Feministas Globales, Liderazgos Plurales
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Propuestas feministas claves en la lucha contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia

Introducción

El principal rasgo de la relación entre el liderazgo global y el racismo deviene tanto de la brecha estructural histórica entre las etnias y grupos sociales, que limita el posicionamiento colectivo (de propuesta) e individual de las mujeres de los pueblos y sectores discriminados, como de las estructuras patriarcales de poder que predominan en todas las esferas, desde las locales hasta las instancias de gestión mundial.

En instancias de poder clave en el proceso de globalización, tales como el sector financiero; las Instituciones Financieras Internacionales; el mercado transnacional; los sistemas y medios de comunicación; los mecanismos de "seguridad" internacional; entre otros, el liderazgo de las mujeres no sólo es limitado sino que refleja la estructura racista de la sociedad a escala mundial. Lo mismo se refleja en el liderazgo de las iniciativas de punta desarrolladas por la sociedad civil.

En los últimos años, desde la perspectiva del liderazgo feminista global, se han planteado diversos interrogantes sobre los tipos de liderazgo y esferas en las cuales el feminismo debería incursionar. De las múltiples respuestas, podríamos relevar dos tendencias principales: las que fundamentan que el liderazgo en todas las instancias, independientemente de la perspectiva, es parte del ejercicio de derechos y ciudadanía; y las que sustentan que el liderazgo feminista debe ser sustentado en el vínculo entre esta visión y una propuesta global de cambio social. En ambos casos, sin embargo, el racismo ejerce su influencia al limitar invariablemente el ejercicio de ciudadanía de las mujeres de grupos discriminados en cualquiera de las esferas.

De la sororidad hacia la construcción de plataformas de solidaridad

Patricia McFadden

Creo que esta iniciativa presenta una oportunidad única y crítica para que las feministas a nivel mundial revisen y "profundicen" sobre algunos de los desafíos más agudos que enfrentamos como individuos - dentro de nuestras ubicaciones específicas así como más generales - y sobre aquellos imperativos enfrentados por el movimiento feminista como una fuerza incisiva que lidera la transformación de nuestras sociedades a lo largo del mundo.

En mi experiencia del feminismo como una postura ideológica - una identidad construida de las luchas de las mujeres por la libertad sin calificativos - sé que el significado de la diversidad ha sido central para mi propio acceso a este espacio político. Como feminista Negra radical, que no hace concesiones respecto a ninguno de mis derechos y los derechos de mis hermanas, la cuestión de asumir el liderazgo a menudo se ha cruzado con el polémico tema de la diversidad - dado que está conectado con la raza/color, clase, edad, capacidad, orientación sexual, ubicación y heterosexualidad, éste último como un "autenticador" africano normatizado que es raramente cuestionado en el Movimiento de Mujeres Africanas, incluso en la actualidad.

Por lo tanto, quisiera explorar las intersecciones de estas nociones interesantes, con un enfoque en el significado del liderazgo feminista en términos del cambio de la sororidad hacia la construcción de plataformas de solidaridad en diversos niveles del activismo feminista; así como con relación al liderazgo en términos de plantear los temas tan difíciles de raza y privilegio en el contexto del discurso/debate en curso sobre estos problemas de siglos.

En primer lugar, consideremos la noción de liderazgo en términos de los desafíos que presenta al trasladarnos de la sororidad, como la expresión esencialista de nuestra opresión y explotación compartida como mujeres -sin un reconocimiento a profundidad de lo que significa para las mujeres ser definidas en términos de las dicotomías dominantes que nos marcaron como negras o blancas; ricas o pobres; jóvenes o viejas; con plenas capacidades o con discapacidades físicas; urbanas o rurales- y básicamente dentro y fuera de los sistemas que determinaron nuestras relaciones con el poder, el estado, los hombres, los recursos sociales y materiales, etc., hacia nuevas nociones de solidaridad que se producen de las energías ubicadas en las interfaces entre diferencia/otredad y diversidad/celebración entre las mujeres.

El reconocimiento de que las mujeres somos diversas y sobre ese hecho se hacen diferentes ha cambiado el significado y la experiencia de sororidad como un mantra feminista universal. Un análisis de la conexión entre los logros obtenidos por las mujeres europeas durante el siglo XX en términos de beneficios sociales derivados del cambio en la relación con el estado en el Norte, y las experiencias íntimas de explotación y empobrecimiento de mujeres africanas y sus comunidades en el sur del África, por ejemplo, hacen más urgentes la necesidad de un cambio conceptual y político en las nociones que nos unieron durante el siglo pasado.

¿Cómo tomo de la mano a mis hermanas en el Norte sin al mismo tiempo recordar que durante 500 años aproximadamente 100 millones de africanos, la mayoría de ellos mujeres, fueron brutalmente arrastrados a través del mundo y esparcidos en todos los confines del "imperio", mientras que millones más -mis antepasados en el sentido más amplio de la palabra- trabajaron como esclavos en las plantaciones y minas a lo largo de esta región, produciendo la misma riqueza que hizo posible que las mujeres europeas -de todas las clases- renegocien las recursos críticos entre ellas y el estado a través del mecanismo del estado benefactor. Y sin embargo, en esta época nueva y muy interesante del siglo XXI, cuando los mismas que inventaron la diferencia racial y de ubicación entre los pueblos y las mujeres como un grupo explotado y oprimido, han empezado, a través de una mayor profundización de la desigualdad social y la diferencia, a amenazar esos mismos lazos esenciales que las mujeres trabajaron tanto por enfatizar durante los últimos cien años. Obviamente, la globalización requiere que cuestionemos de manera más crítica aquellas cosas que nos han mantenido separadas -entre las cuales una de las más importantes es el tema del privilegio blanco entre las mujeres en un mundo dividido en Norte y Sur.

