ALAI, América Latina en Movimiento
2005-03-27
Movimientos sociales y educación popular en tiempos de globalización
Víctor Manuel Marí Sáez
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Resumen
Este
artículo explora las nuevas posibilidades que ofrece la
sociedad informacional y global para los movimientos sociales
dedicados a la educación popular. A partir del análisis
de tres conceptos clave – globalización, popular y
sociedad-red – se lleva a cabo una aproximación a
las características específicas del nuevo periodo
histórico. A continuación se aborda la dimensión
educativa de los movimientos sociales y el trabajo que en torno a la
educación se viene construyendo en el marco de los Foros
Sociales Mundiales de Porto Alegre (Brasil) y Bombay (India).
Finalmente, se analizan experiencias de educación popular –
del contexto latinoamericano y español- que utilizan internet
y la lógica de la red.
Abstract
The present
article explores the new possibilities that a global and
informational society provides to the social movements dedicated to
popular education. By analyzing three key concepts, such as
globalisation, popular and network- society, it
comes close to the specific characteristics of this our new historic
period. After that, the article raises the educational dimension of
the social movements and the efforts that around education are being
built into the frame of the World Social Forum of Porto Alegre
(Brazil) and Bombay (India).Finally, it analyses different
experiences about popular education - in Latinoamerican and Spanish
context - and their use of Internet and the logic networking..
¿Cuánta
globalización podemos soportar?
Desde
el último tercio del siglo XX una serie de transformaciones
económicas, políticas y culturales, agrupadas bajo el
término globalización, han ido adquiriendo un
progresivo protagonismo en el conjunto de la sociedad. En nombre de
la globalización se someten cada vez más espacios a la
lógica mercantilista del beneficio económico, se
privatizan empresas públicas y servicios sociales, se recortan
los presupuestos para financiar el Estado del Bienestar, se exalta al
consumidor en detrimento del ciudadano, etc. La invocación a
la globalización en el campo educativo hace que se impongan
unos modelos gerencialistas dirigidos a satisfacer las necesidades
del mercado. El conocimiento, la educación y la cultura
funcionan, en la lógica del sistema, como meras mercancías.
En
este contexto, cobra sentido la pregunta del filósofo alemán
Rüdiger Safranski: ¿cuánta globalización
podemos soportar?[1].
Para unos pocos, la globalización ha generado un escenario
ideal en el que aumentar su riqueza y poder; para la inmensa mayoría
de la población del planeta, la globalización ha
supuesto mayores grados de exclusión, pobreza y desigualdad.
Hoy más que nunca se hace necesaria una mirada crítica
hacia la realidad con el fin de denunciar sus dinámicas
generadoras de desigualdad y, a su vez, anunciar nuevos referentes
desde los que organizar la vida social. Este es el fin último
del presente artículo. A partir de la revisión inicial
de conceptos clave como globalización, educación
popular y sociedad-red, exploraremos los modos en los que, en la
actualidad, los movimientos sociales están impulsando nuevas
propuestas educativas que contemplan la lógica de la red como
principio articulador.
Para
empezar, es importante analizar el término globalización,
dado que los conceptos dominantes en una época son al mismo
tiempo los conceptos de los que dominan. Como sugiere Armand
Mattelart, se hace necesario reconstruir los orígenes de esta
terminología con el fin de borrar el supuesto carácter
intransitivo que, en el marco ideológico capitalista,
adquieren términos como “globalizar”, “comunicar”,
“informar”[2].
La pregunta a formular sería, entonces, “¿qué
es lo que se ha globalizado?”.
Lo
que se ha globalizado ha sido el sistema capitalista. En un sentido
amplio, la globalización hace referencia a la tendencia
expansiva que ha tenido desde sus orígenes el capitalismo, una
fuerza centrífuga que le llevó – desde el siglo
XV- a salir de las fronteras europeas en busca de materias primas y
nuevos mercados. En un sentido estricto, la globalización es
la última etapa conocida del sistema capitalista. Comienza en
el último tercio del siglo XX, en la confluencia de una serie
de acontecimientos históricos de gran envergadura y carga
simbólica: en el terreno económico, la crisis del
petróleo y la crisis de la deuda externa en el Tercer Mundo, y
en el terreno político, la caída del muro de Berlín
y el triunfo de los gobiernos neoconservadores de M. Thatcher (Gran
Bretaña) y de R. Reagan (EE.UU.)[3].
La
globalización ideológica: el pensamiento único
La
dimensión ideológica de la globalización fue
bautizada por Ignacio Ramonet en 1995 como el pensamiento único.
El director del periódico Le Monde Diplomatique lo
define como la traducción, a términos ideológicos
de pretensión universal, de los intereses de un conjunto de
fuerzas económicas, en especial las del capital transnacional.
En el pensamiento único cristalizan las teorías
neoliberales gestadas en la Escuela de Chicago y propagadas por todo
el mundo hasta alcanzar la hegemonía mundial a partir de la
última década del siglo XX.El principio básico
de su programa es que la economía está por encima de la
política. Además, hay una serie de conceptos clave: el
mercado, cuya mano invisible corrige las asperezas y
disfunciones del capitalismo, y muy especialmente los mercados
financieros, cuyos signos orientan y determinan el movimiento general
de la economía; la concurrencia y la competitividad, que
estimulan y dinamizan las empresas; el librecambio sin
limitaciones, factor de desarrollo ininterrumpido del comercio en
nuestras sociedades; la división internacional del trabajo,
que modera las reivindicaciones salariales y rebaja sus costes,
etc.[4]
Estos
principios se imponen a escala mundial, por parte de las fuerzas
globalizadoras, como verdades absolutas. Los principales mandatarios
políticos y empresariales los repiten incansablemente como si
de un nuevo credo se tratase. Lejos de quedarse encerrados en la
esfera económica, estos presupuestos invaden el espacio
cultural, educativo, las relaciones interpersonales, etc. El
pensamiento único tiene pretensiones totalizantes: aspira a
conquistar todas las esferas de la vida personal y social bajo la
apariencia de lo normal y lo natural. Quienes se
atreven a cuestionar los principios en los que se sustenta la
globalización capitalista y el pensamiento único son
representados como generadores de caos. Probablemente sea la fuerza
del pensamiento único la que justifique, hoy en día, la
pregunta de Boaventura de Sousa Santos: ¿ por qué,
viviendo en el inicio del milenio en un mundo donde hay tanto para
criticar, se ha vuelto tan difícil producir una teoría
crítica?[5].
