Interculturalidad paritaria, o ¿kuti-sicología?

01/07/2009
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Agradecimientos:

Debo agradecer al grupo de trabajo PROYECTO HISTÓRICO del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad Ricardo Palma de Lima-Perú.  Al Dr.  Gerardo Ramos, a José Mendivil, al Dr.  Antonio Peña Cabrera y a Javier Lajo, a todos los demás que asisten al Seminario Permanente de Cultura Andina los jueves en la UPRP, lugar donde se debatieron y enriquecieron las ideas del texto.  Agradezco también a Wolfgang Fisher por redactar el interesante prólogo de esta publicación.  Finalmente un agradecimiento muy especial a Rosario Nieto, mi compañera, mi interlocutora principal.

Abstract:

This essay highlights the one sidedness of the concept ‘intercultural,’ suggesting that the term itself can only exist from a Western perspective as a new form of colonisation.  Whilst the West approaches the ‘inter-cultural’ dialogue table with a loaded gun, its subconscious paradigma, with values and concepts considered universal.  These values are religious/ethical, psychological and economical and are all the more difficult to isolate because of their subconscious nature.

This paper identifies the main historical and institutional culprits in this one sided dialogue.  They are the various sects and churches and the NGO’s, sects that have multiplied in the continent, imposing a ban on and demonizing traditional clothes, rituals, dances, worldview, etc., and NGO’s, whose work has prevented forging coherent indigenous political forces, and disempowered traditional communities with misplaced and destabilising “assistance” that leads to dependency.

I will argue that psychology and philosophy have been prominent in systemising this subconscious layer in the occidental psyche and in consolidating the concept of the individual as separate from his community and from nature.

Christianity systematised this schism, leading to the vision of the “Other” as my “Other” and a potential threat.  “Hell is the others”“ as Sartre said, when in traditional societies the “Other” is our “Other” and experienced as reinforcing the sense of identity within the community in contact with this “Other,”.  This “other” is also seen as part of a whole, of his community, not as individual.  The article proposes that the West experiences this “Other” as a relic from the past.  The perception of “Native cultures” as something far-gone hides an envious feeling that this form of communal life raises in us, envy of the sense of belonging, of meaning, but also envy quickly dispensed through a narrative of modernity: community is not economical, is not scientific, it is pagan, etc.

Options to counter this culture-centric approach to dialogue include a deconstruction of psychological patterns underlying the creation of the individual through family and school education.  Here, deconstruction is called, ‘Kuti-psychology,’ ‘kuti’ being a Quéchua term signifying “in reverse”.  The indigenous world can benefit from western culture efforts to address and deconstruct the values which defines us as occidentals, and in this process bring to awareness values and concepts possibly internalised syncretically as “Trojan horses” in 500 years of occupation.  The tools to undo those mechanisms are methods embodied in kuti-psychology and involve a “paritary” encounter at a pre-psychological level, in an effort to find alternatives where hegemonic globalisation says there are none.  If we fail, nihilism and extinction awaits us.

Key words: cultural paradigm, individual, community, link, cosmovision, “Other”, difference, homogeneity/heterogeneity, globalisation, economy, ONG’s, sects, deconstruction, psychotherapy, philosophy, psychology, indigenous.

 

Prólogo

¿Interculturalidad paritaria?, ¿Porqué hay necesidad de crear esta terapia?

Sabemos ya que profundidad y características tiene la crisis mundial.  Y es obvio que esta crisis no tiene sus raíces en la naturaleza, sino que radica en la historia de las actividades del hombre occidental y su proyecto de sociedad global.  Con su proyecto quiere reemplazar la naturaleza, quiere “liberarse” del cálido orden natural bullente y reemplazarlo por “su orden” artificial, frío y estéril.  Al fin y al cabo, y por eso la forma de vivir “en” y “dentro” de la sociedad global - es decir en su “cultura” - cada vez más claramente, aparece como un actuar en contra de la supervivencia de la humanidad. 

Así, resulta difícil utilizar la noción de “cultura” para condensar los brillantes valores, sueños y proyectos humanos, porque finalmente esta cultura del hombre moderno y dominante no tiene nada que ver con “cuidar” a alguien o a algo, sino al contrario, va significando “torturar” y “destruir” más a todo y a todos con el destino ilusorio de “crear” algo mejor.  La caída de los equilibrios ambientales así como los conflictos sociales y las guerras, son la prueba para la veracidad de esta sospecha, que se ha vuelto ya una realidad como un sentimiento de que la cultura occidental, en verdad es una plena tortura para la mayoría de la gente y la naturaleza también. 

Claro, no es fácil aceptar estas tesis sin perder la fe en si mismo - especialmente si uno es hombre blanco, residiendo en el ámbito de los países ricos - y hasta se pierde lentamente la noción del progreso mismo, que era la promesa eterna del sistema capitalista, como aliento y premio a todos los sacrificios. 

¿Pero no es justamente este progreso que en contra de las fuerzas vitales esta tonificando las fuerzas letales, hace tiempo ya presentes en la memoria humana? ¿No es justamente este progreso el que está alejándonos de nuestra vincularidad con el origen y la razón de toda la vida?, además, por medio de una destrucción infinita de la seguridad de un camino justo y real y de un espacio siempre creativo?

La vida en el ámbito de la “cultura” occidental no vale mucho ya, más valor tiene ahora el poder político y el dinero.  Estos son los dioses verdaderos y “mentirosos” que hace milenios están dominando todo en sus mercados parasitarios, inicialmente regionales y hoy globales.  ¿Será el destino fatal del hombre blanco? ¿Vamos a perdernos en una desorientación total? Son ideas y fetiches poderosos y violentos que por su des-vinculación destructiva - la fatalidad de las consecuencias de una vida y cultura homogeneizante, contra la diversidad en que, a pesar de sus contrastes evidentes, se apoya Gaia para cumplir y mantener el equilibrio y la salud de la totalidad natural - han cambiado la cara del paraíso abundante por la mueca cadavérica de la miseria, la decadencia y la desesperanza. 

El hombre occidental hasta ahora ha dominado el planeta con sus ideas blasfemas y maníacas y si continúa así va a destruirlo.  Muy adentro de su pensamiento “mono-causal” y “monopolizante” no hay alternativas, no hay salida.  Es su propio axioma político: ¡no hay alternativa!, ¡Viva la muerte!

Soy médico y filósofo.  Por eso amo la vida y quiero curarla de la infección mental, de los fantasmas fatales, igual si son estos ancestrales o modernos.  Por medio de mi trabajo como médico de seguros de viaje, he viajado por casi todas las países del mundo y así he ganado experiencia con las condiciones sociales de nuestro planeta. 

El mando y orden de mi cerebro, fue cuestionado a favor de los sentimientos y emociones.  En el devenir de un largo proceso de aprendizaje, fue tomando forma la armonización del pensamiento racional y la capacidad de sentir, renunciando simultáneamente, en parte con dolor, a una serie de pruritos enraizados amorosamente en mi persona por la educación, los estudios y lo que se podría llamar tradición generalizada.  Todos esos miedos resurgentes se fueron transformando de forma progresiva en sentimientos y calor de concordia interna ofreciendo una vista de cabeza abajo: lo que se consideraba como normal se destapó ante mí esencialmente como una locura.  Así he aprendido que todas las perspectivas para cambiar la conducta de vida del hombre dominante vienen de un “más allá de la civilización” y de un “más allá de los pensamientos y conceptos de las tradiciones predominantes”.  Y por eso ni la sicología, ni otra ciencia “tradicional” del sistema dominante tienen respuestas satisfactorias a los desafíos actuales.  Por eso, es importante propuestas alternativas para una interculturalidad verdadera, paritaria; podemos intentar con la Kuti-sicología de Yves.

Sin embargo este “más allá” o “a fuera de” los destinos de la modernidad, para mi significa un ámbito natural que existe realmente al mismo tiempo y en el mismo espacio real, político, social y ambiental.  Este “a fuera de” al mismo tiempo esta “adentro de” cada uno de nosotros.  La vitalidad surge de allí.  La vitalidad surge de la vincularidad dinámica de contraposiciones.  No tiene sus raíces en los conceptos violentos patriarcales y dominantes porque son justamente ellos que se prestan a la morbilidad.  Felizmente y sobre todo, hay alternativas no-violentes.  Hay posibilidad de diálogo igualitario y horizontal entre una gran diversidad inspiradora.  Hay simpatía.  Hay amor: la creativa vincularidad de todo sistema paritario.  El ser no ha podido, no podrá nunca matar la paridad, a riesgo de matarse así mismo, y si lo hace, el ser mata todo.  Existe el tesoro del reconocimiento y defensa de la familia extensa humana - la comunidad - y su unión con el medio ambiente natural y cósmico.

Hasta ahora son muy pocos los que se comunican y profundizan sobre este tema, menos en un ámbito político, espiritual y social, más allá de lo “meramente filosófico o religioso”.  Por eso es importante difundir el texto de Yves Guillemot, unir las fuerzas autocríticas occidentales para lograr una savia potente - un anticuerpo - como remedio en contra de la mencionada infección mental. 

Sobre todo es importante desarrollar una visión común y auténtica de la realidad mundial porque únicamente sobreentendiendo y aceptando el eterno orden genuino y natural se puede encontrar soluciones para los peligros o engendros auto-generados.  Solamente por medio de una re-vinculación total a la “matriz natura”, podremos alcanzar el destino de liberar sinergias necesarias para un cambio del orden social mundial, en dirección de la justicia general y la vida plena en un futuro pacifico y feliz.

Por todo esto, me alegra escribir este prólogo para el hermano sicoterapeuta Yves Guillemot y su excelente y valiente texto sobre la “Interculturidad Paritaria o Kuti-Sicología”.  Es un análisis que nos lleva a respuestas firmes y responsables frente a preguntas categóricas, sobre la mentalidad o sicología bélica de occidente, al que debemos ponerle fin con una terapia paritaria o no-violenta.

