La Riqueza de la Diversidad
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Movimiento poblacional

No han faltado intentos de juntar fuerzas en las organizaciones poblacionales. Pero todavía no se puede hablar de un movimiento poblacional constituido. La organización barrial tradicional se ha movido más en el plano local, con visiones sectoriales, atravesada por el clientelismo y las reivindicaciones puntuales. Recién se empieza a asumir la necesidad de pasar de la visión de barrio a la visión de ciudad, de concertar con todos los actores urbanos y de participar con propuestas de políticas en los ámbitos locales y nacionales.


1. Las ciudades y los barrios

En el último censo de población de 1990, se registra que el 55% de los ecuatorianos vive en las ciudades, cambiando el rostro de un país tradicionalmente rural. Se calcula que para el año 2000, más del 60% de los habitantes del país estará inmerso en el mundo urbano.

En los últimos cuarenta años (1950-1990), el número de localidades de más de diez mil habitantes se multiplicaron por cinco (de 13 a 65) y la población que en ellas vive por más de siete (de 683 mil a 5.1 millones). (36)

Los rápidos procesos de urbanización han tenido como telón de fondo las transformaciones de la estructura productiva del país. A raíz del boom bananero que se inicia a fines de la década del 40 se producen fuertes migraciones del campo a las ciudades, incentivadas por la crisis del agro. Lo mismo sucede cuando arranca la industrialización y el boom petrolero en la década de los 70.

Las migraciones y el alto crecimiento poblacional en las ciudades, determinan altas tasas de urbanización entre 1950 y 1982 que se mantienen cercanas al 5 % anual, duplicándose la población urbana cada 15 años. A raíz de la crisis económica de 1982, el crecimiento urbano baja al 3.4 % anual, debido a la crisis de la industria de la construcción, la reducción del empleo público y los cambios en los esquemas de desarrollo, en tanto se transita de un modelo protegido de industrialización sustitutiva de importaciones hacia un esquema de apertura internacional y promoción de las exportaciones. (37)

El ritmo con el que crecen Quito y Guayaquil, entre 1982 y 1990, tiende a disminuir, para dar paso al crecimiento acelerado y explosivo de ciudades intermedias como Santo Domingo de los Colorados, Machala, Portoviejo, Manta y Ambato.

En todo caso, la brecha entre campo y ciudad se ha acentuado. En las urbes, principalmente Quito y Guayaquil, se concentran las fuentes de empleo, los recursos, las inversiones estatales y privadas y las redes de servicios públicos. En contraste, las condiciones de vida en el campo se han ido paulatinamente deteriorando debido a la desatención estatal, la concentración y agotamiento de la tierra cultivable, la caída de los precios de los productos campesinos y el incremento acelerado de los insumos, la falta de crédito, asistencia técnica, redes de comercialización, caminos vecinales y servicios básicos. (38)

Nuestras ciudades nacen y se desarrollan en medio de un marcado proceso de segregación y exclusión social, económica y política; por un lado, encontramos un sector moderno bien atendido, y por otro, barrios populares en condiciones muy precarias. Los intereses del capital inmobiliario y de los especuladores, marcan las políticas de muchos gobiernos seccionales.

Por la necesidad de conseguir vivienda, los pobladores han ocupado tierras y se han asentado en laderas, zonas de riesgo y áreas bajas y salitrosas que se inundan con facilidad. Este fenómeno que se desarrolló en las últimas tres décadas en las ciudades de la Costa, reaparece con fuerza, en la década del 90 en Quito, como una manifestación más de la crisis urbana y de la incapacidad para solucionarla.

En las urbes, la falta o escasez de infraestructura y servicios básicos va para largo: cuatro de cada 10 hogares no cuentan con conexión de agua a sus casas, y cinco de cada diez hogares carecen de un sistema adecuado de alcantarillado. Este problema es más agudo en la Costa que en la Sierra. Con la vivienda la situación no es mejor: el 68% de las dos millones de viviendas que hay en el Ecuador, es inadecuado. El déficit habitacional va en aumento: cada año se requieren 50.000 nuevas viviendas. (39)

El deterioro del medio ambiente urbano es cada vez más acentuado debido a la contaminación del agua, la tierra y el aire, la deforestación y la basura que no se recoge, repercutiendo directamente en la calidad de vida de sus habitantes.