Globalizacion,
globalidad, globalismo
Hasta
el momento, hemos visto dos dimensiones de la globalización.
En primer lugar, la globalización de carácter
eminentemente económico, que hace referencia al modo de
concebir la economía en la nueva etapa del sistema
capitalismo: protagonismo de los flujos especulativos de capital,
nueva división mundial del trabajo, etc. En segundo lugar,
observamos que a la globalización económica capitalista
le acompaña un envoltorio ideológico, el pensamiento
único. Además, podemos identificar una tercera
dimensión de la globalización que nos remite a una
característica específica de la sociedad actual: la
interconexión. Vivimos en un mundo que, de repente, parece que
se ha hecho pequeño. Las distancias espaciales y temporales se
han reducido considerablemente. Podemos saber, en tiempo real, lo que
sucede a millones de kilómetros de distancia. Incluso puede
que esos acontecimientos en apariencia lejanos lleguen a afectarnos
directamente en nuestras vidas. La interconexión e
interdependencia se han visto reforzadas con la llegada de la
globalización.
Estos
tres niveles a los que hemos hecho alusión han sido formulados
por Ulrich Beck[6].
Nos
permiten distinguir un proceso económico (globalización),
otro ideológico/político (globalismo) y un tercero de
carácter social (globalidad). A la hora de situar la tarea
educativa de los movimientos sociales en la era de la globalización,
es importante descubrir cuál es la globalización a la
que se oponen y, por el contrario, cuál es la globalización
que defienden. Estos movimientos se oponen a una economía
regida por los principios neoliberales y el pensamiento único;
pero apuestan por la construcción de otro mundo posible –
uno de los lemas identificativos del movimiento - en el que se
gestionen de otro modo más igualitario y justo las
posibilidades que ha traído el nuevo contexto de la
globalización. No se oponen a la globalidad de un mundo
interconectado. De hecho, afirman que la solidaridad tiene un
componente global ; además, tal y como veremos más
adelante, aprovechan las nuevas redes tecnológicas para
construir y difundir sus propuestas sociales y educativas.
¿De
qué estamos hablando cuando nos referimos a lo popular?
En
torno a esta pregunta, Néstor García Canclini –
uno de los expertos mundiales en cultura popular - ha sistematizado
su visión de los procesos de participación popular en
la comunicación y en la cultura. En un ensayo que vio la luz a
mediados de los ochenta[7],
planteaba que para aproximarse a lo popular había que realizar
dos tareas iniciales: sumergirse en la existencia cotidiana del
pueblo y ser etnólogos de nuestros propios prejuicios.
Reflexionar en torno a estas claves nos puede permitir profundizar en
el sentido de este término complejo y ambiguo.
Para
ello, habría que remontarse hasta los trabajos de Batjin,[8]
con el fin de descubrir la necesidad de superar los límites de
la razón instrumental en el acceso a lo popular. En sus
estudios centrados en la Edad Media y el Renacimiento, observa en la
cultura popular una diferencia de principio respecto a las
formas de culto y las ceremonias de la Iglesia o del Estado feudal.
Identifica una visión del hombre y de las relaciones humanas
totalmente diferente; parecía que se había construido,
al lado del mundo oficial, un segundo mundo y una segunda vida a la
que los hombres de la Edad Media pertenecían en una proporción
mayor o menor y en la que vivían en fechas determinadas[9].
Con el tiempo, la cultura popular será desplaza por las formas
culturales oficiales y por la racionalidad que ellas imponen. Con el
desarrollo del mundo artesanal y la creación del sistema de
mercado se proyectó un nuevo sentido del ser orientado por el
deseo de lucro, de acumulación y de poder.
En
este nuevo estado de cosas, el pensamiento científico y la
racionalidad instrumental son, como ha estudiado Habermas, la
respuesta exigida por el progreso de la producción, del
mercado y del consumo. La nueva cosmovisión emergente impide a
los grandes pensadores de la Modernidad comprender, en su esencia,
las propuestas de la cultura popular. Para ellos, ésta será
sinónimo de lo salvaje y lo bárbaro. La
fractura entre cultura oficial y cultura popular viene de lejos, y
desplaza a ésta última al lugar de lo folklórico
y lo marginal. Para superar esta brecha son necesarias, por tanto,
las dos actitudes sugeridas por Canclini: revisar los esquemas
mentales desde los que se analiza el pueblo y lo popular y,
a su vez, tener un contacto experiencial que permita construir el
conocimiento de un modo diferente. Lo popular es aquello que reside
en la exterioridad y en la periferia del sistema, como lugar social y
como lugar epistemológico.
A
partir de estas claves se pueden revisar críticamente algunas
de las definiciones que históricamente se han formulado sobre
lo popular. Stuart Hall[10]
sintetiza algunas de las más importantes. En primer lugar,
populares son los productos que escuchan, compran y consumen
las masas: programas de televisión, revistas, etc. Se trata de
una definición bastante extendida que, a pesar de la obviedad
innegable de su afirmación, ofrece una imagen un tanto inmóvil
de los sectores populares, como sujetos pasivos de consumo. En
segundo lugar, hay definiciones en torno a lo popular de carácter
esencialista. Popular es, aquel reducto incorruptible que identifica
a los sectores populares de un modo inmutable a lo largo del tiempo.
Esta acepción olvida quelo popular no está fuera del
campo de fuerza de las relaciones de poder. No existe
independientemente de la cultura oficial y hegemónica.
Asimismo, descuida que lo popular no ha sido dado de una vez para
todas; más bien, es un proceso de construcción y de
re-construcción histórica.