Wolfgang Fisher
http://emanzipationhumanum.de

 

Presentación

En el proceso de escribir el prólogo del libro “Qhapac Ñan, la Ruta Inka de Sabiduría” de Javier Lajo y queriendo profundizar sobre uno de los conceptos tocados en este libro cual es “el puente” o vínculo que significa la cruz andina o “Chakana” que transitoriamente podríamos comparar con la categoría de “interculturalidad paritaria”, aunque de inicio digo que no son conceptos idénticos, pero que nos puede ayudar a comprender el sentido de la paridad en la comunicación y entendimiento mutuo o lo que vamos a llamar “vínculo”.  En el trabajo realizado con Javier Lajo, pienso que logramos un diálogo intercultural auténtico, debate, que a pesar de ser entusiasta y creativo fue, para mi subjetividad, muy tenso y complicado.  He tenido que cuestionar muchas cosas, sobre todo a nivel emocional: miedos, dudas, resentimientos y todas las trampas que el paradigma occidental pone en el camino de la creatividad, justo para impedir un verdadero dialogo y forzarnos a entrar a espacios manipulados por el mismo paradigma occidental, no obstante las buenas maneras y mejores intenciones de ambos lados.

Mi encuentro con Javier Lajo, sucedió porque en mi búsqueda e investigación de terapias alternativas de los indígenas, de los curanderos y “chamanes” sobre todo quechuas, varios de ellos me sugirieron, por el tipo de mis insistentes preguntas, buscar y entablar dialogo con el puquina Lajo en el sur del Perú.  Por eso cuando hace poco, Javier me sugirió escribir algo para profundizar el tema del “puente” entre nuestras culturas, o simplemente de la interculturalidad, me pareció una buena idea, tomando en cuenta la propia experiencia mutua, no solo de encuentro de ideas, sino también y sobre todo, hablando de los problemas emocionales que surgieron en el proceso mismo de escribir el prólogo y promover el libro.  Pienso que lo vivido nos ha enseñado mucho sobre lo que pasa cuando estamos seriamente enfrentados a un verdadero dialogo intercultural. 

El occidente insistió negando por mucho tiempo que los “nativos” de varios continentes tuvieran alma, y parece que algo de eso se ha quedado en lo que ahora llaman “interculturalidad”, parece que están tratando de persuadirse a si mismos a través de dicha interculturalidad que si, efectivamente los indígenas son humamos y que efectivamente, si tienen alma.  Es como si la duda permaneciera, como si nunca hubiera desaparecido.  En este continente Americano, el problema empeora dado que no tienen cultura escrita y entonces no han logrado el mismo respeto que occidente tiene a la India con el Upanishads, o a la China con el Tao Te Ching de Lao Tse. 

Por eso la aparición de una explicación, en el libro de Javier Lajo, del significado de una línea recta geográfica de templos sagrados de la cultura andina a lo largo de varios miles de kilómetros en la cordillera andina, como una “escuela de sabiduría”, en el libro “Qhapaq Ñan”, representó para mi, no solo la necesidad de respetar y re-conocer a esta cultura andina, sino la posibilidad de un nuevo paradigma y alternativa de vida y de salvación del planeta en esta hora en que el desequilibrio ecológico, amenaza con pasar a la alerta roja.  Y porque no repetir y comprender, como dice el verso del Chilam Balam que inicia el citado libro: “Los que no puedan entender morirán, los que entiendan vivirán”; o que la intención paradigmática de esta despreciada cultura y “orden” andino es la de “recuperar y mantener el equilibrio del mundo”, claro, a través de una disciplina espiritualista y filosófica andina, -como lo es el Tao, o el Zen para el caso asiático, que significan también “camino”- pero en lo andino también a través de algo concreto o físico, que son los Intiwatanas[1], alineados a lo largo del “camino de los Justos” o Qhapaq Ñan de la cordillera andina, columna vertebral de la América del Sur.  Y aquí esta la feliz y brillante novedad del “orden andino”, en la propuesta disciplinaria indígena de los Andes.

En este ensayo corto voy a tratar de analizar cómo es que occidente utiliza sus propios conceptos para reducir al “Otro” y someterlo a lo que es “comprensible” al interior de su paradigma, es decir dentro de su horizonte de posibilidades y de su imaginario; y veremos también cómo a partir de estas reflexiones, podemos crear herramientas que permitan de-construir estos conceptos.  En este trabajo, me parece que la filosofía y la sicología tienen un papel muy importante.

El rol de la psicología y la filosofía

La psicología nos puede ayudar como base de reflexión; es decir como herramienta teórica nos permite el de-construir los procesos[2] que impiden un verdadero dialogo intercultural. 

La psicología y la filosofía, (como por ejemplo la filosofía marxista), son buenas herramientas para entender mejor los mecanismos del paradigma occidental.  Es decir que como critica estructural nos puede permitir analizar y deconstruir estos mecanismos, a nivel económico, religioso o psicológico. 

El éxito de estas herramientas ha permitido que filósofos y psicólogos occidentales las apliquen a otras culturas y proyecten en ellas su propio sistema y lógicamente también sus patrones psicopatológicos[3].  Ello se puede ver de manera muy clara en las descripciones de los cronistas cuando trataron de entender el mundo andino a partir de sus propios paradigmas, utilizando calificativos como el de “individuos”, “imperios”, “reyes”, “sacerdotes”, “guerras”, “sacrificios humanos”, etc.

Lo que estoy tratando de vincular desde “lo occidental” (es decir desde mi propia cultura), no es lo “andino puro”, pues esta “pureza” no existe desde la ocupación occidental del continente.  Las condiciones objetivas coloniales son totalmente distintas de las de antes del desembarco europeo y una mirada atrás no nos va a servir para nada.

Lo que si se puede hacer y eso me parece la meta mas interesante de un verdadero dialogo intercultural, es intentar de limpiar un espacio que llamaremos “Andino”, pero sin “ismos” de ningún tipo, es decir, sin nostalgia aberrante, afirmando los valores fundamentales de las culturas indígenas, que son en mi opinión de manera ontológica comunes a todas las culturas originarias y tradicionales, y a un nivel pre-psicológico (ver anexo), común a toda la humanidad, es decir valores comunitarios que se desarrollaron de manera espontánea en todas las culturas de los pueblos no infectados por algunas patologías occidentales.

Afirmar este espacio de puente paritario me parece una prioridad urgente y la base de todo dialogo intercultural, es decir que sin esta meta el dialogo intercultural no tiene sentido, y de hecho, va a seguir actuando como brazo armado de la globalización, o colonización por homogenización cultural. 

Por lo demás se ha maltratado tanto a las culturas y pueblos indígenas, que pedirles ahora un diálogo de igual a igual o intercultural, sin siquiera repararlos en algo, reparación que debe venir de occidente, de Dios o de quien sea, me parece algo de veras, sino gracioso, de humor negro. 

La kuti-sicologia[4]

Solo después de una auto-de-construcción o kuti-sicología, occidente podrá intentar compartir algunas herramientas desarrolladas al interior de su propia cultura y que puedan servir para equilibrarse y de-sicologizarse.  De esta manera un dialogo intercultural permitirá a la otra cultura llevarse lo que es suyo y aplicar lo que es relevante, nutriendo “al otro lado” en un proceso recíproco, en el compartir de los resultados en la aplicación de esta experiencia.  Este trabajo para los occidentales, es mas un espacio de “no saber”, de aceptar el “no tener una propuesta” y participar de manera humilde en un trabajo de sanación y limpieza, para facilitar la creación de “un espacio” que enseñe lo que necesita por si y para si mismo[5].

La psicología, así tratada, puede permitir la posibilidad de empezar un auto-análisis realizado por los andinos mismos, a través de un diálogo con occidente, que les ayude a entender cómo es que las herramientas de la sicología occidental desarrolladas a la inversa, es decir una kuti-sicología que implementada como un proceso “al revés” les pueda ir ayudando a alumbrar procesos sincréticos legítimos y vigentes en las practicas y teorías liberadoras.

En esta metodología veo el papel de occidente como un espejo que refleja el entendimiento de sus propios mecanismos, de tal manera que “el otro lado” pueda des-hacer y des-aprender a través de lo que llamo la Kuti-psicología, lo que todavía los encarcela en un esquema mental psicológico.  Este método nos ofrece una oportunidad de encontrarnos a un nivel pre-sicológico (ver anexo) y a través de esto, intentar abrir un espacio “paritario” o verdaderamente intercultural, donde nuestras diferencias puedan ser dinámicas, generando alternativas no colonizadoras.

Las experiencias acumuladas en base a mi práctica terapéutica profesional, viajando por los Andes en muchos años, me han permitido el privilegio de compartir con hermanos Andinos, los problemas emocionales y sicológicos que surgen al tratar de armonizar las fuerzas centrifugas que nacen de un mestizaje hibrido que no consigue su realización, y que en muchos casos generan contradicciones crónicas que surgen de las dinámicas inherentes a los paradigmas de ambas culturas. 

Algunos, buscan en las “plantas maestras”, como el Ayahuasca, un camino para resolver estas contradicciones y logran abrir algunas puertas y respuestas, pero muy pocos logran continuar y culminar los pasos siguientes requeridos por estas ceremonias indígenas.  Aquí esta el papel de la kuti-sicología; des-hacer lo que la sicología ha construido a través de la desvinculación sistemática[6] del niño con el mundo y todo lo que le rodea.

