Un balance de estos siete años de la Ronda de Doha

14/05/2008
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Introducción

La Ronda de Doha es una ronda de negociaciones comerciales internacionales si consideramos las que fueron realizadas desde 1947 en el ámbito del antiguo GATT (Acuerdo General de Comercio y Aranceles), e la primera con los auspicios de la OMC (Organización Mundial del Comercio), organismo multilateral que lo sucedió a partir de 1995.

La ronda fue inaugurada en la IV Conferencia Ministerial de la OMC realizada en la ciudad de Doha en el Emirato de Qatar en noviembre de 2001. No había consenso entre sus miembros sobre la conveniencia de iniciar una nueva ronda de negociaciones, ella fue aprobada, principalmente, en función de la insistencia y presión política de los países industrializados representados por los EEUU, Canadá, Japón, y la Unión Europea, grupo conocido como el “Cuadrilátero”. Ellos estaban particularmente interesados en profundizar los acuerdos de liberalización de aranceles industriales, servicios, inversiones y compras gubernamentales.

Los gobiernos de estos países recibieron el apoyo de Brasil, Argentina, Australia y otros países interesados en negociar un nuevo acuerdo en el ámbito del comercio de bienes agrícolas, una vez que el resultado alcanzado en la Ronda Uruguay del GATT, cuando el tema fue negociado por primera vez, prácticamente no alteró el proteccionismo de los países desarrollados en relación a agricultura.

La resistencia de los demás países miembros al inicio de una nueva ronda fue vencida la mañana del 14 de noviembre, casi un día después de la fecha prevista para la conclusión de la Conferencia, cuando varias delegaciones habían partido, gracias a una maniobra del presidente de la mesa de trabajo que simplemente leyó una resolución y la consideró aprobada por el plenario.

De esta forma el Consejo General de la OMC fue encargado de organizar los grupos de trabajo de los técnicos en la sede de la entidad en Ginebra a coordinación del Comité de Negociaciones Comerciales (CNC) para iniciar las negociaciones sobre 19 temas agrupados en seis áreas de actuación. Entre los temas se destacaban agricultura, servicios, acceso a mercados no agrícolas (NAMA), los llamados “Temas de Singapur” (inversiones, políticas de concurrencia, compras gubernamentales y facilitación del comercio), la validación sobre la implementación de los acuerdos TRIPs (de propiedad intelectual) y TRIMs (inversiones), creación de grupos de trabajo sobre transferencia de tecnología, deuda y finanzas y algunos temas nuevos como el comercio electrónico.

Además del inicio de la nueva ronda, también llamada “Ronda del Desarrollo” prevista para concluir el 1ro de febrero de 2005, la Conferencia aprobó una medida de flexibilidad importante en el acuerdo TRIPs que fue la posibilidad de quiebra de patentes para la fabricación de medicamentos genéricos para enfrentar enfermedades como el SIDA y la malaria.

Mismo con este avance importante en la conferencia, iniciar la Ronda de Doha fue una gran equivocación, pues no fueron resueltas una serie de cuestiones pendientes de conclusión de la Ronda Uruguay del GATT, la economía de los países en desarrollo no se había recuperado todavía de los efectos de la apertura económica de los años 1990 y la agenda comercial, en más de una vez, fue determinada por los intereses de los países industrializados.

La V Conferencia Ministerial se realizó en septiembre de 2003 en Cancún, México, de acuerdo con el cronograma previsto. Sin embargo, ella no llegó a ninguna conclusión debido a la resistencia de los países industrializados en hacer concesiones en el tema de agricultura y debido a la oposición de la mayoría de los países en desarrollo en discutir los “Temas de Singapur” argumentando que muchos ítems aprobados en las conferencia anteriores no habían sido todavía implementados y que no tenía sentido negociar nuevos temas antes de que eso ocurriese.

En esta Conferencia se inauguró también la actuación de una nueva coalición de países coordinada por Brasil, India, Argentina y Sudáfrica denominada G-20 debido a su número de miembros. El interés de este grupo era la negociación de bienes agrícolas. Esta no fue la primera iniciativa de conformar grupos de países miembros de la OMC, pero fue la primera vez que se articuló un grupo de países en desarrollo cuya mayoría era de gran tamaño como ser los cuatro coordinadores y sumando a China, Pakistán, Indonesia, Nigeria, entre otros.