Con los recortes de los programas estatales y la aplicación de políticas de ajuste, la mayoría de pobladores urbanos tienen mayor dificultad para acceder a la salud, educación, y atención a la infancia.

En vivienda, el gobierno se desentiende del problema y lo ha transferido a manos de la empresa privada. El deterioro de los ingresos, el desempleo, la reducción de subsidios, las altas tasas de interés y la elevación de los materiales de construcción hacen prácticamente imposible la obtención de vivienda para los sectores de menores recursos. El mercado nunca ha resuelto, ni resolverá, las necesidades de alojamiento de la gran mayoría de la población. (40)

La pobreza es el principal problema de las ciudades, expresándose en altos niveles de desempleo y subempleo, bajos ingresos y necesidades insatisfechas. Y junto a la pobreza, están presentes la violencia, que se manifiesta en el maltrato a mujeres y niños, drogadicción y alcoholismo, delincuencia, formación de pandillas juveniles, inseguridad e incomunicación familiar.

El centralismo afecta duramente a las ciudades intermedias y pequeñas; el gobierno central maneja gran parte de los recursos y destina menos del 10% de su presupuesto a los municipios para el desarrollo local. En esta medida es imposible atender las necesidades de los pobladores.

"La década de ajuste ha producido una profunda transformación de la composición social nacional y eso ha afectado a los barrios por los procesos de terciarización de la economía. Ahora son informales y subempleados quienes viven en los barrios", sostiene Santiago Ortiz, director de la Asociación Cristina de Jóvenes, ACJ, institución que se dedica a programas de gestión urbana.

Los barrios populares son heterogéneos. Allí viven obreros, empleados de tiendas y almacenes, propietarios de buses, empleados públicos y privados, militares y policías de baja graduación, trabajadores de la construcción, pequeños comerciantes, migrantes indígenas y campesinos. La mayoría son trabajadores informales. Con esta diversidad, en los barrios se genera una cultura que no es campesina, indígena o urbana. Es una mezcla cuya identidad se está construyendo.


2. Movimientos locales

Conceptual e históricamente es muy complejo definir al movimiento barrial y su proceso por la diversidad de organizaciones existentes en los barrios. Más allá de las típicas organizaciones territoriales como los comités barriales, cooperativas de vivienda y comités pro-mejoras, se han generado nuevas organizaciones con sectores que se agrupan en función de sus intereses específicos, como son los jóvenes, las mujeres, los cristianos y otros que engloban al movimiento social urbano.

A pesar de esta diversidad, en esta publicación se analizará principalmente las organizaciones de los pobladores en el ámbito territorial.

El movimiento poblacional no se ha constituido aún, a pesar de que han habido intentos de confluencia y coordinación. "Antes que movimiento poblacional, se puede hablar de luchas locales, como la formación del populoso asentamiento de "El Guasmo" en Guayaquil mediante tomas masivas de terrenos, o la ampliación de la ciudad vía movilizaciones y tomas de tierra en Quito, o el movimiento de cooperativas de vivienda en Santo Domingo de los Colorados", explica Santiago Ortiz.

Movilizaciones significativas de pobladores se produjeron en los barrios del sur de Quito, que llegaron a paralizar la ciudad, durante la "guerra de los 4 reales" en 1978, cuando el pasaje del transporte urbano subió en 40 centavos de sucre, ó 4 reales.

El movimiento de pobladores también ha participado en algunas huelgas nacionales convocadas por el Frente Unitario de Trabajadores en la década del 80, aunque con su propio ritmo.

Con estas experiencias, se fortalece el potencial organizativo, y en la década del 80 en Quito, surgen varias federaciones que se suman a otras como el Comité del Pueblo que se había conformado en 1971 o la Asociación de Barrios del Sur de la década de los 50.

