Carta de la Asamblea Popular: <i>Mutirão</i> por un nuevo Brasil

30/10/2005
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“La emancipación de los oprimidos será obra de ellos mismos” (Karl Marx) Compañeras y compañeros, hermanas y hermanos de Brasil: En nuestra condición de ciudadanas y ciudadanos, somos sujetos de derechos iguales y habitantes de uno de los territorios más ricos en diversidad étnica, regiones, clima, vegetación, fauna, suelos, ríos, litorales. Ricos en historia, culturas, tradiciones, costumbres, valores y espiritualidades. Venimos de diferentes biomas (regiones socioculturales y socioambientales) y queremos que Brasil sea una unidad de la riqueza de toda esta diversidad, en favor de una vida con dignidad para y con todas las personas y todos los seres vivos. Es inaceptable que nuestras regiones estén amenazadas de destrucción, en nombre del “`progreso” capitalista y de la invocación consumista del mercado, que sólo apunta al lucro inmediato y a la acumulación de riquezas, explotando el trabajo humano e ignorando el equilibrio entre vida y la naturaleza. Los pueblos de la Caatinga, de la Amazonia, de Pantanal, del Cerrado, de la Pampa, de la Mata Atlántica - y siendo parte de ella o sus vecinos, los pueblos de la extensa Costa marítima y la región de la Floresta de Pinhais -, se sienten amenazados por el avance del agronegocio y de proyectos que no toman en cuenta las potencialidades y límites de cada bioma y no se interesan por el destino de sus pueblos. Un ejemplo de eso es el proyecto de transposición de Río San Francisco. ¿A quien sirve ese tipo de “progreso”, irresponsable, en nuestro país y en el mundo? El escenario mundial revela que, a pesar de los avances tecnológicos, se profundizan las desigualdades sociales. El “progreso” o sirve a la mayoría de la población. Excluidos/as oportunidades, crece el número de pobres y se agravan sus condiciones de vida, mientras una minoría de banqueros, especuladores y grandes empresarios acumula privilegios, concentra fortunas y dirige el mercado financiero, que es el principal responsable de las nefastas políticas neoliberales La situación brasileña no es diferente. El uno por ciento de la población controla y dispone del 13% de la renta nacional, ¡el mismo porcentaje con que sobrevive la mitad de toda la población! El uno por ciento de los propietarios concentra más del 46% de las tierras cultivables. En las ciudades, el 1% de los propietarios controlan más de la mitad de los lotes, mientras miles de personas son perseguidas por luchar por un espacio para vivir. En materia de educación, aún existe una considerable cantidad de analfabetos en Brasil y menos del 8% de los estudiantes llegan a las universidades, siendo que la mayoría viene de las escuelas particulares. El hambre es una vergonzosa realidad en nuestro país y el desempleo, el subempleo y la informalidad son alarmantes. Millones de personas, sobre todo jóvenes y mayores de 40 años, viven sin garantías, sin protección del Estado y abandonadas a su propia suerte. El acceso a la salud es restringido a unos pocos, por falta de inversiones públicas, mientras vemos que las fortunas se escapan por el hueco de las obligaciones de la deuda y la corrupción. Se requiere que toda la sociedad conozca las causas de esta situación de desigualdad y opresión: 1. La elevada remuneración al capital gracias a la vigencia de las tasas de interés más altas del mundo, traspasando gran parte de la riqueza nacional al sector financiero, que ha obtenido las ganancias más elevadas de todos los tiempos. Además de eso, el Banco Central ha promovido la libertad cambiaria, que además de facilitar el lavado de dinero, deja el país a merced de la especulación financiera y atenta contra la soberanía nacional. 2 . La explotación del trabajo infantil, del trabajo esclavo y de toda la clase trabajadora, por medio de salarios reducidos y un salario mínimo indigno que no cumple con lo dispuesto en el artículo 7, inciso IV, de la Constitución Federal, según el cual “los trabajadores urbanos y rurales tienen derecho al salario mínimo, fijado por la ley, nacionalmente unificado, capaz de atender a sus necesidades vitales básicas y a las de su familia con vivienda, alimentación, educación, salud, recreación, vestuario, higiene, transporte y seguridad social, con reajustes periódicos que preserven su poder adquisitivo, siendo vedada su vinculación para cualquier fin”. 3 . Las distorsiones del sistema tributario, que privilegia a los ricos y castiga a la clase trabajadora, principalmente a los trabajadores y trabajadoras de baja renta. El sistema tributario debería ser el principal instrumento para la redistribución de la renta. Deberían tributar los grandes capitales, utilidades, fortunas, herencias y latifundios, y destinar esos recursos a garantizar políticas y servicios públicos de salud, educación, deporte, seguridad, saneamiento, asistencia, sanidad, cultura, recreación, etc. El actual modelo económico, al contrario, saca recursos de los pobres y los pasa a los ricos, llevando a una concentración de la renta cada vez mayor. Además de eso, el país ha implementado una legislación que favorece el grande capital. 