Fugó Fujimori

20/11/2000
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Imprescindible regeneración moral de la nación

Javier Diez Canseco
Lima


Renunció el prófugo Fujimori. Su renuncia lo pinta de cuerpo entero: un
cobarde, un falso y mentiroso, un apátrida, un amoral, un desleal con los que
le fueron fieles, un frío calculador sin principios. Idéntico perfil al de
su hermano siamés, Vladimiro Montesinos.

Renunció desde el extranjero, sin dar la cara, buscando que Japón -y su
probable pasaporte japonés- le dé seguridades frente a un inevitable
antejuicio político y un subsiguiente proceso penal que lo haga pagar por
todo el estropicio hecho. Repitió la falta de hombría que tuvo cuando el
General Salinas encabezó un contragolpe en noviembre de 1992: asilarse en la
embajada japonesa donde, se afirma, está registrado como japonés.

Renunció dejando en la estacada a sus fieles, los usó y los abandonó. Hasta
los tonteó con la absurda versión de que estaba pensando postular a la cabeza
de la lista al Congreso. Y, como loros entrenados lo repitieron. Ahora
están desolados los Salas y Boloña, los Bergamino y Dianderas, "sus
combativas" Marchas, sus siempre serviles Salgado y Lozada de Gamboa.
Desorientados y confusos se encuentran los que "denunciaban" que la oposición
quería cambiar la Presidencia del Congreso para declarar la vacancia de la
Presidencia de la República y generar el caos en el país. Quedaron colgados
de la brocha por la cobarde huida de su jefe y por el gigantesco desorden que
su irresponsable huida y renuncia genera en el aparato de Estado y el sistema
político.

Y en su desorientación, perdida la brújula y la guía del maestro y jefe, nos
amenazan con quedarse para "darle estabilidad al Perú". Se atreven Márquez,
Salas, Bergamino y Boloña a dirigirse al país para transmitir su
"indignación" (cuando lo que debían admitir es su indignidad) y señalar que
pretenden que el más gris e insignificante de los fujimoristas, el
vicepresidente Márquez, se quede hasta el 28 de julio del 2001, manipulado
por la misma cúpula militar montesinista y rodeado de los filibusteros que
hoy manejan los Ministerios de Economía y Agricultura. ?Como si el país
quisiera prolongar la agonía que hoy soporta y aspirara a sobrevivir bajo la
férula de los restos moribundos del fujimorismo!

Así, la fuga del "mejor presidente que ha tenido el Perú" ha desnudado que
nunca fue más que un pelele, un personaje sin convicción ni valor propio,
manejado por Montesinos y la mafia en la cúpula militar que han gobernado
este país en los últimos años. Y evidencia que el destape de las corruptelas
y trapacerías del gobierno es de tal nivel y compromete tan claramente a los
Fujimori, es decir, a Alberto, a sus hermanos Santiago y Juana, a su cuñado
Aritomi y probablemente a sus hijos, que lo mejor es, pies en polvorosa,
ponerse a buen recaudo, lejos de las manos de la justicia.

Fujimori, el que manejó casi 8,900 millones de dólares de privatizaciones,
operaciones de miles de millones de dólares de compra de armas y recompra de
papeles de deuda externa, en secreto total, nos mostró de qué material está
hecho. Renunció aprovechando hasta límites impensables los beneficios del
más alto cargo de la Nación que alguna vez le confiaron los peruanos. Se
fugó aparentando una supuesta misión oficial a la que llegó tarde y que
abandonó antes de que finalizara. Usó el avión presidencial de $38 millones
de dólares. Sacó a hijitos y familiares previamente del país y embarcó en el
avión decenas de maletas, con dinero, bienes y valores a hurtadillas. Dejó a
su socio y hermano siamés Montesinos "bien prófugo". Utilizó a edecanes y
funcionarios como acompañantes y servidores en la fuga, y, claro, pagó
hoteles, transporte y banquetes con el sufrido presupuesto nacional. Tal su
catadura.

¿Puede alguien dudar ahora de que la tarea del momento es extirpar del Estado
toda influencia de estas gentes? ¿Puede alguien vacilar sobre la necesidad
de declarar la vacancia de la presidencia y las vicepresidencias del
fujimorismo, y de licenciar al patético gabinete Salas-Boloña? ¿Puede
siquiera considerarse el ridículo anuncio de Márquez con relación a asumir la
Presidencia, manipulado por sus titiriteros Bergamino y Boloña, dos
connotados montesinistas?

Hay que dar paso -de inmediato- a un Gobierno Provisional encabezado por el
Presidente del Congreso y conformar un gabinete de ancha base, de unidad
nacional, sin vestigio de alguno de los ministros actuales. Debe abrírsele,
de inmediato, un antejuicio a Fujimori, inhabilitarlo políticamente de por
vida, e investigarlo y procesarlo penalmente, junto a su entorno, para
sancionar sus crímenes contra la Nación. Debe darse curso a una Operación de
Manos Limpias, a cargo de fiscales y jueces independientes y probos, con
plenos poderes, para investigar la corrupción política en el país. Debe
conformarse una Comisión de la Verdad que eche luz sobre violaciones de
derechos humanos, corruptelas, robos y vínculos con el narcotráfico que
constituyeron un virtual Narco-Estado en el Perú. Debe licenciarse a la
cúpula militar corrupta y redimensionar nuestras Fuerzas Armadas,
devolviéndoles respetabilidad y manejo institucionalista. Debe destituirse a
los ilegítimos Presidentes a dedo de los CTARes y darles ese gobierno,
transitoriamente, a la Asamblea de Alcaldes Provinciales de cada
departamento, hasta convocar a elecciones.

La fuga y renuncia de Fujimori sellan su pase a la historia con verdadera
faz, desnudan su corazón, muestran la entraña más auténtica del fuji-monte-
cinismo. Nos toca ahora a nosotros no renunciar a una auténtica operación de
limpieza, a una profunda profilaxis ética, no una "cacería de brujas", para
sanear el Estado y devolverle al país la confianza hoy perdida en
instituciones y personas. Es la hora de la verdad y de la justicia, sin
pactos bajo la mesa, sin hablar a media voz. Es la hora de la regeneración
moral de la Nación.
https://www.alainet.org/es/articulo/104976?language=en
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