Movimientos sociales en la Red
Osvaldo León, Sally Burch, Eduardo Tamayo
ALAI, septiembre 2001
http://alainet.org/publica/msred/

I PARTE
Las nuevas tecnologías de información y comunicación:Luces y sombras


Capítulo 2.
La sociedad en red

Nuevas lógicas organizativas

Con su trilogía La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura, Manuel Castells (1999) nos ha presentado uno de los más originales y ambiciosos proyectos -y desde luego polémico- para conceptualizar la sociedad contemporánea, cuyo postulado central es que la nueva morfología social se expresa bajo la modalidad de redes. No por acaso su primer volumen, precisamente, lleva como subtítulo "La sociedad red".

Según el autor catalán, el soporte material de esta nueva configuración está dado por las nuevas tecnologías de información que constituyen la base del nuevo paradigma tecnológico, entre cuyos atributos destaca la "interconexión" y la "flexibilidad". "Esta configuración topológica, la red, ahora puede materializarse en todo tipo de procesos y organizaciones mediante tecnologías de la información de reciente disposición. Sin ellas, sería demasiado engorroso poner en práctica la lógica de interconexión. No obstante, esta es necesaria para estructurar lo no estructurado mientras se preserva su flexibilidad, ya que lo no estructurado es la fuerza impulsora de la innovación en la actividad humana", sostiene. (1999: Vol. I, 88)

Aunque relacionada con la interacción, acota Castells, la flexibilidad tiene su particularidad en tanto remite al hecho de que: "No sólo los procesos son reversibles, sino que pueden modificarse las organizaciones y las instituciones e incluso alterarse de forma fundamental mediante el reordenamiento de sus componentes... Cambiar de arriba abajo las reglas sin destruir la organización se ha convertido en una posibilidad debido a que la base material de la organización puede reprogramarse y reequiparse. Sin embargo, debemos evitar un juicio de valor unido a este rasgo tecnológico. Porque la flexibilidad puede ser una fuerza liberadora, pero también una tendencia represiva si quienes reescriben las leyes son siempre los mismos poderes." (1999: Vol. I, 89).

Asumiendo que la forma en red de la organización social ha existido en otros tiempos y espacios, para Castells lo nuevo sería su expansión a toda la estructura social, al punto que hoy "el poder de los flujos tiene prioridad sobre los flujos del poder. La presencia o ausencia en la red y la dinámica de cada una frente al resto son fuentes cruciales de dominio y cambio en nuestra sociedad: una sociedad que, por lo tanto, puede llamarse con propiedad la sociedad red, caracterizada por la preeminencia de la morfología social sobre la acción social." (1999: Vol. I, 505).

El concepto de red1 que utiliza, lo define así: "Una red es un conjunto de nodos interconectados. Un nodo es el punto en el que una curva se intersecta a sí misma. Lo que un nodo es concretamente, depende del tipo de redes a que nos refiramos... La tipología definida por las redes determina que la distancia (o intensidad o frecuencia de interacción) entre dos puntos (o posiciones sociales) sea más corta (o más frecuente, o más intensa) si ambos son nodos de una red que si no pertenecen a la misma... dentro de una red determinada, los flujos no tienen distancia, o es la misma, entre los nodos.

"... La inclusión/exclusión de las redes y la arquitectura de las relaciones entre sí, facilitada por las tecnologías de la información que operan a la velocidad de la luz, configuran los procesos y funciones dominantes en nuestras sociedades." (1999: Vol. I, 506).

Más allá de que se acepte o no el alcance paradigmático que Castells da a la red2, sí es evidente que con la expansión de las nuevas tecnologías de información y comunicación, se ha venido también anclando la lógica de red como elemento estructurante de las relaciones sociales, en tanto, además de abrir nuevas posibilidades en el plano de la comunicación, se han constituido en un factor que desplaza la preponderancia del trabajo humano en los procesos productivos, estableciendo a la par nuevas lógicas organizativas en el ámbito de la producción, que se han extendido a la sociedad en su conjunto. Después de todo, como es conocido sociológicamente, las sociedades se organizan de acuerdo a las pautas de cómo lo hacen para producir.

Es así que bajo estos nuevos parámetros se están gestando nuevas formas de producción y de organización empresarial, donde el funcionamiento piramidal ha dado paso al funcionamiento en red, descentralizado y horizontal, sin que ello implique un debilitamiento de la concentración del poder. Por el contrario, a lo que se asiste es a una mayor concentración del poder, vía fusiones de las megacorporaciones, cada vez menos numerosas y más poderosas, a la par que se impone una flexibilización de la gestión dentro de las empresas y fuera de ellas.

Ahora, las grandes empresas compiten entre sí para producir con el máximo de calidad en el mínimo de tiempo, utilizando para ello a las redes globales de información, que les permiten operar las 24 horas al día, los siete días de la semana, como una cadena de valor global y continua. El "lugar de trabajo" ya no es obstáculo, pues este puede ser trasladado entre zonas horarias distintas para responder a la demanda. Por tanto, algunas empresas del Norte trasladan sus actividades a países del Sur con bajos salarios, estableciendo plantas maquiladoras o aprovechando el "tele-trabajo".

