Luchas internas, el Papa, Los 43 y Solalinde

22/02/2016
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La afirmación del papa Francisco expresada a los colegas durante el vuelo de Ciudad Juárez a Roma, respecto a las razones para no encontrarse con los padres de los estudiantes desparecidos de Ayotzinapa porque ‘‘eran muchos grupos, incluso contrapuestos entre ellos, con luchas internas. Entonces yo preferí decir que en la misa los iba a ver a todos, en Juárez, si preferían, o en alguna otra, pero me abría a esa disponibilidad”, suscitó una cadena de aclaraciones, desmentidos y puntualizaciones.

 

El abogado Vidulfo Rosales usó la muy extendida práctica mexicana de llamar implícitamente mentirosa a la persona con la que no está de acuerdo, en este caso el representante de Jesucristo en la Tierra, al responderle: ‘‘Eso no es cierto. Todos tenemos el anhelo de encontrar a nuestros familiares y no tenemos ningún problema con otras organizaciones”. Tan sencillo que es decir no estoy de acuerdo.

 

En el extremo opuesto, Cuitláhuac Mondragón, tío de Julio Mondragón, estudiante asesinado y con el rostro desollado, lamentó que el Papa no haya recibido a los familiares: “‘Seguimos orando para que se ablande el corazón de todos los religiosos, incluyendo a Francisco, para que atienda nuestras demandas”. Pues lo harán el resto de sus días porque cuando menos en la política y la lucha social no hay milagros.

 

Todos coinciden en que la solicitud de audiencia se hizo a través de los cauces institucionales de la Iglesia, con el propósito de “pedirle una palabra de apoyo”, darle “a conocer cuál es la lucha de los padres y madres de familia” y su intervención ante el gobierno mexicano para el debido esclarecimiento de los hechos”.

 

Y como los aguerridos padres no lo logaron, para el dirigente del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, “ha quedado claro que el encuentro con Francisco se impidió a toda costa por parte de las autoridades mexicanas”.

 

Tampoco hubo pronunciamiento en suelo mexicano sobre la paidofilia practicada por sacerdotes protegidos por Norberto Rivera, ni los feminicidios y otros temas demasiado sensibles, trascendentes. En el primer caso no puede ignorarse que el Vaticano recibe más de 5 mil millones de euros anuales de los Legionarios de Cristo. Y dinero mata casi todo en este mundo regido por las leyes del mercado.

 

Políticamente es más rentable responsabilizar al gobierno de Enrique Peña Nieto que a la jerarquía del Episcopado Mexicano y menos aún al papa Francisco. Los padres de Los 43 declinaron asistir a la misa en Ciudad Juárez, lo cual parece bastante razonable, aunque buscaron un encuentro “casual” en San Cristóbal que los cuerpos de seguridad hicieron imposible.

 

Como impidieron, sobre todo el Estado Mayor Presidencial, con sus erráticas prácticas de llenar los sitios cuatro horas antes del arribo de Francisco, y al parecer fue lo que impidió que el Zócalo se llenara y que la misa de Ecatepec contara con un mayor número de católicos, y no la incapacidad de los aparatos de “acarreo” de Miguel Ángel Mancera y Eruviel Ávila.

 

La reflexión que hizo Alejandro Solalinde ante Elena Poniatowska (La Jornada, 19-II-16) necesita ser ponderada por los dirigentes y los activistas del movimiento de Los 43: “La sociedad civil no puede esperar que el Papa venga a componer nuestra situación. La responsabilidad es nuestra. Recibimos con mucho cariño la iluminación que nos da, pero finalmente él se va y nosotros debemos refundar este país desde abajo, reconstruirlo para que de verdad sea el país que el Papa quiere y que Cristo, sobre todo, desea que tengamos.” Amén.

 

Utopía 1644

 

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