En
tercer lugar, hay definiciones que recurren a la enumeración
descriptiva. Lo popular son las acciones que realiza el pueblo.
Podríamos configurar un listado inacabable recopilando todas y
cada una de las acciones que han tenido como sujeto a los sectores
populares, pero nos encontraríamos con una dificultad
importante: articularlas en función de un eje estructurador.
Para Hall, el principio estructurador no reside en el contenido de
cada categoría, sino más bien en las fuerzas y
relaciones que sostienen la diferencia entre la cultura dominante y
la cultura periférica o popular. Las acciones que en un
periodo pueden identificar una posición de resistencia son
susceptibles de perder esa cualidad en otro periodo o contexto
histórico. Finalmente, en cuarto lugar, hay una definición
de popular que integra los elementos críticos de las
anteriores. Popular contemplaría, en un periodo dado,
las formas y actividades cuyas raíces están en las
condiciones sociales y materiales de determinadas clases, que hayan
quedado incorporadas a tradiciones y prácticas populares. En
este caso, se contempla la necesaria contextualización de la
reflexión en torno a lo popular, su vinculación a unos
sujetos sociales que son sus protagonistas y el carácter
necesariamente procesual de este análisis.
¿Dónde
quedan hoy los debates en torno al sentido de la cultura y la
educación popular?. Pareciera, como indica Eduardo Galeano,
que el sistema dominante ha robado las palabras que servían
para definir el proyecto alternativo. Revolucionario es ahora
el efecto maravilloso que consigue un detergente en la ropa sucia,
dirá el escritor uruguayo. ¿Y popular? Popular
es lo que se vende masivamente. García Canclini plantea que,
hoy en día, la noción de popular construida por
los medios sigue la lógica del mercado.[11]
Parece que en la actualidad el término ha ido derivando hacia
una progresiva perdida de contenido. Por otro, lado, se ha producido
un desplazamiento que lleva desde el interés por investigar al
pueblo a un rastreo de los públicos llevado a cabo por la
mercadotecnia y los estudios cuantitativos de audiencias.
Parece,
como indica la estudiosa francesa Geneviève Bolleme, que se ha
producido una progresiva adjetivación de un sustantivo
peligroso. El desplazamiento del sustantivo pueblo al adjetivo
popular tiene como fin neutralizar los sentidos
insurrecionales y peligrosos que el pueblo ha tenido y tiene para el
establishment. A pesar de estas operaciones desmovilizadoras,
hoy en día es posible encontrar elementos residuales[12]
de la cultura popular
en los movimientos sociales que trabajar por reorientar el actual
proceso de globalización. No se trata de una recuperación
nostálgica de términos y prácticas del pasado.
Más bien, el proyecto cultural y político pasa por
construir, en las condiciones contextuales del presente, un proyecto
emancipador que entronque con los procesos transformadores que le han
precedido históricamente.
Un
modelo social emergente: el modelo de red
El
camino que han ido haciendo los movimientos sociales desde los años
setenta hasta nuestros días se podría releer como un
proceso paradójico que ha llegado a reunir de nuevas formas
los fragmentos dispersos que hizo saltar por los aires el proceso de
globalización. Se produce un encuentro entre organizaciones
diferentes, aparentemente inconexas, pero que en lo profundo y
esencial descubren unos mismos motivos por los que juntarse, en
uniones más complejas, ricas y plurales de las que eran
posibles de generar los batallones ordenados del periodo
fordista.
En
esta época de transición es importante estar atentos a
los signos que apuntan al nacimiento de nuevas redes de solidaridad y
de comunicación. Manuel Castells utiliza una formulación
muy sugerente para referirse a esta transición: habla del paso
de las banderas al viento a las redes multiformes. La potencia visual
de esta expresión permite que dirijamos la mirada hacia el
binomio tecnologías de la información - movimientos
sociales a partir de lo metafórico:
"Es
este carácter descentralizado y sutil de las redes de cambio
social el que hace tan difícil percibir e identificar los
nuevos proyectos de identidad que están en camino. Como
nuestra visión histórica está tan acostumbrada a
los batallones ordenados, las banderas al viento y las proclamas de
cambio social que siguen un guión, nos sentimos perdidos
cuando nos enfrentamos a la sutil penetración de los cambios
de los símbolos procesados a través de redes
multiformes, fuera de las sedes del poder. En estos callejones
traseros de la sociedad, ya sea en redes electrónicas
alternativas o en redes populares de resistencia comunal, es donde he
percibido los embriones de una nueva sociedad, labrados en los campos
de la historia por el poder de la identidad"[13]
(CASTELLS, 1998:402).
A
partir de las experiencias que se han ido gestando en los callejones
traseros del capitalismo informacional y global hemos visto como
emergen nuevas formas de organización en red por parte de los
movimientos sociales, en las que han cumplido un papel importante las
tecnologías de la información y de la comunicación.
Unas experiencias que, analizadas en profundidad, nos dejan ver que
la lógica de la red ha precedido a la red tecnológica.
Las fechas recientes de 1994, 1999 y 2001 son momentos significativos
para el análisis de estas relaciones. En 1994 tiene lugar el
Foro 50 años bastan, que servirá para
redimensionar al movimiento de resistencia global que, desde 1988,
venía aglutinando a diferentes movimientos de oposición
a las políticas de instituciones supraestatales como el Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial. En la organización
y desarrollo del Foro se utilizan BBS (Bulletin Board System) –
las semillas incipientes de la red internet - que proporcionaban
ayudas telemáticas a las organizaciones que intentaban
denunciar la lógica de estas poderosas instituciones[14].
En este mismo año, el 1 de enero, el Ejército Zapatista
de Liberación Nacional (EZLN) se hace con el control de los
principales municipios próximos a la Selva Lacandona, en el
estado sureño de Chiapas (México); hay quien ha hablado
del movimiento zapatista como de la primera guerrilla
informacional, un movimiento que utiliza las armas para hacerse
oír y que entiende que la información, en el nuevo
orden mundial, puede ser mucho más poderosa que las balas[15].
En esta misma línea apunta Francisco Sierra, al señalar
que la comunicación fue concebida por parte del EZLN como un
instrumento político[16].