En el mundo laboral, el paradigma informacional está repercutiendo en el lugar, el tipo y la jornada de trabajo, así como en las relaciones con las empresas y los centros de producción. Ahora, señala un informe de la OIT (2000b: 1) "se ha hecho menos precisa la separación entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio; también es menos clara la distinción entre el lugar de trabajo y el hogar; el aprendizaje y el trabajo se están convirtiendo en actividades cada vez más imbricadas; se han hecho más flexibles las fronteras dentro de las empresas y entre estas, y también ha cobrado mayor elasticidad entre empleo dependiente y empleo independiente".

Es indudable que este curso de los acontecimientos no habría podido darse sin los nuevos dispositivos de información y comunicación: habría sido técnicamente imposible. Mas la problemática no se reduce a esa relación, tiene que ver también con el reordenamiento geopolítico que registró el mundo a finales de la década de los 80 y comienzos de la del 90, a raíz de la caída del socialismo real en Europa del Este y la implosión de la Unión Soviética, lo cual, precisamente, permitió que la economía-mundo pase de lleno bajo el comando de las corporaciones transnacionales y que se acelere la globalización.

Hemos llegado así, como anota Castells, a un mundo donde "hay ricos y cada vez más pobres, porque las redes favorecen estructuralmente a una minoría", pues se ha conformado "un poder metarreal, hecho de circuitos electrónicos automáticos en los mercados financieros globales que responden a turbulencias de información impredecibles. Hemos creado un autómata, el mercado financiero internacional". (Reinoso: 2001)

Pero si bien el entrelazamiento de las NTIC con la "nueva economía" ha establecido una lógica particular al funcionamiento en red, no es menos cierto que hay una tercera vertiente que, desde perspectivas distintas, ha encontrado en ésta un soporte clave para su accionar: los llamados nuevos movimientos sociales cuya particularidad, como indica Melucci (1996), nada tiene que ver con la novedad de rasgos respecto a los "viejos movimientos sociales", sino con el hecho de que están referidos -desde una posición crítica- a problemas globales, de lo cual se derivan consideraciones organizativas3.

Se trata de movimientos socioculturales, como los feministas, ambientalistas, de derechos humanos, de pueblos originarios, de orientación sexual, etc., que desde los años 60-70, con una visión holística del mundo, vienen cuestionando las premisas mismas de la modernidad y la civilización occidental, basadas en la tríada ciencia-razón-progreso.

En tal sentido, son movimientos críticos a la globalización neoliberal que, por lo mismo, establecen tendencias en sentido contrario -sin por ello desconocer las transformaciones estructurales registradas con tal fenómeno-, como es el caso de la afirmación de identidades -basadas en el sexo, la edad, la etnia, las nacionalidades, la religión, etc.-, de la reconfiguración de los Estados nacionales y de la ampliación del concepto de ciudadanía con la incorporación de nuevos derechos que se refieren tanto a los individuos como a las colectividades -los llamados derechos de tercera generación, como son el medio ambiente, el género, las comunicaciones, el espacio local y supranacional, la identidad étnica-.

En el plano organizativo, estos movimientos se presentan asimismo como una respuesta que rescata la solidaridad ante el efecto disgregador del tejido social que el mencionado reordenamiento económico ha traído consigo, en la medida que produce "la dispersión y la fragmentación de los grupos y clases sociales, con la consiguiente destrucción de sus antiguos referenciales de identidad y de acción, tornando altamente complicada la creación de nuevos referentes, por lo que la fragmentación y la dispersión tienden a aparecer como naturales y a presentarse como valores positivos" (Chaui: 1998, 34). Naturalización y valorización positiva alentadas por el discurso neoliberal, con el estímulo al individualismo competitivo y el éxito a cualquier precio, bajo la propuesta del "sálvese quien pueda".

Es en este contexto que el movimiento obrero pierde terreno y se desvanece como una fuente importante de cohesión social y entidad dirigente de las clases oprimidas, papel que se le atribuyó durante un buen período del siglo XX. El panorama social se vuelve más complejo, fragmentado y diverso, pues mientras los movimientos sociales tradicionales decaen, otros actores colectivos emergen movidos por el deterioro de las formas de vida en el planeta (ecologistas), por las relaciones desiguales entre los géneros (mujeres), ante la exclusión social y la discriminación racial (indígenas, negros, migrantes), ante la injusticia internacional (derechos humanos, solidaridad), la militarización y la extensión de la violencia (movimientos por la paz), por la calidad de los productos y las condiciones sociales en los que son producidos (consumidores), ante la liberación de los mercados y la imposición de un modelo de agricultura transnacionalizada (campesinos pobres).

Estos movimientos no sólo proponen nuevos discursos y valores -en tanto a la histórica reivindicación por la igualdad socioeconómica añaden la que rescata la diversidad sociocultural- sino también nuevas formas de organización y actuación, reivindicando la autonomía e identidad, la descentralización y participación, las relaciones horizontales y respeto a las diferencias, en oposición a la manipulación, al control, la dependencia, las jerarquías, la regulación y la burocratización. Es en el marco de estos replanteamientos que comienza a permear la lógica de redes.


