Campesinos del Sur protestaron en Europa

13/07/1999
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Ginebra.- “No queremos caridad, solamente el precio de nuestro sudor”, rezaba una de las numerosas pancartas que exhibieron los/as 450 campesinos/as provenientes de Asia y América Latina que durante un mes (24 de mayo al 22 de junio) recorrieron una decena de países europeos para denunciar los efectos del libre mercado en el agro.

 

Los/as campesinos de India (en su mayoría) y Brasil, Bangladesh y México, Nepal y Colombia, Sri Lanka y Chile, Nepal y Paquistán, pese a sus diferencias idiomáticas y culturales, hicieron presencia común ante los “mandamases” del planeta (transnacionales, G-8, bolsas de valores) con un mensaje central: “Nosotros deseamos aportar al Norte los puntos de vista del Sur sobre los sistemas de explotación y genocidio impuestos por vuestros gobiernos, por las instituciones internacionales como la Organización Mundial de Comercio, OMC, y por las multinacionales”, según expresó el profesor N.M. Nanjundaswamy, de la Asociación de Campesinos del Estado de Karnantaka (india), que agrupa a unos 10 millones de miembros. Las voces que vienen del Sur fueron escuchadas y apoyadas por una amplia gama de organizaciones civiles y ciudadanas europeas que también resisten a la dictadura del “pensamiento único”.

 

Frente a la OMC

 

Un nutrido programa desarrollaron los campesinos/as en Suiza, que incluyó marchas, y protestas no violentas ante las sedes de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y de las transnacionales Novartis, Nestlé y Cargill.

 

Establecida el 1ro de enero de 1995, como continuación y ampliación del GATT, y conformada por 134 países, la OMC proclama que sus principales objetivos son: ayudar a que las corrientes comerciales circulen con la máxima libertad posible, alcanzar gradualmente una mayor liberalización mediante negociaciones y establecer un mecanismo imparcial de solución de diferencias. Si los textos fundadores de la OMC son aplicados, señalaron los/as campesinos/as, ellos provocarán un desastre generalizado tanto en el Sur como en el Norte.

 

La apertura de los mercados, impuesta por la OMC, sitúa a los pequeños y medianos productores en competencia directa con las poderosas transnacionales de la agro-industria. Los mercados locales rápidamente son invadidos por la producción alimentaria de los países del Norte que subsidian fuertemente su agricultura, y cuya productividad es cuarenta veces superior a la del Sur. El resultado no es difícil imaginar: destrucción de las economías rurales y quiebra de la agricultura familiar, lo que provoca un incremento inusitado de las migraciones, de la pobreza y de los conflictos sociales de todo orden.

 

“Nosotros entendemos que los principios de la OMC es la libre importación y exportación y esto obliga a los gobiernos del Tercer Mundo a descuidar la seguridad alimentaria de sus países. Por ejemplo, en Brasil, el gobierno de Fernando Henrique Cardoso está más preocupado en importar y exportar, mientras 40 millones de brasileños/as viven en la pobreza, el 25% de la población económicamente activa está sin empleo, el índice de analfabetismo alcanza el 22%, y la salud pública está totalmente desasistida”, expresa Jorge Neri, dirigente del Movimiento de los Sin Tierra, que participó con una delegación de 10 miembros en la “Caravana intercontinental por la solidaridad y la resistencia”.

 

Alfonso Gaciani, representante del Proceso de las comunidades negras de Colombia, por su lado, señala que la OMC es un “pulpo manipulado por las grandes transnacionales que ponen por encima del interés de la humanidad, sus intereses económicos, de manera que está primando el interés de unos pocos sobre el interés del conjunto de la humanidad”.

 

Los/as campesinos/as de la India exponen sus criterios en el mismo sentido que sus homólogos de América Latina: “Estamos entre ustedes, dicen, porque el hambre amenaza y ya se han producido suicidios de campesinos arruinados. Nosotros no pedimos nada a los países ricos. Nosotros no tenemos necesidad de dinero ni de ayuda frente a nuestras formas de alimentación. Nosotros podemos alimentar nuestros pueblos si nos dejan administrar nuestros asuntos, si los campesinos pueden quedarse en sus tierras”. Y piden al Norte que responda a esta inquietante pregunta: “En la India somos 600 millones de pequeños campesinos, ¿cómo viviremos?, ¿dónde iremos sin se nos expulsa de nuestras tierras?”.

 

Frente a las transnacionales

 

Al hacerse presentes en las sedes suizas de las transnacionales Nestlé, Cargill y Novartis, los campesinos señalaron que estas empresas, preocupadas por engrosar sus bolsillos, comprenden muy poco de la vida. ¿Pero qué son y cómo operan las transnacionales cuestionadas por los campesinos? Veámoslo rápidamente.

 

A principios de los años 90, unas 37.000 empresas transnacionales extendían sus tentáculos por todos los continentes, sin embargo actualmente un círculo muy pequeño de 200 concentra el poder, cubriendo actividades tan diversas como las grandes explotaciones agrícolas, la producción manufacturera, el comercio, los servicios financieros, entre otras.

 

Entre estas firmas, que se reparten entre 10 países (Japón, Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Suiza, Corea del Sur, Italia y Holanda), se encuentran la Novartis, nacida en 1996, como producto de la unión entre Sandoz y Ciba-Geigy. Esta fusión, considerada como una de las mayores de la historia de las transnacionales, implicó numerosos despidos que se efectuaron invocando la necesidad de “reestructuraciones” y la “reducción de costos”.

