El beneficio de las minorías como terreno fértil

15/02/2016
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Empapados como estaremos hasta el próximo miércoles, gracias sobre todo a los prohombres del gobierno y la autodenominada clase política de un Estado que se reivindica laico en el discurso, pero también merced a la televisión duopólica y la radio oligopólica, es ineludible resaltar la claridad conceptual del papa Francisco en su visita como peregrino, si nos atenemos a sus juicios, pero que es tratado como ningún jefe de Estado que realiza una visita del mismo carácter, aunque los gobernantes lo niegan.

 

Buscar el privilegio o beneficio de las minorías en detrimento del bien de todos se convierte en terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia, el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, advirtió Francisco en Palacio Nacional, el sábado 13, a hombres y mujeres de la elite gubernamental, las grandes empresas y la política. Los católicos no por ocasión o conveniencia estaban, como siempre, afuera, esperando con paciencia durante muchas horas para ver unos segundos al argentino de padres italianos.

 

Lo postulado por Jorge (no José, como redacté el viernes) Mario Bergoglio es un cuestionamiento al corazón mismo del modelo económico impuesto hace 33 años y al que Miguel de la Madrid denominó Cambio de rumbo, en un libro en el que justificó estrategias y programas que hasta el último de sus días negó fueran neoliberales.

 

Tesis del primer obispo de Roma de origen latinoamericano que durante décadas fue planteada, una y otra vez hasta su fundamentación pormenorizada por dirigentes de las izquierdas mexicanas, incluidas las sociales, y desarrollada en investigaciones convertidas en libros por académicos de centros de educación superior públicos y privados.

 

Es bien sabido que no basta tener la razón en lo que se sostiene, la verdad, pues, sino que en este mundo terrenal el mensajero es mucho más importante que el mensaje mismo.

 

Sabedor de lo anterior, Enrique Peña Nieto admitió los efectos perversos del modelo económico mexicano (es un decir), que defiende puntualmente y lo apuntala con las muy festejadas 13 reformas estructurales y las políticas correspondientes para aplicarlas.

 

Más aún, el titular del Ejecutivo federal que acudió a la Basílica de Guadalupe “como uno más de los fieles de la Iglesia” (La Jornada, 14-II-16) pero fue el primero en salir acompañado de su esposa Angélica Rivera Madrid, formuló críticas harto pertinentes contra el consumismo, el individualismo y otros paradigmas que son consustanciales al capitalismo salvaje, en su versión mexicana de capitalismo de compadres, donde el poder público opera para crear nuevos integrantes del gran capital, asociados a uno u otro de los gobernantes, como es la antiquísima práctica institucional, envuelta en regalo lo mismo con un discurso nacionalista revolucionario ayer, que hoy globalizador o neoliberal, pero divorciados de los intereses nacionales.

 

Es en el terreno de los valores espirituales, éticos, donde se produjo y produce el daño mayor del macro modelo hegemónico en la aldea global, al destruir los lazos comunitarios y el espíritu de solidaridad que significó a generaciones completas en los cinco continentes. Reconstruir eso que ahora denominan tejido social, será una tarea titánica no sólo en México sino en múltiples sociedades. Y para ello es un invaluable activo la voluntad del Papa, pero insuficiente en un mundo dominado por apenas 200 corporativos trasnacionales, el llamado uno por ciento que somete al resto, incluidos los presidentes.

 

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