Las redes sociales

La dinámica social de articulación reticular en Latinoamérica comienza a insinuarse en los años 70, con los movimientos de derechos humanos, de educación y comunicación popular, de la teología de la liberación, de desarrollo rural, de vivienda, entre otros. Cobra fuerza en la década siguiente con movimientos de carácter cada vez más universal, sobre todo los de mujeres y ecologistas. Y en los '90 adquiere "carta de ciudadanía" en todos los planos, cuando el escenario de la globalización se torna incuestionable.

En este proceso, la Cumbre de la Tierra (1992), convocada por las Naciones Unidas en Río de Janeiro, Brasil, por la forma como fue organizada, abre una brecha para la irrupción de organismos de la sociedad civil en las instancias mundiales, hasta entonces un espacio prácticamente reservado para los gobiernos. Este nuevo espacio de acción, al colocar en la mesa el desafío de encontrar fórmulas de consenso para incidir con propuestas propias en las agendas y decisiones oficiales, es un factor que contribuye a estimular y potenciar dinámicas convergentes entre los diversos actores involucrados, las cuales se han traducido en la conformación de numerosas redes regionales y mundiales, sobre todo de ONGs.

La presencia de estos nuevos actores está relacionada con la redefinición del papel del Estado que ocurre en la región. En efecto, el Estado, por obra y gracia de las políticas neoliberales, deja bajo el dominio y el arbitrio del mercado casi todas las actividades humanas, y los partidos políticos entran en una profunda crisis, en mucho a causa de la corrupción; el espacio social se fragmenta, pero no desaparece. Esto es, se crea un vacío que pasa a ser ocupado por una amplia gama de organizaciones de la sociedad civil que se articulan a través de redes y elaboran proyectos y propuestas económicos, políticos y democráticos que desafían al pensamiento dominante.

De hecho, cuando se habla de red en los colectivos sociales, se lo hace de la manera más diversa, que va desde aquellos que la adoptan como un mero nombre -acaso porque la moda impone-, hasta quienes la asumen como un nuevo paradigma organizativo -sin necesariamente rebautizarse con tal nombre-, pasando por otros que se reconocen en ella bajo consideraciones metodológicas de trabajo. Si se tratara de establecer un denominador común, lo que resalta en esta amplia gama de acepciones es un rechazo a posiciones hegemonistas y el reconocimiento de los límites del accionar específico de cada organización o entidad y, por lo tanto, la necesidad de asociarse con otras afines, bajo valores compartidos, para potenciar su incidencia y alcance.

Según Larrañaga (1996: 151-152), "Una red es algo tan sencillo como un agrupamiento de personas que se mantienen en contacto y que hacen circular entre ellas ideas, datos, información, herramientas, consejos, recomendaciones, sugerencias, críticas, alabanzas. Y, no lo menos importante, cordialidad, afecto, aliento, solidaridad. Aunque haya gente a la que la parezca una bobada, sucede que una de las funciones más importantes que cumple una red es, sencillamente, recordar a sus miembros que no están solos en el mundo, que hay en el mundo gente como ellos".

El brasileño Mance, por su parte, considera que es necesario comprender a las redes como fenómenos complejos y no sólo mecánicos o dialécticos, a fin de hacer comprensible "su potencial carácter revolucionario", en tanto las redes de colaboración solidaria pueden permitir la construcción democrática de una alternativa post-capitalista viable a la globalización en curso. En esta perspectiva, sostiene: "La idea elemental de red es bastante simple. Se trata de una articulación entre diversas unidades que, a través de ciertas ligazones, intercambian elementos entre sí, fortaleciéndose recíprocamente, y que se pueden multiplicar en nuevas unidades, las cuales, a su vez, fortalecen todo el conjunto en la medida en que son fortalecidas por él, permitiéndole expandirse a nuevas unidades o mantenerse en equilibrio sustentable. Cada nódulo de la red representa una unidad y cada hilo un canal por donde esas unidades se articulan a través de diversos flujos" (2000: 24).

Por lo general, señala Fernando Mires, las redes son tejidas por los actores sociales que las constituyen, esto quiere decir que en la "construcción de una red no hay ningún plan pre-concebido, o una lógica que la preceda, sino que son los actores, al relacionarse, que las van constituyendo", (1999: 5).

Este autor establece la siguiente clasificación de las redes sociales:

a) Redes de identificación: las organizaciones, durante su exploración y expansión, "descubren" que en otros lugares del planeta existen organizaciones que tienen los mismos valores y objetivos, estableciendo relaciones bajo el signo de una identidad común o de semejanza.

b) Redes de correspondencia: las organizaciones también "descubren" que existen otros actores, con los cuales no es posible una identificación mutua, pero sí una coincidencia sobre objetivos puntuales y concretos.

Es más, al interior mismo de espacios organizados se ha recurrido a la lógica de las redes para encontrar pistas de reformulaciones orgánicas de cara a las nuevas realidades. Un caso muy ilustrativo nos presenta la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) de Argentina, que, ante el agotamiento de las viejas estructuras federativas, se asume y articula como un proceso de "construcción en red", destacando las siguientes premisas:

"Una construcción en red implica desarrollar una idea para organizarse y organizarse para desarrollar una idea.