Lo que he confirmado en mis experiencias terapéuticas, me sugiere que lo que se necesita, y eso me parece ser el mensaje del Ayahuasca y la puerta que esta planta medicinal abre, es un desafío a enfrentar esta desvinculación y resolverla, es decir enfrentar en las dinámicas de la propia familia, traumas provocados por violencia, alcoholismo, racismo[7], la alienación del trabajo o de la religión, etc.; todos aspectos estructurales comunes dentro del paradigma occidental.

Esta reflexión me lleva a tratar de imaginar lo que podría llegar a ser una verdadera interculturalidad, con un esfuerzo de ambos lados, especialmente del lado occidental, que es el lado opresor.  El primer paso que veo es enfrentar juntos el plano sicológico que desde mi punto de vista es lo que impide un verdadero dialogo; haciendo esto, a nivel metodológico podemos utilizar la psicología para enfrentar y de-construir las trampas o “caballos de Troya” que el sincretismo ha asimilado o insertado dentro del pensamiento Andino.  Esto nos permitirá entender la diferencia antológica entre la sicología como construcción sistemática de la desvinculación occidental, y lo que se necesita aplicar: Una psicología al revés o kuti-sicología, que de manera similar he tratado de desarrollar para la antropología en el prólogo del libro Qhapaq Ñan.  Es decir encontrar un espacio fuera del plano sicológico, por que este nace de un paradigma individualista, tratando de encontrar herramientas para una de-construcción sistemática, utilizando el espejo del “otro” para de-construir estas estructuras sicológicas desvinculadoras.

La filosofía occidental y su complemento, la sicología, crean una problemática inherente a su paradigma y de la lógica interna de su ontología del individuo, base y principio de la filosofía y obviamente de la psicología.  Esta problemática inherente a su lógica, es la necesidad de entender el concepto del “otro” pero genéricamente individual.

El concepto de interculturalidad

Para empezar, se necesita entender fríamente lo que es interculturalidad, ¿De dónde viene la necesidad de superarla y cambiarla? Es posible mejorarla?; y también, ¿De dónde viene esta mirada “inter” y porqué esta necesidad de “respetar las diferencias”?, “respeto al Otro”, “ser incluyente” etc.  ¿De dónde vienen estas “buenas intenciones” motivadoras de esta búsqueda?.

Analizando las palabras mismas, se puede notar que se juntan dos palabras: “inter” y “cultura”, vamos a comenzar analizando el significado de ambos vocablos.

En este análisis voy a usar un lenguaje un tanto sarcástico para describir como entiendo los vocablos estudiados.  Pero me parece que vale la pena para compensar y provocar reacciones, es decir que estamos tan acostumbrados a escuchar los discursos tradicionales y paternalistas que sostienen la interculturalidad, que cuando se enfatiza una visión alternativa, se puede abrir espacios para una discusión fructífera como forma de llegar a encontrar una posición mas moderada.

  1. “Inter”

La palabra “Inter”, parece inicialmente, inocente y aséptica, pero esta muy cargada y vinculada con uno de los primeros caminos abiertos por los griegos, que luego cristaliza el cristianismo como individualismo.  Estoy hablando de como Aristóteles, en la “Metafísica N1”, desvalora y descalifica “la relación” para valorar de manera exclusiva a “las partes” en detrimento de “la relación”, que aquí prefiero llamar vínculo.  Antes de este corte “aristotélico”, todo estaba vinculado con “el todo”, después, la sustancia adquiere “realidad” exclusivamente y “el vinculo” se convierte en un aspecto secundario de “la sustancia” o de las partes “des-vinculadas”.  Como lo plantea G.  Simondon[8], eso nos lleva a una “realidad estática” donde la transformación o “cambio” se vuelven incomprensibles, y en donde nacen dos problemas nuevos inherentes a este paradigma, es decir: ¿Cómo se construyen los términos o partes?, y luego como una relación es posible, aquí esta el espacio o “lugar” del “inter”. 

El “inter” como concepto problemático, nace de una ontología específica: La des-valoración del vínculo y de una visión de la realidad como sustancia.  Para entender el salto conceptual realizado, es interesante compararlo con el concepto de “Elemento” o “ápeiron” del filósofo jónico Anaximandro de Mileto (610-546 a.C.), "ápeiron" (de "a-"privativa, y "peras", límite, perímetro), es decir, lo indeterminado, lo ilimitado, que es precisamente el “Elemento sin limites”, y esto no es igual ni parecido al concepto de “infinito”, puesto que ápeiron esta fuera del espacio-tiempo y tiene dos aspectos: es Homogéneo como potencial de todo y segundo es “Poder de heterogeneización” por la así llamada “phisis”, que es el poder de diferenciación que es mas fuerte que “lo que hace crecer las plantas”.  En el “Elemento” todo esta vinculado no hay sustancia separada; lo que aparece ante nuestros ojos de occidentales como “sustancia” siempre esta vinculado con el Elemento, su fuente, pero una fuente que no existe fuera de lo que brota de ella.  En esta lógica, el cambio o movimiento es la interacción entre homogeneidad y heterogeneidad y se entiende de manera natural como proceso.  Aquí el pensamiento “paritario” griego, parecido al Andino, brota aun originario.

Como se sabe posteriormente Aristóteles (384 -322 a.C.), hace un corte crucial que va a determinar toda la futura problemática del occidente: primero la del cristianismo, o del individuo responsable frente a su Dios, el individuo de los derechos humanos, luego el de la “recolonización”; y hasta ahora, el de la interculturalidad.  Desde una visión dinámica del universo conceptualizada por la phisis, que se puede entender en esta esquematización como el vínculo primario, el universo se vuelve estático sin “vínculo”.  Esta visión estática crea la necesidad de los conceptos de “espacio” como pantalla y de “tiempo” como movimiento sin referente, para entender el flujo y cambio dentro de este espacio. 

Todos estos conceptos nacen de una ontología que pone los términos o partes, en este caso los individuos como única realidad, para luego preguntarse, ¿Cómo vincularse con el “Otro”?.  “Inter” entonces es una palabra que presupone esta ontología y solo existe desde un lado del presunto dialogo, desde el otro lado el problema del sujeto no es el de ¿Cómo vincularse?, sino es ¿Cómo escapar?, o esconderse, no ser visto, o volverse invisible, transparente a la mirada del otro occidental, que nunca deja de convertir, de asimilar, de homogeneizar.  La única alternativa para el “Otro” es desaparecer, esfumarse, ser invisible, y en los Andes, los andinos lograron hacerlo refugiándose en las alturas o en la selva, zonas intrincadas para los invasores.  Con la modernidad y la presencia cada vez más importante y colonizadora de la televisión y de la deculturación sistemática, como resultado de la invasión de los evangelistas y otras sectas en las alturas y en la densa selva, y de la alfabetización en castellano, no hay como esconderse.  El “Otro” no puede ser transparente, esta como un conejo frente a las luces del carro del occidente que le propone una inter-algo antes de aplastarlo.

Entonces “inter” es un arma del lado occidental, y no hay simetría, el “inter” propone: O te conviertes en un ser, individuo-sujeto (res-cogitans) como yo, o mueres.

2.  Cultura

El otro vocablo: Cultura, es muy interesante también, viene de “cultivo” acción “agrícola”, “campesina”, no-ciudadana que en el discurso moderno, se refiere a formas de conocimiento no elitista, “cultura” es algo subalterno a “civilización” y dentro del pensamiento occidental, la única civilización es la suya, como pensamiento hegemónico, que sirve para entender todo lo que no tiene los mismos valores, primero, “científicos”, luego cristianos y luego económicos, éticos y sicológicos.  Culturas y etnias son vocablos que sirven para describir ciertos “fósiles” que todavía no se dan cuenta que “ya llego la verdad” en 1492, y que son “tontos” de no aceptar algo tan obvio, y pues… “que pena que tuvimos que matarlos para convencerlos”.

Lo que antes del cristianismo y luego de la modernidad era convivencia de diferencias, celebración de las diferentes maneras de ser dentro de su medio ambiente, se vuelve falso y descalificado, primero de manera violenta por el genocidio ejecutado en nombre de Dios, y segundo, se convierte en paternalista, para “acomodar” las nuevas sensibilidades que parecen en el occidente en el siglo XVIII.  Surge un interés tremendo en occidente por los “salvajes”, lo que hace que primero se abandone el esclavismo para transformarlos en “lumpenes” (siervos y obreros) y luego promueven una visión caritativa y paternalista parecida a la que desarrollaron para sus mascotas.

La declaración universal de los derechos humanos de 1789, en Francia, da una forma sistemática a estas sensibilidades y nace una nueva ideología con ambiciones de universalidad que todavía sostiene el proceso de globalización a través de imponer la democracia y los derechos de los individuos como modelo universal.  Esta declaración de derechos, otorga para “todos los humanos” una posición de superioridad, la del que sabe lo que necesita cualquier humano en cualquier parte del planeta.  Como el loco de Bush, que ataca Irak diciendo que esta “sembrando libertad” con “bombas inteligentes” y “bombardeos quirúrgicos”, porque los “pobres iraquíes” seguro es que “no saben ser libres”. 

Al nivel filosófico, es la culminación del movimiento empezado por Aristóteles unos 23 siglos antes.  Los términos o “partes” no solo son sustancia, es decir realidad, sino que también tienen “derechos”.  Primero desvinculan las “partes” o términos, haciéndolos individuos para luego otorgarles “derechos” ¿Que vienen de donde? Pues lógicamente, vienen de la comunidad, pero como “la comunidad” no existe, en este paradigma, sino como “colectivo”, es decir como conjunto de individuos, los “derechos” parecen surgir de un vacío como una respuesta lógica, dentro de la problemática creada por la ontología que sostiene este pensamiento.

