Mujeres contra el ALCA: razones y alternativas
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Pueblos indígenas contra el ALCA: Otra mirada de la integración

Blanca Chancoso* y Martha Cecilia Ruiz* *

En estos momentos existen al menos dos versiones sobre el ALCA. La primera, manejada por los Estados Unidos, empresas transnacionales y la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos, muestra al ALCA como una posibilidad real de abrir un área de libre comercio para empresarios y agricultores, incluidos los más pequeños. Desde esta versión, se podría creer que este acuerdo va a permitir a los pequeños comerciantes abrir sus tiendas en otro país o llevar sus artesanías a mercados vecinos. Incluso, se puede creer que los y las profesionales podrían trabajar en otro país de la región

Pero esto no es cierto. Esta es la versión oficial, que intenta convencernos de que los países latinoamericanos vamos a comercializar con los grandes y que los beneficios serán muchos y para todo/as. La segunda versión es el resultado de un análisis más profundo, sobre todo de parte de organizaciones y líderes de la sociedad civil. Esta señala que los acuerdos del ALCA implican una competencia desigual, pues se pretende integrar economías profundamente dispares, tanto en su desarrollo tecnológico como en sus políticas económicas y de protección social. Por ejemplo, hay países de la región, como Estados Unidos y Canadá, donde los agricultores cuentan con créditos y subsidios. No sucede lo mismo en países como Ecuador, Perú o Bolivia, donde los pequeños productores están abandonados a su suerte. Entonces, las condiciones de producción y competencia no son las mismas. Quizás en un primer momento parezca que un acuerdo de libre comercio va a implicar una serie de ventajas, porque se permitirá la libre importación de productos más baratos (como de hecho ya está sucediendo), lo cual parecería ser beneficioso para consumidores y consumidoras

¿Pero qué pasa a mediano y largo plazo? ¿Qué hay detrás de estos aparentes beneficios? Por un lado, existe un gran riesgo para los pequeños productores locales, que ya han quebrado o van a quebrar porque simplemente no pueden competir con grandes empresas que ofrecen mercancías baratas y muchas veces subsidiadas. Por otro lado, no existe garantía alguna sobre la calidad de los productos que vienen de fuera. ¿Quién nos garantiza la calidad alimenticia de productos de Estados Unidos o Canadá? En algunas ocasiones, estos productos tienen demasiados químicos y, sin embargo, en los países pobres no hay ni medios económicos ni instancias que se encarguen de revisar la calidad de los mismos. En cambio, los países ricos sí cuentan con los medios y el poder para exigirnos altos niveles de calidad y controlar nuestros productos. Por esta y otras razones, existe una evidente condición de desigualdad en este acuerdo que se intenta poner en práctica

Sin duda, los más perjudicados con todo este proceso serán los pequeños comerciantes, artesanos y campesinos de los países pequeños y menos desarrollados de América Latina y el Caribe. Dentro de estos grupos, serán especialmente afectadas las mujeres, las poblaciones indígenas y afrodescendientes, que han sido las más golpeadas por la pobreza, el desempleo y por las consecuencias negativas de las políticas neoliberales en general. Solo en Brasil, se estima que el 50% de los desempleados de las principales regiones metropolitanas son negros. Y en Ecuador, se calcula que la incidencia de la pobreza es más fuerte en las zonas rurales (77%) y entre las poblaciones indígenas (78%) y afroecuatorianas (más del 70%). Otra forma de integración Las organizaciones de la sociedad civil que han emprendido un proceso de lucha contra el ALCA consideran que la propuesta de la integración y el mercado común es, en principio, positiva. No obstante, existen una serie de evidencias para argumentar que la forma en que se está planteando esta Área de Libre Comercio de las Américas no es correcta. La integración debe ser entendida como una búsqueda conjunta de beneficios y solidaridad, en el sentido de que cada uno de los países de la región ofrezca lo que los otros no tienen, o que se compartan tecnologías y conocimientos que beneficien a todos

Desde esta perspectiva, la integración es favorable, siempre que existan términos de igualdad y respeto. Y siempre que se reconozcan y se propongan alternativas frente a las desigualdades estructurales de los pueblos que se pretende integrar. Desde este enfoque, la integración es entendida de una manera más integral y no solo desde lo comercial. Por tanto, este tipo de integración debe proponer un nuevo modelo de desarrollo, que respete el medio ambiente y los derechos humanos, promueva la diversidad cultural y combata todo tipo de inequidades (género, clase, etnia, edad, orientación sexual, etc.). Pero esto no existe en el ALCA, que no ha logrado sobrepasar los límites y reglas -muchas veces injustas- del mercado