"Una construcción en red es la búsqueda de una organización ágil, dinámica, no burocrática, de respeto a todas las ideas y de apuesta a la síntesis y no a las diferencias.

"Una construcción en red se hace en base a principios comunes y organiza respuestas comunes, para problemas que nos son comunes.

"Una construcción en red no se entiende solamente con los problemas de la corporación, va al encuentro de otras redes, de otras organizaciones sociales, culturales, gremiales, de derechos humanos, y coloca a la Comunicación como un derecho de toda la sociedad." (1999: 3)

El carácter de sistema abierto con que se asume la organización en red, ha conllevado también a que el sentido tradicional de las relaciones y alianzas, como expresiones de acuerdos entre entes cerrados, se reformule. Es así que ha cobrado vigencia la formulación de "red de redes", que al decir de Santana (1992: 7), "tiene la ventaja de no ser una federación de agrupaciones, con una directiva que represente a todos o que concentre a los líderes-motores de cada agrupación hasta tal punto de frenar la dinámica de cada una, en pos de un 'interés superior'. La red facilita y potencia la acción de cada sector, multiplica sus efectos sobre la sociedad y sobre el ambiente de opinión. Se constituye en fuerza visible por parcialidades y como totalidad, pero no tan sólida como para que genere roces o que reciba impactos". Además, sostiene, "Este esquema permite compartir recursos humanos o materiales; acepta la participación individual en varias agrupaciones simultáneamente, como parte, no de un todo compacto, sino de una dinámica y un proceso de metas claras globales y parciales, pero plurales".

Las redes sociales, en suma, básicamente expresan una rehabilitación de la acción política desde la sociedad. En rigor, antes que un concepto claramente definido, constituye una metáfora -como la mayoría de conceptos que hoy se manejan en las ciencias sociales-, cuyos atributos y características principales los recogemos en cuadro anexo. En todo caso, expresa una complejidad que va mucho más allá de los recursos que hacen que pueda concretarse, como es el caso de la Internet. Es decir, las redes sociales no dependen ni son producto de las nuevas tecnologías de información cuya arquitectura está basada en la noción de red, pero es indudable que aquellas pueden potencializarse considerablemente con ésta, por las posibilidades que ofrecen.


Redes sociales

Atributos

Características

Flexibilidad

Tejidas por actores que las constituyen Construcción-deconstrucción permanentes

Horizontalidad

Descentralizadas, sin jerarquía

Interconexión

Flujos multidireccionales de información

Articulación

Posibilitan acciones colectivas

Multiplicación

Potencian a fuerzas aisladas y dispersas

Intercambio

Se fundamentan en valores compartidos


Cibercomunidades

Con Internet y su estructura descentralizada y flexible, que permite establecer interacciones sociales por encima de las distancias y las fronteras, y en tiempo real, se ha abierto un potencial enorme para que puedan dinamizarse las más variadas e inimaginables iniciativas, con todo tipo de contenidos. De manera particular, destacan las que propician la conformación de foros o comunidades de interés, que por el hecho de establecerse "on-line" han pasado a ser conocidos como "comunidades virtuales, digitales o cibercomunidades".

Como estas denominaciones responden ante todo a criterios de impacto manejados por el mercadeo, poco propicios a la clarificación conceptual de los términos, bien cabe una digresión para despejar una confusión muy generalizada: la que se da entre la desmaterialización, resultante de la "revolución digital", y lo virtual, que es una nueva dimensión facilitada por aquella. Esto es, lo virtual no expresa una realidad inmaterial, sino un estado potencial que puede concretarse en determinadas condiciones. Tal el caso de una transacción financiera -muy común en el e-comercio- que se establece considerando las ganancias posibles, pero que sólo se realiza al momento de la venta de los títulos respectivos. En tal sentido, para retomar el punto que nos ocupa, la Internet no es un sitio virtual, es muy real, aunque inmaterial.

Entonces, al margen de como se denomine a las "comunidades" que se configuran con la utilización del Internet, el hecho es que se trata de un fenómeno nuevo que se expresa a través de las modalidades más variadas, pero, de acuerdo a Colle, se las puede agrupar en dos tipos: a) "la seudo-comunidad (permanente o transitoria): formada por todas las personas que usan con cierta frecuencia un mismo 'canal'... En su nivel mínimo de interacción, puede ser comparada con la "comunidad" de los suscriptores de una revista lo cual, evidentemente, cumple muy poco con lo que implica el concepto de 'comunidad' en términos sociales", y b) "la comunidad digital formal: En este caso encontramos muchos de los componentes que caracterizan una verdadera comunidad social: objetivos, valores, lenguaje y experiencias comunes, así como un cierto espacio, aunque éste es la red y no un espacio físico limitado." (2000: 1-2).

En todo caso, más allá de las modalidades y medios empleados, lo que queda en claro es que prevalece la relación humana en tanto las personas no han dejado de ser un animal social. De ahí que respecto a esta realidad desterritorializada -donde la geografía circunscrita al mundo físico ha dado paso a una "geografía social", que tiene como referente al "ciberespacio"-, se ha entablado un debate muy intenso que va a la par de las serias interrogantes que ella coloca, particularmente en lo que tiene que ver con sus implicaciones sociales y culturales4.