En
noviembre de 1999, en Seattle (EE.UU.), cuando el proceso de
globalización capitalista orquestaba la puesta en escena de lo
que parecía iba a ser una inevitable vuelta de tuerca más
en la liberalización de los mercados, emergió a la
opinión pública un movimiento de movimientos sociales
que hizo resonar un grito en todo el planeta: los seres humanos no
somos mercancías. Al abrigo de este movimiento nace también
el sitio web Indymedia, gestionado por periodistas independientes que
apuestan por dar la voz a la ciudadanía para construir sus
discursos sobre la realidad desde otros puntos de vista diferentes y
divergentes a los que difunden los media. En enero de 2001
tiene lugar la siguiente etapa de este proceso que estamos revisando.
Durante el mes de enero, en la pequeña ciudad Suiza de Davos,
tenía lugar la tradicional cita de las elites políticas
y económicas que mueven los hilos del poder en el planeta.
Como alternativa a este foro se convoca en el año 2001, en la
ciudad brasileña de Porto Alegre, un Foro que reúne a
los movimientos sociales y a los sectores de la ciudadanía que
apuestan por la construcción de otro mundo posible y diferente
al que engendra el proyecto globalitario. En los Foros
Sociales Mundiales (el de 2001, 2002 y 2003)[17]
se dan cita también representantes de los proyectos
comunicativos vinculados a los movimientos de resistencia y
transformación de la globalización neoliberal.
Características
del modelo de red
Tras
los oscuros años 80 - época de la férrea
aplicación de las políticas neoliberales - ha
reverdecido en el umbral del siglo XXI un movimiento social
multicolor unido bajo el lema "Otro mundo es posible". Las
nuevas redes de solidaridad y de comunicación son fórmulas
organizativas que reúnen unos atributos importantes sobre los
que reflexionar: poseen un alto grado de flexibilidad, de
horizontalidad, de capacidad de interconexión y
de cercanía entre sus miembros[18].
-
Flexibilidad porque se trata de una organización que se va
construyendo sobre la marcha y en este proceso siempre abierto y
constante de construcción.
La
red se estira o se encoge en función de las necesidades del
entorno, de los actores sociales implicados, de las opciones
estratégicas. Sin duda, esta es una cualidad esencial para un
contexto social continuamente cambiante.
-
Horizontalidad entre los miembros de una red, que hace que
distintos nodos tengan el mismo nivel de participación, la
misma capacidad en la toma de decisiones. Se trata de estructuras
descentralizadas articuladas sobre el principio de igualdad. La
horizontalidad está al servicio de la participación de
los miembros de la organización.
-
La interconexión está en el origen de la red y
en su proceso de crecimiento.
La
red se fortalece en el proceso de ir sumando nuevos miembros, de ir
enriqueciendo y complejizando las relaciones ya establecidas para
construir una gran malla. La lógica de la red lleva a buscar
las interconexiones de todo con todo: entre lo global y lo local, la
ecología con la política y la economía, etc.
-
La cercanía es otro elemento importante de las redes de
comunicación y de solidaridad. El trabajo en red no es
solamente un forma más eficaz de organización; junto a
su dimensión funcional - innegable y necesaria - está
otra dimensión no menos importante que es la relacional y
vital. Las redes son el modo en el que visualizar el "mapa de
relaciones"; por ellas pasa la identidad y la existencia.La
mirada relacional nos invita a superar visiones excesivamente
mecanicistas de las organizaciones sociales, a partir de las cuales
se puede llegar a diseñar procesos lineales de acción
concebidos en un laboratorio con escuadra y cartabón, como si
luego estos planes funcionasen tal cual en la realidad. Los procesos
sociales de comunicación y de transformación social no
son como estaciones de tren por las que se va pasando regular y
puntualmente tal y como se ha planificado; la realidad siempre
sorprende, lo real se resiste a ser encasillado, la vida lucha por
vivir. Por este motivo Irantzu Larrañaga dirá que las
redes, además de servir para intercambiar datos e información,
sirven para hacer circular afecto, aliento, solidaridad. Las redes
sirven para recordar a sus miembros que no están solos en el
mundo, que hay gente en el mundo como ellos.
La
dimensión educativa de los movimientos sociales
Era
preciso contextualizar nuestra reflexión desde conceptos como
globalización, cultura popular y sociedad-red
con el fin de dar el justo relieve a las acciones educativas que,
en la actualidad, vienen impulsando los movimientos sociales. A
partir de este marco las propuestas educativas adquieren su verdadera
dimensión, al constituirse en elementos de un proyecto
alternativo de sociedad. Si la educación popular – tal y
como sugiere Oscar Jara- es la dimensión educativa de la
acción política[19],
es necesario contemplarla en la marco de los procesos de
transformación social para poder percibir su verdadero
alcance. Desde el año 2001, uno de estos lugares de encuentro
de los movimientos sociales del planeta es el Foro Social Mundial
(FSM)[20].
Celebrado en tres ocasiones en la ciudad brasileña de Porto
Alegre y una en Bombay (India), este evento visualiza mejor que
ningún otro el proceso de encuentro, debate y articulación
de una multitud diversa de grupos sociales que comparten el objetivo
común de trabajar en la construcción de “otro
mundo posible”.
Antes
de hablar de los movimientos sociales que se dedican de un modo
específico a la educación es necesario identificar la
dimensión educativa inherente a todo movimiento social. A
partir del trabajo teórico de Alberto Melucci[21]
podemos decir que los movimientos sociales son mediums, medios
que nos hablan a través de la acción. Ésta es el
mejor medio de comunicación y de educación del que
disponen para transmitir su proyecto alternativo a la sociedad. La
acción transformadora como lugar educativo es, por tanto, un
factor común en el campo de los movimientos sociales. Si se
analiza, a modo de ejemplo, cuál es la visión de la
educación de uno de los movimientos que más fuerza
tiene en la actualidad a escala mundial – el Movimiento de los
Sin Tierra de Brasil (MST)[22]-
se observa que, para ellos, la mayor escuela es el propio movimiento,
su dinámica de movilización, lucha y resistencia.