El otro aspecto de la palabra “cultura” que quería excavar es su carácter humanista, es decir que las culturas son conjuntos de seres humanos desvinculados en esta descripción de su conciencia totémica o animista como lo describe Philippe Descola en su “Antropología de la naturaleza”.  En esta obra Descola describe como la conciencia de ser no se puede reducir al humano, el ser de la conciencia totémica incluye sus rutas sagradas, rocas, montañas, etc.  cosa que no se puede reducir solo al humano.

El Ser no se reduce solamente al humano, hay diferentes maneras de ser que ha identificado Descola, entonces me parece muy importante tomar en cuenta el sostén humanista del concepto de cultura para poder cambiarlo en un concepto verdaderamente paritario, no solo entre “Culturas” sino dentro de las “culturas” y entre los humanos y su medio ambiente.  Me parece que esa fue la primera consecuencia de la desvinculación operada por Aristóteles, o mejor dicho, Aristóteles sistematizó algo que era vigente en la polis griega: Los griegos más que natura, los griegos más que los bárbaros, los griegos mas que los esclavos, los griegos (varones) más que las mujeres.  Esto fue lo que dio sostén conceptual al mito del hombre occidental, o formas sociales, que por supuesto permitieron la existencia de una clase ociosa, que por supuesto hoy en día esta identificada con los capitalistas neoliberales usureros dueños del capital especulativo financiero. 

La Inter-culturalidad como industria

De la misma manera que el occidente a hecho una industria muy rentable de reciclar los desechos y contaminación que su produce su lógica económica, hace algo parecido con la interculturalidad, haciendo una industria muy rentable de su contaminación y desechos histórico-psicológicos.  Hay toda una industria de la interculturalidad que logra conseguir millones de dólares para conversar e invitar a indígenas para que participen en el coro de cómo seguir haciendo lo que hacen por 500 años, es decir, seguir invadiendo, engañando, desvinculando, robando, homogeneizando, en una palabra: colonizando

1.         Las Iglesias.

Otra pauta que nos debería alarmar: las iglesias utilizan mucho el concepto de “interculturalidad”, tratando de establecerse en territorios indígenas para manipular a sus movimientos y organizaciones; si la iglesia se siente tan confortable con este concepto es por una razón muy simple, es que la interculturalidad no es mas que la vieja tentativa misionera de convertir, asimilar, desvincular, pero con un nombre nuevo.  Lo importante para ellos es que les permite recoger plata de la cooperación internacional y del público para seguir haciendo su trabajo de siempre.  No nos sorprende que las iglesias sean tan favorables a la interculturalidad. 

Para dar un par de ejemplos, el primero lo he extraído de un artículo publicado en Internet [9], en donde un antropólogo norteamericano confiesa sin inmutarse: Como él mismo comenta, después de tantos años ayudando a formular un discurso de autonomía indígena y autodeterminación política (sic), Smith estaba tratando ahora de “alejarse y cuestionar el discurso” (Smith, entrevista 2002”)[10].  Imaginemos pues –con mucho esfuerzo- a un antropólogo norteamericano interculturalista un tanto ingenuo, “ayudando a formular un discurso de autonomía indígena y autodeterminación política”, (¿¡?) y encima que se de cuenta que los líderes indígenas le están “plagiando” el discurso para sacarle plata a su ONG (!); ¡Qué tal desvergüenza! -la del antropólogo por supuesto- y que pena por él, tener que alejarse, de los pobrecitos indígenas “engañadores”. 

Esta es la “interculturalidad” que practican ciertas ONGs vinculadas a las iglesias que están creando o “sembrando” organizaciones indígenas, ciertamente, “autónomas y autodeterminadas”… para invisibilizar a los auténticos líderes y organizaciones indígenas, y a largo plazo para debilitar y hacer fracasar a los movimientos indígenas por la vía de la auto-parálisis, como ya se deja notar en el movimiento indígena ecuatoriano frente a los desafíos de la “revolución ciudadana” criolla de Rafael Correa. 

El segundo ejemplo se trata de un artículo[11] escrito para la iglesia por Mario Roberto Morales, un guatemalteco, texto que nos fue enviado por una amiga religiosa de Guayaquil se llama “Por un mundo Inter-étnico” y dice así:

Lo primero que se debe superar a la hora de diseñar políticas tendentes a dejar atrás los prejuicios diferenciadores, la discriminación y el racismo, es la noción de que esta práctica es antinatural y exclusivo patrimonio de grupos sociales o individuos esencialmente malignos.  Por el contrario, lo que hay que tener claro es el hecho de que el prejuicio diferenciador se encuentra en la base de la supervivencia de los primeros grupos humanos, ya que éstos no podían sobrevivir en grandes conglomerados sino solamente en pequeños grupos, y esta necesidad hizo surgir elementos culturales diferenciadores entre los grupos, dando origen a toda suerte de símbolos totémicos, tradiciones orales y mitos de origen, y también a las nociones de supremacía ejercidas en forma violenta por unos grupos sobre otros.  Mediante la creación de elementos culturales diferenciadores se pretendía que los grupos no crecieran más de lo conveniente.  Las funciones sociales de la producción de símbolos como las enseñas, vestimentas y demás elementos identificatorios, eran funciones diferenciadoras y discriminatorias, ya que solamente mediante este procedimiento los grupos humanos podían asegurarse sobrevivir en pequeñas comunidades.  La matriz histórico-cultural de la discriminación es, pues, la original necesidad de supervivencia”. 

Este es el verdadero sentido de la palabra “interculturalidad”, el pecado original nos ha echo malos y necesitamos la iglesia o una ética para salvarnos, entonces todos los que “aun no saben que nacen malos” tienen que saberlo, y vamos a llevarlos a todos los vicios, alcohol, prostitución, drogas para asegurarse que esta predicción se haga verdad.  ¿Cómo podemos entender una interculturalidad donde las tradiciones ancestrales como ritos, vestidos, mitos están vistos del lado occidental como funciones discriminatorias?

  1. Las ONG’s

Otra franja parasita, pero que muchas veces se mezcla con las iglesias, son las ONG’s parásitas, que son la mayoría, las que surgen para “resolver problemas” que ellos mismos identifican en “zonas de pobreza”.  Muchas de estas instituciones están creadas para hacer plata a nombre de la misma lógica caritativa que utilizan las iglesias para conseguir dinero de la cooperación “occidental” de fuentes tan sensibles a estos problemas.  Un sentimentalismo, que en el occidente a reemplazado a las emociones verdaderas a través de todo un mecanismo de proyecciones compensadoras (ver subnota 9) vinculadas a la psicopatología del individuo.  De las “Buenas intenciones” que le gustaban tanto a Sartre esta empedrado “el camino hacia el infierno”.

Estas estructuras parásitas usan a personas que verdaderamente al principio están motivados para “ayudar”, “salvar al medio ambiente”, “salvar la selva”, “alfabetizar”, “salvar los niños de la calle”, “descontaminar”, “reforestar”, todos temas muy nobles cuando son vistos y tratados de manera separada.  Estas personas abandonan sus medios de conseguir ingresos y se vuelven económicamente dependientes de estas estructuras que poco a poco utilizan este poder para forzarlos a hacer cosas contra su propia ética y motivaciones que al inicio les hizo escoger este trabajo.  Eso es para los “inocentes” pero también hay toda una franja de gente que por una miseria están listos a ser lustra-zapatos de los burócratas de cierta cooperación inmoral, se vuelven traidores dentro de la comunidad ya que se encargan de hacer el mismo trabajo sucio de desvinculación.

Esta industria “Intercultural” funciona de la misma manera que las iglesias y estas forman ONG’s[12] para conseguir dinero de la cooperación internacional.  El occidente utiliza los mismos problemas que aparecieron por su lógica económica: deforestación, contaminación, exclusión, racismo, etc., para hacer más plata aprovechándose del sentimentalismo[13] de los occidentales.  Son parásitos, vampiros de la peor variedad, los que se enriquecen de la miseria de los demás, de la vulnerabilidad de las comunidades indígenas más pobres.  Se enriquecen de la miseria, pero, eso no es todo, lo peor es que al mismo tiempo los desvinculan de sus costumbres, de su cultura y de su cosmovisión volviéndolos mendigos, indignos y dependientes, sin capacidad productiva.  Estas comunidades, pierden en este proceso, la habilidad de encontrar sus propios recursos dentro de sus capacidades, y en este proceso dudan de su propia identidad, de la legitimidad de su cosmovisión, de su habilidad para enfrentar y solucionar problemas surgidos del mestizaje y de la occidentalización.

Es importante darse cuenta que cada paso se hace dentro de la lógica interna occidental, los cambios no vienen de afuera, en ningún momento el “Otro” puede tener voz, imponer su propia lógica de diálogo y/o sobrevivencia.

El otro[14]

Todo lo que es ajeno a Occidente, el “Otro” son las culturas con sus idiosincrasias; pero todas tiene algo en común: No tienen “la verdad”, nada de verdad, menos sus practicas pueden “ser científicas”, en cambio, occidente no es una cultura[15], es “La Verdad”, económica, ética, psicológica, el vocablo “cultura” fue creado dentro de una necesidad de entender al “foráneo”, al “diferente”, al “Otro”, el vocablo “cultura” esta vinculado a “agri-cultura”, como cosa de sociedades “campesinas”, indígenas dedicados al “cultivo”, congeladas tal vez en el “neolítico”.  Es el estandar por lo cual se mide a los demás.  La medida es la verdad occidental, o elucubración de una mente desvinculada –por no decir desquiciada- que trata de entender como re-vincularse con su entorno natural y con los demás.  Después de desvalorar el vínculo, para super-valorar a “la sustancia”, ahora necesita una “abstracción” para entender su mundo “subs-tracto”, el vínculo desechado y podrido “dentro suyo”, inconsciente, vuelve, aflora en forma patológica[16], como dice Freud, el reprimido vuelve como patologia.