Desde una perspectiva proactiva, se ha venido configurando una corriente que relativiza la relevancia del tema "comunidades virtuales" al hablar de la relación sociedad y nuevas tecnologías de comunicación e información, en tanto considera que éstas tan sólo constituyen la infraestructura de lo que puede ser la "sociedad de la información" y, por lo tanto, lo que importa es ocuparse de la transición.

"Una infraestructura no forma por sí sola una sociedad. Es la condición sine qua non, pero no suficiente. Cada vez más comienza a plantearse en Internet Society, la sociedad que agrupa a los diseñadores de la red, que el problema no está ya tanto en Internet sino en la Society. El peso comienza a variar de la tecnología computacional a la tecnología social, económica y cultural.", señala Artur Serra (1999), Coordinador del Centro de Aplicaciones de Internet de la Universidad Politécnica de Cataluña. Para luego añadir: "El reto en las próximas décadas será saber qué ponemos en esta infraestructura. Qué sociedad diseñamos y construimos sobre esta nueva plataforma." Y, como una pista de respuesta, señala a las redes ciudadanas, siendo que él mismo confiesa estar implicado en el proyecto Epitelio (redes ciudadanas contra la exclusión social) sostenido por la Unión Europea.


Redes ciudadanas
No existe un modelo único de redes ciudadanas, sostiene Manuel Sanromá (1999), quien tras "un viaje temporal y espacial por las diversas experiencias" establece los siguientes trazos comunes:
"Un reconocimiento de unos derechos básicos a la información y la Comunicación para todos los ciudadanos. La red ciudadana garantiza estos derechos que van desde el acceso a informaciones locales hasta el acceso completo a Internet pasando por la posibilidad de tener una dirección de correo electrónico gratuito (que al estar ligada a la red ciudadana le confiere a esta dirección una referencia local).
"El establecimiento de fórums de discusión de interés para la comunidad a la que sirve; estos fórums están a veces organizados y/o moderados por voluntarios.
"El fomento de la participación de los ciudadanos en la organización y gestión de la Red; en muchas ocasiones las redes ciudadanas se sostienen en gran medida sobre el trabajo y la colaboración voluntaria.
"Promover la facilidad de uso: la tecnología no es un fin, sino un medio.
"Relaciones con la administración local: las redes ciudadanas no son simples entidades virtuales sino que por el mismo hecho de sus raíces geográficas en sociedades democráticas, reconocen las entidades tradicionales de gestión social como privilegiados interlocutores y actores en la vida local".
Acotando que también se puede identificar cinco compromisos, comunes a cualquier red ciudadana:
"Compromiso de acceso: se entiende la red ciudadana como un servicio público y por tanto un derecho de todos los ciudadanos.
"Compromiso de servicio: los servicios proporcionados por una red ciudadana deben tener una calidad comparable a otros servicios proporcionados por entidades privadas.
"Compromiso de democracia: una red ciudadana no debe estar ligada a una opción política o a una visión social concreta y debe fomentar la libre participación de todos los ciudadanos.
"Compromiso de globalidad: el énfasis de las redes ciudadanas en los servicios y en los contenidos locales no les hace olvidar su inclusión en una realidad nacional e internacional. Una constante de las iniciativas ligadas a las redes ciudadanas es la coordinación inmediata desde su nacimiento con otras iniciativas similares en su región, en su país y a nivel internacional. En este sentido es también una constante el espíritu de copyfree (libertad e incluso promoción de la copia de experiencias) frente a un copyright que nunca pretenden detentar.
"Compromiso de futuro: si bien en ocasiones las redes ciudadanas nacen como experimentos, su objetivo es la sostenibilidad del modelo, la adaptación a las nuevas tecnologías que puedan ir surgiendo e implantándose y el espíritu de evolucionar manteniendo siempre el objetivo básico con el que nacen."


Alianzas globales en línea

Por el curso particular seguido por la Internet, en cuya fase inicial gravitaron iniciativas académicas y ciudadanas, que dejaron su impronta al proyectarle como un sistema descentralizado, horizontal y abierto, es la primera vez5 que sectores sociales subalternos han podido acceder a una tecnología de punta en pleno desarrollo y, por tanto, incluso incidir en éste.

En esta línea, por ejemplo, se inscribe la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), conformada en 1990 con el propósito de articular una red mundial de nodos electrónicos preocupados por poner esta tecnología al servicio de organizaciones y entidades de la sociedad civil, ofreciendo respuestas innovadoras a los países del Sur con dificultades de conectividad. Además, en la primera mitad de los años 90, APC se destacó internacionalmente por sus iniciativas de facilitación y promoción del uso de la Internet, en el marco de las conferencias mundiales de la ONU: Eco92, Derechos Humanos 93, Población 94, Cumbre Social 95, Beijing 95.

