¿Puede el Papa renunciar?

12/01/2000
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¿Puede el Papa renunciar?

Frei Betto


El obispo alemán Karl Lehmann, presidente de la Conferencia Episcopal de su
país, propuso que Juan Pablo II renunciase al papado por motivos de salud,
pues sufre del mal de Parkinson. La sugerencia provoca, en muchos, la misma
perplejidad causada en 1936 por el rey Eduardo VIII que abdicó del trono
británico para unirse a una norteamericana divorciada, la señora Simpson.
Como en los cuentos de hadas, el rey fue rebajado a duque pero el amor
venció.

La Biblia no manda que el Papa sea vitalicio. Se trata de una tradición en
la vida de la Iglesia Católica. En 2000 años de historia, hubo un caso de
renuncia papal: Celestino V. Muerto Nicolás IV, en 1292, cardenales
italianos y franceses hicieron del cónclave arena de disputas por el poder,
movidos más por intereses políticos que por las luces del Espíritu Santo.

Después de dos años y tres meses de impasses en la elección del nuevo Papa,
un ermitaño italiano, Pedro Morrone, reaccionó. Desde su caverna en las
montañas envió una carta al cónclave, exhortando a no abusar de la paciencia
divina. Los cardenales vieron en la carta una señal del Espíritu y
decidieron hacer del monje el nuevo jefe de la Iglesia. Pedro Morrone se
resistió, no quería abandonar su vida de pobreza y silencio, pero los
prelados lo convencieron de que el consenso en torno de su nombre sacaría a
la Iglesia del impasse.

Con el nombre de Celestino V, se convirtió en Papa en agosto de 1294. Menos
de cuatro meses después, la politiquería vaticana le llevó al límite de su
resistencia. Y, por primera vez, se planteó la pregunta prohibida: ¿puede el
Papa renunciar?

El colegio cardenalicio no se opuso y, en una bula histórica, Morrone se
justificó, alegando que dejaba el trono de Pedro para salvar su salud física
y espiritual. El 13 de diciembre del mismo año regresó a la soledad
contemplativa en las montañas. Veinte años después fue canonizado, alabado
como ejemplo de santidad. El 19 de mayo la Iglesia celebra la fiesta de san
Pedro Celestino.

En el Evangelio, Jesús hace una clara distinción respecto al carácter del
poder: "Los reyes de las naciones se portan como los dueños de ellas y, el
momento en que las oprimen, se hacen llamar bienhechores. Ustedes no deben
ser así. Al contrario, el más importante entre ustedes se portará como si
fuera el último, y el que manda como el que sirve." (Lucas 22, 24-26)

Para quien ocupa el poder, del administrador de almacén al diputado, del
síndico al presidente de la República, lo más difícil es saber la hora de
dejarlo, pues la función como que se impregna en la personalidad de quien la
ocupa y la persona ya no se concibe sin el prestigio y las regalías que le
rodean. Por eso, Vargas prefirió una bala en el pecho a verse como un
ciudadano común. Fujimori anuncia su tercera candidatura a la presidencia
del Perú. Y Clinton, después de dos mandatos presidenciales, prepara la
candidatura de su mujer al senado de los Estados Unidos.

La renuncia del Papa sería como un ejemplo evangélico en este mundo en que
tantos se aferran al poder como si, fuera de él, no fueran capaces de
reconocer en sí ningún valor y, en sus vidas, ningún sentido. Pues les gusta
igualmente ordenar y ser adulados. Hasta que, inapelablemente, la Dama de la
Muerte los destituya de por vida.

https://www.alainet.org/es/articulo/104533?language=en
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