A la vista del Otro, o desde el otro lado, el occidente no aparece como cultura, sino como enfermedad, algo in-comprensible (pero no será por mucho tiempo), un espacio loco.  Lo que para las comunidades de diferentes cosmovisiones era celebración de heterogeneidad al contacto con occidente (pienso en el inca Atahualpa aquella tarde de Cajamarca), se convierte primero en un rompe cabezas, más luego se vuelve una fuga para sobrevivir.

En mi análisis hay conceptos insertados, como caballos de Troya, que parecen ser el sostén inconciente del peso cultural del occidente que hace que el “Otro” no pueda ser visto, aceptado, valorado.  O que solamente permiten que sea visibilizado, como auténtico, si se mueve domesticado “como mono” o con reflejos condicionados como cualquier animal de circo.  Como escribe Javier Lajo, occidente tiene muy desarrollado el arte de la “cetrería humana”[17].

El concepto de “Otro” es muy interesante al nivel de la ontología del concepto.  Desde el punto de vista individual el “Otro” son los demás, los que no son yo mismo.  Sartre se refiere a ellos como: “El infierno son los demás”, los que amenazan, los que quieren “aprovecharse de mi”, frente a los cuales “tengo que protegerme”.  Este aspecto es una de las bases de la educación occidental que promueve el miedo del niño a todo para “prepararlo” para el mundo. 

El “Otro” es también el “Otro” de Levinas, la cara del otro, quien -según Levinas- me desafía a salir de mi yo, pero este autor no logra salir del paradigma del individuo, no ofrece una alternativa o perspectiva comunitaria.  Levinas solo ofrece una respuesta teológica, es decir desvinculada de la realidad, sin salida. 

Desde el punto de vista comunitario, el “Otro” es lo que permite la realización colectiva de su integridad e identidad comunitaria sin exacerbar las diferencias, es decir con permeabilidad en un proceso constante de armonización e integración de nuevos elementos que enriquecen las posibilidades de la comunidad, es decir, afirma los lazos sin volverlos rígidos, una comunidad bastante segura de si misma, para poder cambiar e integrar nuevos elementos.

Las culturas originarias han tenido varias técnicas para metabolizar al otro, de manera dinámica.  Lo ajeno, lo que no pertenece a la comunidad y su cosmovisión es el “Otro” y este “Otro” tiene un valor como diferencia y como mecanismo de reforzar la identidad y coherencia de los que perciben este “Otro”, el “Otro” no es una percepción individual, es una percepción, una comprensión colectiva, no es mi “Otro” es “nuestro Otro”, o el “otro de nosotros”.  No es una psicología, es una diferenciación dinámica.  El Otro permite la percepción interna de coherencia de ser nosotros juntos y con esta seguridad nos permite los contactos sin tener que aniquilar “al otro” por falta de coherencia interna.  El occidente se ubica frente a la diferencia cultural como el “príncipe que mata al mensajero que lleva malas noticias”, el reflejo que el occidente ve en el espejo de las otras culturas le hace romper este espejo.

En los intercambios, ya sean trueque, matrimonios, fiestas, rituales, etc., cada comunidad afirma su coherencia con orgullo y sin miedo y entregan lo mejor de lo que tienen como afirmación de su capacidad.

El occidente es distinto, para el espejo del “Otro” cultural no enseña un imagen de coherencia comunitaria pero si de desvinculación, de soberbia, de egoísmo, de individualismo y para no enfrentarse con esta imagen prefiere quebrar al espejo que enfrentar su propia sombra.  Este “Otro” cultural, son las culturas originarias que se muestran al occidente como culturas “inferiores”, y para no aceptar de verse así, prefieren tapar el problema y autojustificarse por construir culturas y sicologías que le convencen de su superioridad.  En esto se vuelven sordos y ciegos al “Otro” y nace la patología del misionero fanático que tiene que convertir al “Otro” para parar lo que lo revela como desvinculado, como “anormal”.  En mi opinión el occidente utiliza estas construcciones de autojustificación para descalificar a este “Otro”, de ser mecanismos de defensa pacíficos, se vuelven armas de destrucción masiva. 

He identificado tres ejes en esta construcción, que transforman al “Otro” en arcaico, folklórico, atrasado, extremo pobre, etc.

Etica, psicología y economía, los ejes de homogeneización

Estos tres ejes que he identificado no pretenden ser exhaustivos, solo son los que me parecen mas contundentes y los menos cuestionados.

  1. El eje religioso, moral, o ético

El eje religioso que considera todas las espiritualidades no monoteístas como creencias, mitos, folclor, e imponiendo “la verdad única” como su dios; y terminan votando a la basura todo lo que no se ubica dentro de su paradigma, lo califican de “falso” e “irrelevante”, “atrasado”, lo que hacen los misioneros en las comunidades en su trabajo de desvinculación sistemática prohibiendo, los rituales, vestidos, bailes, canciones, calificándolos de “endemoniados”.  El eje religioso en el siglo XIX, se transformo por las necesidades del capitalismo en ética, interiorización en el sujeto de los valores religiosos, pero sin religión, creando una nueva problemática que con la sicología trató de entender y lo sistematizó a través de la pedagogía y las teorías del “desarrollo del niño”, creando un sujeto más individualizado en el “hombre sicológico”.

En el cuadro occidental, la abstracción del sujeto, crea la necesidad de la ética, pues desde la perspectiva del individuo, el posee la verdad de manera solipsista, que no necesita ser cotejada, negociada o consensuada con otros.  De esto se concluye que una lógica y razón se construyó desde esta perspectiva individual, y en detrimento quizá de otros pareceres, que pudieron oponerse a esta lógica, especialmente si esta conduce a acciones que los demás perciben como agresivas o perjudiciales a su propia perspectiva.  Las llamadas lógica y razón se han impuesto en occidente a sangre y fuego; ¿Será esto último, lógico y racional?

Así de esta manera, para regular este proceso y mientras tanto, permanecer dentro del despliegue del “sujeto”, por razones históricas, surgió la necesidad de “controlar al individuo”.  Este control, siguiendo a Foucault[18] primero fue una forma represiva para después ser internalizada gradualmente como ética, usando el concepto del “pecado”, que fue introducido por la “cristiandad” y usando la culpabilidad como el timón que controla el “si mismo”, el sujeto de esta manera, esta controlado “desde adentro”, por “su conciencia"[19]. 

De esta forma “la ética” surgió como la necesidad de controlar a los individuos y por lo tanto, esta “ética” no tiene ninguna pertinencia, ni importancia para las otras culturas.  Tal vez, podríamos lamentar esto en lo qué sucede en el proceso de mestizaje, en donde los indígenas abandonan sus raíces comunitarias, allí donde no necesitaban esta “ética”, porque no hay “individuos estáticos” antes del actuar; por lo tanto en la comunidad no necesitan una evaluación moral antes del actuar es decir que como en todo, los comuneros actúan responsablemente, o “éticamente” en forma espontánea, inconciente, sin saberlo, sin necesitar conceptuar “ética” o mandatos explícitos.  Los indígenas cuando se encuentra ahora aislados, se encuentran en un mundo imbuido con moralidad y ética pero con el cual no pueden involucrarse, menos con estos conceptos, y así el indígena es percibido por los mestizos como seres amorales, “sin valores” y que “no saben” relacionarse con otros individuos.  Esto divierte burlonamente a los mestizos y criollos, pero también los irrita y concluyen fácilmente en la “condición inferior” del indígena, en inconciencia, en estatus social inferior, y por fin, en “lo inferior de la raza”.

  1. El eje sicológico

Que promueve los derechos del individuo como valores universales y en esto robándolos, sacándolos de donde pertenecen, es decir de la comunidad, quebrando, en la imposición de este nuevo paradigma todas las estructuras comunitarias, pintándolas como enemigas del individuo, de sus derechos, de su libertad de escoger como individuo.  Y es verdad que no es compatible con el individuo, pero el enemigo es el individualismo contrario a la comunidad, pues la trata de aniquilar allí donde todavía sobrevive. 

El individualismo dice que la comunidad formatea a los humanos, haciéndolos a todos iguales, son como las hormigas, dicen, como las abejas; cuando es al contrario, el individualismo es el que mata las diferencias en los sujetos tan inseguros en si mismos que tienen que ser iguales en sus consumos para convencerse de la validez de su existencia. 

Mientras en la comunidad, la diferencia es valorada como lo que brinda el comunero a la comunidad, su don, su talento, y como es valorado existe como diferente, sin tener que decirse cómo es diferente, sin tener que afirmar su diferencia como idiosincrasia.  En este espacio no se necesita autoestima individual, la valoración viene de los demás, en el “hacer juntos y bien las cosas”, de la valoración de la singularidad, de la riqueza de la diferencia, verdadera riqueza de la comunidad, no necesitan de un “adentro”, de una “membrana” que impida la vincularidad, o superficie del sentir y el actuar, dos aspectos de un mismo actuar, del “hacer juntos y bien”, unión de dos y dos que es unión.

Este eje psicológico tiene dos pilares que lo desarrollan como sistema, estructural:

a.                   La educación promoviendo la estimulación cada vez más temprana del niño y en eso desvinculándolo a una edad cada vez mas joven, acelerando el proceso de individualización.  Eso es la consecuencia de la sistematización del desarrollo del niño por la psicología, promoviendo lo que llaman el despertar del niño que no es mas que el apagón de su ser comunitario y una aceleración del proceso de individualización.  Esta técnica, esta pedagogía, es lo que podemos llamar un “sedimento” de nuestra cultura, un sedimento de 25 siglos de ontología del individuo, sistematizado, comprimido en cinco o seis años, los desvaríos y ciclos históricos que crearon al individuo, sistematizados en estructuras y sistemas que la sicología moderna llama los “estadios de desarrollo del niño”.

b.                   El idioma que por su gramática promueve el individualismo en las lenguas occidentales, al opuesto del quechua y otros idiomas nativos que promueven organizaciones y conciencias comunitarias. 