Organizaciones barriales centralizadas y cooperativas de vivienda en Quito


Organización

Año de formación

Asociación de Barrios del Sur

1953

Comité del Pueblo

1971

Cooperativa Mariscal Sucre

1975

Federación de Barrios del Sur-Occidente

1981

Coordinadora de Organizaciones del Sur

1981

Unión de Organizaciones Barriales de Quito

1982

Cooperativa Lucha de los Pobres

1982

Federación de Barrios del Nor-Occidente de Quito

1983

Federación de Barrios Marginales de Pichincha

1984

Cooperativa Pisullí

1983


Fuente: García Jorge, "Las organizaciones barriales de Quito". ILDIS, Ciudad, 1985, p. 23.


Algunas de estas organizaciones, como la Unión de Organizaciones Barriales de Quito, han desaparecido en tanto que han surgido otras como al Federación de Barrios de Quito.

En otras ciudades del país, también se han formado federaciones, que han incidido más en la coyuntura local, sin encontrar canales para conformar una estructura única. Entre las más importantes, se puede mencionar las siguientes: a la Unión de Barrios Marginales de Chone, Federación de Barrios Suburbanos de Guayaquil, Federación de Barrios Suburbanos Los Chirijos de Milagro, Frente de Usuarios y Consumidores del Guayas, Federación de Organizaciones Clasistas de Santo Domingo de los Colorados, Coordinadora de Movimientos Sociales y Populares del Sur de Machala, Unión de Barrios de Portoviejo, Frente Unido de los Barrios de Rocafuerte, Federación de Barrios de Huaquillas, Federación de Barrios de Esmeraldas, Federación de Barrios del Carchi, entre otras.

"El movimiento barrial, sin embargo, no logra crear una referencia nacional durante el período más oportuno entre 1970 y 1980 cuando fue más fuerte", señala Santiago Ortiz.

Las organizaciones poblacionales se expresan en las numerosas luchas cívicas y regionales cuyo denominador común es protestar contra el centralismo, reclamar asignaciones presupuestarias y la ejecución de obras o lograr la conformación de nuevos cantones.

En estas acciones, las organizaciones poblacionales confluyen, en una amplia alianza, con sectores medios y fuerzas vivas. El protagonismo de estas acciones, por lo general, se ubica en la dirigencia de los barrios, señala Santiago Ortiz.


3. La organización barrial

La organización barrial tradicional representa mas los intereses de los propietarios de lotes, terrenos y viviendas. Su perspectiva fundamental es conseguir los servicios básicos: la luz, el agua, la escuela, el relleno, es decir obras puntuales.

En este sentido, la organización barrial ha aportado a la formación y consolidación de los barrios. Los pobladores, con su propio esfuerzo, han logrado construir casas, calles, locales comunales, transformando las ciudades, frecuentemente sin la presencia de los municipios.

Luego de legalizar la tierra o conseguir obras específicas, la actividad barrial tiende a decaer.

El comité barrial era hace unos años el representante exclusivo del barrio. Con el crecimiento de la población y la presencia de los arrendatarios en los barrios, surgen nuevas dinámicas e intereses, relacionados con la atención a la niñez y a la mujer, la sobrevivencia, el deporte, la seguridad, la salud, las tarifas de los servicios básicos.

Nacen las organizaciones de mujeres, jóvenes, grupos cristianos, microempresas populares, ligas deportivas, grupos de teatro y comunicación, comités de padres de familia, brigadas de defensa barrial. De esta forma, "cambia la relación socio-directivo y aparece una relación inter-organizativa entre los diversos grupos, que a veces se da en forma horizontal y otras ocasiona conflictos", según señala Javier Alvarado, coordinador de la Federación de Barrios del Noroccidente de Quito.

Las relaciones de los comités con las nuevas organizaciones a veces son conflictivas: algunos dirigentes barriales miran con recelo a los otros grupos, planteando que los comités deben representar a todos, lo cual debilita las relaciones y la coordinación que se podrían establecer con los nuevos actores.