Otro factor interesante es que no todos ellos son exportadores de bienes agrícolas. Muchos son inclusive importadores de alimentos y en varios de ellos, como la India, la mayoría de la población vive en el campo, lo que exige políticas enfocadas para este sector, principalmente, sin tocar la protección de los intereses de los pequeños productores y de los trabajadores asalariados. Entretanto, la eliminación de las distorsiones que caracterizan las políticas agrícolas de los países desarrollados unifica sus intereses.

El fracaso de la Conferencia de Cancún y la creación del G-20 provocaron una reunión a mediados de 2004 entre los miembros del “Cuadrilátero”, Brasil e India representando al G-20 y Australia representando al “Grupo Cairns” que es otro grupo de intereses sobre comercio agrícola más antiguo del cual Brasil y otros miembros del G-20 también forman parte.

Aunque la reducción de la agenda fuera una victoria importante de la G-20, porque fue la primera vez que los países en desarrollo consiguieron bloquear la hegemonía de los países industrializados sobre las negociaciones comerciales internacionales, la combinación de la negociación de NAMA de interés de los países industrializados y de agricultura de mayor interés de los países en desarrollo fue un nuevo equívoco y creó una trampa para los países en desarrollo que son poseedores de algún nivel de industrialización como Argentina, Sudáfrica, Brasil, entre otros.

Esto porque no es posible comparar y equiparar las ganancias de la liberalización de dos productos tan distinguidos. La “Teoría de las Ventajas Comparativas” predica que un país gana cuando hay la liberalización comercial de un bien en cuya producción él es más competitivo, aunque sea en pago de la liberalización de otro producto donde su competitividad es más pequeña, favoreciendo un otro país. Sin embargo, como los dos son especializados en sus respectivos productos, el comercio de ambos va a crecer y los dos, en tesis, ganan.

Sin embargo, cuando uno de estos productos es industrial y el otro es agrícola, es muy arriesgado aceptar la competición entre bienes industriales producidos nacionalmente y los importados simplemente en pago de aumentar la exportación de bienes agrícolas. Esto porque las pérdidas y ganancias en la industria son claras y dependen de la tarifa externa, de las reglas de excepción que la negociación comercial defina y de la gestión de la producción, mientras las ganancias en la agricultura, aún liberalizada son inciertos y dependientes de muchos otros factores como el clima, azote o no de plagas, precios internacionales, almacenaje, busca y oferta, entre otros.

Además de esto, si fuera ampliado el acceso a los mercados agrícolas de los países desarrollados esto presupone la ampliación de la producción agrícola en los países en desarrollo trayendo ganancias para los productores en un primer momento, pero esta ampliación de la oferta hará los precios caigan en un segundo momento sin que los productores tengan control sobre ellos. Esto no debe ser tomado como un factor de pérdida de estímulo para la búsqueda del acceso de mercados, pero demuestra la complejidad de la relación entre coste de la importación de bienes industriales en pago de la exportación de commodities, de hecho, una cuestión histórica en la relación económica y política entre los países de la periferia con los países céntricos.

El Profesor Jagdish Bhagwati, liberal y ardoroso defensor del libre comercio enseña que en las negociaciones comerciales de agenda ensanchada como los días actuales, no conviene mezclar los temas a ser negociados, pues en este caso alguien perderá y, obviamente, será aquel que depender del bien de menor gobernabilidad cuánto a volúmenes de producción y precios. Por lo tanto, intercambiar ganancias en NAMA para los países industrializados por ganancias en agricultura para los países en desarrollo, aunque traigan una ventaja en el corto plazo, tenderán inmediatamente enseguida a producir pérdidas irrecuperables en la industria.

Estas pérdidas se refieren a la posibilidad de desarrollo y a la generación de empleos. Más del 60% de los empleos en los países en desarrollo se encuentran en la industria y eventuales ganancias en la agricultura no generarían empleos en número suficiente para compensar aquellos que vengan a ser perdidos en el sector industrial y tampoco serían empleos con la misma calidad y remuneración.

El gobierno brasileño y otros argumentan con razón que, además de reducir las barreras tarifarias de bienes agrícolas de los países desarrollados, es necesario modificar la disciplina que actualmente rige su producción agrícola como el uso de subsidios domésticos pagados a sus productores rurales para asegurar los precios y niveles de producción y de subsidios directos su exportación. Estos subsidios que representan aproximadamente US$ 1,0 billones por día generan una competición desleal con los países productores de bienes agrícolas que no se utilizan de este mecanismo para ganar espacio en el mercado mundial.

