La larga sombra de Maquiavelo en nuestros gobiernos

¿Cómo elegir un ministro?

14/07/2020
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Desde la percepción ciudadana se dicen muchas cosas sobre el cargo de ministro. Lo deben ocupar los más fieles al presidente y su partido político, es un pago por las ayudas con votos o dinero, sirve para asegurar una coalición con otros partidos, permite colocar un representante corporativo para tener su apoyo o para devolver favores, y así sucesivamente. Se critica a quienes están en un ministerio, pero poco o nada saben sobre la temática de esa secretaría. La capacidad de gestión escasea tanto que los ministros más efectivos son muy valorados por la ciudadanía, y por ello mismo no es raro que su presidente los observen como rivales políticos.

 

Estas polémicas no son nuevas. El ministro es el “primer galán del teatro político”, y para ocupar ese cargo no necesita más que “algo de audacia y no mucha aprensión”, ya que la capacidad y los principios son “un inconveniente”. Eso escribía Juan Rico y Amat, en 1855, ante una España convulsionada (1). En aquellos años, un Ministerio era la “ilusión constante de todos los diputados pasados, presentes y futuros”, el “altar donde se celebran los sacrificios”, donde yacen la “legalidad, moralidad, responsabilidad”. Muchos pensarán que hay más de una semejanza con la actualidad.

 

Técnico o político

 

Por diversas razones, mucho se habla sobre el desempeño de los presidentes o del gobierno como un todo genérico, pero no siempre los focos se ponen en los ministros. El sentido común indica que la persona designada debería ser un buen “técnico” en el sentido de contar con una educación, entrenamiento o experiencia en los temas del ministerio que ocupa. Esto ocurre en América Latina en algunos casos, tales como en varios ministerios de economía, donde sus titulares tienen esos perfiles, más allá de coincidir o no con sus posturas (2).

 

Pero también tenemos ejemplos en el extremo contrario, donde es difícil identificar una relación directa entre las temáticas de un ministerio y los antecedentes del ministro, sea por su formación como por sus trabajos anteriores. Allí están los amigos políticos que ocupan secretarias como las de obras públicas, agricultura o industria, y para las cuales es debatible que tuviesen capitación o experiencia.

 

Incluso hay designaciones donde parecería que el objetivo es inmovilizar al ministerio o incluso demolerlo. En Argentina, durante la administración de M. Macri, el ministro del ambiente era un farmacéutico, sin ningún antecedente en temas ambientales ya que su formación era en estudios judaicos y su práctica era ser rabino. Su gestión incapacitó a ese ministerio en temas sustantivos y en cambio se ocupaba de acciones publicitarias tales como disfrazarse de planta (3). 

 

Más grave es el actual ministro del ambiente de Jair Bolsonaro en Brasil, Ricardo Salles, abogado con formación en administración de empresas, militante ultraconservador y con antecedentes judiciales por fraude ambiental. Su gestión debilita o anula controles y acciones ambientales, y es tan desastrosa que los fiscales federales del ambiente han iniciado acciones judiciales para removerlo (4).

 

No se han superado las tensiones entre designar a un técnico o burócrata competente, o asumir que cualquier político puede ocupar un sillón ministerial mientras sea obediente. Son más las situaciones donde desde el poder se sopesa a los ministros por sus desempeños políticos como si fueran diputados o senadores. Pero aún en esos casos, guste o no siempre es necesario contar con competencias técnicas o experiencias específicas, y nada de eso está asegurado con ser un caudillo político, tener un caudal propio de votos o el favor empresarial.

 

Algunos podrán argumentar en contra, indicando algún político que tuvo un excelente desempeño como ministro ajeno a sus competencias para concluir en que el curriculum nada asegura sobre las capacidades de gestión. Los PhD nada aseguran y por cierto eso ocurre. Es más, podría advertirse contra un extremo absurdo, como esperar que el Ministerio del Interior solo puede ocuparlo un comisario.

 

Teniendo en cuenta esos extremos, lo importante es que en la elección de la persona y en las evaluaciones de su desempeño como ministro, también se debe considerar su accionar en la gestión. No debemos olvidar que el mal desempeño de muchos gobiernos también se debe a la pobreza que hay en sus gabinetes.