La actual crisis de la organización barrial también se explica, según Mario Unda, porque "el ajuste ha afectado lo individual, lo familiar. Respecto a esto, las organizaciones no tienen actuación, incluso la gente no cree que eso se puede tratar organizadamente. El ataque contra las condiciones de vida se ha convertido en un ataque hacia las organizaciones sociales que pueden expresar un 'imaginario colectivo'".

Unda refuerza sus argumentos señalando que "cuando la gente está motivada, tiene confianza en sus propias fuerzas y cierto horizonte esperanzador, entonces las organizaciones se llenan de contenido social, la gente se moviliza y las organizaciones adquieren fuerza. Cuando el horizonte se achata, las organizaciones pierden contenido social porque la gente está preocupada de su supervivencia, de lo inmediato. La organización barrial tradicionalmente no ha dado respuesta a temas cotidianos como el empleo, la comida, la vestimenta".

El clientelismo atraviesa las relaciones del poder central y seccional con los comités barriales. Los políticos ofrecen obras a cambio de votos. Al conseguir obras, se legitima la dirigencia barrial. El clientelismo, es "una relación utilitaria en la cual no se sabe quien utiliza a quien, pero está claro que esa práctica no conduce a propuestas más amplias", dice Javier Alvarado.

La relación clientelar no fortalece la auto-organización, pueden realizarse muchas obras pero esto no aporta a la constitución del movimiento, añade Mario Unda.

Las formas de lucha que adoptan las organizaciones son diversas: envío de cartas, comisiones, marchas de protesta al municipio local y a otras instituciones que pueden escuchar sus demandas. Así, pasar de la confrontación a la negociación es común. Sin embargo, a veces esto se cruza y a nivel nacional pueden existir luchas contra el gobierno por el alza de la gasolina, mientras en lo local se concerta con la gobernación.

En los barrios ha venido produciéndose un distanciamiento entre las dirigencias y las bases. "El tratamiento a los problemas, las decisiones, los acuerdos y las negociaciones con sus interlocutores son atribuciones casi exclusivas de los dirigentes, con poca participación de las bases. Se refuerza el clientelismo, el autoritarismo, la verticalidad, la falta de participación y se restringe la oportunidad de desarrollar la democracia real en la organización", expresa Ana Lucía Alvear. (41)

Las formas de funcionamiento de la organización barrial tradicional por lo general son poco democráticas, segmentadas y con un bajo nivel propositivo, según Santiago Ortiz.

Una nueva forma de reivindicar de las organizaciones es a través de la participación en proyectos. Se ha comenzado a debatir y legitimar temas como la participación, la autogestión, la capacitación, ayudado por la gestión de sectores medios e intelectuales, de las ONGs y de la Asociación de Municipalidades del Ecuador. No obstante, esa participación es aún subordinada -según Mario Unda- en función de los proyectos, las financieras, el Estado, el municipio y las ONGs. "No es una participación que tenga un correlato en dinámicas internas de las organizaciones", señala Unda.

A pesar de las limitaciones, las organizaciones barriales no han perdido vigencia, incluso en barrios consolidados, y tienen capacidad de convocatoria. "Hay un espacio en el cual las dinámicas sociales se pueden encontrar en el futuro, y eso es positivo", señala Mario Unda.

Es favorable que se haya mantenido activa una capa de dirigentes y cuadros medios que se proponen democratizar las organizaciones, buscando la unidad con otros sectores organizados. Estos dirigentes, en alguna medida, promueven la capacitación, la participación e incluso la crítica y autocrítica.

La presencia de otros actores en la vida barrial dinamiza las organizaciones tradicionales y promueve espacios de coordinación, tomando en cuenta a sectores que antes no eran considerados como sujetos de organización.


4. La lucha de los barrios consolidados

Cuando los barrios legalizan la tierra, consiguen algunos servicios y obras de infraestructura, se consolidan en el espacio urbano. Pero los problemas barriales no terminan ahí, pues surgen otros, mucho más complejos y difíciles de resolver como la pobreza, la salud, el desempleo y la violencia. Y en el campo propiamente de los servicios públicos de salud, luz, agua y teléfonos, se presentan conflictos relacionados con la deficiencia o abuso en el cobro de los mismos.

