Contribución para la discusión esencial
Sobre "genios" y deformidades del modelo
18/06/2003
- Opinión
Si existe un tema al que le hemos dedicado horas,
largas y aburridas parrafadas en innumerables notas, es el
de la corrupción que, insistimos, es estructural al régimen
capitalista de producción, acentuándose cuando se pone en
marcha el modelo "neoliberal", pues reafirma los peores
paradigmas del sistema.
Ante la parrafada de Jorge Jauri en estas páginas
tratando de justificar la absoluta confusión que algunos
tienen (sobre todo los burócratas del gobierno), sobre lo
público y lo privado, debo realizar algunas
puntualizaciones que me parecen esenciales en el marco de
una discusión, la mía, que no tiene otro objetivo que
aclarar ideas en el marco de un intercambio dialéctico que
ayude a crecer.
Nadie desconoce que en los últimos años, desde la
aparición del descomunal impulso neoliberal globalizador
del capitalismo, tendiendo a acumular en los centros y
empobreciendo a la periferia, en países como Uruguay
asistimos a un permanente trasvase de personas que no
tienen claramente delimitado lo que significa el interés
público y el privado.
Ingenieros de empresas públicas que, luego, pasan a ser
subsecretarios de ministerio claves en donde planifican
políticas estratégicas, siempre abiertas a los intereses de
empresas transnacionales y, cuando terminan su acción en el
Estado, automáticamente pasan a cumplir funciones en las
mismas, abandonando el cargo público.
Invariablemente cuando esos personajes de quitan la
máscara, los impulsores de las políticas en el Estado
sostienen que el tema es el dinero. Qué no se los pudo
retener porque esos "genios" son tan valiosos que solo
pueden ser "comprados" por quienes pagan más.
También se ha visto a personas que han ocupado
relevantes cargos en empresas privadas que, después, han
pasado a ocupar puestos en el Estado, con el fin de seguir
gestionando los mismos intereses, ahora del área de la
esfera pública. ¿Quieren ejemplos de esta afirmación?
"Ya no se trata de personas que acceden sin previa
fortuna personal para intentar abrirse un camino o labrarse
un porvenir desde el cargo público, sino que ya tienen un
patrimonio personal antes de acceder al cargo público y
cuando acceden a él no hacen otra cosa que favorecerlo" (1)
Para esta afirmación que, no es nuestra, ¿es necesario que
también pongamos ejemplos irrefutables?
El meollo del asunto está en esa confusión de algunos,
entre lo público y lo privado. Antes los empresarios y los
grandes productores, (la historia lo cuenta con claridad)
se adueñaban de la acción política a través de los partidos
históricos, introduciendo todas sus triquinuelas clasistas
(malas artes) para la consecución de sus fines. Repasemos
en un breve análisis histórico quienes ocupaban, antes de
la influencia impuesta por el Consenso de Washington, los
puestos claves en los gobiernos y veremos como se repiten
los mismos apellidos. (¿Es necesario ejemplificar esta
afirmación?)
Luego del pujo neoliberal, la estructura del poder
cambio en los países de la periferia y los personeros del
capitalismo nacional fueron sustituidos en los puestos
claves por burócratas, los tristes "genios" del capitalismo
rampante que hacen de sus funciones un misterio, que se
dicen imprescindibles y que multiplican, obviamente, en los
no "avispados" la confusión entre lo público y lo privado.
¿Cómo puede llamarse sino corrupción institucional el
proceso que se ha dado en todos estos países
latinoamericanos, donde los "burócratas" colonizados por la
ideología favorable al capital financiero, se auto titulan
"genios" y lo único que hacen, además de medrar en sus
cargos, es cumplir tareas prefijadas? Tareas que,
obviamente, nada tienen que ver con el interés nacional.
Una corrupción institucional que compromete la honestidad
del cargo público y que trae aparejado el descrédito de las
llamadas democracias occidentales que se extiende, al
transformarse la política, en una actividad también de
mercado.