Ambos puntos, promueven en el niño una visión sicológica del mundo, al nivel antológico forzándolo en el espacio-tiempo occidental, base ontológica de la interculturalidad.  El espacio y el tiempo en las comunidades nativas son conceptos que no existen o tienen un sentido muy distinto, entonces una verdadera interculturalidad debería suspender los prejuicios temporales y espaciales occidentales, estos presupuestos que son tan difíciles de identificar por ser subconscientes, pero esto será un texto más profundo y extenso posteriormente, por el momento y a fin de no dejar vacios se puede leer en el Anexo 2, una tentativa muy sintética de imaginar o “pensar” fuera de los conceptos occidentales de “espacio-tiempo”.

Otro tema sicológico que me parece muy importante desarrollar es como estos dos pilares promueven una desvinculación de las emociones y de la razón que se traduce a nivel colectivo en la separación entre religión y ciencia.  G.  Simondon tiene una propuesta muy interesante, en su sistema desarrollado en el “Individuo y su génesis físico-biológico”, propone que de manera natural, el ser humano se vincula en el mundo de manera exclusivamente dinámica y que eso se traduce por una percepción dinámica de su entorno.  Como, de manera natural no hay desvinculación con este medio ambiente, hay permeabilidad.  De la misma manera que una célula esta en constante intercambio con su entorno, el ser humano por la percepción, siente un adentro que es pura inteligencia emocional que es el sentido interior de lo “externo-acción”, no hay discontinuidad entre los dos, es un proceso constante de permeabilidad entre exterior-acción y interior-emoción.  Esta inteligencia emocional no es menos inteligente que la razón, solo no necesita desarrollarse en un abstracto desvinculado.  El occidente, según Simondon, por su pedagogía y la estructura de sus idiomas egocéntricos, desvincula acción y emoción e introduce la razón abstracta en el medio como espacio de conceptualización sistematizando esta desvinculación.  Es un tema a desarrollar mucho más, pero me parece una perspectiva interesante a tomar en cuenta cuando se trata de entender el papel de la sicología en la interculturalidad, y cómo una kuti-sicologia puede tratar de re-vincular la Acción con La Emoción.

  1. El eje económico

Que dice que de toda actividad tiene que sacar un beneficio y por el uso del dinero como intermedio de toda transacción promover la acumulación y la usura.  Este eje económico se desarrolla dentro del sistema de la propiedad privada sin la cual no podría funcionar.

Todo lo que es producción a perdida (desde el punto de vista de la lógica económica) es absurdo y arcaico y es prueba directa de la imbecilidad de los que están involucrados en esta actividad.  Igual por las fiestas donde los comuneros gastan todos los surpluses, brutos, imbécil es otra vez.  Igual por la medicina por la cual la lógica económica impone las drogas carísimas al detrimento de la medicina natural con las plantas casi gratuitas. 

Como un ejemplo de esto esta el trabajo de Gloria Miranda, sobre la confección de “tamales” en comunidades de la sierra central cerca de Huancayo, en Perú.  Ella se percato que en estas comunidades el costo de producción del tamal excedía grandemente el precio de venta.  Esto desde una perspectiva occidental, del sujeto estático, procesar un producto, o producirlo desde una perspectiva del individuo separado de los demás, es razonable, económica y emocionalmente inútil; no tiene ningún sentido seguir con la producción de Tamales, estas son las leyes omnipotentes del mercado capitalista.  Esto mismo sucede con la mayor parte de los productos indígenas que son producidos hoy en día, por debajo de sus costos de producción.  De esto se han dado cuenta muchas Cías.  Transnacionales capitalistas, lugares donde el intercambio –donde lo consiguen- les resulta paraísos de las sobre o super ganancias.

Según la lógica económica del occidente el mundo indígena es “económicamente inviable”, pero sigue y seguirá existiendo, porque hay otro marco, otra lógica, otros paradigmas que resisten a la ocupación o invasión del mercado capitalista y su cultura occidental.

La producción de tamales en tales condiciones “de mercado” no tendría ningún "sentido" para un individuo occidental, pero para los miembros de estas comunidades, este es el “orden andino” del “hacer bien y juntos, los tamales” o lo que fuere.  Ahora hay dos perspectivas que puedo ver para interpretar esto, una desde la perspectiva del mestizo, como otra “prueba de la estupidez” del indígena; o alternativamente, si salimos del cuadro occidental y aceptamos que no existe un individuo estático haciendo tamales, pero que la estructura estética/ética/emocional de “hacer tamales” tiene como fin la creación de la conciencia de una “comunidad integrada haciendo bien sus tamales”.  Entonces podemos pensar más allá del horizonte occidental, que puede existir “otra” lógica.  Esta lógica no piensa el mundo “convencionalmente” de manera conceptual, sino que crea diferencias a través de la actualización de una “nueva conciencia” adquirida en “el hacer de lo nuevo y de lo armonioso”, no como meta, pero si como medio para generar beneficios o divertimento, o lo que sea que la otra lógica diferente a la occidental, desearía que logren alcanzar.

La lógica económica se puede ver también en las tentativas del occidente de erradicar la hoja de coca demonizada por culpa de su propio consumo como cocaína.  Esta planta, sagrada para la cultura andina, como alimento, es muy completo en nutrientes, con mucho calcio, vitaminas etc., símbolo y agente de la vinculación andina dentro de su cosmovisión, se vuelve en las manos occidentales una droga, y occidente como siempre no hace mas que echar la culpa “al mensajero”.  Eso nos permite cuestionar el porqué del consumo, porqué estos jóvenes tan desvinculados de todo, están buscando refugio en los narcóticos, alcohol, cigarros, etc, ¿De qué huyen?.  Pero al mismo tiempo la hipocresía es obvia en el manejo del dinero generado por el tráfico, la corrupción endémica en los sistemas políticos del continente permiten la formación y mantenimiento de fuerzas para-militares que cumplen dos papeles; primero mantienen abiertas las fábricas de cocaína y sus rutas de tránsito, es decir, la fuente del dinero y segundo aniquilan a las comunidades indígenas a los que usan como peones.  Esta es otro rostro de la “interculturalidad”. 

Este eje económico se manifiesta en el discurso occidental en conceptos como desarrollo, progreso, recursos naturales, conceptos considerados tan universales que casi nunca se cuestionan.  Lo que se esconde atrás de progreso no es más que la depredación colonialista con otro nombre.  De la misma manera que hace 500 el colonialismo invade para saquear, hoy sigue lo mismo, pero ahora es la tierra misma la que es objeto de saqueo.  La tierra considerada como recurso natural como un almacén de minerales, petróleo, gas, madera etc., para predadores sin consideración por las consecuencias ambientales y sociales.  Sin embargo este “almacén” se va a agotar pronto, ¿Y luego qué?.  Para muchos pueblos indígenas, sino para todos, el “Progreso” no es mas que la sistematización del desequilibrio que introdujo el occidente “afectando la relación recíproca de los seres humanos con sus paqarinas”, es decir, que desde un equilibrio paritario que implicaba un “trueque” que implicaba que lo que tomaba el indígena tenia que devolverlo ritualmente, “previo permiso”, se paso a una lógica de saqueo, de “desequilibrio im-paritario”, donde unilateralmente el ser humano es la medida de todas cosas y donde sus necesidades “antropocentristas” prevalecen impositiva e implacablemente.  Desarrollo, progreso, inversión, ganancias, etc., no son más que términos que justifican tomar, tomar y más tomar sin jamás devolver nada.

La característica mas saltante de este análisis de la interculturalidad me parece ser su carácter “imparitario”, es decir que funciona unilateralmente, de un solo lado; la tarea entonces es tratar de desarrollar una interculturalidad paritaria, lo cual parece ser una contradicción en términos pero como con toda palabra, hay posibilidades de cambiar el sentido que la sostiene y hacerla reversible, que es lo que vamos a ejecutar.

Para un interculturalidad paritaria

Siguiendo el análisis de Javier Lajo en su libro “Qhapaq Ñan, La Ruta Inka de Sabiduría”, donde señala la primera ley del pensamiento andino que es el “Yanantin” o la Paridad; entonces el diálogo intercultural “ch’ulla”[20] –sin paridad-, ahora analizado como psico-patología, solo se va a sanar “paritariamente”, es decir que el verdadero diálogo deberá ser dentro de una “Paridad”, no entre iguales sino entre opuestos complementarios, lo contrario sería homogeneizar, pero con el mismo poder de diferenciación, con una “phisis” que permite la integración de nuevas herramientas de manera dinámica entre prácticas distintas en este caso “un Tinku” –segunda ley del pensamiento andino- que promueva y de curso a la sanación de la parte dañada del par occidental, que se puede identificar primariamente, como la parte “femenina”, cuya ausencia en su cosmogénesis y “degradada” en su cosmovisión, hace del occidente una cultura “ch’ulla”.

Para entender como eso puede funcionar, es relevante regresar a uno de los conceptos de G.  Simondon, el de “metastabilidad”.  Para Simondon, todo lo vivo, todo lo que es orgánico es metas-table, es decir, es una estabilidad dinámica dentro de un medio ambiente, cambia el medio ambiente un poco y se adapta el sistema metastable, si cambia mucho y rápidamente, muere y desparece el sistema.  Estos sistemas metastables se encuentran de manera fractal en el organismo a nivel micro y también a nivel macro como entidades, seres, animales, plantas etc.  Si el sistema metastable se daña, genéticamente, por ejemplo y empieza a producir células cancerigenas el medio ambiente, en este caso, el organismo, por el sistema inmunológico, elimina estas células para regresar a un “equilibrio paritario” entre las partes. 