Ahora, si la prohibición de subsidios a la producción industrial, así como de otros mecanismos de dumping comercial es parte de los principios del GATT, OMC y Acuerdos Comerciales en general, acepto por todos desde el inicio, porque este mismo principio no se aplica directamente a la producción de bienes agrícolas en vez de componer la agenda de negociaciones? La respuesta es simple. La liberalización comercial no es tan liberal así, pues adoptar este principio en la industria era benéfico para los países desarrollados compitan entre sí en pie de igualdad, pero no lo es cuando se trata de competir con países que tienen mayores ventajas competitivas que ellos en la agricultura.

Por lo tanto, la concurrencia de un “trade off” entre un acuerdo en NAMA y un acuerdo en agricultura será esencialmente política para prestigiar el sistema multilateral de comercio en vez de un acuerdo comercial con buenos resultados para todos.

Entre la reunión del Consejo General de la OMC de agosto de 2004 y la VI Conferencia Ministerial en Hong Kong en China en diciembre de 2005, las discusiones se dieron en torno a fórmulas para reducir tarifas en NAMA, fórmulas para reducir tarifas y subsidios en agricultura y listas positivas de nuevos servicios a ser ofrecidos para liberalización.

La presión de los países industrializados por una fuerte reducción de las tarifas de bienes no agrícolas -NAMA- fue muy intensa, pues sus tarifas externas son en media muy más bajas del que a de los países en desarrollo, 3% contra 14% en media ponderada. Su ambición es reducir la diferencia entre estos dos valores para algo en torno a 4% porque, principalmente, las empresas multinacionales con sede en los EUA, Japón y Unión Europea quieren ampliar aún más sus exportaciones para los países en desarrollo de mercados mayores.

El mecanismo de reducción tarifaria negociado en rondas anteriores normalmente era linear y aplicado sobre cada línea tarifaria consolidada en la OMC o sobre la media de ellas. Brasil actualmente ha consolidado 98 sectores tarifarios no agrícolas en la OMC y que componen una Tarifa Externa Común en el Mercosur (TEC) de 8.822 líneas tarifarias. Importante acordar que las variantes de cada producto significan líneas diferentes. Por ejemplo, en el caso de un tejido de algodón, cada color y textura serán tratadas como bienes diferentes y, por lo tanto, especificadas mientras líneas tarifarias con valores específicos.

Las tarifas consolidadas en la OMC son las que resultaron del proceso histórico de negociaciones comerciales para cada país que, sin embargo, en la práctica acaban por aplicar tarifas más pequeñas en función de realidades específicas como el Mercosur donde existe la TEC de los cuatro países en relación al resto del mundo cuya media es más pequeña del que la media de las tarifas consolidadas. En el caso de Brasil, su tarifa media consolidada es 29,9%, la aplicada es 12,7% en media y la TEC media es del 10,8%. La diferencia entre las dos últimas se debe al hecho de haber excepciones en la TEC, pues el Mercosur es una Unión Aduanera Incompleta.

Por ejemplo, para el sector de calzados esto significa una tarifa consolidada junto a la OMC del 35% mientras la TEC aplicada es de sólo 19,6%. En el caso del sector automotríz los mismos índices son respectivamente 31,7% y 19,4%.

Mantener esta diferencia entre tarifas aplicadas y consolidadas, conocida en el argot comercial como “agua”, permite a los países en desarrollo elevar tarifas hasta el límite del porcentual consolidado en un momento de amenaza competitiva inesperada. Si fuera aprobada la posición de los países desarrollados cuánto la NAMA, esta posibilidad dejará de existir y se perderá más un mecanismo de manejo macroeconómico.

Antes de la conferencia ministerial de Hong Kong, algunos países como los EUA simplemente llegaron a proponer la reducción de todas las tarifas de bienes industriales a 8% en media hasta 2010 y la cero hasta 2015. Sin embargo, durante las discusiones surgió la propuesta de una otra fórmula menos radical, aunque también ruim para los países en desarrollo, que fue la llamada “Fórmula Suiza” que provocaría reducciones o cortes mayores en la tarifas más altas. Esta fórmula se contrapuso a la preferencia de los países en desarrollo por cortes lineares o medios que preservaran algún espacio entre las tarifas aplicadas y las consolidadas.

La Fórmula Suiza provoca más pequeño impacto sobre las tarifas cuando su coeficiente es alto, pues en este caso los cortes son más bajos, pero ocurre el contrario cuando los coeficientes son bajos. Por ejemplo, un coeficiente 60 significa un corte de un tercio en la tarifa consolidada, el coeficiente 30 una reducción del 50% y el coeficiente 15 representa un corte de dos tercios.

