Del llano a la montaña
29/05/2005
- Opinión
Guerra civil, golpe de Estado, renuncia del Presidente, elecciones adelantadas, son sólo algunas de las más dispares opciones que se escuchan en los cafés, en la calle y hasta en la tertulia hogareña. Apenas han transcurrido 19 meses desde que Carlos Mesa juró el mando presidencial, manteniendo una envidiable popularidad personal durante la mitad de ese periodo. ¿Qué ha pasado en este tiempo?, ¿cuáles son los factores que deterioraron tan rápidamente la situación?
Hay varios para enumerar: la ley de hidrocarburos, la asamblea constituyente, el referéndum autonómico y, por supuesto, la difícil situación económica del grueso de la población que no percibe la mejora que señalan los índices macroeconómicos, porque sus ingresos, si los tiene, se registran en el grupo microeconómico.
De todo esto, el tema del referéndum autonómico es el que está causando mayores fricciones y, por tanto, asustando con una posible guerra civil. Tanto es así que, un respetado analista militar, ha llegado a advertir que podría darse una intervención disfrazada de “fuerzas de paz”.
La confrontación
Con una intención deliberada, las fuertes divergencias que se dan en torno al referéndum autonómico, se presentan como una confrontación entre regiones: collas contra cambas, tierras bajas contra tierras altas. Una percepción superficial califica como “collas” a los habitantes del altiplano y los valles centrales. El mismo tipo de apreciación ligera aplica el denominativo de “cambas” a quienes viven en las tierras bajas. Tradicionalmente, ha habido disputas entre ambos aunque, en el proceso de crecimiento demográfico, importantes contingentes de collas están poblando las tierras bajas que se extienden desde la frontera con Paraguay, corren por toda la amplia línea divisoria con el Brasil y llegan hasta los límites con Perú.
Sin embargo, cuando el Comité Cívico pro Santa Cruz (una forma de organización social atípica que se da en Bolivia) planteó la demanda de descentralizar el gobierno, vía la formación de autonomías departamentales, consiguió el apoyo de una mayoría de la población en ese departamento, sin distinción de cambas y collas.
Fue así que obtuvo las firmas ciudadanas necesarias para iniciar el proceso de referéndum. Ahora el Congreso Nacional debe determinar la fecha de su realización. Colateralmente, el presidente Mesa pactó, con el mismo Comité, la convocatoria a elección de prefectos (primera autoridad del departamento), aunque la Constitución vigente determina que, estos funcionarios, son representantes personales del Presidente y, por tanto, él debe designarlos.
Hecha esa convocatoria, era previsible que se planteara la exigencia de realizar ambos eventos –elección y consulta- en la misma fecha.
Desde la otra parte de Bolivia, hubo una inmediata reacción: la Asamblea Constituyente, reclamada en octubre de 2003 y largamente postergada por desinteligencias de los poderes del Estado, volvió por sus fueros. El sólido argumento que se esgrime establece que aprobar en referéndum un régimen autonómico (más todavía, que lo adopten los departamentos donde triunfe el SI, sin que el resultado nacional sea determinante) y, además, elegir a las primeras autoridades de los mismos, recorta gravemente las atribuciones de la Asamblea Constituyente e, incluso, hace peligrar su realización ya que uno o más departamentos que hubiesen votado por la autonomía se considerarían liberados de la obligación de esperar la realización de aquélla.
La razón de la sinrazón
Visto desde fuera, no parece haber razón valedera para que surja una confrontación de tal magnitud por un proceso autonómico que debiera ser un consenso nacional. Pero lo que se está jugando tiene mucho que ver con otro importante tema: la explotación de hidrocarburos. Santa Cruz ha sido el centro de producción petrolera y, aunque actualmente no centraliza esa actividad, sigue siendo voz tonante en lo que se refiere a esa actividad. De ese modo, ha logrado la adhesión de Tarija –un departamento pequeño y de reducida población- que tiene las más grandes reservas de gas con que cuenta el país. El acompañamiento de Beni y Pando, los departamentos norteños de Bolivia, se explica por el abandono que esas regiones han sufrido.
El comité Cívico pro Santa Cruz, en enero pasado, formó un mecanismo al que llamó Consejo pre Autonómico, con el encargo de elaborar un Estatuto para su futura autonomía. Ya circula el borrador en el que, cuidadosamente mimetizado entre otras atribuciones, se asienta la explotación de hidrocarburos como derecho del departamento.
De ese modo, la estructura que debe establecerse mediante la aplicación de la Ley de Hidrocarburos, todavía inconclusa, y el modelo que discutiría la Asamblea Constituyente, serían superadas por una aplicación de ese estatuto que se impondría luego a la Asamblea, de manera que ésta pierda parte importante de sus atribuciones.
La maniobra, montada sobre una justa reivindicación popular y reglada por los pasos legales que la legitiman, se convierte en un peligro para la integridad del país.
Los desbordes de la irritación
Los grandes sectores populares que se concentran en los valles medios y el occidente altiplánico, se sienten frustrados y su irritación sube de grado a cada hora, cuando comprueba que, la reclamación de un departamento, se sobrepone a sus expectativas que tienen importancia nacional.
Una marcha que se inició pacíficamente hace ya dos semanas, al llegar a La Paz se ha transformado en una fuerza que rodea la plaza central, en la que se encuentra el edificio del Parlamento. Durante los últimos días, ha intentado romper las barreras policiales y, en algún momento, lo ha logrado; cada vez, la fuerza de los grupos que cercan ese centro, es mayor y, en cualquier momento, pueden quebrar ese frágil equilibrio en que se mantiene el forcejeo.
Mientras tanto, los campesinos anunciaron el inicio de bloqueo en todos los caminos del país. De hecho, hace más de una semana, el tráfico entre las principales ciudades está totalmente interrumpido o, en el mejor de los casos, confronta serias dificultades. Al mismo tiempo, manifestaciones que se realizan diariamente al sur, al este, al centro y al oeste del país, dan cuenta sobradamente de tal irritación.
En esas condiciones, este martes 31 de mayo, el Congreso anunció la reanudación de sus sesiones, pero no pudo alcanzar el quórum requerido para ello. Los parlamentarios asistentes culparon al presidente del Congreso, de maniobrar para impedir que se instale la sesión y, con ello, favorecer la posición de Santa Cruz.
Al parecer, cada paso que se da –en las calles y dentro del Parlamento- parece empujar al país a una confrontación que no es entre el llano y la montaña, ni enfrenta a collas con cambas, sino que refleja la resistencia de los viejos intereses ante la decisión de renovar este país.
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