 

Bajo el lema “Novartis-líder mundial en las ciencias de la vida”, esta firma está presente en más de 100 países con cerca de 85.000 empleados. Sus actividades abarcan la salud, la agricultura y la nutrición, con ventas de más de 22.000 millones de dólares para 1998, cifra que supera a las ventas de decenas de países en “vías de desarrollo”. En Brasil lidera los segmentos de la salud animal, la nutrición y productos oftálmicos, con ventas líquidas de 800 millones de dólares en el año pasado.

 

La transnacional estadounidense Cargill se dedica a la comercialización, procesamiento y distribución de productos agrícolas, alimentos, productos industriales y financieros. Su presencia se extiende a 72 países y tiene negocios en 130 más, con ingresos anuales que superan los 50.000 millones de dólares. Tiene una gran influencia en el diseño de las políticas públicas tanto en Estados Unidos como en la Organización Mundial de Comercio (La Jornada. 3—l-99). En los últimos años viene desarrollando una agresiva expansión y se ha apoderado, entre otras, de la empresa canadiense St. Lawrence Starch, productora de edulcorante de maíz, y de la empresa Grandes Molinos de Venezuela (Gramoven), con lo que pasó a controlar el 51% de las pastas de este país. En América Latina, las operaciones más fuertes de la transnacional se encuentran en Brasil y Argentina.

 

En México, tras el desmantelamiento de la Compañía Nacional de Subsistencias (CONASUPO) que regulaba los precios de los granos básicos en el mercado local desde 193 8, Cargill ha venido a sustituir algunas de las funciones del ente estatal. De hecho, el año pasado ya fijó el precio del maíz en el estado de Jalisco. Sometidas por Cargill, varias cooperativas de productores mexicanos quebraron en la década del 80.

 

Alfonso Lerin, del Comité Alameda del Frente Zapatista de Liberación Nacional, denunció que Cargill está tratando de obtener las patentes para la comercialización del maíz, uno de los principales alimentos del país, y que en los estados de Chiapas, Campeche, Tabasco y Veracruz adelanta pruebas transgénicas

 

La Nestlé, fundada en Suiza en 1867, forma parte de la élite de las 47 empresas de las “doscientos primeras”. Con 495 fábricas ubicadas en 77 países, la Nestlé procesa alimentos que tienen como materias primas la leche, el café, el cacao, cereales, carne y diversos tipos de frutas y vegetales. Esta transnacional ha sido cuestionada por la venta de leche “de fórmula” para bebés, ya que, en su afán de ganancias, ha alentado a las madres a alimentar a los niños/as con sus productos en sustitución del seno materno. En muchos países del Sur, se mezcla la leche “fórmula” Nestlé con agua, que casi siempre es no potable, y el mal uso de los biberones, ha provocado enfermedades e incluso la muerte de muchos bebés. Por este motivo, desde 1977 organizaciones civiles llevan a cabo tanto en Europa y Estados Unidos una campaña contra esta transnacional denominada “The Nestlé Boycot”.

 

“Las transnacionales Monsanto (estadounidense) y Nestlé, vienen implementando la manipulación biológica de los productos agrícolas, así como el riego con insecticidas. Nosotros consideramos que se está atentando contra la salud humana, además pensamos que estas manipulaciones a los productos agrícolas, que se hacen sobre los falsos supuestos de mayores rendimientos, están destruyendo la producción natural. Antes que manipular la producción natural, creemos que hay que estimular la producción agrícola tradicional, y la actividad del campesino”, manifestó Alfonso Gaciani.

 

Como producto de la “bio-revolución” en curso, se están obteniendo especies más resistentes a las plagas, al frío y a determinados herbicidas. A partir de materias primas vegetales y animales genéticamente modificados, las transnacionales elaboran alimentos transgénicos, que según los grupos medio-ambientales, podrían producir trastornos en la salud humana como alergias y resistencia a los antibióticos. Como medida de precaución, en varios países de Europa se ha prohibido su comercialización, en tanto que los campesinos suizos se han pronunciado por una moratoria de los cultivos transgénicos, que actualmente abarcan unas 40 millones de hectáreas.

 

Explosión de risa

 

Luego de recorrer Italia, España, Bélgica, Suiza y otros países, la caravana de campesinos del Sur arribó a Colonia, Alemania, en donde se encontraba reunido el G-8, que congrega a los representantes de los países más ricos del planeta. La marcha intercontinental se unió a las demandas hechas por la campaña mundial Jubileo 2000, que presentó ante el G—8 una petición suscrita por l7 millones de personas de 50 países del mundo para que se anule la deuda externa de los países del Sur.

 

En Colonia, los campesinos protestaron de una forma poco común: con “una jornada de risa”. Si, una “jornada de risa, porque los pobres del mundo vamos a reímos en la cara de los ricos del mundo, y vamos a decirles que no creemos más en su falsedades y en su falsas promesas; hoy es necesario demostrar que pese a los maltratos, pese a las injusticias, pese a los sometimientos de hambre en que están nuestros países, seguimos teniendo la energía, la fuerza y la vitalidad suficiente para luchar por nuestros derechos y por un mundo más justo, con la alegría y la fuerza que se requiere”, según palabras de Alfonso Gaciani.

 

Publicado en América Latina en Movimiento # 296 (ALAI), p.16-18, 14-07-1999, Quito

 

https://www.alainet.org/es/articulo/192745
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