Lo que se necesita ahora, si utilizamos la misma metáfora del organismo para entender como una interculturalidad paritaria podría funcionar, es primero dejar al sistema inmunológico sanarse, es como si unas células cancerigenas entregaran el código genético de su propio ADN, por que se dan cuenta que se están matando a si mismos en su desarrollo, para que el sistema inmunológico pueda encontrar una respuesta dentro de sus propias capacidades para sanar la parte dañada y regresar a una “proporcionalización” o equilibrio paritario.

Del lado occidental, reconocer que cargamos y soportamos un cáncer y que hemos llegado a un estado terminal que va a matar al planeta, es el primer paso, luego deconstruir nuestra enfermedad para poder entrar en una relación paritaria con el “Otro” quien, a través de “limpiarse y sanarse” va a tomar fuerza –a la manera de los “alzadores” del curanderismo- y adquirir el poder de sanar la parte dañada de occidente, por homeostasis, no por agresión o violencia. 

Interculturalidad y violencia

La violencia ha caracterizado la interculturalidad en todas partes del globo tomando tres formas: comercio, misioneros y guerra. 

Comercio como el de los esclavos de Africa a America en lo cual 80 millones de africanos murieron en el mar y los 20 millones supervivientes fueron vendidos como ganado.  Los misioneros utilizan a los “convertidos” para dividir y difundir la intolerancia sobre sus hermanos, que es una estrategia que todavía se usa en todos continentes.  Cuando los japoneses se dieron cuenta de la estrategia de los misioneros de establecer cabezas de playa con la religión para luego imponer sus valores por guerra y comercio, echaron a los curitas al mar. 

Es la guerra abierta la forma mas simple de practicar la interculturalidad y el continente americano ha conocido el genocidio mas extenso que hemos conocido, incluyendo la primera guerra bactereologica; los curas llevaron enfermos con gripe para matar al máximo de indígenas y así crear espacios para su gente y utilizar los sobrevivientes como esclavos.  Se calcula que un promedio de 100 millones los que murieron en esta guerra bactereológica.  Es la vieja estrategia de la cristiandad, matar al máximo de gente y ofrecer a los sobrevivientes escoger entre convertirse o morir.

La violencia también tiene otro papel, el de abrir un espacio de resistencia violenta parametrada y controlarla usando dicho paradigma de manera natural.  Es decir que occidente deja “espacios libres” para la violencia, como única forma de resistencia, así, empieza un ciclo infernal con una insurrección, luego viene la represión masiva del a población civil y el regreso a la opresión de siempre, pero ahora vencidos, una vez mas sin energía para seguir luchando y varias generaciones de líderes y juventudes muertos “en guerra”. 

Gandhi identifico estos métodos en forma temprana y utilizo la no- violencia de manera muy eficaz.  El Inka Atahualpa también, cuando pidió a su gente que en vez de guerrear al invasor, utilice una arma energética: El Taqui Onkoy o la “danza enferma”, cosa fuera de la lógica belicosa de los invasores.  La estrategia indígena que pone actualizada Evo Morales en Bolivia: Incluir no excluir, enderezar no destruir, sanar no matar, desenredar no liquidar, en cada paso de resistencia crean o intentan crear un “espacio paritario”, tratan de nunca ceder a la tentación de la violencia.  Quinientos años de experiencia de rebeliones indígenas fracasadas les han enseñado que no funciona así la “estrategia indígena”, que la violencia es contra producente, que es entrar en el juego del opresor, que es -como bien escribe Javier Lajo- “convertir al opresor en maestro”.

Es importante darse cuenta que cada paso de la “interculturalidad” se hace dentro de la lógica interna occidental, en los cambios que no vienen de afuera de occidente, ningún “Otro” puede tener voz, imponer su propia lógica de diálogo y de supervivencia.  Pero, por lo que pasa en Bolivia y en otras partes del continente, ya la estrategia indígena de la “resistencia pacífica” paso a la ofensiva y occidente ha empezado a retroceder.  Es necesario entender esto y ayudar, apoyar a los indígenas en su guerra pacífica de inclusión y de “proporcionalización”.

Interculturalidad, un verdadero problema

El occidente, para una verdadera interculturalidad, deberá aceptar y valorar al “Otro económico”, al “Otro espiritual” y al “Otro comunitario”, y por supuesto al “Otro político”, no-sicológico, antes de poder entrar en cualquier intercambio y aceptar en el mismo movimiento el ser cuestionado, aceptar el poder aprender del “Otro”, de poder ser enderezado o “sanado” por este “Otro”.

Estos tres ejes son tan sustanciales al pensamiento occidental que no son cuestionados y como autojustificación, el occidente les universaliza para evitar que sean cuestionados.  Esto es, más universalizar para colonizar.

La diversidad es vista como el enemigo por que refleja en su espejo al occidente su escasez, su ausencia de cariño de valores.  El mas peligroso como siempre, es lo obvio, lo que no se cuestiona.  Este ocultamiento de los verdaderos problemas se hace en un doble movimiento.

Primero se oculta lo problemático porque es tan obvio que no se puede cuestionar.  Es decir es tan profunda e importante parte de nuestro horizonte de posibilidades que no lo podemos cuestionar.  Es justamente lo que permite al “Otro” una perspectiva fuera del horizonte de posibilidades.

Segundo se crean problemáticas artificiales cuya función es tapar los verdaderos problemas.  Pero como aparecen dentro del horizonte de posibilidades perteneciendo al paradigma occidental, se vuelven problemas, como el de la interculturalidad, estas solo pueden aparecer dentro de la lógica del paradigma, fuera de lo cual se vuelven irrelevantes, incoherentes, hasta absurdas.  Estos problemas que el occidente nos propone, actúan como una cortina de humo escondiendo la verdadera problemática.

La interculturalidad como problema según la visión occidental se usa mucho como una cortina de humo, así hace que lo que huele feo, este tapado y no se vea a la luz clara del día.

Conclusión

Esta luz es justo lo que puede brindar una verdadera interculturalidad, sin compromisos, pero esto necesita que la cultura occidental pueda enfrentar lo que la ha creado, su autojustificación, su propio sostén ideológico, pero hasta ahora no logra hacerlo y solo lo va a lograr si las culturas originarias toman en cuenta mecanismos inconcientes de autojustificación cultural que han incorporado sin saberlo y los devuelvan a donde pertenecen. 

Haciendo esto permitirían crear un espacio donde puedan cumplir con su papel de verdadero “Otro” de igual a igual, y con esto darán alternativa para un occidente moribundo, que solo, si es que sigue en pie y funcionando, es por la ausencia de estas alternativas.  Alternativas que nos permitirán vivir juntos gozando de las diferencias para resolver los problemas ambientales que nos agobian a todos en todo el planeta. 

Vamos a vivir juntos en una verdadera interculturalidad o vamos a morir juntos siguiendo en el camino de autodestrucción al que nos esta llevando la cultura occidental.

* Anexo 1

Definiciones

Paradigma: Un paradigma cultural es la lógica interna de una cultura, su horizonte de posibilidades definido en el juego constantemente en flujo de la gramática de su idioma, sus valores, sus mitos, su sistema educativo, su manera de pensar el individuo.  A veces llamado el imaginario, este concepto es muy fluido y solo se puede reconocer como lógica interna frente a otra lógica.  Su necesidad surge por la aparición del paradigma occidental, lo cual, por la primera vez en la historia, no soporta la existencia de diferentes maneras de ser y trata aniquilarlas.  Para mejor entender como funciona esta lógica cancerigena, me parce útil utilizar este concepto de paradigma desarrollado por Thomas Kuhn para las ciencias e importarlo para definir los diferentes espacios culturales y en este caso las diferencias ontologicas entre la cultura occidental y las culturas originarias.

Pre-psicológico: La necesidad de este concepto sale de mi análisis de la función de la psicología como sistematización de la internalización de los valores religiosos en el individuo, ultima puerta que se cierra, terminando el aislamiento del individuo.

Si aceptamos este análisis, surge la necesidad de pensar el vínculo con el “otro” fuera de la psicología es decir antes de la psicología, en un espacio pre-hegemónico.  Para llegar a este punto el occidental tiene que de-psicologizarse y de-filosofarse para escuchar con su corazón y conectarse con el vínculo que siempre a pesar de las capas de cultura que le han tapado siempre esta vigente, fuera del espacio de visión, pero si, desde dentro y desde esta nueva perspectiva, sentir, ser conmovido por la vida.

Kuti-sicología o sicología al revés: utilizo este concepto precedido por el KUTI del runa simi, o idioma quechua, para formalizar el proceso de deconstrucción de los esquemas psicológicos subyacentes al proceso de individuación.  Es una metodología que permite, desde el punto de vista occidental, de aprovecharse de la incomprensión del “Otro” para alumbrar la desvinculación e incoherencia de su pensamiento.  De manera simplista es decir si el “otro” no me entiende como occidental, no es su problema, es el mío, y tratar de encontrar una categoría dentro de mi pensamiento, un cajón para ponerlo y sentirme seguro, es seguir con el mismo movimiento que empezó el genocidio.

Esta metodología ofrece, a través de un entendimiento de la génesis de las estructuras psicológicas, una técnica de deconstrucción de estas estructuras.  De la misma manera que es mas fácil para un mecánico deshacer un motor, por que entiende como fue construido; una vez que se entiende la lógica interna de la maquinaria donde se producen individuos, se vuelve una posibilidad encontrar herramientas para deshacer o des-activar esta maquinaria explosiva, antes de que explosione.

Anexo 2

El “Espacio” como vida:

El concepto occidental y la mecánica de “las dimensiones”, puede servirnos para entender el significado de la “proporcionalización” andina[21]. 