La fórmula que define las tarifas finales es tl = A x t0 y / A + t0, adónde “t0” es la tarifa consolidada, “A” es el coeficiente a ser definido y “tl” es la tarifa final.

tl =       A x t0
            A + t0

Veamos lo que el coeficiente 15 significaría para la tarifa consolidada de Brasil que es del 29,9% en media:
tl = 15 x 29,9 / 15 29,9 = 448,5 / 44,9 = 9,99

En esta opción, la nueva tarifa consolidada media del 9,99% sería más pequeña que la tarifa media aplicada por Brasil del 12,7% y de la TEC media del 10,8%, lo que significaría la afectación de 5.480 de las líneas tarifarias de esta, 62% del total, lo que provocaría amplias aperturas comerciales en varios sectores importantes para la economía de Brasil y consecuentemente para el Mercosur cómo lo de calzados, el automotríz, el químico y otros. Además del perjuicio de su desempeño económico colocaría más de un millón de empleos directos en riesgo en Brasil solamente en estos sectores.

La conferencia de Hong Kong no llegó a ningún acuerdo específico sobre nuevos valores para tarifas y subsidios y el texto resultante sólo definió parámetros para las negociaciones, principalmente, en NAMA y agricultura. En el caso de NAMA, se despertó adoptar “una Fórmula Suiza” para definir la reducción de tarifas. Fue el tercero equívoco del proceso porque en la hipótesis más favorable a los países en desarrollo, la fórmula sólo cortaría en la “agua”. Sin embargo, la mayor probabilidad, una vez acepto el principio que la Fórmula Suiza concluye, sería la adopción de un coeficiente que viniera a reducir efectivamente la tarifa aplicada y es lo que fue puesto en la mesa posteriormente.

La situación actual de las negociaciones

Las negociaciones de los temas en la ronda acontecen en grupos de trabajo específicos, donde los respectivos presidentes presentan textos de resolución que direccionan los rumbos de las negociaciones y que evolucionan o no en la dirección de un acuerdo conforme las propuestas de los países miembros y de la creatividad de los presidentes en transformar los diferentes anhelos de los países miembros en propuestas vis a vis.

Además de las reuniones de los grupos de trabajo, hay varios otros mecanismos de consulta y negociación. La instancia superior es la Conferencia Ministerial, pero para montar la arquitectura de las negociaciones y aprobar consensos ocurren diversas reuniones informales intermediarias con participación más limitada de países miembros, como las mini-ministeriales y las “green rooms” , además de reuniones como la ya mencionada que provocó la reducción de la agenda en 2004 y otra ocurrida recientemente en Londres entre EUA, Unión Europea y Brasil, posiblemente para sondar la posición brasileña sobre las nuevas posibilidades de flexibilidades en NAMA que mencionaremos más adelante.

Los textos inicialmente presentados por los presidentes de los grupos de NAMA y Agricultura no posibilitaron cualquier consenso y acuerdo al largo de 2006 y 2007, aún con la existencia de reuniones fuera del cronograma, como por ejemplo, a que ocurrió después de la Cúpula de la G-8 en Heiligendamm en Alemania en junio de 2007. La arrogancia dispensada por los negociadores europeos y americanos a los ministros de relaciones exteriores de Brasil e India en esta ocasión provocó la retirada de ellos de la reunión.

Hasta el inicio de 2008, todo indicaba que la Ronda Doha no llegaría a una conclusión con resultados concretos, en particular, el equilibrio reivindicado por el gobierno brasileño y por la G – 20 de reducción de tarifas en NAMA en nivel superior al propuesto por los países desarrollados; reducción de subsidios agrícolas domésticos de los EUA al nivel aproximado de US$ 10,0 billones por año; eliminación de los subsidios europeos a la exportación y reducción tarifaria de los productos agrícolas en nivel proporcional a las reducciones que vinieran a ser definidas en NAMA.

Esta expectativa hasta el momento no fue atendida. El texto sobre agricultura continúa limitado y vago y lo de NAMA presentó propuestas de reducciones tarifarias muy superiores a la tradicionalmente admitidas por el gobierno brasileño y por el grupo de países de industrialización relativa que forman parte de la G – 20, conocido con NAMA – 11 que ya las rechazó dos veces.

