Contra la violencia racial

17/12/2012
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  • Opinión
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Seguramente somos más las personas que condenamos las agresiones por motivos raciales, que quienes las cometen o amparan.
 
Si el compromiso es erradicar estas conductas lo lograremos.
 
La bajeza y cobardía de un brutal ataque a golpes contra una joven activista afro perpetrada por cinco mujeres a la salida de un centro bailable el viernes pasado, si bien no nos deja el hígado dañado por los golpes como le pasó a Tania Ramírez, causa suficiente repulsión y dolor moral como para movilizarnos.
 
Vaya si nos duele comprobar que existen en nuestro país brotes de odio de tal magnitud, y nos ponen a reflexionar además, ya que hablamos de mujeres en patota que golpean duramente a otra mujer, en este caso negra y sola.
 
Sola de alguien que se indignara suficientemente como para detenerlas.
 
“Negra” porque a ese adjetivo-sustantivo estigmatizante y peyorativo sin otra posible interpretación, nos ha condenado el sistema estructuralmente racista aunque cueste reconocerlo y sean hechos desgraciados como este los que nos dan de frente con la realidad.
 
 “Negro o negra”, “morenita”, “morocha, morocho”, “pardos” o similares, al referirse a un afrodescendiente: son INSULTOS señoras y señores.
 
¡Por el nombre nos tienen que llamar!
 
Y sino por un pronombre; “señor”, “señora”, “usted”, “tú” y así.
 
Si aplicamos la sensibilidad humana es sencillo: funciona el “te trato como quisiera que me traten”: sin discriminaciones ofensivas. Y no es lo mismo decir “blanquito” porque blanco no está hegemónicamente aceptado como insulto.
 
¿Cuesta cambiar malos hábitos?
 
No aceptemos lo indecente como “normal” por más que se haya transformado en costumbre.  La estructura eurocentrista trabajó alienando desde la colonización de acuerdo a sus intereses para que asi fuera, haciéndonos pensar que debemos parecernos a un “modelo” socialmente impuesto. No somos transgresores; simplemente queremos ser auténticos honrando nuestra ancestralidad familiar con rasgos emocionales y físicos típicos de la tierra Madre.
 
Esto no nos hace menos orientales del Uruguay sino todo lo contrario.
Además si África es cuna de la humanidad como es científicamente aceptado; todas y todos seríamos descendientes del riquísimo y saqueadísimo continente africano se note en los rasgos o no.
 
Somos un país con cultura de paz. No permitamos que se nos quite tal honrosa distinción lograda entre los distintos colectivos que integramos la identidad uruguaya. Defendamos esa igualdad que pregonan nuestras leyes, siendo proactivos a la hora de promover los derechos de todas las personas en democracia.
 
Reclamemos un trato respetuoso y fraterno en comunidad sin importar color de piel, opción sexual, credo, género, edades, enfermedades y otras diferencias.
 
Comprometámonos a luchar y a educar por ese día a día con diálogo y sin confrontaciones hacia “los otros y las otras” desde el lugar que ocupemos en la diversidad cultural autóctona.
 
¡No dejemos sola a Tania otra vez!!
 
Este miércoles a las 18h00 en el Obelisco nos reunimos y marchamos para defender el derecho a la equidad racial y a la sana convivencia, representando a una sociedad que se niega a dejarse caer en las garras de la violencia irracional que pretende ser endémica.
 
Gobernantes y gobernados tenemos cuotas de responsabilidad proporcional y compartida en estos temas.
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