Frente a la crisis de la salud pública, la Federación de Trabajadores de la Salud de Pichincha, FETSAPI, la Coordinadora Popular de Quito, comunidades cristianas de base y organizaciones poblacionales del sur de Quito, conformaron, en noviembre de 1994, el Frente por la Defensa de la Salud y de la Vida. Este frente tiene sus antecedentes y se nutre de la lucha que desplegaron, a principios de la década de los 80, los grupos juveniles, las organizaciones de mujeres y comités barriales por la apertura del Hospital del Sur Enrique Garcés.

A través de marchas y huelgas de hambre, el Frente por la Defensa de la Salud y de la Vida reivindica el derecho a la salud y presiona por el aumento del presupuesto público para esta área.

Por otro lado, para incidir en las tarifas, en la calidad y en la cobertura de los servicios básicos, surgió, a partir de 1982, en Guayaquil el Frente de Usuarios y Consumidores del Guayas.

"Inicialmente se organizan algunos barrios por reivindicaciones que tienen que ver con la luz y el teléfono, porque salieron planillas escandalosas y la gente se organizó para que le rebajen esas planillas", señala Raúl Patiño, dirigente del Frente.

"Como los resultados fueron muy concretos en el sentido de que se logró que la empresa de agua potable rebaje la planilla de agua en barrios como Juan Montalvo, La Alegría, La Florida y en Durán, la gente vio que esto simplemente no era un discurso sino que la organización le era útil", agrega Patiño.

La experiencia se extendió a otros barrios de la ciudad y a otros cantones del Guayas. La gente, luego de organizarse y luchar, también logró que la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, EMETEL, les devuelva 397 millones de sucres que había cobrado en exceso. Lo mismo ocurrió con la empresa eléctrica.

"En la medida que los barrios y los usuarios de Guayaquil vieron que tenían resultados positivos en relación a la luz, el agua y el teléfono, se mantuvieron organizados y ya después no plantearon asuntos de tarifas sino asuntos de servicios; comenzaron entonces a organizar la lucha por agua en barrios en los que no había agua. Y así nació la organización y fue fortaleciéndose. Inicialmente eran 5, 6 barrios los que participaban y actualmente están organizados 37 barrios de la ciudad de Guayaquil", señala Patiño.

El Frente de Usuarios permanentemente se moviliza y ejerce presión sobre las autoridades locales y nacionales, por lo que se ha ganado un espacio como interlocutor de los sectores poblacionales de Guayaquil.

Patiño resume la experiencia del movimiento de usuarios, señalando que la gente participa activamente en las organizaciones que logran ser efectivas y eficientes. "Durante años, muchos compañeros intentamos organizar a la gente bajo objetivos paradisíacos, y la gente no cree en paraísos, la gente cree en los resultados concretos de sus luchas", agrega.


5. Intentos de coordinación

Treinta y nueve organizaciones de 13 ciudades del país se reunieron en el Encuentro Nacional Barrial a mediados de noviembre de 1995. El objetivo del evento organizado por la Asociación Cristiana de Jóvenes fue el de "examinar las experiencias innovadoras de gestión urbana protagonizadas por los pobladores y formular una agenda de debate común que apunte a construir ciudades más democráticas y sanas con la participación protagónica de los movimientos urbanos y de la sociedad civil". (42)

Los temas del Encuentro versaron sobre problemas urbanos, planificación participativa, organización, relación con el municipio y formación. A continuación, resumimos algunas de las propuestas.

Planificación paticipativa: Los pobladores reivindican el derecho a la participación activa en la definición de políticas y en las actividades concretas para la solución de los problemas y las necesidades de la comunidad. Consideran que es necesario pasar de una democracia representativa a una democracia participativa. En este sentido, piensan que es indispensable la discusión y aprobación de una ley de participación ciudadana que regule los derechos y deberes de los mismos.