Sin embargo no todo tiene precio, ese es uno de los
valores que debemos reconocernos a los humanos. Hay valores
distintos, ciertos, que movilizan a muchos que por acción u
omisión integramos a esa legión que para los burócratas es
de amorfa sustancia, que deambula por las calles y que crea
la riqueza de las que ellos se nutren cuando deben fijarse,
como "genios" que son los estipendios que, en el caso de
reciente aparición, debemos pagar entre todos.
Burócratas que viven en un eterno viaje de ida y
vuelta, los que paulatinamente se acostumbran a esa
dinámica transformando de que cualquier cosa en un tráfico
de influencias. "Hoy por ti, mañana por otro, pasado por
mi", es su máxima preferida. Confusión entre lo público y
lo privado que aparece de manera superlativa cuando, claro
está, se tiene un cargo en un organismo público, que
funciona bajo un régimen privado, pero con dineros
provenientes del Estado.
Allí se produce la confusión que, y eso es lo grave de
algunos parafraseadores que justifican la trasgresión
argumentando a favor de la eficiencia, de la libertad de
elección, de mecanismos ágiles para poder competir con
éxito en un mercado competitivo. Nunca esa confusión que,
en esencial, aparece como un antagonismo, se produce cuando
el burócrata cumple funciones en la empresa privada. Sobre
el tema debemos preguntarnos: ¿Qué hubiera pasado si el
binomio Licandro- Elberts fueran protagonistas de los
mismos hechos en otro escenario, por ejemplo en el
CityBank? Obviamente sus cabezas hubieran rodado de
inmediato, sin miramientos ni defensores de oficio que
salieran a argumentar señalando, al parecer, la existencia
de una ética que tiene un distinto perfil cuando se trata
de dineros públicos u otro, muy distinto, de privados.
A esta altura el lector podría plantearse si esta
última reflexión que realizamos no es demostrativa que
algunas actividades deben desarrollarse en el sector
privado, para que sean más eficaces en sus logros. La
respuesta es obvia, el Estado no tiene porque tener en sus
manos la fabricación de cerraduras, o de ropa para señoras,
ni hoteles para el turismo sofisticado que todavía – no
sabemos hasta cuando – seguirá pisando nuestro territorio.
El Estado tiene que ser un conductor de los distintos
elementos que hacen a la economía, laudando con humanismo y
justicia social para encaminar el desarrollo y que el mismo
se vuelque en beneficio de la población en su conjunto.
Sin embargo cuando un país, como el nuestro, sigue en
una labor de reconstrucción permanente y ahora más que
nunca, luego del cataclismo provocado por el gobierno del
doctor Jorge Batlle, necesita reacomodar todo el andamiaje,
reconozcamos que no podemos admitir que se siga adelante en
la demencia infernal de destruir todo, como busca el
gobierno.
Defender a las empresas públicas es un fundamental
objetivo estratégico, no para mantener en poder estatal la
producción de bienes, sino como un reaseguro que admita una
reforma ordenada del Estado en beneficio, no del capital
financiero, sino de los uruguayos. Sin embargo, admitamos,
que lo anterior poco tiene que ver con la creación del NBC,
una organización financiera de capital enteramente estatal
que, para beneficio solo de algunos, tiene un régimen
vinculado al derecho privado.
Caótica definición, si las hay, para una empresa que
compite con otras estatales que actúan en el mismo ramo.
Claro, ahora, con las cartas a la vista es fácil
hablar de lo que se podría haber hecho y, preguntarse, si
no hubiera sido mejor apuntalar con algunos maderos que
quedaron del naufragio del año pasado, al propio Banco de
la República.
Pero el engendro ya se echó a andar y sus
deformidades, como ese incalificable e inconsulto "dedazo"
para nominar al su directorio, han comenzado a multiplicar
las víctimas.
La primera, además, pero resultante del escándalo
provocado por la voracidad de los "genios" llamados a
timonear la aventura, ha sido la credibilidad de la gente.
Quizás, un golpe de gracia, para una institución que debía
renacer entre las cenizas.
* Carlos Santiago. Periodista
(1) Marcos Roitman (La Jornada)
https://www.alainet.org/pt/node/107742
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