El presidente del Grupo de Negociación de NAMA presentó una propuesta que preveía una Fórmula Suiza con coeficientes entre 19 y 23 con la posibilidad de excluir 5% de las líneas tarifarias e importaciones, consideradas sensibles o vulnerables, de la aplicación de la fórmula y además de la reducción del 50% de la fórmula sobre otros 10%. Lo que sea despertado sería retroactivo a la situación de las líneas tarifarias en noviembre de 2001.

Evaluación de los coeficientes

El actual coeficiente en discusión, aunque sin obtener consenso, propone una variación entre 19 y 23 para los países en desarrollo y de 8 a 9 para los países desarrollados. Si aplicáramos la Fórmula Suiza sobre las tarifas medias de los países en desarrollo (14%) y los desarrollados (3%), los cortes serán más significativos para los primeros.

Suponiendo los coeficientes mayores, 23 y 9, tendremos:

tl1 = 23 x 14 / 23 + 14 = 322 / 37 = 8,7%. (reducción promedio del 37,9%).
tl2 = 9 x 3 / 9 + 3 = 27 / 12 = 2,3%. (reducción promedio del 23,3%).

Si utilizáramos los coeficientes menores de 19 y 8:

tl1 = 19 x 14 / 19 + 14 = 266 / 33 = 8,1%. (reducción promedio del 42,1%).
tl2 = 8 x 3 / 8 + 3 = 24 / 11 = 2,2%. (reducción promedio del 27,7%).

Los países en desarrollo y los países desarrollados es de 14,6 y en el segundo, 14,4. Sin entrar en el mérito de los valores de los coeficientes, pero considerando que el mandato de la Ronda Doha es lo de contribuir para el desarrollo, los países desarrollados tendrían que conceder más, un concepto que se denomina de “reciprocidad menos que total”. En este sentido, los miembros del NAMA - 11 han argumentado que los cortes son altos demás y que debería haber una diferencia mínima de 25 entre los cortes de los dos grupos de países. La aplicación de los coeficientes 19 y 23 significan cortes tarifarios, respectivamente, del 60,9% y 56,5% y provocarían los siguientes resultados sobre la tarifa consolidada media de Brasil del 29,9%:

tl19 = 19 x 29,9 / 19 + 29,9 = 568,1 / 48,9 = 11,7%
tl23 = 23 x 29,9 / 23 + 29,9 = 687,7 / 52,9 = 13%

En este caso, el número de afectaciones de la TEC variaría entre aproximadamente 3.500 y 5.000 con mayor impacto sobre las líneas tarifarias de calzados, sector automotríz, móviles, textiles y vestido, material de transporte, entre otros.

Evaluación sobre las sensibilidades

Como ya fue mencionado, el texto propone la exclusión de hasta 5% de las líneas tarifarias y de las importaciones que cada país miembro considere como sensibles a la competición comercial, así como aplicar sólo 50% de la fórmula de la reducción tarifaria sobre hasta 10% de las líneas y comercio. Sin embargo, no será permitido redimir capítulos tarifarios enteros. Estos números permitirían en el caso de Brasil y demasiado países del Mercosur redimir 441 líneas tarifarias y aplicar sólo 50% de la fórmula sobre otras 882 líneas tarifarias, lo que significa que podría haber alguna excepción para a lo sumo 1.323 líneas.
Además de ser poco en la actual situación de los países en desarrollo, es también una contradicción con el texto sobre agricultura donde no hay límites para el número de productos sensibles. En particular en el caso de los países del Mercosur, hay un agravante que es la TEC, pues esta define la relación comercial del bloque con el resto del mundo y difícilmente sus cuatro miembros adoptarían los mismos productos como sensibles.

Por ejemplo, vamos a suponer que Argentina y Brasil quieran incluir líneas tarifarias del sector automotriz como sensibles y Paraguay y Uruguay no lo quieran. Estos dos pueden ser la puerta de entrada para la importación de automóviles para Brasil y Argentina, pues adoptarán la nueva tarifa negociada en la OMC y como la tarifa entre los cuatro países es cero esto desviaría el comercio para los dos primeros.

Por lo tanto, para contemplar las sensibilidades que cada uno necesita considerar y sin causar perjuicios al conjunto del Mercosur, los actuales porcentuales de sensibilidades son bajos. Los gobiernos del Mercosur proponen la adopción de un mínimo del 16% de exenciones para superar este problema, lo que permitiría mantener 1.412 líneas tarifarias como están.