Organización: En la organización barrial existen problemas de coordinación, definición de roles y representatividad. Hay niveles de dispersión y autocentramiento que impiden ubicar problemas comunes. Se maneja con dificultad la relación con otros actores urbanos. Frente a ello, se debe:

* Elaborar propuestas de formación.

* Generar nuevas prácticas democráticas y formas de organización que permitan la participación de las bases y la incorporación de jóvenes y mujeres.

* Crear referentes organizativos como un proceso para ir hacia una coordinación nacional de los barrios.

* Fortalecer las relaciones inter-organizativas.

* Elaborar una agenda urbana en la que se incluya los derechos de los pobladores.

Relación con los municipios: No existe un marco jurídico que asegure la participación popular en la definición de las políticas urbanas. Muchos de los políticos que dirigen los gobiernos locales aprovechan de su espacio y poder para la manipulación política, prácticas clientelares, la corrupción y el uso inadecuado de los fondos.

Las organizaciones tienen objetivos muy limitados, no manejan información suficiente, sus cuadros no están capacitados y la comunidad es apática. Frente a ello, proponen:

* Promover la democracia interna, el pluralismo y la autonomía.

* Formar y capacitar a nuevos dirigentes.

* Buscar apoyo de grupos técnicos.

* Formular propuestas integrales, superando las luchas puntuales y reducidas de los barrios.

* Desarrollar la capacidad de negociación de las organizaciones.

* Liderar el debate de propuestas.

* Seguimiento, fiscalización y evaluación pública de la gestión municipal.

* Generar instancias de poder popular.

Formación: El telón de fondo de los problemas urbanos es la crisis del Estado y la poca capacidad de los gobiernos locales. La participación ciudadana es débil, aún cuando las propuestas de descentralización y coyuntura abren posibilidades a la participación. Hay la necesidad de poner en marcha procesos de formación y capacitación para el surgimiento de nuevos liderazgos que permitan enfrentar los nuevos retos y roles de los dirigentes barriales como educadores y promotores.

Los dirigentes barriales resolvieron conformar una coordinación nacional e impulsar una ley de participación ciudadana, un plan conjunto de formación y capacitación de líderes y una agenda que recoja los derechos de los pobladores.


6. Superar la atomización

Para las organizaciones poblacionales uno de los principales desafíos es superar la dispersión y atomización y reconstituir el movimiento poblacional con elementos de movimiento autónomo, tomando en cuenta las políticas del Estado y del municipio, las orientaciones de las ONGs y de las financieras, así como las dinámicas internas. Para ello es fundamental fortalecer los procesos de reencuentro de los sujetos, la auto-confianza y la credibilidad de la organización.

En las nuevas condiciones del movimiento social urbano es indispensable establecer espacios de interlocución y diálogo, de compromisos y acción conjuntos con otros movimientos sociales y con los diversos sujetos y actores de la ciudad, para elevar los nivel de participación en los gobiernos locales. Ello, implica, necesariamente pasar de la visión de barrio a la visión de ciudad.

Las organizaciones deben pasar de la consecución de obras para el barrio, a definir y proponer políticas para el conjunto de la ciudad, fiscalizar a los gobiernos locales, desarrollar iniciativas ciudadanas y posibilitar expresiones auténticas de participación.

También es importante impulsar nuevas formas de organización barrial con un referente único, como sería un comité de cogestión, en el cual confluyan los diversos sujetos y actores de la vida barrial y desde el cual se pueden discutir y resolver temas como la salud, la educación, la participación y la gobernabilidad de las ciudades, según señala Javier Alvarado.

A las organizaciones tradicionales, así como a las nuevas les corresponde desarrollar propuestas de trabajo que enfrenten los temas de empleo e ingresos (economía popular solidaria), comercialización, violencia, problemas ambientales y el enfoque de género.

Por último, destacamos la importancia de la formación y capacitación de liderazgos organizativos populares urbanos que incidan en temas como la descentralización, la administración, la participación y la gestión, en función de convertir a los dirigentes y mandos medios en constructores de propuestas y no en correas de transmisión de agentes externos.


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