Así, hemos vuelto al punto de partida -y nos enfrentamos a la realidad de que aunque buscábamos celebrar nuestra diversidad y reconocer nuestras diferencias, por más socialmente construidas que ellas sean- estas "Otredades" son reales y requieren de una respuesta política valiente, particularmente de parte de las feministas que se han posicionado a sí mismas al borde de una nueva política global.

Por lo tanto, para mí, el trato con el privilegio racial, y específicamente con el privilegio blanco que está profundamente incrustado en siglos de explotación y la construcción ideológica de la gente de color como "menos merecedoras" de los bienes y la estética de la producción humana -siendo las mujeres africanas definidas como "lo más bajo de lo bajo" en todo sentido de esa afirmación jerárquica- nos coloca frente a frente con la oportunidad de cambiar nuestros mundos de maneras fundamentalmente transformadoras. El movimiento de mujeres es, sin lugar a dudas (para aquellas que lo percibimos como el movimiento más importante que haya surgido a lo largo de la existencia humana), el epicentro de una nueva visión política cualitativamente profunda de la sociedad humana. Abarca las nociones y visiones de sociedad más inclusivas y sostenibles como un lugar de paz, igualdad y felicidad para todas las personas que nacen en ella. Y la ideología feminista -en todas sus variedades- expresa esta característica singularmente distintiva del movimiento de mujeres y de los valores de mujeres individuales que se dedican a una sociedad muy diferente, en comparación a las actuales sociedades dominadas patriarcalmente en las que luchamos.

En el camino, hemos aprendido que el privilegio -en todas sus manifestaciones- no sólo es apuntalada por reclamos de supremacía que legitiman y facilitan la exclusión y discriminación, sino, en mi opinión, de manera más importante, está íntimamente conectado a las flagrantes expresiones de impunidad que permiten la violación irrestricta de mujeres y niñas, así como la negación de la calidad de persona, dignidad e integridad a la gente de color -los tres elementos clave para ser reconocida, aceptada y tratada como ser humano con igual status para todos.

Por lo tanto, el segundo aspecto de mi comentario se relaciona a la necesidad para el movimiento feminista de hacer uso de las largas y admirables tradiciones que nos han distinguido de otros movimientos -nuestra capacidad para plantear los temas más difíciles y aparentemente intratables sin dudar y sin hacer concesiones. El tema del privilegio racial y en particular de lo blanco como medio a través del cual el privilegio material y social se ha institucionalizado y se ha hecho accesible a ciertos grupos de mujeres, debe ser abordado directamente y sin la pérdida de tiempo y energía que han caracterizado acciones pasadas. El asunto es que lo blanco ha puesto beneficios materiales y sociales reales a disposición de grandes números de mujeres en el Norte (sin importar su clase y edad u orientación sexual) y es hora de que el movimiento feminista priorice este tema y lo coloque al centro de nuestros discursos y activismo.

Lo blanco y el racismo están inextricablemente conectados, según las experiencias de las feministas de color, especialmente las feministas negras, con el poder, la exclusión, la estigmatización y el silenciamiento; y representan temas reales y difíciles en las relaciones entre mujeres a través de diversas divisorias. La persistencia del privilegio blanco no sólo nos plantea desafíos e imperativos específicos (como también lo hace la persistencia de todas las formas de privilegios), sino que lo blanco, por sí sólo, ha construido al resto de la humanidad como lo "otro" de formas que las feministas deben combatir y cambiar.

Permítanme plantear algunas observaciones y preguntas a manera de conclusión de esta breve intervención. Creo que a través de un proceso discursivo es posible, para aquellas que son privilegiadas debido a su raza y color, empezar a aceptar algún tipo de responsabilidad para rechazar la ampliación de dicho privilegio, basado en la continuación de siglos de prácticas de explotación y supremacía, mientras que aquellas que han sido empujadas al otro lado de la divisoria de raza también pueden aceptar la necesidad de amarse a sí mismas y aceptarse como personas, convirtiéndose en post-coloniales. En el sur del África, la identidad racializada de ser personas de color brinda una variación interesante sobre las formas en que lo blanco construye la Otredad entre aquellas/os que son excluidas/os a través de reclamos ideológicos racistas de supremacía y pureza.

También necesitamos tomar conocimiento del hecho de que las mujeres pobres quieren más que la declaración retórica de igualdad y derechos -están demandando acceso y propiedad sobre los recursos materiales claves en todas sus sociedades, y quieren la traducción de sus derechos legales y de propiedad en realidad. Esto está planteando nuevos temas de liderazgo para las feministas dentro del movimiento de mujeres, conduciendo a un cambio en la construcción ideológica de lo que significan los derechos en términos reales en el contexto de las vidas de las mujeres pobres.

¿Cuál es el impacto de este tema en la orientación ideológica de las políticas feministas en la actualidad y qué nos dice esto sobre las relaciones entre mujeres de diversas razas y clases y el estado; las mujeres y hombres heterosexuales respecto al matrimonio como una relación de propiedad; y en términos de la intersección entre nociones de propiedad, ciudadanía y derechos de las mujeres? ¿Cómo reconciliamos temas de propiedad y titulación con una relación reestructurada entre mujeres de diversas clases y el estado, especialmente en países del "sur"?

¿Cuáles son las implicancias para el activismo feminista y la solidaridad en términos de las mujeres en el norte con sus estados - que están al frente del impulso de la globalización?

¿Cómo está la participación en la globalización cambiando o influyendo las políticas feministas a través de todos los sectores de nuestro activismo y producción de conocimientos?