Evaluación sobre los acuerdos del “Chair

El día 28 de febrero el presidente (chair) del grupo de negociaciones de NAMA introdujo algunas modificaciones y comentarios en el texto con el cual el grupo venía trabajando que, por un lado, atienden a varias demandas de los países de más pequeño desarrollo relativo y de otros que mantiene un número más pequeño de tarifas consolidadas en la OMC, por otro, abren posibilidades de modificaciones cuánto a las sensibilidades y plazos de implementación que son cuestiones importantes para los países en desarrollo en general.

Vamos a ver a la cuestiones que afectan a este grupo de países. Sobre el tema sensibilidades, él abrió ocho diferentes posibilidades que combinan coeficientes para la fórmula con diferentes posibilidades para redimir productos sensibles de reducciones tarifarias o entonces para que estas sean más pequeñas. El objetivo de esta iniciativa era provocar los países del NAMA 11 a reducir sus objeciones a los números presentados hasta entonces.

Aunque ninguno de ellos haya concordado con cualquiera una de las propuestas o cualquier número, varios de ellos se dispusieron a trabajar con diferentes opciones. Entre estas hay tres que ofrecen mayor número de líneas tarifarias sensibles en pago de cortes tarifarios más altos tras aplicada la Fórmula Suiza, hay dos propuestas que relacionan directamente el valor del coeficiente con el porcentual de líneas beneficiadas por las flexibilidades, hay otra opción que combina diferentes flexibilidades y hay la opción ocho que propone un corte tarifario nos moldees de la reducción de tarifas de bienes agrícolas de la Ronda Uruguay del GATT con reducción de las medias y establecimiento de techo tarifario.

Argentina y Venezuela se dispusieron a analizar esta opción, aunque ella sea considerada irrealista por los especialistas en el asunto, hasta porque contraría el espíritu de la Fórmula Suiza ya acepta por todos desde 2005.

El gobierno hindú no se pronunció sobre eventuales preferencias y manifestó que la iniciativa del “chair” visaba solamente dividir el NAMA 11. El gobierno sur africano declaró que ninguna de las opciones le interesaría una vez que se encuentra en una posición muy incómoda en las negociaciones de NAMA, pues prácticamente no existe “agua” entre la media de su tarifa consolidada y la media practicada. Cualquier corte tarifario tendría efectos inmediatos y, por lo tanto, sus esfuerzos se vuelven más para elevar los coeficientes de la fórmula del que conquistar flexibilidades.

El gobierno brasileño demostró interés en analizar posibilidades en el ámbito de la opción 2, en particular su segunda alternativa, posiblemente, con el intento de aprovechar esta concepción para presentar una contrapropuesta. La opción 2 es una combinación de coeficientes con porcentuales de líneas tarifarias sensibles con total exclusión de cortes y con reducción del 50% en los cortes.

Esta alternativa no propone flexibilidades si el coeficiente es de 24. No obstante, se propone la exclusión de cortes del 10% de las líneas y un corte del 50% de la fórmula para el 5% de ellas en caso de que el coeficiente 21 y exclusión de n 50% para, respectivamente, 14 y 7% de las líneas si la hipótesis de adopción fuera de un coeficiente 19.

Transformando esto en porcentajes de reducción y cantidad de líneas tarifarias exento de cortes o con una reducción del 50% de la fórmula tendremos:

Coeficiente 24 significa un corte del 55,5% y genera una nueva tarifa media consolidada del 13,3% provocando, aproximadamente, 3.000 afectaciones de la TEC. En este caso no habría flexibilidad para redimir líneas tarifarias.
Coeficiente 21 significa un corte del 58,9% y genera una nueva tarifa media del 12,3% provocando, aproximadamente, 4.000 afectaciones de la TEC, pero con la posibilidad de excluir 882 de ellas y reducir el daño en otros 441, en un total de 1.323 líneas preservadas de alguna manera.
Coeficiente 19 significa un corte 60,9% y genera una nueva tarifa media del 11,7% provocando un poco menos de 5.000 afectaciones de la TEC, pero con la posibilidad de excluir 1.235 de ellas y reducir el daño en 618, lo que preservaría de alguna forma un total de 1.853 líneas.

A pesar de la variación entre la cantidad de afectaciones, la opción por el coeficiente mayor no excluye los sectores industriales mencionados anteriormente de los riesgos de ser sustituidos por productos importados, inclusive porque la propuesta no permite excluir sectores industriales enteros representados por los capítulos tarifarios consolidados.

