ALAI, América Latina en Movimiento
2005-11-28
Apropiación social de las tecnologías de la información: Ciberciudadanías emergentes
Rocío Rueda Ortiz
Las
tecnologías de la información y la comunicación
son las que incluyen no sólo el hardware y el software y sus
interconexiones en redes telemáticas, sino también y
principalmente, los diferentes tipos de organización social
posibilitados por el uso de estas tecnologías.
Fienquelievich,
S; Schiavo, E.
Resumen:
Las
tecnologías de la información y la comunicación
(TIC) se han convertido en una dimensión estructural de las
sociedades jugando un papel central tanto en el nuevo paradigma
productivo como en la transformación cultural, social y
educativa. Sin embargo, la incorporación de las TIC en el
sistema educativo formal no ha logrado superar la visión
instrumental sobre su uso y, en general, la política en este
campo no ha incidido ni en la transformación de las prácticas
y modelos pedagógicos tradicionales, ni en la generación
de modelos innovadores o alternativos de desarrollo para el
país. No obstante, es evidente que fuera del sistema
educativo formal se están produciendo una serie de
experiencias y procesos de incorporación de las TIC desde
comunidades y organizaciones sociales que están proponiendo
una visión alternativa frente a la relación
tecnología-sociedad y donde están emergiendo nuevas
formas de ciudadanía o ciberciudadanías. En la
primera parte, realizaremos una breve descripción del marco
tecnología-sociedad desde donde ubicamos nuestro trabajo; en
la segunda, se presenta una revisión del estado del arte en el
campo de la apropiación social de las TIC –o informática
comunitaria-, y en la tercera parte, se propone una reflexión
en torno a las ciberciudadanías emergentes, sus posibilidades
y tensiones como modelos alternativos de sociedad.
I.
Presentación
Antes
de entrar directamente en el tema que nos convoca, es importante
señalar algunas puntualizaciones sobre el marco desde el cual
se propone comprender hoy las tecnologías. Por una
parte, desde una reconceptualización y complejización
de la relación tecnología-sociedad, tecnología-cultura
en el contexto más amplio de la tecnocultura o cibercultura; y
por otra parte, desde un cuestionamiento sobre los discursos y
proyectos del desarrollo y progreso que han acompañado la
incorporación de las tecnologías a nuestras sociedades.
En
oposición a las imágenes escindidas y maniqueas entre
tecnología y sociedad instaladas en el pensamiento moderno[1],
la perspectiva transdisciplinar de los estudios de ciencia,
tecnología y sociedad (CTS) han venido cuestionando el
carácter “neutral” de la ciencia y la tecnología
y señalan cómo ambas son fabricadas a partir de
complejos procesos de negociación entre grupos con diferentes
y divergentes agendas e intereses, que favorecen más a unos
que a otros (González, Marta, 2000) en unos entornos
materiales, simbólicos y ambientales particulares. Es
decir, los desarrollos tecnocientíficos se comprenden a partir
de los antecedentes de factores económicos, políticos y
culturales y de las consecuencias en su influencia en las formas de
vida y de las instituciones. Por lo tanto se cuestiona
la autonomía del desarrollo tecnológico, los sistemas
productivos y la supremacía de expertos en la toma de
decisiones sobre el mismo (López Cerezo, 1997).
Hoy
entonces, la tecnología requiere entenderse en su
“naturaleza híbrida” con la ciencia, la humanidad,
el ambiente y la cultura, por lo que el concepto de tecnocultura
resalta tanto el carácter complejo y de relación
inextricable entre estas dimensiones (Arnowitz, 1998; Castells, 1999;
Escobar, 1999) como la emergencia de un nuevo mundo:
una multiplicidad de prácticas, relaciones de poder, nuevas
redes sociales de interacción y de acción, experiencias
y representaciones sociales, que no se organizan desde las
identidades tradicionales, creando nuevas culturas y demarcaciones en
el campo social y político (Quintanilla, 2002). Así,
las tecnologías tienen política, es decir, diseñan
formas de ser, formas de vida (Winner, L, 1987). La cibercultura,
entendida como el espacio de comunicación e interacción
creado por la red Internet, genera en su interior grandes
iniquidades, exclusiones y ejercicios de poder y dominación a
través de las redes de información pero también
abre una posibilidad a la imaginación y a la creatividad
social. Sin embargo, como señala Arturo escobar
(1999:320) “es una posibilidad histórica por la que hay
que luchar”. Para ser real, se requiere de la actualización
del derecho a la “alteridad”, el reconocimiento del
“otro” de “lo otro”, de nuevas relaciones
Norte-Sur y una democratización radical de las relaciones
interculturales.
