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Lo/as afrodescendientes pusieron el dedo en la llaga

Dennis de Oliveira*

Los movimientos sociales afrodescendientes de combate contra el racismo, demostraron que en el proceso preparatorio para la Conferencia Mundial de Durban, las dos líneas políticas observadas en 1995, con ocasión del I Congreso Continental de Los Pueblos Negros de las Américas, realizado en Sao Paulo (Brasil), se afianzaron.

Por un lado, se consolidaron las llamadas organizaciones no gubernamentales, con su perspectiva institucional y asistencial, buscando legitimarse como portavoces del movimiento de combate contra el racismo, a partir de la calificación técnica de estudios y de las propuestas presentadas para erradicar el racismo. Por otro lado, las llamadas organizaciones de movimiento social, que buscan articular el problema del racismo como una postura crítica al actual proceso de globalización neoliberal y todo lo que este implica: concentración de poder y riqueza, desarticulación de movimientos sociales, fin de la perspectiva de la universalización de los derechos, entre otros.

Por ser una Conferencia de las Naciones Unidas y por lo tanto de carácter gubernamental e institucional, todo llevaba a creer que la perspectiva de las ONGs no necesariamente prevalecería. Frente a esta realidad, la estrategia de los movimientos sociales sería buscar articularse internacionalmente con los segmentos sociales que se presentaban como víctimas del proceso de globalización neoliberal, y con quienes estuvieran dispuestos a construir una amplia alianza de crítica a este proyecto político.

La mayor dificultad para construir esta alternativa, particularmente en el Brasil, fue la ocultación de información, en primer lugar por parte de las estructuras gubernamentales que poca importancia le dieron a este evento (comparado con otras conferencias de la ONU, esta fue la que tuvo menor repercusión en los medios de comunicación y que menor movilización tuvo de los organismos gubernamentales) y, en segundo lugar, por parte de varias ONGs que estaban más preocupadas en legitimarse como portavoces de los pueblos victimados por el racismo, para así captar sus proyectos de financiamiento, particularmente junto al Banco Mundial.

La red internacional de movimientos antiglobalización fue construida, en la práctica, por la postura de los Estados Unidos, que usó todo su poder para suspender la conferencia e impedir la discusión sobre el tema de reparaciones. Fue justamente esta postura la que motivó a los movimientos sociales africanos y latinoamericanos a cuestionar la dirección que el actual proceso de globalización ha tomado. Las polémicas en la última reunión del Comité Preparatorio (la Prepcom) y al inicio de la Conferencia Mundial expusieron estas divergencias y, todavía más, la imposibilidad de negociar con las naciones hegemónicas. Por lo tanto, la ausencia de una red bien articulada de movimientos sociales con una perspectiva crítica impidió una presión en forma más eficiente. La articulación de los movimientos solamente fue consumada, y de manera frágil, ya en las puertas de la propia Conferencia, mucho más forzada por las circunstancias que por la madurez de un proyecto político.

Es a partir de estas fragilidades que podemos analizar los resultados de la Conferencia Mundial y el papel de los movimientos sociales y de las ONGs en su proceso preparatorio. Frente a este cuadro político, entendemos que en la Conferencia se alcanzaron resultados parciales. El Foro de las ONG consiguió demostrar las contradicciones entre las demandas de la sociedad civil y la postura de los países hegemónicos, particularmente los Estados Unidos. Además, quedó clara la crítica al actual proceso de globalización; esta tal vez sea la Conferencia de la ONU que más avanzó en esta crítica.

Las críticas y cuestionamientos se dieron sobre todo por dos puntos presentados por los movimientos sociales de afrodescendientes de América Latina y de Africa: la cuestión de las reparaciones y las políticas de acción afirmativa. Estos dos puntos fueron los que destaparon todas las contradicciones de la actual geopolítica internacional, y los que demostraron que el poder constituido en la actualidad es fruto, entre otras cosas, de una explotación histórica y brutal a los pueblos de la diáspora africana. El racismo es fruto de políticas históricamente implementadas y no solo de posturas inmorales individuales.

Los documentos finales de la Conferencia de la ONU están muy lejos de lo que la mayoría de la sociedad civil esperaba. La importancia de este documento es el hecho de reconocer la necesidad de tomar medidas eficaces para combatir racismo y, aunque todavía muy tenuemente, el señalar que se necesitan algunas correcciones en el rumbo del actual sistema de acumulación de riquezas. Parte de este avance se debe a la actuación de las organizaciones sociales de América Latina, aunque creemos que faltó una alianza más sólida con los pueblos africanos.

Además, entendemos que esta Conferencia reforzó la necesidad de que los movimientos sociales de las naciones periféricas se articulen en mayor medida, para reforzar la lucha contra la globalización neoliberal. Desde nuestro punto de vista, estas lecciones y estas perspectivas fueron lo que mejor se pudo extraer de todo este proceso de la Conferencia Mundial de Durban.


Notas:

* Dennis de Oliveira es el coordinador ejecutivo nacional de UNEGRO (Unión de Negros por la Igualdad), Brasil, periodista y profesor de la Universidad Metodista de Piracicaba y de la Universidad Anhembi-Morumbí.


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