¿Cuáles son los significados feministas del ser personas y de integridad física para las mujeres del "sur" a través de la realización de los derechos reproductivos y sexuales para todas las mujeres, sin reservas y/o calificativos culturales relativistas? ¿Qué apariencia tiene la nueva relación feminista equitativa? ¿Podemos imaginarla y somos capaces de manejar los cambios en términos de relaciones de poder que estuvieron/están ligadas a privilegios de ubicación o raciales?

¿Estamos respondiendo a la reacción violenta de la derecha en términos de una colusión entre los elementos reaccionarios dentro de la academia, elementos reaccionarios en sectores como los defensores/as del control poblacional en términos de la transformación política que los derechos reproductivos y sexuales implican para las mujeres pobres, rurales en todo el mundo? Estamos plenamente conscientes del impacto político que la realización de los derechos reproductivos y sexuales tendría en la capacidad de las mujeres, dondequiera que vivan, para quebrar la hegemonía patriarcal y su control sobre ellas. La derecha está resistiendo esta transformación sistemáticamente en los ámbitos de la ONU, los medios internacionales, las estructuras financieras internacionales, las organizaciones religiosas fundamentalistas y a través de la movilización de viejas prácticas "culturales" y reclamos que aíslan e intimidan a las mujeres. Es la colusión entre estas fuerzas reaccionarias, apoyadas abiertamente por elementos dentro de disciplinas como la antropología social, dentro y fuera de la academia, la que plantea el desafío más grave a la sostenibilidad y el avance del movimiento feminista en el ámbito internacional.

Para mí estos son algunos de los temas claves que se ubican en la intersección entre feminismo/liderazgo y diversidad, y dependiendo de cómo participemos en ellos y usemos nuestras fortalezas y experiencias políticas e ideológicas, podremos avanzar de manera cualitativa, a través del cambio con un impacto real para todas/os, o nuevamente tendremos que esperar a una nueva coyuntura para lograr una transformación feminista.

Estoy a la expectativa del discurso que ya se encuentra en marcha en el espacio de liderazgo feminista, y me alegra haber sido parte de esta intervención inicial.

Colonización, racismo y resistencia indígena

Victoria Tauli Corpuz

Sin lugar a dudas, el movimiento de mujeres, tanto en el ámbito global como local, ha sido y continúa siendo uno de los movimientos más significativos en desafiar las estructuras y las ideologías que otorgaron privilegios a la minoría blanca, masculina. Parte del proceso de enriquecimiento de este movimiento es la necesidad de hacer un alto, de vez en cuando, para reflexionar sobre si estamos yendo por el camino correcto o no. Para mí, como feminista que pertenece a una colectividad llamada pueblo indígena, esto fue lo que me permitió manejar mis dudas y dilemas. Al reflexionar, sin embargo, terminé con más preguntas que respuestas. Quisiera aprovechar esta oportunidad para plantear temas que tal vez no sean políticamente correctas, pero que me preocupan seriamente.

Una de mis preocupaciones es la forma inadecuada en que las feministas (incluyéndome a mí misma) estamos abordando la globalización, mientras ésta define el mundo y continúa perpetuando el racismo y la intolerancia, y la discriminación hacia las mujeres. También quisiera desafiar a las feministas y otros movimientos a confrontar la posibilidad de que ellos también están promoviendo algunas formas de racismo y discriminación.

La CMRX se lleva a cabo en un período en que somos testigos del impacto negativo de la globalización no sólo en las mujeres, sino en todas las clases y sectores marginados. La economía de mercado capitalista está haciendo uso de todas las armas en su arsenal para definir y adaptar con precisión a los estados-naciones, pueblos, culturas y la naturaleza para que se conviertan en las ruedas y tuercas de esta maquinaria. El racismo, la intolerancia y la discriminación son favorables a la globalización porque justifican la exclusión y eliminación de aquellas/os que no pueden ser integrados a la economía capitalista global. ¿Cómo pueden las feministas usar esta oportunidad de manera efectiva para producir una diferencia? ¿Qué análisis y estrategias pueden ofrecer para desafiar al proceso de globalización que apoya al racismo y la discriminación? ¿Están conscientes las feministas de la posibilidad de que ellas también podrían estar promoviendo el racismo, incluso mientras tratan de enfrentarlo?

Para las mujeres indígenas, el racismo y la discriminación han sido su destino desde la colonización hasta la actualidad. La colonización creó a los pueblos indígenas. Estos son pueblos que se convirtieron en el otro porque opusieron resistencia a la asimilación al gobierno colonial y rehusaron ser plenamente integrados a las sociedades post-coloniales dominantes. Su resistencia ha contribuido a la existencia continua de las pocas economías, culturas, lenguajes, cosmologías, sistemas de gobernabilidad y ecosistemas diversos que aún quedan.

El racismo sustenta a la colonización y la globalización. Promueve la ideología neoliberal dominante y el sistema económico, cultural y político capitalista como superiores a los otros. Así, todos los otros sistemas, incluyendo las sociedades de pueblos indígenas, fueron considerados atrasados e inferiores y tenían que ser erradicados. La violencia del racismo y la discriminación que llegaron bajo las formas de genocidio y etnocidio de pueblos y culturas indígenas se desataron en todo el mundo, tanto en Europa, las Américas, Asia, África como en el Pacífico. Esto continúa a pesar de la Carta de la ONU y la Declaración de los Derechos Humanos. Incluso si todas las constituciones de los estados-naciones dicen que nadie debe ser discriminado por razón de raza, género, religión, etc., las mujeres y los pueblos indígenas continúan siendo discriminados.