Organizaciones indígenas, sindicales, de campesinos, trabajadores, mujeres, jóvenes, intelectuales y empresarios han mostrado una posición crítica frente a las propuestas para crear un Área de Libre Comercio de las Américas, entre otras cosas porque consideran que los procesos de negociación se han hecho de manera secreta. Aunque en estas negociaciones formalmente existe un mecanismo de consulta a la sociedad civil -el Comité de Representantes Gubernamentales sobre la Participación de la Sociedad Civil (CRG)-, se podría argumentar que no ha existido realmente participación ciudadana en este proceso. Así, algunas organizaciones sociales han manifestado que los mecanismos oficiales de participación, que incluyen la presentación de propuestas al CRG, son simplemente una especie de «buzón de sugerencias», pero sugerencias a las cuales ni siquiera se les ha dado la debida atención. En este último mes, en Ecuador al menos, hemos conocido que el gobierno ha invitado a participar en algunos talleres sobre el ALCA, aunque en ningún momento se ha convocado para consultar o para dar a conocer el documento que se está negociando. No se trata de talleres de consulta y ni siquiera de información sino simplemente un proceso para justificar que existe una participación de la sociedad civil. Debemos decir que en esos espacios abiertos por los gobiernos no hay cabida para que la sociedad civil haga propuestas

No conocemos siquiera quiénes son los empresarios que participan de estas negociaciones, aunque de hecho conocemos que no han sido invitados los pequeños productores y comerciantes. Es más, los acuerdos que están siendo negociados por los ministros de comercio no han sido expuestos ni siquiera en órganos regulares de consulta, como los parlamentos. Hay que ser enfáticos en señalar que si bien el ALCA empezó en 1994, en la Cumbre de las Américas, en realidad hace parte de un proceso más largo, cuyo antecedente más relevante fue la creación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), entre Estados Unidos, Canadá y México. Después, y de manera paulatina, se han ido dando una serie de acuerdos, planes y mecanismos que parecen conducirnos hacia el ALCA. Estos planes incluyen la creciente presencia (militar) de Estados Unidos en América Latina, al instalar la Base de Manta en Ecuador, impulsar el Plan Colombia y, más recientemente, proponer la creación de la base de Alcántara, en Brasil. Para el movimiento indígena y campesino, esta es una forma de mantener control sobre los recursos existentes en la región

Cómo serían afectadas las poblaciones indígenas Las poblaciones indígenas serían las más afectadas con los acuerdos que pretende poner en vigencia el ALCA, sobre todo en dos campos: la agricultura y los cultivos, y el tema de la propiedad intelectual y las patentes. a) Efectos en la agricultura y el campo El ALCA va a exigir una dinámica de producción para la competencia y sistemas productivos de gran rendimiento, es decir, basados en tecnología, un uso generalizado de agroquímicos y la introducción de semillas transgénicas. Así mismo, esta dinámica muchas veces exige el impulso de monocultivos en grandes extensiones de tierra, con el objetivo de generar mayor rendimiento, aunque con peligrosos efectos para la diversidad productiva. Por ello, un acuerdo comercial de este tipo representa una seria amenaza para las formas tradicionales de producción, para la agricultura de subsistencia, la calidad de la tierra y las formas de vida en el campo

Es importante reconocer que campesinos, campesinas, indígenas y afrodescendientes no tienen los recursos ni las posibilidades de integrarse eficientemente al mercado, ni están en condiciones de igualdad para competir y comercializar sus productos: no cuentan con créditos, ni subsidios ni acceso a la tecnología, y muchas veces están excluido/as de la propiedad de la tierra, sobre todo en el caso de las mujeres. Más aún, se puede argumentar que las características mismas del mercado neoliberal excluyen a estos actores y actoras sociales, así como a sus formas particulares de producción y comercialización, por ejemplo, cuando se prioriza los créditos para la gran producción agropecuaria y se abandona la pequeña producción campesina. Por todo esto, organizaciones indígenas y campesinas demandan que los acuerdos comerciales propongan un nuevo modelo de desarrollo y que los gobiernos reconozcan que la agricultura a pequeña escala requiere políticas especiales de protección. Mientras esto no suceda, está en serio riesgo la subsistencia de las familias campesinas, indígenas y afrodescendientes, que terminarán vendiendo sus tierras y migrarán a las ciudades

