El duopolio busca apoderarse de la prensa electrónica

04/08/2014
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Poca duda cabe que el ‘populismo’ ha sido reemplazado por el post-neoliberalismo, una etapa avanzada del viejo capitalismo que se esmera en la conquista de las redes sociales. Esto último, hace algunos años, era considerado una soberana estupidez. Pero los hechos concretos desarmaron los soslayos y nutrieron los temores. A fuerza de artículos, columnas y ‘papers’ publicados por diarios electrónicos, amén de twitter y facebook, las redes demostraron cuán vitales podían ser en asuntos de política contingente y de movilizaciones sociales.
 
La prensa ‘oficial’, la de papel como la televisiva, se resiste aún a reconocer que muchas veces (demasiadas, tal vez) es pauteada por la información que se desglosa de los irreverentes medios electrónicos que muestran una independencia y una acidez reflexiva dignas de aplauso. Es como para agradecerles ser defensores y adalides de la libertad de opinión y de prensa.
 
Durante años las cofradías políticas consideraron que Internet se limitaba a juegos de adolescentes, opinión basada en el “chateo” e intercambio de fotografías y copuchas que realizaban, de preferencia, los jóvenes. Ninguna tienda partidista le dio a ese asunto la importancia que realmente tenía. “Los votos están en la calle, no en Internet”, era la frase típica usada por candidatos a cualquier cosa y por autoridades de cualquier tipo. Al mundillo político el tema se le escapó de las manos, aunque en honor a la verdad sus intereses partidistas nunca lo atraparon.
 
El asunto creció, se globalizó y hoy es ya una especie de servicio público, masivo e imparable; bueno, “imparable”… si no se mezclan ni la NSA ni la ANI.
 
Ahora la cuestión ha cambiado de color, pasando de castaño a oscuro severo: en Alemania (es sólo un ejemplo) se sabe que para el año 2018 la prensa electrónica habrá superado con largueza a la prensa de papel; y en España los grandes editores de periódicos, hundidos en una crisis sin precedentes que se suma a la económica, piden a gritos socorro al Estado.
 
Acá en casa, en Chile, la cuestión transita una vía similar. Por eso hay más de un intento por controlar las redes sociales. Ellos provienen siempre del mismo sector: el Legislativo. Recordemos el abortado proyecto de ley respecto de los “memes” que un diputado dizque ‘progresista’ –Sabaj– tuvo que retirar antes de convertirse en un hazmerreir internacional. No pudo evitarlo totalmente, al reconocer que ni siquiera había leído el proyecto de ley preparado por sus asesores, a pesar de lo cual lo presentó a discusión en la Cámara de Diputados.
 
Las redes sociales e Internet desesperan a los habitantes del Congreso Nacional. La democracia y las libertades civiles comienzan a parecerles excesivas y peligrosas ya que cada día aumenta el número de personas que se informan y opinan a través de la prensa electrónica.
 
Esta es, tal vez, poco confiable en la seriedad de las informaciones, pero mucho más independiente y atrevida al momento de entregarlas. Para la mayoría de los políticos actuales todo lo que no pueden manejar o que no se encuentra bajo su control les parece “vástago del caos y la anarquía”. Proclaman entonces su preocupación por la familia chilena, por la patria, por los valores cristianos y por una sarta de linduras poéticas que en realidad les indifieren, pero que apuntan a lo que les resulta esencial: seguir controlando todo para mantener el poder sobre la sociedad y las cosas.
 
La voluntad popular que defiende su sagrado derecho a la libre opinión y a pensar, dificulta en grado sumo cualquier intento de legislar para coartarlos.
 
Las cofradías parlamentarias –por requerimiento de sus respectivos partidos políticos– abren puertas y ensanchan pasillos para que los dueños del capital (sus verdaderos socios y a veces sus patrones) inviertan parte de sus millonarias utilidades en medios electrónicos. Materia de tanto interés político y económico para los dirigentes del duopolio gobernante que juegan sucio utilizando la veta del avisaje fiscal. Gracias a él han logrado corromper algún medio con pretensiones de publicación satírica que había tenido acogida en el público.
 
Como ya es habitual, en el caso de las redes sociales y la prensa electrónica los dueños del coso y sus socios legisladores y gobernantes repiten la vieja fórmula que siempre les ha resultado exitosa: “Si no puedes vencerlos… ¡cómpralos!”. En eso están…
 
https://www.alainet.org/es/articulo/102187?language=en
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