¿Qué se necesitaría para eliminar el racismo, la discriminación y todas las formas de intolerancia en este mundo globalizante? Indudablemente, los movimientos de liberación anticoloniales, los movimientos de mujeres y los movimientos de pueblos indígenas, jugaron papeles claves para combatirlos. El proceso continuo de deslegitimización de la ideología racista y patriarcal no hubiera prosperado de no ser por estos movimientos.

Sin embargo, algunos de estos movimientos también son culpables de imponer sus agendas o ideologías en los pueblos indígenas, al punto de ser discriminatorios, intolerantes y racistas. El feminismo, por ejemplo, ha sido criticado por algunas organizaciones de pueblos indígenas (que incluyen mujeres) por tener su propia intolerancia y desdén hacia los pueblos indígenas y culturas y sistemas tradicionales. El llamado a respetar la diversidad de las culturas fue visto por algunas feministas como una excusa para mantener culturas indígenas patriarcales. Los esfuerzos de las mujeres indígenas para enfrentar al patriarcado a su manera fueron vistos como inadecuados por algunas feministas. Aunque las mujeres indígenas reconocen que algunos de sus sistemas son patriarcales, esto no quiere decir que estas culturas deben ser vistas como atrasadas y que, por lo tanto, deben ser modernizadas.

Esto es similar a la experiencia de algunas mujeres negras respecto al tema de la mutilación genital femenina. Éste es un tema principal para muchas feministas africanas y, de hecho, fueron ellas quienes impulsaron la campaña contra dicha práctica. Sin embargo, cuando fue adoptada por feministas occidentales, el manejo del tema se tiñó de racismo. Las culturas africanas que la practicaban fueron convertidas en demonios. Los aspectos buenos de diversas culturas africanas fueron ensombrecidas por la mutilación genital femenina. Algunas feministas africanas se encontraron en una situación difícil. A pesar de criticar esta práctica y estar activamente involucradas en programas para erradicarla, las corrientes racistas subyacentes en la forma cómo el tema fue tratado globalmente las hizo defensivas de sus propias culturas.

Los ambientalistas que presionaron por la creación de parques nacionales o la prohibición del tráfico de pieles fueron acusados de discriminación y racismo porque mantuvieron a los pueblos indígenas alejados de sus bosques tradicionales. También contribuyeron a la destrucción de los medios de subsistencia tradicionales de cazadores y recolectores indígenas. Los pueblos indígenas en el Ártico, los Inuit, que tradicionalmente cazaban focas para su vestimenta, alimentación y medicinas, fueron descritos como anti-medioambiente y como violadores de los derechos de los animales.

Existe lo que se llama racismo ambiental que se manifiesta en la forma en que los desechos tóxicos de las industrias y las tecnologías destructivas son descargados en pueblos indígenas o comunidades de gente de color. Algunos ambientalistas ni siquiera mencionan estos temas.

Incluso la construcción de los derechos humanos como discurso y la creación de regímenes legales de derechos humanos estuvieron teñidos de alguna forma de racismo porque reconocieron sólo los derechos individuales y no los derechos colectivos. Los derechos colectivos de los pueblos indígenas a territorios, lenguaje o cultura, entre otros, no fueron inmediatamente reconocidos. Esto condujo a los pueblos indígenas a presionar a la ONU para que cree una Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas que continúa como borrador hasta la fecha.

Ahora, con la globalización, las corporaciones que son en realidad colectivos, están presionando para contar con su propia declaración de derechos, como se vio claramente en el fallido Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (MAI, por sus siglas en inglés). Esto también está sucediendo en la OMC y acuerdos regionales como el NAFTA y el Libre Comercio en las Américas. Entonces, ¿a qué se debe que cuando nosotros, los pueblos indígenas, demandamos que nuestros derechos colectivos sean reconocidos como pueblos distintos con el derecho a la autodeterminación y derechos a territorios y recursos ancestrales, etc., nos dicen que no existen tales derechos colectivos? Sin embargo, cuando las corporaciones demandan sus derechos para invertir, sus derechos a propiedad intelectual, etc., son considerados como personas jurídicas.

La evolución de regímenes jurídicos universales para proteger y promover los derechos de corporaciones y ex gobiernos coloniales es racista y discriminatoria. Por ejemplo, el Acuerdo sobre Aspectos Relativos al Comercio de Derechos de Propiedad Intelectual (TRIPS, por sus siglas en inglés) de la OMC es un caso claro de universalización del régimen de derechos occidentales y de ignorar o debilitar formas de titulación no tradicionales. Los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales a proteger sus conocimientos tradicionales contra la apropiación no es cubierto por el TRIPS. De hecho, debilita el conocimiento tradicional, dado que tiene su propia definición sobre qué conocimientos deben ser protegidos. Estos son conocimientos creados por un individuo, que son novedosos, y que pueden ser usados para fines comerciales. Los conocimientos tradicionales que evolucionan creativamente y que son compartidos y usados por las comunidades a lo largo de generaciones, no pueden ser protegidos por el TRIPS.

Peor aún, el TRIPS que permite patentar formas de vida, es decir, la apropiación y mercantilización de materiales genéticos e información sobre seres vivientes, se ha convertido en el estándar que debe ser acatado por todos los estados miembros de la OMC. TRIPS es un régimen legal que promueve la monopolización de altas tecnologías como la biotecnología moderna, nanotecnología, genómica, informática y robótica. Privilegia un tipo de conocimiento sobre otro.