De
otro lado, nuestra reflexión, de la mano de la antropología
cultural también cuestiona el proyecto de desarrollo como un
progreso planificado, lineal y ordenado que suponía la
industrialización, urbanización y modernización
de los países del tercer mundo. Como lo señalan
Arturo Escobar (1999) y Boaventura de Souza (2003), el desarrollo ha
fracasado pues la desigualdad entre los países ricos y pobres
sigue en aumento. No obstante, la apropiación de TIC se
ha instalado en este discurso ligado exclusivamente a la
modernización económica suponiendo que la adopción
de infraestructura tecnológica propicia el desarrollo
que permitirá superar las brechas entre ricos y pobres.
Pero el desarrollo, en esta perspectiva, produce una “inclusión
excluyente” (Pablo Gentilli, 2000) esto es, a pesar de la
inclusión –desigual- hay una exclusión de la
mayoría de la población, ausente de las elecciones
tecnológicas, de las evaluaciones de su impacto (Mitchel
Resnick, 2001), así como del
conocimiento sobre cómo nos inventamos mundos de justicia
social y democracia. Si asumimos que la innovación tecnológica
es innovación social, no sólo se trata de crear modelos
alternativos de desarrollo sino de crear alternativas al desarrollo
mismo.
La
educación no se haya exenta de esta visión de
desarrollo. El área de tecnología e informática,
desde la política educativa, ha reflejado una baja incidencia
en la innovación o transformación
educativa, debido a la adopción instrumental de las TIC
que refuerzan representaciones “tecnoutópicas” sin
una reflexión pedagógica interdisciplinar y colectiva
sobre su sentido, sobre lo que éstas significan para el
conocimiento, el aprendizaje, las prácticas pedagógicas
y los contextos socioculturales. Es por ello que consideramos
fundamental que la escuela –en el sentido amplio del término-
se abra a reconocer otras experiencias de apropiación de las
tecnologías, que desde contextos particulares, desde grupos y
movimientos sociales, aportan no sólo una visión más
compleja de la relación tecnología y sociedad, sino
también nos obligan a reconsiderar los proyectos de desarrollo
y progreso hegemónicos.
II.
Estado del Arte
La
visión social de las TIC como apoyo a las comunidades y a las
organizaciones comunitarias en sus tareas en pos del desarrollo
social y económico la podemos ubicar en lo que se ha
denominado como informática comunitaria (IC) que
combina tecnología y organización social, y que pone en
red los esfuerzos comunitarios por el desarrollo socioeconómico
en áreas como las redes comunitarias y cívicas, los
telecentros, la democracia electrónica, la participación
comunitaria en la gestión de la ciudad, el comercio
electrónico, los grupos virtuales de ayuda mutua, el
desarrollo de la cultura, y otras. La IC puede definirse como los
estudios sobre las aplicaciones de TIC y sus logros en las
comunidades para alcanzar objetivos sociales, políticos,
económicos y culturales (Fienquelievich: 2001).
Expresiones
de informática comunitaria, fueron originalmente las
“freenets” o redes mantenidas por voluntarios que
extendieron los recursos de Internet de las universidades a las
comunidades y al público en general. La primera fue la
Cleveland Freenet, creada en 1986 en la Case Western
Reserve University. Algunas Freenet evolucionaron
hacia organizaciones que mantienen el principio del acceso público
y gratuito a las redes informáticas. Otras, se transformaron
en “redes comunitarias” que cobran por el servicio, a la
vez que ocupan un rol fundamental para el desarrollo de la comunidad.
El cambio de “Free” Net (red gratuita y/o libre) a “redes
comunitarias” también ha significado una importancia
mayor otorgada al desarrollo comunitario. En Canadá,
por ejemplo, el acceso telefónico ha sido casi universal desde
hace décadas. Para mejorar el acceso de las áreas
rurales y remotas a Internet, el gobierno canadiense lanzó el
Community Access program (CAP) (Programa de acceso
comunitario). Este programa pasó de proveer acceso técnico
a Internet, a proporcionar acceso social, incluyendo a los
desempleados, a los que carecen de computadores y de formación
en su uso, y a los físicamente discapacitados. Existen
desarrollos similares en otras regiones del mundo, como Europa,
EE.UU., África y América Latina, a través de
programas de telecentros (Fienquelievich: 2001).
De
otro lado, en la medida que el acceso a Internet se ha extendido,
aparecen las comunidades virtuales consideradas como el conjunto de
relaciones sociales unidas por un interés común o
circunstancias compartidas, mantenidas por un tiempo prolongado y
conformadoras de redes de amigos personales y profesionales en el
ciberespacio. Las comunidades electrónicas propician varias
clases de productos y bienes colectivos: capital social en la red,
referido a la red de contactos de los participantes; el capital de
conocimientos apoyado en sistemas on line que permiten
incrementar, agudizar y difundir informaciones y conocimientos; y la
comunión o capital emocional, que implica fuertes sentimientos
personales de confianza y compromiso (Fienquelievich: 2000).