 

Del economista al paracaidista

 

En la historia reciente hay toda clase de situaciones, y eso ocurrió tanto al interior de gobiernos conservadores como progresistas. Más allá de los cuestionamientos circunstanciales y de concordar o no con las ideas que defendieron en sus gestiones,  se debe reconocer que hubo ministros que se desempeñaron con seriedad y ahínco. Un ejemplo fue Luis Arce como ministro de economía de Bolivia entre 2006 a 2019, junto a Evo Morales, pudiéndose argumentar que fue esencial para que en los primeras administraciones se lograra una estable gestión estatal.

 

Otros sin duda son simpáticos y queribles, pero como ministros fueron cuestionables. Un ejemplo fue el músico y compositor brasileño Gilberto Gil como Ministro de Cultura bajo Lula da Silva, entre 2003 y 2008. Gil siempre se quejó del bajo salario, nunca dejó su actividad particular como músico, y hasta reclamaba días libres para dedicarse a ello, y eso explica los magros resultados de su gestión (5).

 

Se cuentan ministros que en realidad son representantes de sectores empresariales; ese drama, de las “puertas giratorias”, ha venido afectando a Perú por años. Hay ministros que son recordados por la corrupción, como aquellos que participaron en la trama Petrobras y Odebrecht, como ocurrió en el Brasil de Lula da Silva.

 

La pandemia por Covid19 ejerce todavía más presiones sobre los cargos ministeriales, especialmente los de salud pública, ya que se requieren capacidades en temas sanitarios y logísticos. No basta con ser amigo del presidente, miembro del partido o representante de las empresas farmacéuticas, y si el manejo de la salud pública es inadecuado la gente enferma y muere. Del mismo modo, si los otros miembros del gabinete toleran la corrupción, se dedican a rencillas políticas o son incapaces de coordinar esfuerzos, la crisis sanitaria se acentúa.

 

En varios países esto ha acabado con ministros de salud. El gobierno Vizcarra, en Perú, lo destituyó por su mala gestión, y en Chile debió renunciar por sus manipulaciones de los datos sobre las muertes por Covid (6). Jair Bolsonaro en Brasil echó a dos ministros por no ser suficientemente obedientes, ya que intentaban aplicar medidas para frenar la epidemia mientras el presidente negaba su gravedad. Así llegó al tercer ministro, un general que nada sabe sobre medicina o sanidad, sino que se ha especializado en paracaidismo y logística (7).

 

En Bolivia, el gobierno supuestamente de transición de Jeanine Añez muestra una incapacidad que se precipita al colapso sanitario. Su ministro de salud fue arrestado por un severo caso de corrupción que involucra la compra de respiradores con sobreprecios e inadecuados (8), y como solución asignó al Ministro de Defensa para que también se encargue de la salud, priorizando otra vez la lealtad (9).

 

Lealtad maquiavélica

 

Una y otra vez prevalece la asignación de los ministerios atendiendo intereses político partidarios, especialmente la fidelidad, y no necesariamente por las expectativas o los resultados de la gestión. Posiblemente el caso más reciente está en marcha en este momento en Uruguay, ya que allí también los cargos ministeriales se distribuyen como moneda de cambio para blindar acuerdos entre partidos.

 

El nuevo gobierno de centro derecha de Luis Lacalle Pou descansa en una coalición, y como parte de sus promesas acaban de crear un nuevo ministerio del ambiente. Era una oportunidad importante para enfrentar la severa crisis ecológica que vive el país y se esperaba que se nombrara a alguien con experiencia y formación en el tema. Pero los dos candidatos que maneja la presidencia están lejos de esas condiciones. Uno de ellos es un senador y su antecedente es ser empresario en cría de aves de corral; el otro es agrónomo, periodista y consultor de empresas agropecuarias. Ninguno tiene antecedentes ni formación en temas ambientales. En cambio, el criterio es otorgar un cupo al Partido Colorado, uno de los socios de la coalición que lidera el Partido Nacional, para asegurar su lealtad política dentro de la coalición. Las promesas de nueva política desaparecieron, y ello no parece preocupar mucho a la clase política uruguaya. Es que prácticas similares fueron seguidas por el anterior gobierno, bajo el progresismo de Tabaré Vázquez.

