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Manifestaciones Contemporáneas de Racismo y Discriminación Racial

Myrna Cunningham

A pesar de que el racismo y la discriminación racial constituyen temas largamente discutidos en el Sistema de Naciones Unidas, nos encontramos ante un fenómeno persistente, que sigue lesionando la dignidad humana y que, lejos de desaparecer o atenuarse, crece y se vuelve más complejo.

A las mujeres y hombres, jóvenes, adolescentes, adultos y ancianas/os de los pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes, nos han hecho creer que nuestra situación de pobreza, marginación y discriminación son herencias del pasado colonial, que desaparecerían con el tiempo.

El problema que se ha derivado de ese planteamiento es que: las generaciones actuales, en su gran mayoría, no se sienten responsables de la situación de racismo (por ejemplo, son contadas las organizaciones de derechos humanos que están participando en este proceso).

Se utiliza el argumento de la conquista y colonización, como una disculpa muy fácil para mantener la situación de desigualdades. Los gobiernos también lo han utilizado como pretexto, cuando dicen que si la economía crece, los problemas sociales se resolverán; o que sólo tienen cinco años y, por lo tanto, no pueden cambiar una situación de 500 años.

El hecho real es que los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes, así como otros pueblos y sectores discriminados, estamos inmersos en un "ciclo acumulativo de desventajas" en el acceso a las "oportunidades".

Partimos desde un punto negativo en todos los sentidos. Evidentemente, se trata de un fenómeno que, a lo largo de los procesos de colonización y conformación de los estados nacionales, arrebataron cada uno de nuestros derechos como pueblos. Fuimos integrados por la fuerza a nuevas formas de organización social, nos quitaron y nos siguen quitando nuestros territorios y recursos naturales, nuestros sistemas políticos y administrativos. Nos roban nuestros conocimientos, creencias, valores. Desconocen nuestros idiomas. Sobre esas ruinas se erigieron modelos de desarrollo dominantes que, a partir del desconocimiento y abuso de nuestros derechos individuales y colectivos, ganaron legitimidad.

Los estados nacionales y su orden constitucional fueron concebidos y se organizaron a partir de un principio de "igualdad legal", que no ha reconocido las diferencias y, más bien, ha promovido el ideal de la homogeneidad.

A partir de 1940, los gobiernos de las Américas, adoptaron el primer Convenio Internacional sobre Pueblos Indígenas, la Convención de Patzcuaro, que determinaría a partir de esa fecha las políticas indigenistas, integracionistas y de asimilación que han practicado y siguen aplicando los gobiernos e instituciones en la Región. Se ha basado en el concepto de identificar la diversidad étnica como un problema que sólo sería solucionado con la homogeneización.

Para los pueblos indígenas, los casi 30 años de visibilización nacional e internacional, nos han dejado con un sabor amargo. Hemos conquistado reconocimientos constitucionales a nuestra identidad colectiva en algunos países, se ha aprobado el Convenio 169 de la OIT en donde se reconoce que, a pesar de ser pueblos, no tenemos derechos a la autodeterminación, violando con ello el Art. 1° de los Pactos Internacionales de Derechos Humanos.

Algunas instituciones internacionales discuten y aprueban normativas y metodologías, básicamente para "consultarnos". Sin embargo, muy pocas veces se respeta el principio, aprobado por ellos mismos del "consentimiento previo informado" o, la "buena fe" en dichas consultas. Como señalaba recientemente un compañero, pareciera que estábamos mejor antes de los Convenios, al menos había más espacios para exigir o reclamar, hoy basta con inventar una pseudoconsulta para que las empresas invadan nuestros territorios o se lleven, sin dejar beneficio alguno, nuestros recursos.

Se ha reconocido nuestro aporte al desarrollo y al medio ambiente. Las empresas farmacéuticas buscan curanderos para reducir sus costos de bioprospección. Sin embargo, ha empeorado el racismo ambiental, expresado a través del uso irresponsable de nuestros territorios y recursos naturales, transformándolos en áreas de desechos tóxicos, zonas de colonización, de avance de fronteras agrícola y deforestación, con la destrucción gradual y constante de las condiciones materiales y espirituales necesarias para mantener nuestras formas de vida.

A pesar del discurso sobre la ampliación de la democracia, estamos efectivamente entre los excluidos y excluidas, reforzado por actitudes, comportamientos y políticas públicas que no sólo fomentan la desintegración social y cultural de nuestros pueblos, sino que reducen o impiden nuestra participación en la vida nacional e internacional. Todo lo anterior se agrava por políticas de desarrollo verticales y ciegas a nuestras demandas y propuestas.

