Bolivia, rehén de Brasil

31/07/2011
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En el 2015, Brasil producirá fertilizantes con gas boliviano en dos enormes petroquímicas, mediante una inversión de cinco mil millones de dólares.  La instalación se concretó después que YPFB precisó, en diciembre de 2009, que el gas a exportar tendrá un valor de 9.400 kilocalorías (KG) por millar de pies cúbicos, muy superior a las 8.900 KG del gas seco o metano. Si se tiene en cuenta que el contrato de venta de gas al Brasil (GSA), terminará el 2019, es obvio que Petrobrás obligará a prolongarlo, por todos los medios a su alcance.
 
Su director financiero, Almir Barbassa, recordó que ambos países están unidos por un gasoducto que no puede ser desechado y cuyo costo ascendió a 3.000 millones de dólares, aunque mencionó que la estatal brasileña tiene mayor flexibilidad para conseguir la materia prima de otras partes. Es obvio, sin embargo, que no es lo mismo traer el energético de la cercana frontera con Bolivia, que de ultramar o de sus campos off shore en el Atlántico. El argumento sólo servirá para que Petrobrás trate de rebajar los precios vigentes. La demanda de gas de Brasil se incrementará de 106 millones de metros cúbicos día MMmcd a 149 MMmcd entre el 2015 y el 2020, de ahí la enorme importancia de las petroquímicas de Minas Gerais (Periódico “Página 7”, 27-07-11).
 
La situación de Bolivia para renegociar la prolongación del GSA es penosa. En el 2009, Evo Morales derrotó al separatismo oligárquico de Santa Cruz, con una prédica indigenista y sin tomar como eje la defensa de la unidad nacional, lo que lo llevó a promulgar una Nueva Constitución Política, de la que emergió un Estado Plurinacional, integrado por 36 naciones originarias, incapaz de detener el avance de cultivos ilegales de coca, el narcotráfico, el asalto a empresas mineras, el contrabando de vehículos obsoletos, la explotación maderera en gran escala y linchamientos, muchos de los cuales quedaron en la impunidad.
 
El país ha renunciado a la petroquímica, ya que, además de no poder evitar la exigencia brasileña, lo que permitirá a Petrobrás volver a disponer de 30 millones de metros cúbicos diarios, venderá a la Argentina 27.7 MMpcd, también en los siguientes 20 años, con la inclusión de los licuables del gas. En el caso brasileño, tal inclusión es compensada, desde el 2008, con apenas 100 millones de dólares año.
 
YPFB es un ejemplo de la debilidad institucional del país. Su Presidente, Carlos Villegas, sostuvo que no se siente obligado a revelar el monto de reservas de gas existente, las que fueron calculadas por la consultora Ryder Scott, hace dos años, debido a que ninguna disposición lo obliga a ello. Al recordársele la vigencia de la transparencia informativa, respondió que el tema de las reservas es “un caso cerrado”.  De manera paralela, Carlos Delius, vocero de las petroleras, afirmó que es hora de enterrar el discurso de la industrialización del gas. (Mensuario “Día D”, julio de 2011),
 
Frente a este panorama, cabe preguntarse si no sería posible condicionar la suscripción del nuevo contrato con Brasil a que Bolivia se convierta en socia de las petroquímicas fronterizas, en compensación por las exportaciones de gas húmedo que entregó gratuitamente entre 1999 y 2008, y por el incumplimiento del compromiso de la estatal brasileña, de 1999, de instalar 24 termoeléctricas en suelo boliviano. También debería plantearse que Petrobrás pague a Bolivia el mismo precio por el gas que se exporta a la Argentina. Sin embargo, nada de lo anterior podrá ser logrado si no se fortalece la debilitada conciencia nacional y se detiene el extremo sometimiento de YPFB a los intereses de Petrobrás.
 
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