En lo que me concierne, estos desarrollos son materias que deberían preocupar a las feministas porque las mujeres son portadoras claves de conocimientos tradicionales, son las custodias de las semillas y sus cuerpos están siendo manipulados por estas tecnologías modernas. Existe racismo en la forma en que los sistemas y cosmovisiones occidentales son globalizados para convertirse en estándares universales en base a los cuáles somos juzgadas/os para determinar qué tan civilizadas/os somos.

La globalización que está siendo promovida por organismos como la OMC, el Banco Mundial, el FMI y los otros organismos de comercio multilaterales como el NAFTA, APEC, etc. debe ser abordada de manera adecuada por las feministas tanto en la CMRX como en otros espacios. El racismo y el sexismo que sustenta a la globalización debe ser puesta al descubierto.

Incluso más allá de ello, los diversos movimientos como el de mujeres, ambientalistas, derechos humanos, etc. deberían examinar más de cerca cómo promueven la discriminación y el racismo, incluso mientras los enfrentan. Puede ser necesario develar la universalización de estándares, ya sean derechos de propiedad intelectual, derechos de las mujeres, derechos laborales, derechos humanos, etc. Esto no quiere decir que la universalización per se sea mala. Tal vez sea necesario distinguir y establecer criterios para determinar qué universalización es buena y cuál es mala porque promueve el racismo, la intolerancia y la discriminación.

Existen diversas realidades y contextos, especialmente en los ámbitos locales, que deben ser visibilizados y apoyados en la medida que brinden una mejor calidad de vida para la gente y promuevan mayor equidad. Estas realidades son también más sostenibles para la naturaleza y todas las otras creaciones. Los pueblos indígenas aún mantienen algunos de estos sistemas y cosmologías que van contra la agenda de la globalización. Lo que la globalización nos dice es que la misma medida sirve para todos. Así, las normas globales creadas en la OMC, por ejemplo, deberían servir a todos los países y comunidades no importa cuán grandes o pequeñas sean, no importa qué tipo de desarrollo hayan alcanzado. Aunque se han hecho algunos ajustes debido a las protestas de la sociedad civil y también de algunos gobiernos, en general, el poder para definir todavía lo sustentan los países industrializados ricos y sus corporaciones. El movimiento de mujeres y el feminismo deberían enfrentar la globalización en estrecha colaboración con otros movimientos.

La lucha contra el proceso de definirnos para que nos convirtamos en las ruedas y tuercas de la economía de mercado capitalista global es difícil. Hemos estado muy fragmentadas unas de otras y la afirmación de diversas titulaciones y derechos de aquellas en las márgenes no han sido necesariamente complementarios. Sin embargo, si cada asume un rol desde cambiar estilos de vida a apoyar a comunidades en resistencia y crear estructuras, formas de vida y conocimiento alternativos, este esquema de globalización fracasará. Como dicen nuestros amigos en los movimientos campesinos, lo que necesitamos globalizar es la esperanza.

Desarrollo de una cultura feminista que incorpore una visión inclusiva de la humanidad

Mónica Santana

La xenofobia, al igual que el racismo y la discriminación, son lastres culturales que han sido traspasados de generación en generación en las diferentes épocas históricas que ha vivido la humanidad. Nosotras las mujeres hemos vivido -y seguimos viviendo- bajo un sistema que refuerza las desigualdades entre las personas en base a su sexo, lo que nos permite tener una mayor comprensión de las consecuencias negativas de la xenofobia, particularmente en el sentido del dominio de un grupo social y cultural sobre otro, es decir, nosotras. Esta situación nos ha hecho mas sensibles para percibir esa realidad, como paso a explicar.


Se han escrito miles de páginas denunciando el odio y el rechazo que provoca el miedo irracional a lo que es “diferente” a lo ya establecido. Sin embargo, en las diferentes sociedades, los grupos en el poder siguen utilizando la xenofobia para eliminar y/o someter a pueblos enteros, eliminando así culturas, etnias, formas de vida y cualquier otra manifestación social que no responda al modelo dominante (ejemplo, las culturas indoamericanas y africanas).

En la época moderna, la cultura blanca ha promovido relaciones de poder sobre la base de prejuicios y estereotipos que desvalorizan a los grupos denominados “minorías” con el objeto de impedir su acceso al poder. La cultura blanca ha desarrollado modelos económicos de explotación y opresión en contra de los grupos sociales no blancos. El miedo al extranjero/a ha permitido invisibilizar y desvalorizar los aportes culturales de otras civilizaciones desarrolladas por grupos no blancos.


A partir de la cultura blanca, la humanidad ha sido dividida en diferentes categorías que fomentan la xenofobia, así por ejemplo tenemos conceptos como cultura civilizada y no civilizada, desarrollada y subdesarrollada, países pobres y países ricos, primer mundo y tercer mundo. Ahora bien, ¿quién determinó qué es civilización y qué no es? ¿Qué es desarrollo y qué no es? ¿Por qué tenemos que aceptar como válidos los criterios establecidos por la cultura blanca para hacer estas divisiones?

Siguiendo el esquema de la cultura blanca, EEUU pertenece al primer mundo y es el país mas civilizado y desarrollado de los países del planeta, sin embargo no es el país más viejo del continente americano y su poder económico lo ha logrado sobre la base de la explotación y saqueo a los que ha sometido al resto de los países americanos y del mundo.

Irónicamente, EEUU fue fundado por gente llegada de todas partes del mundo y principalmente de Europa, buscando nuevas oportunidades y para poner sus vidas a salvo de las persecuciones e intolerancias de que eran objeto en sus países de origen, ya fuera por sus creencias religiosas o políticas. Sin embargo, es en este país donde la xenofobia y el racismo han sido alimentados desde los grupos de poder y se manifiesta en variados ámbitos.

