Movilizaciones populares cobran fuerza e incomodan al gobierno de Cartes

11/04/2016
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El gobierno neoliberal de Horacio Cartes experimentó una semana de importantes movilizaciones populares, miles de campesinos llegaron hasta la capital del país para levantar sus reivindicaciones y reclamos en alianza con cooperativistas de todo el país. Las marchas fueron acompañadas por otras acciones de protestas en distintos puntos del territorio paraguayo. Las movilizaciones que se siguen desarrollado por varios días consecutivos y con miles de personas constituye un hecho revitalizador para la gran mayoría del Paraguay que no encuentra en el gobierno de Horacio Cartes respuestas a las múltiples necesidades sociales y en particular para los movimientos sociales que recuperan protagonismo y fuerza en el escenario nacional.

 

“Cartes maneja el gobierno como si fuera su empresa privada”, afirmaba en diciembre del 2013 el político liberal Miguel Abdón Saguier[1]; “Cartes ijapu” (Cartes miente) afirmaron docentes y sindicalistas en un escrache contra el presidente[2] en la ciudad de Pilar en el 2013;  “Este es el presidente de los narcotraficantes, de los banqueros, de los latifundistas”[3] afirmó Serafina Gómez de la Federación Nacional Campesina (FNC) en febrero del 2015. La relación entre el gobierno y los movimientos sociales no ha sido buena desde los inicios, y esto es un indicador valorable porque a pesar de la invisibilización, los intentos de cooptación, la criminalización y otras estrategias puestas en marcha por el gobierno para imponerse con sus medidas de ajustes de corte empresarial y oligárquico, no ha logrado doblegar a los sectores populares que se mantienen en resistencia.

 

Las movilizaciones que se viven en las calles de Asunción no son producto del antojo de algunos “sinverguenzas”[4] como lo afirmó el propio Horacio Cartes. Tampoco se trata de “alquiler de personas” como interpretó el Ministro de Industria y Comercio Gustavo Leite en un Foro Internacional de Negocios, en donde emitió un discurso en el que le fue imposible esconder la intolerancia y el odio hacia los pobres, pidiéndoles incluso que se vayan del Paraguay[5].  Subyace que los dueños del país no tienen intención de dialogar con los pobres, ni embarcarse en un proyecto democrático, sino que el modelo Cartista avanza hacia la construcción de una Plutocracia que desea despojarse de los empobrecidos a como dé lugar.

 

Las movilizaciones que se viven en las calles de Asunción traen nuevos vientos de esperanza para el Paraguay que se quiere construir desde abajo, inclusivo, democrático y verdaderamente social. Suma fuerza para los sectores populares que se mantienen en lucha y genera malestar a los grupos económicos que se quedaron (o siguen) con el Estado para los grandes negociados. Evidentemente la unidad popular es un dolor de cabeza para las élites, les saca el sueño, les incomoda, porque está en juego su hegemonía y buscarán los medios necesarios para interrumpir las crecientes movilizaciones populares, por ello las organizaciones deben continuar el difícil proceso de construcción de espacios amplios de unidad, fortalecer las articulaciones, enfocar las demandas sectoriales sin perder de vista los lineamientos políticos que confronten con el poder instituido.

Asunción, 11 de abril de 2016.

 

- Abel Irala, Lic. En trabajo social, investigador, estudiante de maestría en ciencias políticas.

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/176641
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