4 . La concentración de la propiedad de la tierra, de los medios de producción, y la ausencia de una política agraria sustentable que garantice su democratización a través de la Reforma Agraria, además de la demarcación de las tierras indígenas y quilombolas. El modelo agrario neoliberal y la ausencia de una política agrícola para los/as campesinos/as mantienen y aumentan la concentración de renta y de poder, y están directamente orientados a la producción de dólares para pagar las obligaciones de la deuda externa. 5 . La ausencia de inversiones públicas que prioricen iniciativas comunitarias y cooperativas de economía popular solidaria, de pequeñas y medianas empresas, especialmente de las empresas autogestionadas. Ausencia también de infraestructura para mejorar la vida del pueblo, lo que podría generar innumerables empleos e impulsar la economía del país, ya que las políticas compensatorias, como Hambre Cero, son insuficientes. La actual política económica gubernamental exige agresivos recortes en las inversiones y gastos sociales, a fín de ofrecer garantías a los acreedores de las deudas interna y externa a través del “superávit primario”. Además de no realizar inversiones, ha ocurrido el proceso inverso: por medio de la privatización de empresas nacionales que prestan servicios esenciales y, recientemente, la entrega de bienes naturales esenciales como el agua. Hay también el peligro de la contaminación de las semillas nativas, causada por la liberación de las semillas transgénicas, además de la revalorización del agronegocio depredador y de la desnacionalización de los yacimientos petroleros. 6 . Los privilegios para el pago de las obligaciones de las deudas, tanto interna como externa, que consumen gran parte del presupuesto público y de los impuestos a las exportaciones. La deuda pública es el telón de fondo de los grandes problemas nacionales. El proceso de endeudamiento está directamente relacionado con el recorte de derechos, con la pérdida de soberanía frente a las imposiciones de políticas de ajuste fiscal y estructural, y también con las dificultades que devienen del comercio injusto, que nos obliga a producir cada vez más para exportar, sin respetar nuestros biomas y sus pueblos. Por eso, exigimos la realización de una auditoría, prevista en la Constitución Federal, de estas cuestionables deudas, que tanto han sacrificado a la nación brasileña. 7. La impunidad para los violadores de los derechos humanos y la creciente criminalización de los pobres y de los movimientos sociales. Otro grave problema es la ausencia de justicia social y seguridad pública en los grandes centros urbanos y en el medio rural. 8. Concentración de los medios de comunicación, bajo el dominio directo de pocas familias, bajo los objetivos de diputar la opinión pública y educar ideológicamente a la población, a partir de la visión de las élites”. Otro problema es la permanente persecución a las radios comunitarias. Frente a esta situación de enormes injusticias y de este conjunto de políticas contrarias a las necesidades del pueblo, es urgente que realizamos una amplia movilización social, de forma consciente, contra todo lo que impide que las enormes potencialidades de cada región, de cada bioma, y del país como uno todo realicen plenamente los derechos de sus ciudadanos y ciudadanas. ¡Es preciso que todo el pueblo conozca la fuerza de su poder! La movilización que estamos iniciando requiere el involucramiento de las organizaciones de la sociedad civil: entidades, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales, iglesias, y de los ciudadanos en general, a fin de presionar a los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicatura para exigir el direccionamiento de las políticas nacionales en favor de los intereses populares y no del mercado financiero. Exigimos una conducta transparente y ética a todas las personas responsables de los servicios públicos, así como la investigación completa de todas las denuncias de corrupción y el resarcimiento de los recursos desviados de las arcas públicas. Es necesario viabilizar instrumentos de fiscalización popular de las inversiones de los recursos públicos y acabar con la inmunidad parlamentaria. La participación de los ciudadanos y ciudadanas en las Asambleas Populares contribuirá a instituir una soberanía popular efectiva, y no meramente simbólica. Las Asambleas serán nuestra fuerza para impedir la subordinación del bien común del pueblo al interés particular, así como la subordinación de la nación a los intereses extranjeros. Ellas serán nuestra fuerza para hacer efectivo el poder popular, para construir un Brasil libre, soberano y socialista, que queremos para nosotros y para las futuras generaciones, conviviendo con todos los pueblos de la Tierra en un espíritu de cooperación y solidaridad. (Traducción: ALAI) Brasilia, 28 de octubre de 2005. (1) Mutirão significa trabajo colectivo, equivale a la palabra kichua Minga del mundo andino. (NDLT)
https://www.alainet.org/es/active/9617
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