Las mujeres, como se explicará más adelante, han sido y serán las más afectadas con estas movilizaciones forzadas, que implican la desintegración de familias y comunidades. Así mismo, para las organizaciones indígenas, la posibilidad de que el ALCA sea una realidad representa una seria amenaza para sus territorios ancestrales, donde existen importantes riquezas naturales. Son altas las posibilidades de que estos territorios sean ocupados o entregados a empresas transnacionales, que posiblemente las harán producir, pero con costos muy altos para el medio ambiente (los acuerdos del ALCA no incluyen este tema) y con beneficios para muy pocos. Esto ya sucedió con la explotación petrolera en la Amazonía. Y también se produjo con la privatización del agua, en Cochabamba, Bolivia, en 1999. Algo parecido puede suceder con los páramos y los bosques

b) Propiedad intelectual Otro campo en el que los acuerdos del ALCA representan un riesgo para las poblaciones indígenas es el de la propiedad intelectual

En teoría, los derechos de propiedad intelectual reconocen y defienden la creación artística, las invenciones, las innovaciones tecnológicas. En la práctica, los acuerdos comerciales establecen disposiciones que muchas veces favorecen y protegen preferentemente las actividades auspiciadas por las grandes empresas (farmacéuticas, por ejemplo), y no los derechos de propiedad compartida que tienen pueblos y comunidades, sobre todo indígenas

En este aspecto, existen muchas dudas sobre el surgimiento de derechos de propiedad intelectual sobre los productos derivados de la biodiversidad. Ya existen experiencias previas de parte de empresas estadounidenses, que irrespetuosamente han patentado saberes indígenas, y lo han hecho sin reconocer ni compensar a estos pueblos por el conocimiento generado. Esto se puede repetir: los pueblos indígenas no podrán utilizar ciertas plantas -que han utilizado durante años- sin la certificación de estas grandes empresas; solo hay que recordar que el 90% de las patentes está en manos de los países del Norte

Por ello, creemos que es importante proteger los derechos de poblaciones campesinas e indígenas, que tradicionalmente han sido las guardianas de la biodiversidad. De igual manera, peligra el arte tradicional indígena, su vestimenta, sus técnicas y diseños artesanales. Hoy en día, grandes empresas han empezado a copiar y fabricar vestimentas y tejidos con los diseños tradicionales indígenas, y no existe reconocimiento ni compensación por este tipo de uso sino, al contrario, patentes sobre estos productos. Los pueblos indígenas tampoco tienen derecho a reclamar por este tipo de apropiación

Por todo esto, creemos que existen formas específicas en que los acuerdos del ALCA afectan a las comunidades y pueblos indígenas. Cómo son afectadas las mujeres campesinas e indígenas Las mujeres campesinas e indígenas han sido las más afectadas con los procesos de migración forzada, resultado de las duras condiciones de vida en el campo, la introducción de nuevas tecnologías agrícolas, la decreciente necesidad de mano de obra en el campo, y la poca competitividad de lo/as pequeño/as agricultore/as y productore/as frente a los grandes negocios agrícolas. Muchas de estas mujeres asumen múltiples y pesadas responsabilidades, debido a la migración de sus familiares varones. Un estudio preparado por la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala que hoy en día la población rural está constituida por un 48% de mujeres, de las cuales 38% son jefas de hogar

Estas mujeres todavía tienen la responsabilidad exclusiva de las tareas de cuidado y reproducción, a las que se suman cada vez más las responsabilidades en tareas productivas, debido al subempleo y los bajos salarios de sus compañeros y maridos que todavía están en el campo. Por ello, aumentan las horas de trabajo de las mujeres y empeoran sus condiciones de salud. Aunque las mujeres campesinas siempre han contribuido con el cultivo, desde hace algunos años se habla de una «feminización de la agricultura». Otros datos de la FAO aseguran que las campesinas son responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos, y en los países en desarrollo, en particular, ellas producen entre el 60% y el 80% de todos los alimentos

Sin embargo, esta contribución es todavía subestimada o simplemente ignorada. Pero también existe un grupo creciente de mujeres campesinas, indígenas y afrodescendientes que han decidido migrar a las ciudades, para encontrar las oportunidades de trabajo que no existen en las zonas rurales y para mejorar sus condiciones de vida en general. Aunque, estas expectativas no siempre se alcanzan. Desde los años 70, las mujeres latinoamericanas y caribeñas han representado la mitad de todos los migrantes internos de la región

Estas migrantes se han insertado en las áreas más marginales del mercado laboral urbano y han engrosado los cordones de pobreza de las grandes ciudades. Hoy en día, las mujeres campesinas no trabajan únicamente en el servicio doméstico sino incluso en la construcción. Para estas y otras mujeres, los sueldos son bajos y las relaciones laborales muy flexibles (por ejemplo, se trabaja temporalmente o a medio tiempo y sin contratos fijos) como sugieren los programas y políticas neoliberales. En consecuencia, existe cada vez menos protección para mujeres embarazadas o madres lactantes, sobre todo si éstas son mujeres migrantes, campesinas, negras o indígenas

