Piñera: Fisuras de una campaña
- Opinión
La candidatura de Sebastián Piñera ha comenzado tempranamente a mostrar sus fisuras. La actuación del candidato derechista ha evidenciado una serie de inconsistencias que desdibujan el perfil con que se ha querido levantar su figura. El pragmatismo empresarial del señor Piñera y sus asesores lo ha llevado, por estos días, a excesos muy desafortunados que ponen en cuestión su imagen política y su estatura como hombre público.
En un lapso muy breve de tiempo, el candidato Piñera aparece asociado a dos bochornosos episodios repudiados por una amplia mayoría de chilenos. En primer lugar, su participación como accionista en una de las cadenas de farmacias coludidas para subir los precios de los medicamentos. En segundo lugar, la burda utilización del luto de una familia pobre con propósitos políticos. Ambas actuaciones no sólo constituyen un “fracaso comunicacional” sino un comportamiento reñido con el más elemental sentido moral.
La imagen que transmiten sus conductas es la de un empresario capaz de anteponer sus intereses particulares a los del prójimo. De otro modo no se explica que haya incluido una cadena de farmacias para lucrar con sus inversiones. Es claro que el expendio de medicamentos a altos precios afecta, de manera muy especial, a enfermos crónicos, niños, mujeres embarazadas y ancianos. Se trata de un daño moralmente reprochable hacia un segmento vulnerable y carente de medios de la sociedad chilena.
Más difícil de explicar, todavía, es el aprovechar como parte de una campaña política el dolor de una familia consternada por el luto. El más mínimo sentido de la decencia obliga a un silencioso y respetuoso recato ante el dolor de otro. Frente al dolor de la muerte sólo cabe la congoja desinteresada y respetuosa. Todo interés político aparece como subalterno frente a la profunda tristeza que sufre una familia. Por eso, la mera presencia de un candidato presidencial en tan aciago momento no sólo es inoportuna e impropia sino, en el límite, carente de sentido moral.
Una figura que pretende disputar la presidencia de Chile no puede permitirse este tipo de conductas. Cualquiera que aspire a ser Presidente de Chile debe poseer entre sus cualidades un sentido de respeto a todos sus compatriotas, muy especialmente, por los más débiles y necesitados. Puede que el pragmatismo amoral y agresivo sea útil en el frío mundo de los negocios; gobernar un país, empero, exige una mirada distinta, precisamente, una mirada política que no puede estar exenta de límites éticos. Mientras en el dominio económico prima la ley de maximizar utilidades y minimizar costes, en el ámbito político la cuestión es construir una sociedad y un país de ciudadanos cada día más libres e iguales en derechos y oportunidades.
- Álvaro Cuadra es Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. ARENA PÚBLICA. Plataforma de Opinión. Universidad de Arte y Ciencias Sociales. ARCIS.
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