Además,
el MST se caracteriza por haber dado a la escuela un lugar
preferencial en su proyecto y en sus movilizaciones. Algunos de los
rasgos más significativos de su propuesta pedagógica
han sido recogidos y sistematizados por Marta Harnecker[23]
(HARNECKER, 2002: 221): la lucha social como lugar educativo,
con sus contradicciones, enfrentamientos, conquistas y derrotas; la
organización colectiva, aprendida a partir de cada
ocupación de terreno llevada a cabo por el MST y el
consiguiente proceso organizativo que se pone en marcha; la educación
para el trabajo y por el trabajo, como un modo de vincular
pensamiento y acción; la cultura, entendida como el modo de
vida generado por el MST, la forma de ser y de vivir de los sin
tierra (su mística, símbolos, religiosidad) ; el poder
de elección y de participación en el movimiento
como un modo de educarse en la participación social; el valor
de la historia, ya que supone educar en una cultura de la
memoria y en su carácter procesual e inacabado, la historia
como algo que es construido por las personas y, finalmente, la
alternancia entre escuela y comunidad, que permite superar los
límites de los muros del aula. Todos estos elementos hacen del
MST un movimiento social especialmente interesado por pensar y
practicar la educación en el marco de los procesos
sociopolíticos de cambio.
Su
práctica supone un reto para otros movimientos sociales que, a
partir de contextos diferentes, intuyen las posibilidades de la
educación para la participación y una ciudadanía
activa. En las sociedades avanzadas, los movimientos sociales también
pueden jugar el papel de ser espacios para la creación de una
cultura transformadora. Los movimientos sociales libran una batalla
con el poder hegemónico por el control y el cambio de los
códigos desde los que interpretar y dar sentido a la realidad.
Hay un conflicto por la in-formación – en el
sentido de dar forma - a la realidad. Por ello, el análisis
de las relaciones que pueden llegar a establecer los movimientos
sociales con las nuevas redes de información va más
allá de la simple posibilidad de transmisión de
informaciones alternativas. Es necesario superar unas visiones de las
tecnologías excesivamente instrumentales y centradas en la
transmisión[24],
para asumir un enfoque cultural de la comunicación, que
se concreta en la propuesta de nuevos marcos desde los que comprender
y dar sentido a la realidad, en nuevos modos de relación que
permiten construir identidades colectivas, en la consolidación
de unas cosmovisiones y sistemas de valores que permitan cimentar
prácticas emancipadoras y proyectos alternativos de sociedad.
En
este sentido, Imanol Zubero plantea que una de las principales
aportaciones de los movimientos sociales a la tarea de la
transformación de la realidad social es fundamentalmente de
índole cultural:
“No
es una aportación que se derive de ninguna incapacidad o
limitación de tales movimientos; no se trata de hacer de la
necesidad virtud, con argumentos tales como: “ya que no podemos
incidir en las estructuras políticas y económicas,
concentrémonos en elaborar discursos en los que denunciemos
esas estructuras”. Nada de eso. Sencillamente, no existe
posibilidad alguna de poner en marcha una práctica
emancipatoria significativa si no es sobre la base de una previa
tarea de transformación cultural; tarea que exige dos cosas:
la primera, aprender a mirar de una forma nueva la realidad social,
ser capaces de analizar dicha realidad con claves nuevas, diferentes
de las claves dominantes; la segunda, establecer, a partir de esas
nuevas claves, un auténtico combate cultural, una
confrontación de legitimaciones” (ZUBERO, 2004:63)[25]
Los
movimientos sociales permiten releer la actualidad desde unos
parámetros diferentes y alternativos a los dominantes. Cambian
los códigos a partir de los que se interpreta la realidad y se
toman las decisiones. Seguramente, una de las cuestiones
fundamentales que estos movimientos deben afrontar no consiste sólo
en ver qué oportunidades políticas ofrece la situación
actual para la movilización crítica, sino cómo
hacer visibles tales oportunidades de manera que sean asumidas por la
ciudadanía. La tarea cultural – como momento
pre-político que antecede al diseño y aplicación
de políticas transformadoras – sitúa a estas
organizaciones ante el reto de asumir una pedagogía política,
que lleve a la articulación, desde abajo, de un nuevo proyecto
alternativo de sociedad. La cultura transformadora que impulsan los
movimientos sociales ayuda a actuar críticamente en la
sociedad con el fin de superar la desigualdad y la dominación,
permite conectar la reflexión con la acción. Es la que
queda, como sedimento, después de cada acción
transformadora[26].
Pasamos
a ver, a continuación, como están aprovechando la red
los movimientos sociales que apuestan por otra globalización y
educación posibles a partir de las claves de la educación
popular.
El
Foro Mundial de Educación
La
educación, para cambiar la realidad, requiere de una
referencia al contexto social. Son necesarias las alianzas entre
todos los profesores intelectuales (Giroux) – esto es,
que reflexionan sobre su realidad para transformarla - y los agentes
sociales y educativos que trabajan desde otros espacios sociales. Los
movimientos sociales son, en este sentido, lugares de confluencia de
estos sectores de la ciudadana interesados por la educación y
por la creación de cultura transformadora. El Foro Mundial de
Educación[27]
(FME) es uno de estos espacios; celebrado en continuidad y referencia
con el Foro Social Mundial, el encuentro mundial de educadores y
educadoras convocó en su último encuentro (julio de
2004) a más de 15.000 personas. En su edición de este
año se avanzó en la idea de constituir una Plataforma
Mundial de Educación, que permita el diseño y la
ejecución de políticas, planes, programas y proyectos
educativos, en todos los niveles de enseñanza, para todos los
pueblos de la Tierra.
En
el documento base titulado “Declaración de Porto Alegre”
se insiste en tres ideas fundamentales. La primera consiste en el
rechazo a la mercantilización de la educación
implementada por los organismos internacionales y por los acuerdos de
libre comercio. Esta tendencia mercantilista es asumida
posteriormente por numerosos gobiernos e instituciones públicas,
que encierran a la educación en los parámetros de un
discurso neoliberal obsesionado por la gestión y los
controles de calidad, unos términos con apariencia de
neutralidad pero que poseen una fuerte carga política y
económica.