 

Todo esto es tan viejo que recuerda a Nicolás Maquiavelo. En efecto, en sus consejos al “príncipe”, Maquiavelo subraya la importancia en escoger a los ministros con prudencia, otorgándoles riqueza y gratitud a los que le sirven bien y le son obedientes, y evitar aquellos que buscan el provecho propio. Los ministros deben ser “fieles al príncipe” y “adictos a su persona” (10).

 

Esa mirada estrecha enfocada en el “príncipe” y que entiende a los ministros como simples apéndices, llega a nuestros días, y se encuentra entre muchas fuerzas políticas alternativas e incluso dentro de la sociedad civil. Todo lo bueno o lo malo se debería al presidente, e incluso las alternativas también buscan un individuo salvador que pueda ganar la próxima elección, dándole mucha menos importancia a quienes podrían ser sus ministros.  

 

La lealtad política es importante, pero cuando se convierte en obsesión con la fidelidad incondicional aplasta a la gestión. La delegación en el presidente debe limitarse por muchas razones, y entre ellas admitir que es imposible que éste albergue un conocimiento perfecto sobre todos los temas. Son los ministros y sus equipos los que permiten superar esos límites, y eso los hace tan importantes como la personalidad o carisma del líder presidencial. La evaluación del desempeño ministerial, incluso en los detalles más instrumentales, es tan importante como las metas políticas. A su vez, las alternativas, y más ante la crisis actual, no descansa en mesías sino en colectivos, y por ello se debe contar con los mejores ministros. En la gestión cotidiana ministerial también se gesta el éxito o el fracaso gubernamental, y no siempre se lo comprende. Estos y otros cambios son indispensables para poder salir de esa sombra de Maquiavelo, tan enfocada en príncipes y obediencia, y por esas razones tan alejada de las necesidades del mundo actual.

 

Notas

 

1. Juan Rico y Amat. 1976 (1855) Diccionario de los políticos. Narcea, Madrid.

 

2. Por ejemplo, los actuales ministros de economía de Brasil, Chile o Uruguay, completaron estudios de economía, cuentan con diplomas complementarios, han sido docentes, y tienen experiencia en prácticas concretas.

 

3. Sergio Bergman se disfrazó de planta y estallaron las redes sociales, Infobae, Buenos Aires, 24 agosto 2017, https://www.infobae.com/politica/2017/08/24/sergio-bergman-se-disfrazo-d...

  

4. MPF pede afastamento de Ricardo Salles do cargo de ministro do Meio Ambiente, A. Shalders, BBC Brasil, 6 julio 2020, https://www.bbc.com/portuguese/brasil-53315681

 

5. El ministerio no paga... suficiente, BBC Mundo, 1 julio 2003, http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_3035000/3035316.stm

 

6. Coronavirus en Chile: qué hay detrás de la renuncia del ministro de Salud Jaime Mañalich, BBC Mundo, 14 junio 2020, https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-53037469

 

7. Coronavirus en Brasil: renuncia el segundo ministro de Salud en un mes en medio del repunte de covid-19, BBC Mundo, 16 mayo 2020, https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52687373

 

8. Detenido el ministro de Salud de Bolivia por la compra de respiradores con sobreprecio, F. Molina, 20 mayo 2020, https://elpais.com/internacional/2020-05-20/detenido-el-ministro-de-salu...

 

9. Un militar asume temporalmente el mando del ministerio de Salud en Bolivia, EFE, 10 julio 2020, https://www.efe.com/efe/america/politica/un-militar-asume-temporalmente-...

 

10. El Príncipe, Nicolás Maquiavelo. Comentado por Cristina de Suecia y Napoleón Bonaparte. Claridad, Buenos Aires, 1974.

 

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES); una primera versión de estas ideas se publicaron en el Semanario Voces (Montevideo).

 

 

https://www.alainet.org/en/node/207858
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