Al igual que APC, en el escenario apareció una variedad de iniciativas militantes locales y regionales, colectivas e incluso individuales, muchas conocidas y otras no, que en términos prácticos conllevó a que diversas organizaciones y dinámicas sociales se metan en el mundo de Internet. Por lo general bajo consideraciones muy pragmáticas: ver cómo sacarle el jugo a estos nuevos dispositivos tecnológicos que ofrecían posibilidades hasta entonces inéditas.

Con el apoyo técnico de tales iniciativas, en el ámbito social se multiplican las dinámicas orientadas a generar interconexiones entre organizaciones y entidades con intereses afines, particularmente, vía intercambio de información y foros electrónicos de discusión. Entre otras modalidades, se puede señalar las listas de interés -principalmente para compartir información sobre temas específicos entre actores que no necesariamente mantenían otro nivel de relación entre sí-; grupos de trabajo más estructurados en torno a un tema o programa común; o las dinámicas de organizaciones y redes ya constituidas que incorporaron actividades de intercambio y trabajo en línea. Como sea, lo que prevalece en esos momentos son las articulaciones de carácter sectorial o monotemático.

Los movimientos que se colocaron en la delantera para sacar provecho de estas posibilidades, fueron aquellos que ya se manejaban con una lógica de articulación en redes. Entre ellos, destacan los movimientos de mujeres, los ecologistas y, en menor medida, los de derechos humanos. Es más, tratándose de movimientos referidos a una problemática universal, fueron los más sensibles en asumir que los nuevos escenarios globalizados traen consigo exigencias también nuevas, como por ejemplo, la que tiene que ver con una mayor agilidad, fluidez, amplitud y velocidad en las reacciones y propuestas, para lo cual entra en línea de cuenta las oportunidades de comunicación que ofrece la Internet.

En el caso de los movimientos ecologistas -que en América Latina se han caracterizado por su capacidad para vincularse a causas y sectores sociales diversos (grupos de derechos humanos, comunidades locales, movimientos de mujeres, indígenas y campesinos), bajo la bandera general de la justicia medioambiental-, su fuerza, precisamente, reside, antes que en su número, en su capacidad de interconectarse, establecer redes temáticas y fundamentar científica, ética y holísticamente sus propuestas.

Los ecologistas se destacan, además, por las estrategias novedosas de comunicación que han desarrollado, y que les han permitido ganar apoyo en la opinión pública, difundir sus mensajes a amplias capas sociales y presionar a autoridades, gobiernos, organismos internacionales y empresas transnacionales.

Muchos movimientos ecologistas son, sobre todo, movimientos de opinión pública: buscan llamar la atención general creando imágenes y acontecimientos para los medios y sobre todo para la televisión. En este sentido se enmarcan las tácticas de acción directa no violenta y los actos espectaculares de organizaciones como Greenpeace, con 6 millones de miembros y sedes en 30 países, que impresionan, provocan el debate y se convierten en su principal medio de presión. Más allá de lo acertado o no de sus prácticas, no cabe duda que Greenpeace es de las organizaciones que mejor han ententido y aprovechado la lógica mediática y las nuevas tecnologías de comunicación.

En cuanto al movimiento de mujeres, desde su resurgimiento en la segunda mitad del siglo XX, se ha articulado principalmente bajo la modalidad de red. Diverso y descentralizado, se cohesiona bajo un eje común: la interpelación a la sociedad patriarcal, que va de la mano con un cuestionamiento político del poder en sus formas actuales. Consecuente con esta postura, el movimiento, y particularmente la vertiente feminista, se ha multiplicado a partir de instancias organizativas autónomas, no-jerárquicas, interrelacionadas horizontalmente, lo que en buena medida da cuenta de su dinamismo, a diferencia de aquellos movimientos que se construyen a partir de estructuras, y que tienden a ser más rígidos en sus articulaciones y funcionamiento.

En América Latina, donde el movimiento emergió entre los años 1970 y 80, éste tomó auge sobre todo en los 90, período en el que surgió una gran cantidad de redes, nacionales y continentales. Estas últimas se articularon sobre todo en torno a ejes temáticos (violencia, derechos reproductivos, educación) y más recientemente sectoriales (campesinas, indígenas, afrodescendientes). Unas estaban formalmente constituidas, otras, en cambio, representaban confluencias coyunturales. Hasta inicios de los años 90, muchas de estas redes eran poco dinámicas, con una actividad esporádica en unos casos, más formales que reales en otros, al no contar con mecanismos que aseguraran el flujo de información. Esta situación cambió rápidamente para las que, a partir de los 90, incorporaron el uso regular de las NTIC. En las circunstancias, la realización de la Conferencia Mundial de la Mujer organizada por la ONU (Beijing, septiembre 1995) se constituyó en un factor catalizador de importancia.