Las manifestaciones de odio e intolerancia al nuevo/a inmigrante son parte de la vida cotidiana y podemos ver un resurgimiento del Ku Klux Klan y grupos fundamentalistas conservadores de extrema derecha. Dos meses atrás en Long Island, Nueva York dos trabajadores mexicanos fueron “invitados” a trabajar por tres individuos blancos quienes los secuestraron y condujeron a un sitio apartado, los golpearon con sus propias herramientas y abandonaron suponiendo que estaban muertos. Otros ejemplos recientes y de fuerte impacto en la opinión publica son los casos del ciudadano africano Diallo quien fue asesinado de 41 tiros por parte de la policía de Nueva York y el ciudadano haitiano Louima quien fue sodomisado en los baños de la estación de Policía de Nueva York. Asimismo, está el caso de varias mujeres latinas que eran detenidas en control de rutina de la policía de tránsito y, bajo la falsa acusación de haber consumido alcohol, eran obligadas a desvestirse y caminar desnudas hasta sus casas.

La discriminación, la explotación y la violación de los derechos humanos y la dignidad de las personas forman parte de la cultura patronal en EEUU. Trabajar 72 horas a la semana por una salario de 180 a 200 dólares semanales es “normal” si se trata de una trabajador/a inmigrante . Según las leyes laborales del país, una persona debe recibir US$5,15 por hora y, a partir de las 40 horas semanales, debe recibir US$7,73 como salario mínimo para trabajos manuales o no calificados; esto, en un sistema donde el costo de vida promedio de una persona por mes es alrededor de US$2.000.00.-

Por lo general las personas deben trabajar 12 horas diarias, muchas veces sin descanso ni para comer. Algunos de estos trabajos son de alto riesgo para la salud y no reciben ningún tipo de orientación ni los equipos apropiados para realizar el trabajo, lo que ocasiona un alto índice de muertes y accidentes con lesiones permanentes sin ningún tipo de compensación. Este es el tipo de trabajo que no quiere hacer el nativo en razón de los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo.

Las personas que desempeñan este tipo de trabajo -llamado trabajo sucio- no tienen derecho a vacaciones ni ningún otro tipo de beneficios (seguro medico, seguro de desempleo, pago de días festivos, etc.). En la práctica, no tienen derecho a sindicalizarse y pueden ser despedidas sin ninguna justificación, lo que las hace muy vulnerables a los abusos de sus empleadores e incluso, si además de ser inmigrantes son mujeres, tienen que soportar el acoso sexual por cualquiera, desde el dueño de la empresa hasta el compañero de trabajo. No olvidemos que estamos hablando de relaciones laborales en EEUU, EL PAÍS MAS RICO Y DESARROLLADO DEL MUNDO.

Por otra parte, la xenofobia no se siente ni se vive sólo en el ambiente laboral aunque probablemente es en este ámbito donde es más dolorosa por el hecho de no tener acceso a más opciones. El odio y la intolerancia se repiten en otras instancias administrativas. Requerir cualquier servicio publico, ya sea educación, salud, vivienda, etc., implica primero vencer todos los obstáculos de la burocracia del sistema y después tener que enfrentarse al funcionario público que no tiene ningún respeto por lo que la persona inmigrante representa social y culturalmente. Entrar en contacto con un oficial de policía y/o de inmigración, con bastante frecuencia expone a las personas inmigrantes a abusos y humillaciones por el solo hecho de su apariencia física, o porque no puede comunicarse en ingles, o porque lo habla con acento foráneo.

La otra cara de la moneda nos dice que las personas inmigrantes, principalmente de Latinoamérica, no dejan sus países de orígenes por gusto. Los flujos migratorios casi siempre se producen por causas ajenas a la voluntad del inmigrante, unas veces ocasionadas por fenómenos naturales, por guerras, por persecución política o de otra índole y mayoritariamente por falta de oportunidades para obtener mejores condiciones de vida, producto de las consecuencias negativas de la globalización.

Como decía arriba, en el caso de las migraciones de Latinoamérica hacia EEUU, éstas tienen como causa fundamental razones de tipo económico y, en menor medida, razones políticas y/o de guerra. Por razones obvias, EEUU es en casi todos los casos, el principal y muchas veces el único socio comercial de los países Latinoamericanos. Esa situación, lejos de favorecer a las economías de nuestros países, ha creado una dependencia económica y el sometimiento político de sus gobiernos, del cual EEUU es juez y parte, y por lo tanto no asume responsabilidades sobre los problemas que causa con sus constantes intervenciones, ya sea en el orden económico, ya sea en el orden político. Su complicidad con los gobiernos corruptos en nuestros países y que le son serviles, generan la mayoría de las veces los conflictos que posteriormente son las causas de los flujos migratorios. En el caso de las relaciones económicas desiguales y ventajosas para EEUU son siempre la causa principal de la pobreza de nuestros países y empobrecimiento de nuestra gente por la falta de oportunidades para obtener un empleo y un nivel de vida aceptables para las familias latinoamericanas.

En síntesis, la xenofobia y el racismo son lastres sociales y culturales que el sistema capitalista y patriarcal usa como un instrumento para mantener cautiva a la mayoría de la sociedad que no pertenece a la cultura blanca ni al modelo económico que la sustenta.

Combatir la xenofobia demanda medidas urgentes en diferentes ámbitos.

En el plano económico, bajo la política de globalización de la economía y los mercados, es urgente adoptar políticas más justas que incluyan dentro de los tratados de libre comercio, por ejemplo, la creación de un salario universal que cubra las necesidades de la canasta familiar de cada país; la condonación de la deuda externa de nuestros países; creación de fuentes de trabajo que garanticen el respeto irrestricto a los derechos laborales; e indemnización para las víctimas del neoliberalismo que a consecuencia de estas relaciones económicas desiguales, han tenido que abandonar nuestros países.