El resultado de esas políticas es evidente, basta ver algunos datos:

Esas diferencias se reproducen en diversas campos: sean estos, educación, salud, tenencia de la tierra, mercado laboral, otros.

Entre los problemas contemporáneos del racismo y la discriminación racial, podemos señalar los siguientes:

Lo anterior se hace más grave, por el carácter de las discriminaciones raciales en nuestros países. Las manifestaciones del racismo, tanto en el ámbito regional como de los países en particular, se dan de acuerdo al contexto histórico, el origen y los modelos de nación, las características, historia de lucha y relaciones frente a las clases nacionales dominantes de los pueblos involucrados. También inciden las formas predominantes de rechazo, la segregación, el nivel de violencia psicofísica y el exterminio físico - cultural practicado históricamente de manera sistemática.

Muchas veces, sin embargo, es un racismo diluido, basado en atributos físicos, valores estéticos y de comportamientos, ubicaciones geográficas y regionales. Se traduce en las leyes, las políticas públicas, las normativas de entidades estatales y empresas privadas. Se reproduce en las relaciones cotidianas entre cada uno de nosotros y nosotras y las organizaciones en las que trabajamos y construimos.

Se busca vendedora. Señorita de buen aspecto.

Requisitos para ser nacional nicaragüense: hablar español.

Si eres negra de la Costa Atlántica de Nicaragua, ¿cómo no vas a saber cantar y bailar?

En ese contexto, el aspecto de género es aún más grave. Las mujeres indígenas y negras, enfrentamos brechas más grandes en todos los campos. Si son jóvenes, la situación es peor.

En otros casos, el modelo impuso una jerarquía etnolingüística que nos ha mantenido separados no sólo como pueblos indígenas, sino entre indígenas y comunidades afrodescendientes. Esa situación ha impedido la articulación de luchas y ha incrementado nuestras "vulnerabilidades" y brechas de equidad.

Ese racismo institucional o estructural, explica la ausencia total de sentimientos de responsabilidad de otros sectores con el fenómeno del racismo y la discriminación racial. Los privilegios están bien estructurados y sedimentados entre grupos raciales y de género, así como entre grupos de edad. Estos privilegios apuntan a su reproducción y ampliación.

Como podemos ver, la exclusión y la pobreza no son nuestros problemas fundamentales, sino el hecho de que otros sigan decidiendo cómo deben aliviarse esos problemas en nuestras comunidades. Lo peor no es la exclusión social en sí, sino el no contar con nuestros propios sistemas y espacios de participación real, ni ser respetados y aceptados con nuestras identidades colectivas en los otros espacios.

Todo lo anterior, es consecuencia de la denegatoria del derecho de libre determinación de los pueblos indígenas, teniendo en cuenta que los dos Pactos Internacionales de Derechos Humanos declaran en su Art. 1° que todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación.

Para las comunidades afrodescendientes, es resultado de la invisibilización a la que han estado sujetos, la discriminación racial, los prejuicios, la falta de oportunidades.

Una respuesta real a la situación de discriminación, debe partir de una visión intercultural que se base en el ejercicio de los derechos de autonomía, autogobierno, autogestión, territorio y participación efectiva a través de procedimientos transparentes, concertados desde los niveles locales hasta el nivel internacional.

Para que las políticas y estrategias estén orientadas no sólo a prevenir o erradicar la discriminación sino también a reducir la pobreza, se debe reconocer la diversidad múltiple de forma taxativa y especifica, (los pueblos indígenas, afrodescendientes de las Américas debemos de quedar claramente especificados en el plan de acción de la Conferencia Mundial), de forma que se definan los servicios y políticas públicas concretas que no destruyan ninguno de nuestros pueblos y culturas. El reconocimiento de la diversidad multiétnica y multicultural requiere no sólo de cambios jurídicos, sino también de profundas transformaciones que contribuyan a generar la confianza colectiva, el acceso a oportunidades, la reconstrucción de redes comunitarias, territoriales y de alianza multiétnica. Las cosmovisiones, los tiempos, los procedimientos para la toma de decisiones, en vez de constituir barreras, deben ser los espacios idóneos para reducir las contradicciones.

El racismo estructural que enfrentamos, sólo podrá ser erradicado a través de medidas de presión de los distintos sectores de la sociedad, acompañado de movilizaciones, sensibilización pública, así como del establecimiento de procesos adecuados de participación que nos permita impactar en las decisiones desde nuestras comunidades, pasando por los municipios, las regiones, hasta el nivel nacional e internacional.

Los cambios globales para erradicar el racismo, no pueden sustentarse en voluntades particulares. Se requiere, en el caso de la ONU, de voluntad política de comprometerse en un proceso con recursos materiales, financieros, normativas especificas pero flexibles y cambios de actitud en todos los niveles.

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