En una aproximación forzada y experimental, en occidente la “dimencionalización” sirve como herramienta para crear una topología del cuerpo en el espacio, una ubicación dentro de un espacio abstracto, el producto final de la creación del sujeto individual, la adecuación de la conciencia con esta localización del “cuerpo en el espacio”.  Desde este punto surge la necesidad de crear artificialmente el concepto abstracto de “tiempo”, para entender el movimiento o flujo de cosas en el espacio “muerto”, estático, inmóvil[22]. 

El tridimensional concepto del “espacio”, es por lo tanto “muerto” y crea la necesidad de conceptuar al “tiempo” como una cuarta dimensión.  El problema aquí radica en que nadie puede explicar o “imaginar” lo que seria la quinta, sexta, séptima, etc.  dimensiones, ni menos las últimamente descubiertas dimensiones llamadas “fractales”. 

Para tratar de acercarnos al concepto del “espacio como vida” vamos a usar un acercamiento a la comprensión de la experiencia indígena del concepto “Pacha”[23].  Quedándonos dentro de las coordenadas espaciales pero cambiando radicalmente el sentido de cada dimensión, por supuesto que esto solo es un artificio que nos puede dar una idea, solo una idea de lo que es una “conciencia diferente”.  A la primera dimensión la llamaremos, “la paridad” o “emerger en conciencia en el proporcionalizarse del par”, la segunda dimensión la llamamos “comunidad”, que define un plano donde viven los “pares” como “comunidad”, en el “proporcionalizarse” dentro de las familias [24], como topografía [25], (“cuatro barrios” en las comunidades actuales, sistema de Cejes en el incario).  La tercera dimensión es el “proporcionalizarse” de la comunidad con el ambiente, que es otro plano o campo de prácticas hombre-naturaleza, como la agricultura, la ciencia, etc, es decir el integrar el “Pacha” en la actividad de producir el alimento, de festejar las fechas, del “jugar” y todas las actividades comunales.  La cuarta dimensión crea un plano donde esta proporcionalización de las tres primeras pueden ser armonizadas en el vinculo de la comunidad con “el protagonista” [26] y este “vínculo” brinda a la comunidad “el sentido” en la relación con el protagonista como “espejo”[27].  Y finalmente la quinta dimensión que se puede entender como la afirmación, a través del eterno renacimiento, del “protagonista”, del tejido cósmico de la comunidad.  A esto lo podemos llamar la “proporcionalización energética” de la Comunidad. 



[1] Intiwatana: Vocablo quechua que significa: Lugar donde se “amarra al sol”.  Javier Lajo lo interpreta como: “amarrar el ángulo de incidencia de la radiación solar sobre la tierra”

[2] Algunas herramientas teóricas que utilizo aquí en mi análisis son: I.  El niño nace vinculado con el todo y es comunitario por instinto.  II.  El individuo y su expresión crónica: El individualismo, es una producción cultural, que nace de una ontología hegemónica del sujeto individualista.  III.  Esta producción cultural es patológica, siguiendo a Ronald Fairbairn - Psicoanalista Escosés de los años 50 que influenció mucho a Melanie Klein y que fue el único en no necesitar ni desarrollar un concepto de “normalidad”; para él, la patología es una producción cultural.  IV.  En su análisis, el individuo es por naturaleza una creación patológica y la educación familiar y escolar son los mecanismos causantes de esta patología.  V.  La filosofía y la psicología son la sistematización y universalización de esta ontología del individuo como “desvinculado”.

[3] Pido disculpas a los lectores que sientan tocada su sensibilidad por estos términos técnicos, pues el suscrito ejerce la Psicoterapia como profesión. 

[4] Kuti, es un vocablo del runa simi que puede servirnos para significar un proceso de de-construcción.

[5] Un espacio parecido al espacio de las ceremonias como los mal llamados “pagapus” donde el oficiante o Laya, limpia un espacio para facilitar el diálogo con el Apu, que toma la forma de señales que surgen de la “naturaleza” misma .

[6] El niño occidental experimenta en su proceso de aprendizaje y de individualización una des-vinculación total, el es forzado ha pasar por construcciones culturales sistematizadas en las teorías del desarrollo del niño y sus aplicaciones en el campo, donde el principio de: “lo mejor para el niño es...”, que utilizan los padres para educar a sus hijos y en el campo de la pedagogía, es el mejor ejemplo.

[7] El racismo contra la parte indígena en la familia mestiza, que es interiorizada por el niño.

[8] Ver: G.  Simondon; El Individuo y su génesis Physico Biológica; Jerome Millon Edit.  2006.

[10] Tomado del artículo antes citado: “Tal como muchos otros antropólogos, Smith se dio cuenta que algunos líderes indígenas eran extremadamente diestros en juntar discursos de una variedad de fuentes distintas y articularlas en una sola voz que ellos creían pudiera ser vista como “auténticamente” indígena y atractiva a fondos de desarrollo (ver por ejemplo Jackson 1995; Li 2000; Warren 1998a y 1998b).  Curiosamente, ideas sobre el significado de “la indianidad” que Smith había desarrollado en sus escritos previos le estaban ahora siendo re-presentadas.  Como él mismo comenta, después de tantos años ayudando a formular un discurso de autonomía indígena y autodeterminación política, Smith estaba tratando ahora de “alejarse y cuestionar el discurso” (Smith, entrevista 2002).  Esto no significa que todos los discursos políticos de las organizaciones indígenas hacen eco a los pronunciamientos de “antropólogos yanquis” u otros extranjeros, pero si sugiere la necesidad de examinar críticamente los múltiples discursos que definen las fronteras de la identidad, que separan lo “auténtico” de lo “falso.” (las negritas son del suscrito)

[11] Mario Morales, “Por un mundo interétnico”, escrito para la “Insignia”, publicación católica.

[12] En el Perú, el historiador socialista Alberto Flores Galindo se adelanto a pronosticar poco antes de su muerte, que las ONGs y todos los partidos izquierdistas, financiados por la cooperación extranjera, se aburguesarían y terminarían defendiendo funcionalmente al sistema capitalista occidental.  Ahora el sistema ensaya el mismo proceso de financiamiento de “cumbres” y “organizaciones” indígenas a plano internacional. 

[13] Este sentimentalismo nace de una culpabilidad frente a los problemas que su cultura ha creado.  Pero es mas fácil y simple dotarse de una buena conciencia donando dinero a estructuras caritativas, o a la “cooperación”, cuando deberían enfrentar y resolver, política, económica y sicológicamente, y en su propio espacio cultural y territorial, la raíz de estos problemas.

[14] El tema de la “Otredad” o de “El Otro”, es un tema tratado por la filosofía contemporánea.  Ver: TZVETAN, Todorov.  El problema del otro.  Trad.  Flora Burlá.  Siglo XXI, México, 1995.  y, Nosotros y los otros.  Trad.  Martí Mur Ubasart.  Siglo XXI, México, 1991

[15] El vocablo “cultura” es aplicable solo a lo que “no tiene la verdad”.

[16] Tal como dice Freud: Lo reprimido vuelve reiterativamente como patología.

[17] Cetrería: El arte para la domesticación de aves rapaces y su adiestramiento para la caza.

[18] “Surveiller et Punir” o “ Guardar y Castigar”.

[19] ver J.  Lajo, Qhapaq Ñan, II Capítulo, párrafo del 22 al 28.

[20] Ibid.  Pág.  128, párrafo 30. 

[21] Ibid.  Págs.  152-153, párrafo 71.

[22] Ver: Francois Jullien; “El Tiempo”. 

[23] Pacha es entendida como un universo vivo del cual forman parte también los Dioses; Pacha (en los idiomas quechua y aymara, mas no en el puquina que es un idioma mas antiguo) también es tiempo/espacio, Zeitraum o Spine como dijera Einstein, ordenada en categorías espacio-temporales.  En cualquier caso se trata de una expresión mas allá de la bifurcación entre lo visible y lo invisible, lo material y lo inmaterial, lo terrenal y lo celestial, lo profano y lo sagrado, lo exterior y lo interior..  ...Tal vez una buena traducción de Pacha a las categorías abstractas que tienen los substantivos castellanos sea “Relacionalidad” o “Cosmos vivo interrelacionado” o “Red Cósmica” .  J.  Medina en Filosofía Andina Ob.  Cit.  P 56.  Otra vez el idioma nos hace pensar que hay dos cosas que se pegan, espacio y tiempo, pero no es algo que dentro del paradigma occidental no se puede explicitar de otra manera.

[24] J.  Miranda habla del concepto de “Sataqui” en Aymará que tiene una connotación de “dasein” (Heidegger) o “el siendo aquí” o mejor “el estando por aquí”, que, a través de su dinámica interna, en si misma, genera el cambio, la transformación y sus propias inferencias dentro de lo que hace a su vida misma”.  Ob.  Cit.  P20.

[25] “La concepción constructiva y arquitectónica prehispánica de las ciudades; ellas están concebidas como cuerpos con vida, donde se encuentra la cabeza, el cuerpo y las extremidades, pero no solamente la forma externa, sino que se consideran al cerebro, el corazón, los pulmones entre otras de sus partes constitutivas.”J.Miranda y V.  Del Carpio P24, en Aportes al Dialogo sobre cultura y Filosofía Andina G.S.Q ED.

[26] Luis Solari: “El Contraste y el Protagonista”; 1999.

[27] Lacan explica en este concepto, como el niño viene a la conciencia de sí mismo por el “estadio del espejo” y en mi entendimiento, en la cultura occidental este proceso forma la base del narcisismo, el vínculo con el “sí mismo”.  El “protagonista” funciona a nivel comunitario, no a nivel individual, y por él surge la comunidad a la “conciencia de ser” como vinculado en las “cinco dimensiones” (ver Anexo 2).

https://www.alainet.org/es/articulo/134732
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