluntades como de brechas de corrupción en el seno de esos movimientos. El periodista argentino Enrique Lacolla lo resume muy bien en su artículo “La trampa del Indigenismo y de las ONG”[4] y el intelectual boliviano Andrés Soliz Rada explica lúcidamente las paradojas y contradicciones en que ha incurrido frecuentemente su país en los últimos años, señalando que “es necesario rescatar los pasos enormemente positivos del gobierno de Evo Morales en la lucha contra los resabios del colonialismo interno, lo que lo llevó a promulgar la ley contra el racismo y propiciar la creciente influencia política de los pueblos indígenas siempre que estas políticas se desarrollen preservando la unidad nacional y la intercultural, que refleje la realidad indo mestiza de la sociedad boliviana”[5].
 
La esencia de este debate tampoco estuvo ausente en la X Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas realizado en Punta del Este, Uruguay. Son muy ilustrativas las palabras del ministro brasileño Celso Amorim durante su discurso[6]. “Brasil tampoco puede aceptar que se califiquen como amenazas de seguridad temas relacionados al medio ambiente y a la biodiversidad, con la participación de actores militares, en especial, actores externos a la propia Amazonia en su protección, como sugiere el título del Eje Temático I de esta Conferencia. Detentores de las enormes riquezas de nuestra Amazonia –y ahora de la Amazonia Azul-, no consideramos que exista un papel para la cooperación militar interamericana en el área tan sensible para la soberanía nacional”.
 
Este es un punto fundamental de la batalla por el control y explotación de los recursos naturales que ya ha comenzado. Esta estrategia también comprende, como bien han señalado Elsa Bruzzone y José Luis García en su artículo “Estados Unidos pretende unificar seguridad nacional y seguridad interior en un solo concepto”[7], incorporar en cada uno de nuestros países una agenda marcada por las amenazas del terrorismo, el narcotráfico, las armas de destrucción masiva, las migraciones, los desastres naturales y la delincuencia juvenil, lo que está en perfecta coincidencia con la doctrina de los Estados Fallidos de la revista Foreign Policy, o como dice el especialista Miguel Ángel Barrios, con la “doctrina de la inseguridad nacional”[8] que alienta los Estados Unidos y sus satélites como Canadá. El avance hacia una policía militarizada con estrechos lazos de cooperación con agencias como la DEA o la CIA (como se firmó en España[9]) y la marginación de los ejércitos a tareas humanitarias, sino la llana desaparición siguiendo el paradigma costarricense (como lo ha propuesto la rectora de la Universidad Nacional de Honduras[10]), son algunas de las propuestas para enfrentar los avances del Consejo Suramericano de Defensa de UNASUR que extiende las preocupaciones más importantes al conjunto del continente, haciendo causa común.
 
En el “laboratorio hondureño” también se está experimentando con innovadoras fórmulas de intervencionismo. Las Regiones Especiales de Desarrollo (RED) o “ciudades modelo”[11] son el proyecto de la Fundación Charter Cities y su ideólogo el norteamericano Paul Romer que desembarcó con la propuesta de crear territorios con sus propias leyes, su sistema tributario, su política de inmigración y su policía. Una especie de isla dentro de un país soberano[12]. Para ello fue necesario derrocar al Presidente constitucional Manuel Zelaya en 2009 y reformar la constitución en 2011. ¿En qué está hoy el asunto? El gobierno de honduras ha recibido USD 4 millones de Corea del Sur para los trabajos iniciales y recientemente otros USD 15 millones de parte de un grupo inversor norteamericano denominado MGK. A Paul Romer se le dio las gracias y marginó del proyecto[13] y algunos grupos de ciudadanos hondureños demandaron ante la Corte Suprema de Justicia al presidente Porfirio Lobo y a otros funcionarios de traición a la patria por promover este plan de las “ciudades modelo”. Habrá que seguir con atención entonces el desenlace de este triste capítulo de nuestro presente, tan desconectado de la realidad que vive la región, pero que nos advierte sobre posibles escenarios en el laboratorio del sur, Paraguay.
 
Nuestras verdaderas amenazas no pasan por el terrorismo ni por la ambigua manera de hacer la guerra al narcotráfico que propone Estados Unidos, ni por los inmigrantes o la juventud. Nuestra verdadera amenaza es la desintegración nacional y continental, y como indica Celso Amorim la prioridad es la “protección de los recursos naturales, de sus fuentes de energía, de sus reservas de agua dulce, de su biodiversidad, inclusive en la Amazonia y en el Atlántico Sur, y la preservación de las condiciones de su uso a favor de nuestro desarrollo” para superar definitivamente la marginación y la inequidad. Atrás irán quedando, en otro orden, mitos y repeticiones de “leyenda negra” que atentan contra nuestro sujeto histórico latinoamericano, y ahí también volverá a necesitarse de mucha inteligencia para dar la más difícil de todas las batallas, la cultural, mientras sigamos avanzando en la Segunda Independencia de Nuestra América mestiza, por un orden mundial más justo y más humano.
 
Marcos Methol Sastre (Fundación Vivian Trías)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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