En el plano sociocultural, declarar a la xenofobia e intolerancia como lastres culturales que deben ser reconocidos y eliminados de nuestra sociedad. Propongo penalizar cualquier manifestación xenófoba que refuerce la ideología de la supuesta supremacía blanca. De esta manera lograremos un efectivo encuentro de nuestras realidades socioculturales que posibiliten la incorporación de las nuevas fuerzas laborales con los mismos derechos que gozan los ciudadanos del país receptor.

En el plano artístico-cultural propongo motivar la expresión artística de nuestros artistas, profundizar la enseñanza de nuestros legados ancestrales como aportes positivos y significativos en la creación de una nueva cultura que refleje un equilibrado sincretismo.

En el plano político, crear legislaciones que reconozcan y protejan el derecho de las personas sin tomar en cuenta sus orígenes étnicos, sociales y de género, como asimismo dictar leyes que repriman las manifestaciones xenófobas criminalizándolas. Recordemos que es justamente EEUU quien no ha suscrito la mayoría de las convenciones relativas a derechos humanos y en particular la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

Para garantizar la construcción de un mundo libre de lastres culturales es fundamental la integración de una visión de género basado en el ser humano sin importar su sexo, raza, clase o etnia.

Bajo esta nueva visión, las relaciones de poder hombre-mujer deben ser replanteadas desde una perspectiva de género en la que se tome en consideración la equidad, la igualdad e identidad como pilares fundamentales de la relación, creando condiciones que garanticen el desarrollo de los seres humanos y de la sociedad para enfrentar al nuevo milenio y la política de la globalización.

Comentarios

Plataformas de Solidaridad vs. Otredades Globalizadas

Ana Irma Rivera Lassén

En la ponencia de Tauli-Corpuz y en la ponencia de McFadden existen puntos de encuentro interesantes y muy a tono con el tema de retos feministas claves en la lucha contra el racismo la xenofobia y la intolerancia.

McFadden parte de su identidad diversa y resalta cómo las variables que intersecan esa identidad han marcado su acceso al espacio político feminista. Esas variables son entre otros la raza, la clase, la edad y la orientación sexual. La autora se replantea el significado de los lideratos feministas a partir del proceso de hacer las intersecciones con las variables mencionadas. Nos habla de un cambio o movimiento desde la sororidad hacia la construcción de plataformas de solidaridad.

Por su parte Tauli-Corpuz, comienza en la misma línea, reconociendo también la importancia del movimiento feminista como uno que reta las estructuras que protegen los intereses de unos pocos sobre la mayoría. Luego, al igual que McFadden, expresa la necesidad del movimiento feminista de replantearse los mecanismos de acción.

Tauli-Corpuz comienza esa mirada interna al movimiento desde una mirada interna a su identidad indígena. McFadden lo hace desde la identidad de mujer negra. Ambas se retan y retan a las otras feministas a realizar este ejercicio. Ambas también reconocen la necesidad de ver los retos que trae la globalización y una de sus consecuencias más notables que es la globalización del racismo y la colonización. Esto último debido a que los intereses económicos hacen que los Estados se ajusten a las necesidades de los mercados globalizados, intereses al servicio de mantener los privilegios de unos pocos. La globalización del racismo y la colonización convierte en "otros(as)" a las personas que no controlan o no son las dueñas de los mercados capitalistas dominantes. Esos mercados capitalistas dominantes son vistos como superiores y por tanto pasan a ser la normativa. Dentro de esta situación que afecta a hombres y a mujeres, es un reto aún mayor para las feministas poder hacer las intersecciones necesarias con el tema del género.

Tauli-Corpuz plantea también muy interesantemente la complejidad de la lucha por los derechos colectivos de los pueblos indígenas, frente a los derechos individuales contenidos en los discursos de los derechos humanos, como una dicotomía que construye una norma y una otredad. Nos advierte también que debemos tener cuidado como feministas al criticar y luchar en contra del patriarcado en las distintas culturas ya que a veces esas criticas, aunque meritorias, pueden estar mediadas de racismo si, por ejemplo, se critica toda una cultura cuando lo que se quiere es criticar algo particular que sucede en la misma. Este planteamiento trae a la luz que debemos partir del respeto a la diversidad, con un entendido que no valore unas culturas frente a otras como mejores o peores, buenas o malas, de lo contrario el racismo, la intolerancia y la xenofobia no nos permitirán la construcción de las plataformas de solidaridad que McFadden expresa.

Creo que las dos autoras nos convocan a mirar como feministas los procesos económicos, sociales y políticos, ya sea nacionales, internacionales o globalizados como los temas que nos retan a tender puentes de trabajo conjunto con otros actores, como lo son otros movimientos. Entiendo que esos puentes deben correr en ambas direcciones para lograr las transformaciones feministas que deseamos en nuestras sociedades.

Personalmente creo que los retos son muchos, ya que al ver la dinámica de las discriminaciones vemos que son horizontales, verticales, transversales e internas. Colectivamente e individualmente tenemos puntos de partida diferentes. Así, el desafío personal o individual es igual de importante que la respuesta institucional colectiva o del Estado. La búsqueda de respuestas va en todas direcciones.