Mujeres en el ciberespacio
La capacidad del movimiento de mujeres de tejer nexos y puentes más allá de las fronteras nacionales se ha destacado en torno a algunas coyunturas internacionales. Una de las principales fue el proceso preparatorio, en 1993-95, de la IV Conferencia Mundial de la Mujer de la ONU, escenario que coincidió con el momento de expansión de la Internet, y generó un terreno fértil para que las organizaciones de mujeres se interesen en conectarse a ésta. En América Latina este contexto despertó el interés de una amplia gama de organizaciones involucradas en la defensa de los derechos de las mujeres, por buscar formas de intercomunicación que permitan tener una presencia más contundente, coordinarse y concertar propuestas de cara (o para algunas, en oposición) a ese evento.
El impulso, en esta oportunidad, vino de una iniciativa mundial desarrollada en el seno de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC): el "Programa de Apoyo a las Redes de Mujeres", cuyo propósito fue promover un mayor entendimiento de las NTIC y el uso oportuno de la Internet, entre las organizaciones de mujeres. Este programa priorizó, dentro del proceso preparatorio de la Conferencia, la facilitación de flujos de información, la formación y la vinculación e interpelación a las organizaciones del movimiento, a partir de una propuesta política sobre género, nuevas tecnologías y empoderamiento.
La iniciativa se construyó a partir de puntos multiplicadores: entidades proveedoras de información y medios alternativos, organizaciones con redes de difusión propias, puntos focales del proceso hacia Beijing y secretarías de redes temáticas. De esta forma, el interés por utilizar las redes electrónicas se expandió rápidamente y en el marco de esta iniciativa numerosas organizaciones de mujeres se conectaron por primera vez a Internet, motivadas para poder recibir información oportuna y compartir información entre ellas.
Desde su concepción, el Programa priorizó particularmente el trabajo con los países del Sur, sin descuidar otras latitudes, e identificó a América Latina como potencial punto dinamizador, que podía tener un efecto demostrativo para el resto del mundo. Esto, debido a la existencia de un movimiento dinámico en la región y una relativa accesibilidad de servicios de Internet.
Para la difusión desde Beijing, se articuló previamente un pool de información y un mecanismo de distribución que permitió que la información fluya directamente a las organizaciones en sus países y de ellas, a rincones más remotos a través de mecanismos de comunicación más ampliamente accesibles, como el fax; también en varios casos, se la retransmitió a los medios masivos. Así, por primera vez un evento geográficamente distante era noticia diaria para las organizaciones concernidas pero ausentes. Ello significó el acceso a un contenido alternativo, afín a las preocupaciones locales y los enfoques del movimiento, en contraste con la tónica dominante (más sensacionalista) de lo difundido por las grandes agencias de prensa. Permitió, además, que por primera vez en torno a un evento de esta naturaleza fluya abundante información en español y portugués a través de Internet.
Esta experiencia constituyó un estímulo para que muchas organizaciones de mujeres de la región integren el uso del Internet a su quehacer cotidiano, con lo cual la actividad de las redes se multiplicó y muchas de estas se dinamizaron. Hoy, en la región, se encuentran conectadas a la Internet la casi totalidad de las redes y coordinadoras de mujeres de carácter continental, una mayoría de las organizaciones nacionales y, en menor proporción, las locales. Se ha creado un sin fin de listas electrónicas en torno a temas precisos, o como mecanismo de enlace de dinámicas específicas, muchas de ellas con flujos diarios. De este modo se ha venido conformando un tejido permanente de intercambios de información, interrelaciones y solidariad, que ha generado lazos de traajo más estrechos, aunque con altibajos. En muchos casos estos enlaces se extienden a otras partes del mundo.
Justamente una de las recientes acciones de mayor envergadura del movimiento fue la Marcha Mundial de las Mujeres, en octubre del año 2000, en la cual participaron 6000 organizaciones de base de 150 países, articuladas bajo dos ejes centrales: la lucha contra la violencia y la pobreza. Una marcha de tal magnitud no hubiera sido posible sin este entramado de redes de comunicación e información que han ido creando las mujeres en la última década.
Otra iniciativa mundial de comunicación, en el mismo año, se articuló en torno a la sesión especial de revisión de los acuerdos de Beijing, cinco años después, que organizó Naciones Unidas en Nueva York, en junio. Bajo el nombre de Women Action 2000, esta red involucró a más de 40 medios y organismos de comunicación que trabajan con perspectiva de género, tanto de América Latina y el Caribe, como de otros continentes. Preparada casi enteramente a través del correo electrónico, esta iniciativa logró una amplia cobertura informativa multilingüe, previo a y durante la sesión especial, combinando páginas web, listas electrónicas, un periódico, radio por Internet y Web-tv, entre otros medios.(*)
(*) Ver http://www.womenaction.org (sitio global) y http://www.mujeresaccion.org (sitio latinoamericano).

Así como la Conferencia de Beijing contribuyó a potenciar la utilización de la Internet entre las organizaciones de mujeres, urgidas de intercambiar y concertar posiciones, también las otras conferencias temáticas promovidas por el organismo mundial repercutieron de manera algo similar respecto a los actores involucrados en cada una de ellas. Es más, a partir de estos espacios se van estableciendo puentes entre los diversos sectores sociales, que dan paso al impulso de acciones coordinadas, sobre todo de cara a las políticas y eventos protagonizados por organismos multilaterales.