Las flexibilidades previstas en la hipótesis del coeficiente 19 se aproximan mucho de la cantidad reivindicada por el Mercosur, sin embargo, los problemas de origen de la negociación persisten y son principalmente los cortes tarifarios profundos provocados por la fórmula presentada y reiterada por el presidente del Grupo de Negociación en NAMA, el canadiense Don Stephenson a pesar de la oposición del NAMA 11.

La cuestión que envuelve la negociación de coeficientes y flexibilidades fue bien aclarada por el representante del gobierno sur africano después de la presentación de las ocho opciones: “primero vamos a definir el nivel de ambición de la liberalización (fórmula de cortes tarifarios) y después las excepciones”.

Evaluación sobre las negociaciones en agricultura

Del punto de vista de propuestas concretas en términos de números, el Grupo de Negociaciones en Agricultura poco presentó hasta el momento. Los principales ítems que están bajo consideración son:

reducción tarifaria, inclusive la liberalización casi total de productos tropicales; productos sensibles; disciplina para subsidios domésticos y de exportación y productos especiales conectados a la seguridad alimentar y a la agricultura familiar.

El texto del Presidente del Grupo, el neozelandés Crawford Falconer, propone algunos valores para la reducción tarifaria que, sin embargo, son lineares y modestos en comparación con las propuestas presentadas en NAMA y aun así son fuertemente cuestionados por los países desarrollados.

Recientemente propuso la posibilidad de adoptar cuotas con tarifas más pequeñas para algunos productos a depender de la capacidad de absorción de la competencia por parte de los países desarrollados y se evalúa que puede haber avances en la reducción tarifaria para productos tropicales, una vez que estos no compiten con la producción local en estos países.
No hay propuesta para limitar la exención de los productos considerados sensibles de reducciones tarifarias como presentada en las negociaciones de NAMA.

Las propuestas para redefinir el contenido de la “Caja verde” y reducir o limitar la aplicación de los subsidios domésticos, difícilmente irán además de la propuesta de definir techos por sector equivalentes a 50% del realizado hasta el momento, lo que en el caso de los EUA significaría un subsidio máximo de US$ 25.00 por tonelada de soja y el fin de los subsidios para el algodón. Es bueno recordar que esta situación del algodón se refiere a la victoria de Brasil en un contencioso en la OMC contra los subsidios domésticos que el gobierno americano aplicaba a este producto, aunque el tema haya sido incluido en las negociaciones.

Cuánto a la reducción de los subsidios a la exportación, particularmente, de la Unión Europea no hay novedades prácticas.

La política específica para los productos especiales y aquellos conectados a la agricultura familiar, fue defendida por Brasil e India, pero no es consensual siquiera entre todos los miembros de la G-20 y, aparentemente, viene siendo abandonada en función de la prioridad gubernamental cuánto a los demás temas.

Evaluación sobre los demás ítems

Tampoco hay avances favorables a los países en desarrollo en este aspecto. La oferta de nuevos servicios beneficia más los países desarrollados que están preparados para exportar servicios o instalar empresas para explorarlos en terceros países. Los aspectos conectados a este sector que podrían beneficiar los trabajadores de los países en desarrollo, como su libre acceso para prestar servicios legalmente en países desarrollados, la libre remisión de renta de migrantes para sus países de origen, entre otros, no están contemplados.

La facilitación del comercio continúa chocándose con la pretensión de los países desarrollados de mantener sus barreras no tarifarias como el sistema anti-dumping americano y el aspecto implementación del TRIPS en el tocante a la patentes de biodiversidad tampoco llegó a un acuerdo. El gobierno brasileño reivindicó discutir el asunto y en el caso de la biodiversidad y conocimientos tradicionales, que los responsables por su patenteamiento deberían comprobar su origen, así como que habría reparto de los beneficios con los habitantes de los locales de origen.

Conclusión

Esta siendo creado un clima por parte de algunos gobiernos con apoyo de la prensa internacional y especializada de que las negociaciones en los grupos están llegando a su final y que es el momento de iniciar el “proceso horizontal”. Este proceso, normalmente, ocurre cuando es el momento del acuerdo general ser amarrado por los ministros que intentarán componer los números finales de todos los grupos de negociación.

El argumento favorable a la realización del proceso horizontal hasta mediados de mayo se debe a la presentación de la nueva fórmula de flexibilidades en NAMA que generó la impresión de reactivación de las negociaciones y la posibilidad de comprensiones en agricultura como el techo para subsidios domésticos y la adopción de cuotas con tarifas más pequeñas para ciertos productos.

