Señales de una tragedia
14/02/2003
- Opinión
"¡Pero! Qué medidas, qué mal aconsejado está este gobierno ¿quiénes
serán sus asesores del Goni, no?" Ningún equipo especial señoras y
señores, la receta la mandó el FMI, ¿no lo sabían?, es lo que hacen
en todos nuestros países endeudados, pobres, exaccionados por la
angurria y el afán de ganancias de los poderosos.
Las balas, los muertos, los heridos en las calles, la población en
protesta en una mezcla de impotencia, bronca, valor y fortaleza de
multitud, la violencia, el cierre de los medios de comunicación! no
nos dan alternativa: evocar los tiempos más oscuros de la historia
boliviana. Y hoy evidenciamos una vez más la estrecha relación que
tienen las políticas de las grandes potencias, digitadas desde las
multilaterales con las tragedias colectivas e individuales que se dan
en los países de América Latina. La estrecha relación que tienen con
el andamiaje político económico cargado de una doble moral:
democracia y ajuste, democracia y violencia estatal, democracia y
atropello de los derechos humanos, democracia y muerte.
Por estas políticas, el abuso de poder desde el Estado cobró una vez
más vidas humanas; no olvidemos que en lo que va de este período
constitucional ya son más de 30 los muertos que carga este gobierno
en un clima de violencia e impunidad.
Los bolivianos y bolivianas estuvimos en las calles durante los 70 y
80 convencidos de que la democracia sería el camino más correcto para
vivir en colectividad. Hoy la democracia es aún una luz pero velada
por un modelo que se aprovecha de ella para imponer la desigualdad y
la pobreza. La experiencia de la gente es que las instancias de
representación política ya no funcionan; el gobierno elegido, los
partidos, el parlamento, los acuerdos y alianzas de los poderosos,
los mecanismos que se han instalado en las decisiones fundamentales
del país ya no son una expresión de la democracia ni de la voluntad
de las mayorías; la mediación política se ha convertido en carroña;
la democracia está siendo despojada de sus contenidos y esencia más
fundamentales.
18 muertos y más de 80 heridos es el saldo de una jornada de protesta
y enfrentamiento provocada por la decisión del Gobierno de aplicar
las recomendaciones del FMI y enviar francotiradores para contener la
protesta. Un impuestazo que en la práctica estaba dirigido a reducir
los salarios y descargar en las espaldas de la población trabajadora
del sistema formal todo el peso de la crisis. Y no es que los
gobernantes lanzaron una inocente propuesta para que sea considerada
en el Parlamento y sometida a un debate sincero y democrático; la
insistencia de los Ministros y representantes del Ejecutivo fue más
que clara: "o impuestazo o gasolinazo", nos pusieron contra la pared
y por si el argumento quedara chico, el conocido "rodillo
parlamentario oficialista" lo resolvería todo. Por ello, la policía
se rebeló, la gente salió a las calles para expresar ese sentimiento
que ya emergió en los resultados de las pasadas elecciones de Julio
del 2002: "NO MAS A ESTE MODELO DE EXCLUSION Y POBREZA". La
respuesta del gobierno: ejército y francotiradores en las calles,
muertos, heridos y violencia.
La breve visita que hicieron los ministros por los medios de
comunicación para explicar a la población la medida e insistir en que
el impuestazo se impondría si o si, evidenciaron una vez más su
insensibilidad y un estilo de aplicar el modelo a fuerza de la
imposición, la doble moral y en el abuso de poder . Las denuncias
que salieron a la luz en el breve debate desnudaron el andamiaje del
modelo: el ajuste de los cinturones de la población, en particular de
la más vulnerable, la presión de una deuda externa injusta e inmoral,
la imposición de las políticas desde el FMI, los pocos ingresos que
los bolivianos obtenemos por la venta obligada de nuestros recursos,
la actitud contemplativa del sistema frente a quienes evaden
impuestos y son parte del propio gobierno, los bonos u sobresueldos
ilegales de la clase política, la gama tremendamente desigual de
ingresos en Bolivia, el rodillo parlamentario, en fin!
Todos estos mecanismos evidencian una clase dominante que ha sido
incapaz de redistribuir, de ceder, de dejar sus privilegios para
conseguir la paz social y sentar las bases para una sociedad más
equitativa y justa.
Cuántos sectores sociales esperan en el Parlamento una señal de
voluntad política, nada más hablemos de lo que ya es una herida para
la esperanza: las trabajadoras del hogar mujeres indígenas - que
vienen 10 años mendigando en esta instancia que se apruebe una ley
mas o menos equitativa para su sector; los parlamentarios la siguen
mirando de arriba abajo para asegurarse de que su aprobación no les
vaya a hacer pelear con sus lealtades de clase ni perder sus
comodidades.
Lo que se juega en el fondo tanto a nivel local como a nivel de las
estructuras más grandes, nacionales e internacionales, es la
resistencia profunda de los grupos de poder a la democracia de a de
veras: a respetar el derecho del otro, ceder, dejar sus privilegios,
redistribuir el poder, valorar la vida humana, en suma: la
resistencia visceral a dejar de expropiar los derechos de los otros
en función del beneficio propio.
Las huellas que deja en la ciudad de La Paz y en los corazones de los
bolivianos estas jornadas de Febrero son oscuras: la destrucción de
los ministerios, de las casas de los partidos políticos gobernantes,
son tremendas señales que dan cuenta de la rabia y frustración aún
contenidas en los espíritus de la gente; señales que si los políticos
no las saben leer dejando de lado la banalización de la protesta
social y la autojustificación, estarán dejando que la violencia sea
la que defina nuestro destino.
La construcción de una cultura democrática deviene de la construcción
de una sociedad justa, que luche efectivamente contra la pobreza más
allá de las promesas electorales. Pero, una sociedad que siente las
bases para la justicia e igualdad, que busque la armonía entre los
seres humanos y con la naturaleza, señoras y señores, implica que los
poderosos dejen los privilegios acumulados en décadas de impunidad
política y económica.
La Paz, 13 de Febrero del 2002
* Elizabeth Peredo, Mujer Identidad y Trabajo, Fundación Solón
-> Otros textos relacionados
- Neoliberalismo y colonialismo en el Qullasuyu
- CONAMAQ ante la crisis en Bolivia
- Guerra social contra el "impuestazo"
https://www.alainet.org/es/active/3128
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