En este trajín, en 1998 se produce un hecho inusitado, cuando, con la utilización de Internet, se articula un movimiento de opinión ciudadano que logra parar las negociaciones gubernamentales en torno al Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), que se venían manejando bajo un secretismo absoluto. Si se quiere, ésta fue la revelación de Internet en relación a las dinámicas ciudadanas a nivel global, en tanto recurso que permite compartir información, sincronizar energías, armonizar agendas, coordinar acciones, etc.

Sobre la base de esta experiencia, esto es, reconociendo que "el combate contra el AMI ha demostrado la importancia de las redes electrónicas en las luchas sociales", se constituye en Francia el movimiento ATTAC (Acción por la Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos), como una organización en red que "se beneficia ampliamente del aporte de los medios electrónicos en su trabajo y en su vida interna", y que luego se extiende a otros países "bajo un modelo no jerárquico, y con una lógica de coordinación y mutualista. Método que es a la vez nacido del 'aire de los tiempos' y de la existencia de redes electrónicas en ATTAC desde su creación" (Cassen, 2000: 19).

El trabajo en red y los flujos de información se tornan así en un ingrediente clave de varios procesos: la organización de las masivas protestas de Seattle, Ginebra, Praga, Washington, Génova, etc. contra la globalización neoliberal, comandada por la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, el Grupo de los 8, las transnacionales, el Foro Económico Mundial de Davos; el impulso de procesos mundiales de gran impacto como la campaña de anulación de la deuda externa (Jubileo 2000), la ratificación del Convenio de minas anti-personas; la Marcha Mundial de las Mujeres; el Grito de los Excluidos/as; el Foro Social Mundial, etc.; y para asegurar la presencia de la sociedad civil en las cumbres y conferencias mundiales organizadas por Naciones Unidas.

Y es así como se han abierto las puertas a la construcción de convergencias sociales internacionales hasta hace poco impensables, que van más allá del hecho de coincidir o no en un momento de protesta. Para dar cuenta de esta realidad, los medios de comunicación han acuñado el término de "globalifóbicos". Sea por despiste o flagrante mala intención, que a la postre da lo mismo, el hecho es con esa imagen se pretende desfigurar, cuando no descalificar, a una expresión social que es mucho más compleja.

En efecto, lo que desde hace un par de años se viene articulando desde los movimientos sociales son dinámicas que coinciden en la necesidad de conjugar la protesta con la propuesta, asumiendo que a la globalización neoliberal que se impone de encima y desde afuera, bajo la conducción de las transnacionales, hay que anteponerle un proyecto desde los pueblos, con una lógica solidaria que contemple lo local, lo nacional y lo global. De ahí la acogida que ha tenido el lema lanzado por la Vía Campesina que dice: Globalicemos la Lucha. Globalicemos la Esperanza.

De modo que, estamos frente a movimientos sociales reales que, en su caminar, han incoporado creativamente la utilización de la Internet. Pero cabe advertir que la Internet no es monopolio de los movimientos críticos a la globalización neoliberal, sino un espacio de disputa de los movimientos de diverso signo. Tan es así que ha permitido la reactivación de la extrema derecha racista y xenófoba en Estados Unidos y Europa, extendiendo sus tentáculos a América Latina. Hasta mediados de julio de 1999, expertos de Naciones Unidas habían identificado 2100 sitios de "web racista", en donde los promotores de la supremacía blanca exponían sus artículos, fotos y caricaturas. A través de las redes de computadores en línea ofrecen música ("rock del odio"), libros y objetos recordatorios nazis, y abren espacios específicos para convencer a los niños y reclutar a las mujeres.


Notas:

1 El concepto de red, palabra latina que inicialmente designaba al objeto, la malla para pescar, en el curso de los tiempos ha sido incorporado en diferentes disciplinas: ingeniería, hidrología, geología, medicina, arquitectura, electrónica, ciencias sociales, etc., para dar cuenta de configuraciones reticulares formadas por diversos nudos que se enlazan entre ellos a través de diversos segmentos.

2 En Megatrends, el bestseller de la década de los ochenta en EE.UU. que se refiere a "las diez nuevas direcciones que están transformando la sociedad", John Naisbitt (1984) había señalado ya que una de ellas tiene que ver con la creciente preeminencia de las redes en la organización social, debido a la "emergencia de la economía de información", que pone en jaque al esquema organizativo y administrativo basado en el modelo piramidal hasta entonces vigente. Mas, como en toda su obra, se limita a señalar que se trata de una tendencia, sin por tanto pretender formulación conceptual alguna.

3 Para valorar el alcance de tales movimientos bien vale señalar que sus críticas, coincidiendo con las de otras vertientes, han sido un factor importante para el tránsito del paradigma de la "mecánica", al de los "flujos". Esto es, la contraposición de categorías que, como dice Mattelart (1991: 73), hace que "a la fuerza, responda el flujo; a la rigidez, la flexibilidad; a la verticalidad, la horizontalidad; a la casualidad lineal, la casualidad circular; a la cerradura, la apertura; a la suma y yuxtaposición, la transversalidad".

4 Ver Robins y Webster (1999), Lévy (1997), entre otros.

5 La constante histórica en el mundo de la comunicación ha sido que como máximo los sectores sociales subalternos lleguen a disponer de recursos tecnológicos "abandonados" por las élites.



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