Varias entidades empresariales americanas, como la poderosa “Coalition of Services Industry” (CSI), tienen se dirigido a Ginebra para hacer lobby junto a los países en desarrollo como Brasil, India, China y otros, en favor de más ofertas en el área de servicios como correos, entregas, bancos, telecomunicaciones, entre otros. Sus representantes han amenazado que harán presión junto al Congreso Americano contra la aprobación del acuerdo si no hubiera mayores concesiones de estos países.

Además de los supuestos “avances” que estarían siendo alcanzados, se argumenta también que es el momento verdadero para llegarse a un acuerdo que pueda ser absorbido por el gobierno americano aún durante el mandato de Bush, pues la nueva administración presidencial de los EUA, sea cuál venga a ser, llevaría muy tiempo para definir su política de comercio exterior y por consecuencia su posición cuánto a la Ronda Doha lo que podría extender el impasse, posiblemente, por dos años más por lo menos.

Hay posicionamientos, inclusive, a favor de un proceso horizontal que envuelva solamente NAMA y agricultura para después eventualmente incluir los acuerdos sobre los demás temas.

En los comentarios de bastidores, el gobierno brasileño ha sido considerado uno de los impulsores del proceso horizontal rápido.

Es conocida la preocupación del gobierno en preservar el espacio multilateral de negociaciones comerciales y el esfuerzo que hizo para mantener las negociaciones en marcha, mismo en los momentos de mayores dificultades.

Además de esto, la presión interna del sector de agro-negocio por la aceptación de un acuerdo es ser grande. Un artículo publicado en 12 de marzo en el periódico “El Estado de São Paulo” por André Nassar, presidente del ICONE, entidad especializada en negociaciones comerciales de agricultura expresó claramente que el alcanzado hasta entonces en términos de disciplina de los subsidios agrícolas era suficiente, representaba un importante avance y era el momento de concluir la ronda.

Aún así, no está claro si el gobierno brasileño está dispuesto a aceptar un acuerdo en los términos actuales.

Claro que toda negociación posee sus técnicas y la mejor propuesta solamente surge en el final, pero por los comportamientos y manifestaciones de los actores al largo de estos casi siete años y por las pocas alteraciones en los textos de los presidentes de los grupos negociadores, cualquier acuerdo en este momento sería revisado en términos de contenido.

Considerando lo resumido de las negociaciones en NAMA, agricultura y servicios:

Los coeficientes en NAMA representan cortes mayores del que los países en desarrollo pueden soportar sin perjuicios en sectores industriales importantes y no está siendo respetado el concepto de “reciprocidad menos que total”. La táctica en esta negociación es a de minimizar pérdidas.
En agricultura no hay reducciones relevantes en las tarifas y en los subsidios a la exportación. Tampoco hay límites para productos sensibles. Hay reducción de subsidios domésticos, aunque algunos ya estuvieran asegurados por decisión del mecanismo de solución de controversias de la OMC, como en el caso del algodón. Existe también la posibilidad de ampliar las exportaciones de productos tropicales. La táctica en esta negociación es a de obtener ganancias.
Los principales sectores de servicios donde los países desarrollados reivindican aperturas como telecomunicaciones, energía eléctrica, agua y saneamiento básico, bancos, etc, no tienen restricciones a la participación externa en Brasil. La cuestión es mantener las reglas nacionales o someterlas al régimen de la OMC del cual no tiene vuelta. En esta área hay más a perder del que ganar con a rechaza de los países desarrollados en aceptar la libre circulación de mano de obra y de facilitar las remisiones de dinero del exterior para los países de origen de los trabajadores.

La perspectiva de una “ronda del desarrollo” dejó de existir con los varios equívocos mencionados y a pesar de la importante iniciativa de creación de la G-20 y del NAMA 11, los tradicionales acuerdos dictados por los países industrializados de acuerdo con sus intereses parecen estar de vuelta. El esfuerzo del gobierno brasileño hasta aquí para alcanzar un acuerdo equilibrado puede haber sido en vano.

La divisoria de aguas sobre la conclusión o no de la Ronda está en el acuerdo en NAMA, si los países en desarrollo una vez más cederán en la apertura de sus mercados industriales o conseguirán mantener la línea política establecida a partir de Cancún y de la creación de la G-20 en 2003.  (Traducción al español de Javier Echaide)

https://www.alainet.org/es/articulo/127567?language=es
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