La
segunda idea, en estrecha conexión con la anterior, es la
denuncia de la progresiva apropiación del conocimiento
científico y tecnológico por parte del sector privado y
de las potencias del Norte. Este conocimiento, patrimonio de la
Humanidad, debería ser considerado, tal y como apuntan los
trabajos de Phillipe Quéau[28]
en el seno de la UNESCO, como un bien público mundial.
Este concepto proporciona una sólida base teórica para
la actuación colectiva de la comunidad internacional,
atendiendo al interés superior de la humanidad y en beneficio
de todos. Puede servir, además, de base para la creación
de una voluntad general mundial, y cabe utilizarlo para contrarrestar
la relativa pérdida de influencia de las autoridades públicas
frente al triunfo del mercado (QUEAU, 2002:195). En tercer lugar, el
FME apuesta por la defensa de una educación pública,
gratuita y de calidad. En unos momentos en los que la tendencia
dominante conduce hacia el recorte de las prestaciones en educación
por parte de los gobiernos – como una medida más del
desmantelamiento del Estado del Bienestar - y a la privatización
de unos servicios que en su origen eran de vocación pública
y universal[29].
El
FME aprovecha internet como una herramienta de coordinación de
las numerosas organizaciones sociales y personas que se extienden por
la geografía mundial. Su página de internet sirve como
lugar de visibilización del movimiento, como fuente de
información y lugar de relación. Los foros, chats y
listas de distribución son nuevas herramientas comunicativas
que incorporan dentro de sus estrategias.
Redes
de educación popular en la red
En
internet se pueden encontrar sitios construidos por redes de
educación popular con una larga tradición histórica.
Podríamos hablar de la presencia de las redes en la Red. La
frase - más que un juego de palabras – hace referencia a
una idea fundamental vinculada al nuevo contexto organizacional de la
sociedad-red: aquellos grupos que en el espacio real
funcionaban ya con la lógica de la red[30]
son los que mejor están aprovechando las posibilidades de
internet. Dentro del campo de la educación popular, dos de
estas redes históricas que están aprovechando internet
dentro de sus estrategias organizativas y comunicativas son la red
Alforja[31]
y el Consejo de Educación de Adultos de América
Latina[32]
(CEAAL).
Alforja,
creada en 1980, es una red que se concentra en coordinar acciones de
formación, investigación, sistematización y
producción de materiales para la incidencia política.
Su trabajo presencial lo realiza, preferentemente, en Centroamérica.
Desde su página web se puede acceder a cada uno de los centros
que están en funcionamiento en la región. De esta
manera, la red internet visualiza la red de organizaciones que
funciona fuera del ciberespacio. Además, Alforja impulsa
programas que, para su ejecución, contemplan como estrategia
el trabajo con las tecnologías de la información en
foros de debate, listas de distribución y bibliotecas
virtuales; así sucede con el proyecto de sistematización
de experiencias, un eje estratégico que consiste, en palabras
de Oscar Jara, en la “interpretación crítica de
una o varias experiencias que, a partir de su ordenamiento y
reconstrucción, descubre o explica la lógica del
proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso,
cómo se han relacionado entre sí y por qué lo
han hecho de ese modo”[33].
En su página web se pueden encontrar materiales para iniciarse
en la sistematización, así como contactos con los
grupos de trabajo y personas que se van sumando a esta tarea.
Por
otra parte, el Consejo de Educación de Adultos de América
Latina (CEAAL) es una red con una presencia histórica y
significativa en el contexto latinoamericano. Agrupa a 195
organizaciones civiles de 21 países de América Latina y
El Caribe, que desde la corriente de la educación popular
trabaja a favor de la transformación democrática de sus
sociedades. En los últimos años han estado trabajando
en torno a cuatro ejes fundamentales: educación popular y
nuevos paradigmas, incidencia política de la sociedad civil,
incidencia sobre políticas educativas y fortalecimiento del
poder local en América Latina. Su portal de internet sirve
para hacer visible su trabajo y su red de organizaciones. Es un punto
de encuentro fundamental para las personas y colectivos interesados
en trabajar hoy la educación popular. Además, edita la
revista La Piragua, con una versión digital accesible.
Marcos
de apropiación de la red
Manuel
Castells indica que tecnologías de la información como
internet tienen la característica de ser tan flexibles que se
transforman con su uso. Permiten que sus usuarios las utilicen y
adapten en función de sus necesidades, gustos, referentes
culturales, etc. Quizá el ejemplo más significativo sea
el modo en que la población juvenil ha utilizado el teléfono
móvil como un instrumento modificable: todo el mercado que
gira en torno a los mensajes SMS, melodías y diseños de
los terminales telefónicos tiene a este sector de la población
como motor del desarrollo exponencial que está viviendo en los
últimos años.
Internet
posee un alto grado de flexibilidad como herramienta. Uno de los
elementos que permiten modificar las características de la red
es lo que denominamos marcos de apropiación. Con este
término se hace referencia a las metodologías y estilos
educativos gestados en los movimientos sociales y en la educación
popular. Entre otros, destacamos el saber hacer característicos
de la educación de adultos inspirada en la educación
liberadora de Paulo Freire, la animación sociocultural y
la investigaciónacción- participativa (IAP).
Una
de las experiencias del contexto español más
innovadoras en cuanto a esta unión sugerida de metodología
y red es la liderada por la Asociación regional de
Universidades Populares de Extremadura (AUPEX)[34].