Aunque algunas mujeres migrantes han conseguido trabajo en la ciudad y muchas veces independencia económica, también han perdido las redes sociales que tenían en el campo, en donde, en tiempos de crisis, podían contar con el apoyo y la solidaridad de otras mujeres de su comunidad. La sociedad civil se moviliza Desde 1997, organizaciones de la sociedad civil de América Latina y el Caribe se han agrupado para reflexionar sobre los procesos de integración económica de las Américas y para emprender acciones en contra de las propuestas que presenta el ALCA. Justamente con este fin se creó la Alianza Social Continental (ASC), que articula los esfuerzos nacionales y regionales contra el ALCA en una gran red hemisférica, y propone nuevos caminos de integración continental: una integración más participativa, solidaria y en condiciones de igualdad. La ASC es la organización que coordina la secretaría operativa de la Campaña Continental contra el ALCA, que arrancó en el II Foro Social Mundial, en Porto Alegre, Brasil (febrero 2002), con el lema «Otra América es posible»

Antes de este encuentro ya se dieron otros procesos de reflexión y movilización a lo largo del continente, en Santiago de Chile, Québec, Santo Domingo y La Habana. Dentro de estos espacios de participación ciudadana, se han ido conformando grupos de mujeres que visibilizan las formas particulares en que los acuerdos del ALCA afectarán a las mujeres en general, y a campesinas, indígenas y afrodescendientes en particular. El objetivo de estas movilizaciones es que se reconozca que los acuerdos comerciales y el impulso a la inversión no pueden ser fines en sí mismos sino instrumentos para el desarrollo justo y sustentable, como bien señala el documento «Alternativas para las Américas», preparado por diversas organizaciones de la región. A pesar de que se reconoce que actualmente ningún país puede quedar al margen de la dinámica de la economía mundial, es importante que esta inserción en los procesos de globalización respete los derechos humanos, el medio ambiente, promueva la equidad, la justicia social y la diversidad cultural

Así mismo, es indispensable reconocer el rol de campesinos, campesinas e indígenas como los principales guardianes de la biodiversidad, y el aporte primordial de las mujeres del campo en la producción de alimentos y en la seguridad alimentaria. Este reconocimiento implica que los procesos de integración y los acuerdos comerciales deberán incluir políticas en favor de estas poblaciones y medidas particulares de protección para pequeños agricultores y agricultoras.
Las organizaciones indígenas han participado activamente en los encuentros regionales y en las movilizaciones nacionales contra el ALCA. Así por ejemplo, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) juega un papel importante en el proceso de lucha contra el ALCA en ese país

La postura de esta y otras organizaciones del continente es sumamente crítica frente a los acuerdos que hoy se negocian, pues se considera que muchos de los logros alcanzados por el movimiento indígena en esta última década podrían quedar truncos con las propuestas de apertura comercial que plantea el ALCA. El riesgo que existe no es únicamente que las transnacionales hagan peligrar a las pequeñas empresas locales. Además, el peligro es que una integración comercial de este tipo parece desconocer las variadas formas de producir, cultivar, cosechar y consumir (sobre todo de parte de poblaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes), por lo que se puede imponer un mercado único y uniforme y, como consecuencia, una cultura única y también uniforme. Frente a estos riesgos, el movimiento indígena ha organizado espacios de sensibilización y acción para que se reconozca, se promocione y respete la diversidad cultural y étnica que existe en el continente

Documentos consultados:

- Alternativas para las Américas: hacia la construcción de un acuerdo hemisférico de los pueblos.

Documento presentado en la Cumbre de los Pueblos, abril 1998, Santiago de Chile.

- Peredo, Elizabeth, 2002, «El ALCA y su impacto sobre el movimiento campesino indígena», América Latina en Movimiento, ALAI, 19 de septiembre.

- Oliveira, Dayse, 2002, «Votar contra el ALCA es también votar contra el racismo!», en ALAI, América Latina en Movimiento, 1 de septiembre

- Rivas, Misotis, 2001, «Las negociaciones del ALCA: ausencia de transparencia y de participación de la sociedad civil», en Anuario de la Integración Regional en el Gran Caribe, 2: 180-193

- Sistema Integrado de Indicadores Sociales del Ecuador (SIISE), Indicadores de Pobreza, 1999

- Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), «La visibilidad de las mujeres rurales pobres a través de las cifras», Santiago de Chile, julio 2002

Notas: * Líder indígena kichwa ecuatoriana

Foro Social Mundial - Ecuador ** Comunicadora ecuatoriana y colaboradora de ALAI-Mujeres

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