Hace poco en una intervención en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) decía que "Si hoy podemos articular una defensa de los derechos de las mujeres a vivir sin violencia, por ejemplo, esto comenzó con la imaginación. Había que soñar, y hay que soñar para construir la realidad, pero la realidad es también un sueño. Cuando creemos que estamos concretando su forma, se transforma nuevamente, descubriendo en su cuerpo nuevos ángulos que antes no veíamos. Creo que las mujeres no somos una sola, ni somos iguales, ni mucho menos somos unidimensionales, por lo que me gusta imaginar que las utopías feministas están en constante cambio y que siempre estamos retándonos nosotras mismas a tratar de articular un discurso(s) que nos incluya a todas y/o que no excluya a algunas."

Tanto McFadden como Tauli-Corpuz analizan las implicaciones de las políticas de globalización como nuevos espacios donde se practica el racismo y la marginación y ambas, me parece, están muy preocupadas en que las feministas no estemos abordando la situación con la profundidad que esto amerita. En este proceso hacia la Conferencia Mundial contra el Racismo, yo he visto, sin embargo, mucha reflexión sobre estos puntos. El documento o Plan de Acción de las ONGs que produjo el Foro de las Américas, que se llevó a cabo en Quito, es uno que aborda el tema de las intersecciones de todos los temas de la conferencia con el de género, y lo convierte en una metodología de análisis transversal en todo el documento. Ese tipo de ejercicio me parece un buen punto de partida.

A la Ponencia de Patricia Mcfadden

Sarah Mukasa

Las implicancias de abordar la diversidad ya sea por raza, color, etnia, orientación sexual, clase, edad, capacidad y otras, han sido discutidas por el movimiento feminista a lo largo del tiempo. En su documento, Pat McFaden analiza la diversidad y, en particular el racismo y su impacto en las mujeres africanas. Su excelente análisis plantea una serie de preguntas que el movimiento feminista debe hacerse a sí mismo. Estas preguntas no son respondidas fácilmente y están, como ella misma observa, cargadas de problemas - entre ellos, no de poca importancia, el peligro de la fragmentación del movimiento global de mujeres, por aquellos elementos que discriminan basados en la raza, sexo y género, orientación sexual y otras. Sin embargo, al no abordarlas, en formas abiertas y significativas, es casi seguro que el movimiento feminista enfrenta el peligro de la fragmentación. El movimiento feminista es el espacio en el cual el tema de la diversidad debe ser abordado, si se quiere tener éxito en lograr el desmantelamiento del patriarcado y todas las formas de opresión.

Para abordar lo que se necesita hacer, es necesario evaluar dónde estamos en este momento. El movimiento feminista, en su actual estado, ¿hasta qué punto, ha abordado los temas de la diversidad? ¿Qué cambios se necesitan hacer y qué nuevos paradigmas de liderazgo feminista se necesitan desarrollar para hacer estos cambios? Sobre el tema de la diversidad, McFadden observa que, la amplitud con que las mujeres a lo largo del mundo se han acercado unas a otras, para brindarse apoyo y solidaridad y para relevar las numerosas manifestaciones de la opresión patriarcal, ha hecho del movimiento de mujeres uno de los movimientos sociopolíticos más diversos e inclusivos que hayan surgido en el siglo XX. Y son esos esfuerzos por incluir y apoyar a las mujeres en todas partes, sin importar la raza, color, clase, orientación sexual y otros, en sus esfuerzos por oponer resistencia a la opresión patriarcal, lo que coloca al movimiento de mujeres en la vanguardia o, para citar a McFadden, "en la fuerza que está liderando la transformación de nuestras sociedades a lo largo del mundo".

Aunque el movimiento de mujeres ha dado grandes pasos en unirse alrededor de temas que las mujeres tienen en común, ha sido menos exitoso en abordar los temas de la diferencia entre las mujeres. En el contexto de la globalización, McFadden sitúa el tema de los privilegios de los blancos como el tema más importante - pero de ninguna manera el único - para el análisis en términos de racismo e intolerancia. Asimismo, el modo en el cual lo blanco ha sometido al resto de la humanidad como el "otro" (léase, seres humanos inferiores y, por lo tanto, menos merecedores), señala la urgencia de tratar con el tema del privilegio blanco. Las mujeres blancas de todo el mundo, de todas las clases, han tenido, en conjunto, a lo largo de los años, mayor acceso a los recursos materiales, bienestar económico y demás, que lo que tienen las mujeres africanas. Y esto ha sido posible por la explotación de las mujeres africanas. La protección de este privilegio, que ha sido institucionalizado a través de varias estructuras políticas y económicas globales, son un firme impedimento para asegurar y proteger los derechos humanos y la dignidad de todas las mujeres del mundo. Es por eso que es imperativo que el liderazgo feminista, sobre una base colectiva, aborde el tema del privilegio blanco. El proceso comienza por que las mujeres blancas reconozcan estos hechos. De igual forma, McFadden desafía al movimiento de mujeres africanas por su inercia y falta de voluntad para expresar la noción de heterosexualidad forzada en las sociedades africanas. Estos son desafíos que el liderazgo feminista no puede seguir ocultando o ignorando.

El desafío mayor para el liderazgo feminista, entonces, es pasar de analizar los temas que nos convocan (a lo que McFadden se refiere como la sororidad), a incluir aquellas preocupaciones de diferencia entre nosotras como mujeres. El movimiento feminista tiene una oportunidad de brindar liderazgo al resto del mundo en el tema de racismo y todas las otras diversidades. Basado en las fortalezas y estrategias desarrolladas en el pasado, el liderazgo feminista debe construir sobre ellos para abordar estos desafíos. El patrón ha sido establecido por los principios sobre los cuales se ha desarrollado el movimiento feminista a través de los años. Para nosotras, es posible discutir las cosas que nos separan, sin perder de vista lo que nos une.

Mi sincero agradecimiento a Pat McFadden por su excelente análisis y presentación.


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