La globalización, un callejón sin salida
09/04/2006
- Opinión
La crisis actual está marcada por un hecho singular en nuestra historia: el mundo, la sociedad humana va en la dirección de convertirse en un sistema cerrado (1) y único. Y esto ¿en qué me afecta a mí? Habrá de preguntarse más de alguno. Pues bien, sucede que la dinámica estructural de todo sistema cerrado es la tendencia al aumento del desorden; y al pretender ordenar ese desorden creciente, lo único que se logra es acelerarlo.
De manera que aunque un individuo aislado quiera vivir en paz, no podrá sustraerse al caos que está afectando a esa estructura que lo incluye. Es así que, cuando desde un centro imperial se intenta imponer un Nuevo Orden mundial disciplinando a las sociedades para que se sometan a un único patrón socio-cultural, lo que se obtiene es exactamente lo contrario, como se está viendo todos los días en los medios de comunicación mundiales: se acentúan las diferencias y se polarizan los conflictos. Con una característica particular, propia del momento: esos conflictos hoy no son geopolíticos como sucedió durante la Guerra Fría, son culturales y étnicos. Recuérdese la guerra de los Balcanes o el conflicto con el Islam, por nombrar los más importantes.
Hay muchos indicadores de este "desordenamiento" progresivo que describimos y que, por simple inercia, podría tender a acentuarse en el futuro hasta llegar a la descomposición total del sistema. El que haya caído la Unión Soviética hace algunos años atrás no es una victoria del Capitalismo, como tienden a verlo interesadamente los defensores de dicho modelo; puede ser un anticipo de lo que sucederá con este otro lado en un futuro próximo.
Como se ve, a estas alturas ya no se trata de la buena o mala voluntad de individuos o pueblos sino de una mecánica que en algún momento de la historia una minoría irresponsable puso en marcha, abusando del poder arbitrario que detentaba y que hoy sigue su curso inercial, sin que los seres humanos incluidos en ese sistema cerrado podamos modificarlo. El problema entonces no está en los contenidos sino en el "continente", más aún si es el único que existe. Lo que estamos diciendo es que, por más que lo intentemos, no será posible resolver los graves problemas sociales y humanos que aún subsisten en el mundo y en nuestra sociedad particular si no abrimos el sistema (2). ¿Pero abrirlo hacia dónde si no hay otro distinto? Ese es el problema.
Cabe hacer notar que cuando este mismo proceso se produjo en anteriores culturas y civilizaciones, no se trataba de imperios mundiales. Eso significó que el intento hegemónico fuera limitado, con lo cual quedó asegurada la reserva de diversidad en las periferias más lejanas de esos imperios. Esas reservas fueron el germen de las nuevas civilizaciones que reemplazaron a la cultura dominante, cuando ella entró en decadencia.
Hoy día, preservar esa diversidad es mucho más difícil porque el fenómeno tiene carácter global. Pero, por lo mismo, es aun más necesario porque ¿de dónde si no saldrán las alternativas que reemplazarán a la cultura dominante, que ya ha comenzado a decaer aceleradamente? De manera que la preservación de la diversidad cultural no es ya un nostálgico ejercicio de etno-folklorismo sino una necesidad histórica.
La globalización y sus consecuencias
La etimología de la palabra "homogeneidad" es algo así como "el mismo gen". ¿Alguien puede imaginarse a la naturaleza apostando a una sola especie, a una forma de vida única? Si el proceso evolutivo se hubiera dado de se modo, la vida no habría durado mucho sobre la faz de la tierra y la especie humana no habría existido nunca. La vida, en su despliegue incesante de adaptación creciente al medio, se apoya en la diversidad, asegurándose que algunas de las infinitas respuestas adaptativas que da tendrán éxito y seguirán adelante.
Pues bien, nosotros los seres humanos, empujados por la estupidez patológica de nuestros actuales líderes, estamos haciendo justo lo contrario: apostar a la homogenización, a un estilo de vida único, a una sola respuesta de adaptación que se ha tratado de generalizar por la fuerza a todo el planeta. Eso es la Globalización. ¿Y si fracasa, tenemos un plan B? Se preguntará alguien con más sentido común del que tienen aquellos que nos dirigen. La respuesta es que, en este momento, esa alternativa no existe; o, para no ser pesimista, existe pero está débilmente socializada.
Este modelo comenzó con el surgimiento del Capitalismo, potenciado por la Revolución Industrial. De allí en adelante, hemos asistido al nacimiento y expansión de una burguesía cada vez más poderosa que ha luchado por adueñarse del mundo. Este proceso ha pasado por varias etapas hasta llegar al momento actual, en el que la concentración del poder financiero tiene postrada a la industria, el comercio, la política, los países y los individuos. Se ha llegado a la etapa de sistema cerrado y en esa situación no queda otra alternativa que el aumento de la entropía hasta su total desestructuración.
Ya estamos viendo cómo el capital financiero internacional tiende a homogeneizar la economía, el Derecho, las comunicaciones, los valores, la lengua, los usos y costumbres. Mientras arriba se va consolidando un monstruoso paraestado (3) que intenta controlarlo todo, abajo el tejido social seguirá su proceso inexorable de descomposición. Estas tendencias contradictorias se irán acentuando hasta que la antigua esperanza de uniformar todo en manos de un mismo poder se desvanecerá para siempre.
Lo que sigue después es lo mismo que hemos visto en las decadencias de otras civilizaciones, salvo por el hecho de que, al ser éste un sistema mundial cerrado, no hay expresiones humanas distintas que puedan reemplazar lo que se cae. Sólo podemos esperar una larga y oscura edad media mundial.
Notas y referencias bibliográficas:
1 De acuerdo al Segundo Principio de la Termodinámica, un sistema cerrado es aquel que no tiene intercambio de energía con otro sistema. En esa situación, la degradación energética se produce en forma inevitable hasta llegar a su muerte térmica, momento en el que ningún fenómeno puede producirse ya en el seno de ese sistema. Hasta el momento, nada parece poder escapar a este destino, ni siquiera la vida humana. (El azar y la necesidad, Jacques Monod. Ediciones Metatemas 1993).
2 Abrir un sistema significa romper el equilibrio energético que le impide funcionar. Cabe hacer notar que, para la termodinámica, uniformidad (o equilibrio) equivale a desorden y muerte del sistema, ya que desaparecen en su interior las diferencias de potencial que le otorgan su capacidad de trabajo.
3 Estado paralelo. "En efecto, las decisiones más importantes para el conjunto de los hombres son tomadas por personajes que pertenecen a una colectividad muy reducida, que detentan un poder compartido por consentimiento mutuo…Esta sociedad del dinero ejerce actualmente tal dominio por medio de su riqueza que es ella la que orienta el porvenir de todo el planeta; es ella quien escoge la dirección, pero su única brújula es el razonamiento económico. Las calamidades resultantes de la pérdida de los puntos de referencia son interminables". (Yo acuso a la economía triunfante, Albert Jacquard. Editorial Andrés Bello, Chile 1996).
- Este artículo es una parte del documento: "La Nación Humana Latinoamericana frente a la Globalización"
https://www.alainet.org/es/articulo/114846
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