Esta entidad es la encargada de diseñar la dimensión
metodológica y educativa de los centros de acceso público
a internet que la Junta de Extremadura va poniendo en marcha en la
región. Para ello, AUPEX aplica a la red los principios
metodológicos de la educación de adultos y de la
animación sociocultural en los que vienen trabajando desde
hace décadas. Además, este proyecto tiene un valor
añadido en lo relativo al software utilizado; su apuesta por
el software libre supone una mayor coherencia ética,
tecnológica y económica respecto a los fines de los
movimientos sociales. El software libre funciona gracias a la
existencia de una comunidad mundial de programadores informáticos
que comparten gratuitamente sus conocimientos. Conciben los programas
y el conocimiento como un bien común a compartir (coherencia
ética) y no como una mercancía con la que comerciar.
Además, esta opción permite que equipos antiguos puedan
ser utilizados - ya que el sistema operativo y los programas
diseñados demandan menos recursos del equipo para su
funcionamiento (coherencia tecnológica). Finalmente, la
apuesta por el software libre permite el desarrollo de una red de
empresas locales dedicadas a la prestación de servicio técnico
(coherencia económica)[35].
En
una línea similar se ha articulado la experiencia de formación
de adultos Circulum[36],
surgida inicialmente a partir de un núcleo de profesionales de
la formación de Cataluña. Circulum ha
descubierto que las tecnologías de la información y de
la comunicación (TIC) son el punto de entrada a nuevas formas
de aprender, con los consiguientes cambios en las instituciones
educativas, en los docentes, en el rol del profesor, en la
metodología y en el propio proceso de aprendizaje. Para ello,
exploran las potencialidades de internet como herramienta
comunicativa y educativa; intentan trasladar al ciberespacio la
metodología de la educación de adultos: un aprendizaje
que parte de la realidad, que invita a la persona a la participación
social, al aprendizaje colaborativo, etc.
Estos
dos proyectos ilustran el trabajo de otras tantas experiencias de
educación popular constituidas en torno a dos ejes decisivos:
la construcción colectiva del conocimiento y el aprendizaje
dialógico. Como apuntábamos anteriormente, internet
sirve para algo más que la simple transmisión de
informaciones. Hay grupos que están aprovechando la nueva
herramienta tecnológica para explorar nuevos modos en los que
transformar la información en conocimiento. Internet sirve
para articular espacios de reflexión, de participación,
de pensamiento, que se van construyendo y articulando en foros,
chats, listas de distribución, etc.
Los
esfuerzos de los movimientos sociales por recrear en la red las
metodologías participativas gestadas en su seno conectan con
la pedagogía dialógica. Para Florentino Sanz,
hace falta aprender a trabajar con lo otro y con los otros como
diferentes, en términos de complementariedad y no en términos
de competitividad, de dominación u oposición. El
diálogo nos transforma en seres permanentemente alterados,
constituidos por el otro y constituyentes del otro[37].
Esta actitud dialógica es la que permite ir tejiendo la red,
esto es, construyendo el conocimiento colectivo y las redes sociales
de intervención social, encontrar los motivos comunes para la
confluencia y la colaboración a pesar de las diferencias.
Podemos hablar también de la búsqueda de un aprendizaje
dialógico en estas propuestas, en la línea sugerida
por Ramón Flecha[38].
En el nuevo contexto de la sociedad de la información, surgen
experiencias que, a partir de este modelo de aprendizaje, consiguen
disminuir las desigualdades, fomentar la solidaridad en las aulas e
ilusionar al profesorado, alumnado y comunidad. Las comunidades de
aprendizaje[39]
que respaldan este modelo teórico están convencidas de
que sólo en la interacción comunicativa, las familias,
el profesorado, el barrio y la sociedad pueden construir un proyecto
educativo útil.
---o---
En
este trabajo hemos explorado las características de la
educación popular en un contexto sociopolítico
diferente al que existía en otras décadas. Hoy,
necesariamente, hay que vincular este trabajo educativo a las nuevas
características que se han creado con la llegada de la
globalización y del nuevo entorno tecnológico y
organizativo de la sociedad-red. Además, la progresiva
articulación de los movimientos sociales a escala mundial
diseña un escenario novedoso en el que la educación
popular se está haciendo presente. Internet es un nuevo
espacio, una ciudad – Telépolis – que van
construyendo quienes navegan y actúan cotidianamente en él.
Los movimientos sociales que trabajan desde las claves de la
educación popular están convencidos de que el pueblo
y lo popular son unos referentes irrenunciables desde los
que articular hoy unas prácticas educativas transformadoras.
En esta línea caminan las experiencias y los proyectos que, a
modo indicativo, han ido apareciendo en estas páginas.
Internet y la globalización, como procesos dinámicos y
complejos, avanzan a tal velocidad que hace difícilmente
predecible cuál será la fisonomía que adopte la
educación popular en un futuro. Lo cierto es que, en el
presente, está sirviendo como referente para un amplio número
de organizaciones que se siguen inspirando en ella para impulsar
nuevas prácticas y marcos teóricos.
*
Víctor Manuel Marí Sáez. Miembro del CICO
(Centro Iberoamericano de Comunicación Digital), Facultad de
Comunicación (Universidad de Sevilla, España).
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red. Madrid, Editorial Popular, 2004.
[1]
R. SAFRANSKI: ¿Cuánta
globalización podemos soportar?. Barcelona, Tusquets,
2004.
[2]
A. MATTELART: “Premisas y contenidos
ideológicos de la sociedad de la información”,
en J. VIDAL BENEYTO: La ventana global. Madrid, Taurus, 2002,
página 72.
[3]
V.M. MARÍ: Globalización,
nuevas tecnologías y comunicación. Madrid,
Ediciones de la Torre, página 67.
[4]
I. RAMONET: “Pensamiento único y
nuevos amos del mundo”, en I. RAMONET y N. CHOMSKY: Cómo
nos venden la moto. Barcelona, Icaria,1995, páginas
16-17.
[5]
B. DE SOUSA SANTOS: Crítica de la
razón indolente: contra el desperdicio de la experiencia.
Bilbao, Descleé de Brouwer, 2003.
[6]
U. BECK: Qué es la globalización.
Falacias del globalismo, respuestas a la globalización.
Barcelona, Paidós, 1998.
[7]
N. GARCÍA CANCLINI: “De qué
estamos hablando cuando hablamos de lo popular?”, en AA.VV.:
Comunicación y Cultura Populares en Latinoamerica. México,
FELAFACS/Gustavo Gili, 1987.
