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Una visión crítica sobre Durban

Edna Roland*

La Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y la Intolerancia relacionada, se constituyó en una oportunidad extraordinaria para colocar el racismo al centro del debate político en las Américas. Si en otros países de la región pasara algo semejante a lo que sucede en Brasil, donde continúa un considerable avance y seguimiento del proceso de discusión y conquistas políticas, podemos considerar que habrá valido la pena el esfuerzo y la energía gastados.

No obstante, el proceso de trabajo y discusión fue bastante penoso, tanto desde la perspectiva de las ONGs como desde su relación con el sistema de Naciones Unidas y representaciones gubernamentales.

Partimos de una situación en la que se contaba con un acumulado relativamente incipiente de experiencias acerca de las conferencias de Naciones Unidas por parte la gran mayoría de la militancia, con excepción de algunos sectores del movimiento feminista, que ya acumuló una experiencia significativa en la década de los 90. En el caso específico de Brasil, sus dimensiones continentales han sido a lo largo de nuestra histórica un gran desafío para la construcción de espacios de diálogo nacional al interior del Movimiento Negro y más aún para el diálogo entre diversos sectores sociales interesados en los temas de la Conferencia, tales como el movimiento indígena, el movimiento por la libertad de orientación sexual, el movimiento feminista.

Además de las distancias geográficas y carencias tecnológicas de muchas organizaciones, especialmente del movimiento negro, el estado de las discusiones políticas a nivel nacional acerca de la agenda política que debería conducir nuestro proceso preparatorio representaba, sin duda, un gran obstáculo a resolver. De la misma forma, los contactos regionales entre militantes de un mismo sector aún no habían creado redes o instituciones reconocidas por todos, las cuales pudieran facilitar un proceso de construcción de consensos.

En el caso del Movimiento Negro, ya hace algunos años se habían desarrollado algunas iniciativas de carácter continental. Pero, aparentemente esas iniciativas no contaron con un seguimiento continuado y sustentado, posiblemente por dificultades políticas entre las diversas fuerzas existentes. La ausencia de una articulación amplia en la cual pudiesen participar el conjunto de organizaciones negras del continente creó serios obstáculos para la construcción de consensos y la legitimación de liderazgos regionales.

Tales dificultades regionales se ampliaron en el escenario global, por la existencia de una nueva barrera: la barrera lingüística, que representó un obstáculo concreto para una mayor incidencia y participación del movimiento latinoamericano en los grupos temáticos y a lo largo del proceso, sumado a la ausencia de experiencia en los procesos de Naciones Unidas. Varios documentos fueron elaborados en diferentes etapas del proceso preparatorio, sin que quedara claro como se podría, a través de ellos, incidir en los documentos que estaban siendo producidos en el Conferencia Oficial, donde existió una tendencia a reafirmar ritualmente un determinado número de puntos que serían las prioridades, aunque pocos supieran decir cuál era el contenido de esos puntos.

En Durban, las dificultades logísticas, de idioma, de comprensión del proceso, hicieron que el hecho político más significativo fuera la propia presencia de un inmenso número de militantes: su presencia física simbolizó, por encima de cualquier otra cosa, el enorme deseo de participación y transformación política de una realidad continental adversa. La palabra de orden “Reparaciones ahora”, que se hizo popular en el proceso de la Conferencia, consiguió simbolizar el deseo de que las injusticias seculares sean reconocidas y enfrentadas a través de políticas públicas.

Desde el punto de vista del conjunto de la militancia latinoamericana, posiblemente la Conferencia Gubernamental Regional de Santiago representó un momento bastante favorable, en el cual fue posible una participación más significativa, que posibilitó incidir con mayor peso en la construcción de los contenidos negociados. La Declaración de Santiago abrió un espacio para el reconocimiento de la esclavitud y el tráfico de esclavos como crímenes contra la humanidad, aunque con una formulación ambigua: “son un crimen contra la humanidad y siempre deberían haber sido considerados”. Fue también en Santiago donde se reconoció el término “pueblos indígenas”, aunque con las reservas que vacían el contenido de derechos territoriales asociados al término “pueblos” en el derecho internacional.

Las negociaciones que se llevaron a cabo en Durban en el grupo que discutió sobre esclavitud, tráfico de esclavos, colonialismo y reparaciones fueron durísimas: aunque en el texto negociado no se haya reconocido una recomendación clara y explícita de que los pueblos que sufrieron tales crímenes fueran reparados, creo que hay posibilidades de avances que deberían ser analizadas por especialistas en derecho internacional.

En términos de iniciativas a nivel nacional, considero que el reconocimiento de las acciones afirmativas como un instrumento de promoción de la igualdad constituye una de las principales victorias de Durban. Además de las áreas tradicionales de educación y mercado de trabajo, se recomienda también inversiones especiales en las áreas de salud, agua potable y control ambiental en las áreas prioritariamente habitadas por afrodescendientes. Con relación a los mecanismos de monitoreo, se debe recordar que las Naciones Unidas reconocieron por la primera vez la existencia de los afrodescendientes y deberán crear un organismo específico para tratar los problemas e intereses de este sector de la población.

Las dificultades que rodearon el proceso de la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras formas conexas de Intolerancia demostraron que las heridas producidas por el colonialismo, la esclavitud y el tráfico de esclavos permanecen abiertas. Evidenció también que los conflictos que envuelven al Medio Oriente y la ausencia de constitución del Estado Palestino ponen en riesgo los resultados de dos años de preparativos, que involucraron a 170 países.

Al lado de estos dos puntos candentes, el debate acerca de otros factores de discriminación, que produjeron lo que fue denominado discriminación múltiple o agravada, demostró que temas relacionados con la sexualidad y la diferenciación entre los sexos como fenómenos de cultura siguen siendo tabúes. Lamentablemente, el tema de la discriminación fundada en la orientación sexual no pudo ni siquiera ser enunciado en el documento final. A pesar de ser mencionado en diferentes párrafos, lo que representa un significativo avance en la comprensión de que el racismo se materializa en forma distinta para hombres y mujeres, el tema de género no fue reconocido en el párrafo que trata de los factores de discriminación agravada, por lo que los documentos finales se quedaron con una antigua formulación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que tan sólo habla de sexo.


Notas:

* Edna Maria Santos Roland es Psicóloga Social, Presidente da FALA PRETA, Organización de Mujeres Negras (Brasil). Además fue Relatora General de la III Conferencia Mundial contra el Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y otras formas de Intolerancia.


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