[8]
M. BATJIN: La cultura popular en la Edad
Media y en el Renacimiento. Madrid, Alianza Editorial, 1987.
[9]
M. BATJIN, op. cit. Página 11.
[10]
S. HALL: “Notas sobre la desconstrucción
de lo popular”, en R. SAMUEL (ed.): Historia popular y
teoría socialista. Barcelona, Crítica, 1984.
[11]
N. GARCIA CANCLINI: Culturas híbridas.
Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Barcelona,
Paidós, 2001.
[12]
Para Raymond Williams, “lo residual,
por definición, se ha formado efectivamente en el pasado,
aunque está todavía activo en el proceso cultural, no
solamente y con frecuencia de ninguna manera como elemento del
pasado, sino como elemento efectivo del presente. Así,
ciertas experiencias, significados y valores que no pueden
expresarse o verificarse de manera substancial en términos de
la cultura dominante, son, no obstante, vividos y practicados sobre
la base del residuo—cultural tanto como social—de alguna
formación social previa. Es crucial el distinguir este
aspecto de lo residual, que puede mantener una relación
alternativa o incluso oposicional con la cultura dominante, de
aquella manifestación activa de lo residual... que ha sido
enteramente o en su mayor parte incorporada dentro de la cultura
dominante” (Marxism and Literature, Oxford, Oxford
UP, 1977, página 122.
[13]
M. CASTELLS: La era de la información.
Volumen II: el poder de la identidad. Alianza Editorial, Madrid,
1998, página 402.
[14]
S. LOPEZ, I. SADABA, G. ROIG: “Nodo50.
Territorio virtual para los movimientos sociales y la acción
política”, en V. M. MARÍ SÁEZ (coord.):
La Red es de todos. Cuando los movimientos sociales se
apropian de la red. Madrid, Editorial Popular, 2004
[15]
M. E. MARTÍNEZ:
Networking global civil society: the zapatista movement. The
first informational guerrilla. California, University of
California, 1996.
[16]
F. SIERRA: Comunicación e
insurgencia. La comunicación y la propaganda en la guerra de
Chiapas.Bilbao, Hiru, 1997.
[17]
Una estupenda introducción a los
debates y las propuestas de los Foros de Porto Alegre se encuentra
recogida en el libro de R. DIAZ SALAZAR (editor): Justicia
Global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto
Alegre. Barcelona, Icaria Editorial/Intermón, 2002.
[18]
Para una profundización de estas
cuestiones, ver S. BURCH, O. LEON O. y E. TAMAYO: Movimientos
sociales en la red. Ecuador, ALAI, 2001
[19]
en AA.VV.: La educación popular ante
el siglo XXI. Sevilla, Instituto Andaluz de la Juventud, 1998.
[20]
www.forumsocialmundial.org.br
[21]
Challenging Codes:
Collective Action in the Information Age.Cambridge, University
Press, 1996; Vivencia y convivencia. Teoría
social para una era de la información. Madrid, Editorial
Trotta, 2001; ¿Qué hay de nuevo en los nuevos
movimientos sociales?, en LARAÑA, E. Y GUSFIELD, J.: Los
nuevos movimientos sociales. Madrid, Centro de Investigaciones
Sociológicas, 1994.
[22]
http://www.mst.org.br/
[23]
M. HARNECKER: Sin Tierra. Construyendo
movimiento social. Madrid, Siglo XXI, 2002. En especial, el
capítulo 4 (La educación en el MST, páginas
209- 252).
[24]
V.M. MARÍ SÁEZ: Comunicación,
redes y cambio social, en V.M. MARÍ (coord.): La Red
es de todos. Cuando los movimientos sociales se apropian de la
red. Madrid, Editorial Popular, 2004.
[25]
I. ZUBERO: Conocer para hacer: la tarea
cultural de los movimientos sociales, en V.M. MARÍ SÁEZ
(coord.): La Red es de todos. Cuando los movimientos
sociales se apropian de la red. Madrid, Editorial Popular, 2004.
[26]
J. E. IBAÑEZ: “Movimientos y
redes para una cultura transformadora”, en Revista
Tabanque, 17 (2003).
[27]
http://www.portoalegre.rs.gov.br/fme/
[28]
P. QUEAU: “La sociedad de la Información
y el bien público mundial” en J. VIDAL BENEYTO,
(editor): La ventana global.Taurus, Madrid, 2002.
[29]
Estas medidas son posteriormente retomadas por
otros foros regionales y locales en los distintos puntos del
planeta. En el contexto español, los debates del FME
encuentran continuidad, entre otros, en el Movimiento por la calidad
de la educación en el Sur y Este de Madrid
(http://www.nodo50.org/movicaliedu/)
y en los Movimientos de Renovación Pedagógica
(http://cmrp.pangea.org/).
[30]
Ver apartado “Características del
modelo de red”.
[31]
http://www.alforja.org/
[32]
http://www.ceaal.org/
[33]
en ALBOAN, HEGOA, INSTITUTO DE DERECHOS
HUMANOS PEDRO ARRUPE: La sistematización, una nueva mirada
a nuestras prácticas. Guía para la sistematización
de experiencias de transformación social. Bilbao, Alboan,
2004
[34]
http://www.aupex.org/
[35]
Para profundizar en las implicaciones del
software libre, ver R. STALLMAN: Software libre para una sociedad
libre. Madrid, Traficantes de Sueños, 2004.
[36]
http://www.circulum.org/
[37]
F. SANZ: “El futuro de la educación
social”, en Revista de Educación (número
extraordinario 2002), páginas 125-148.
[38]
R. FLECHA: “Aprendizaje dialógico
en la sociedad de la información”, en XVIII Encuentro
estatal de la Confederación de MRP (Movimientos de Renovación
Pedagógica) (1999),
http://www.nodo50.org/igualdadydiversidad/cmrp_ga5.htm
[39]
http://www.comunidadesdeaprendizaje.net/
http://alainet.org/active/show_text.php3?key=7906
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