En
consecuencia, las redes comunitarias, basadas en TIC están
dirigidas inicialmente a ayudar a revitalizar, reforzar y expandir
las redes comunitarias territoriales existentes y generalmente se
proponen construir conciencia comunitaria, alentar la participación
de la población en las decisiones políticas locales, o
desarrollar oportunidades económicas para los sectores
carenciados. Las comunidades virtuales, en cambio,
pueden o no tener nexos con las comunidades cara a cara. En
muchos casos, nacen como comunidad física, que se apoya en las
TIC para ampliar sus potencialidades, y en otros, como en los que
converge el movimiento tecno-art, o algunas expresiones del
movimiento ciberfeminista, surgen de encuentros en espacios
virtuales, que luego se potencian o actualizan en encuentros cara a
cara, pero que fundamentalmente se mantienen a través de la
red.
La
revisión sobre experiencias de apropiación social de
tecnologías de la información y la comunicación
que a continuación presentamos, tomó como rango
cronológico desde la década del noventa hasta la fecha
y rastreó proyectos a nivel nacional e internacional. Es
importante señalar que de los trabajos registrados en América
Latina, aproximadamente el 80% de ellos recibieron algún
tipo de financiación del Centro Internacional de
Investigaciones para el Desarrollo (CIID) de Canadá, o IDRC
–por sus siglas en inglés-. Un antecedente
importante en términos de estado del arte sobre los
telecentros en América Latina es el realizado por Chasquinet
en el 2002, donde recoge las experiencias de 16 países a
través de la red Somos@Telecentros. Este es sin duda un
trabajo muy completo que conjuga la realización de entrevistas
virtuales a diferentes miembros de los telecentros, recuperando
experiencias particulares y locales de la red de telecentros en la
región.
Nuestra
revisión no pretende ni logra ser tan exhaustiva como el
trabajo antes mencionado, no obstante esperamos que aporte nuevos
ámbitos de comprensión desde lo conceptual hasta lo
práctico de la incorporación social de las TIC. Las
experiencias se han agrupado en dos ámbitos –según
su fuerza de actuación-: lo comunitario territorial y el
virtual[2].
No obstante es claro que los límites entre ambos espacios son
cada vez más borrosos y son más bien espacios porosos y
fluidos. No obstante, es claro que en los dos ámbitos las TIC
juegan un papel importante en las interacciones sociales y los
proyectos comunitarios, pero en un caso, las redes sociales están
fuertemente ligadas a proyectos en territorios y espacios geográficos
específicos (barrios, ciudades, municipios) y en el otro caso,
se trata de redes que se desterritorializan y reterritorializan en
espacios físicos y virtuales.
1.
Desde el ámbito de lo comunitario-territorial
Una
de las estrategias de apropiación social de las tecnologías
son los telecentros, pues éstos se proponen, por una parte,
lograr el acceso, expandir infraestructura y ofrecer servicios
educativos a la sociedad a través de las TIC y, por otra,
promover el desarrollo sostenible. Los telecentros de los
primeros años de la década de los 90, representan los
esfuerzos de varios países para crear lugares de acceso
público que facilite el acceso a Internet. En general, son
lugares públicos que pueden ser o no gratuitos, equipados de
cierto número de computadores y otros dispositivos
informáticos, donde se puede navegar por Internet, usar el
correo electrónico, cámaras digitales, y en algunos de
ellos, asistir a cursos de formación en los usos de la
tecnología informática. Estos telecentros difieren de
los cibercafés dado que permiten y fomentan la construcción
del dominio público y la oferta de cursos de capacitación
en los oficios digitales, además de una educación a
distancia con el apoyo de los tutores en los respectivos temas. Los
telecentros tienen el compromiso de ofrecer información y una
capacitación en el manejo de la misma, más allá
de los temas mercantiles. Para Robinson (2000), una red nacional e
internacional de telecentros es el anexo lógico de lo que
fueron las bibliotecas públicas y es una propuesta para
atenuar la división digital que ahora marca la condición
poscolonial.
Canadá,
Australia, Hungría, México, India y China, son
pioneras en estos desarrollos (Colle, Royal:2005). En Europa, el
proyecto EPITELIO (1996-1998)[3]
inicialmente se propuso el desarrollo de una plataforma telemática
como medida contra la exclusión social para generar una nueva
comunidad. Sus logros no sólo han sido crear una plataforma
telemática, o un grupo de servicios de Internet, sino
desarrollar un grupo de nuevas organizaciones barriales (como en el
caso de Ravalnet), organizaciones de la ciudad (Rete Cuidadana) y
organizaciones europeas (la Asociación Europea para
Comunidad), promoviendo una visión innovadora de la sociedad
de la información (Serra: 2000).
El
Centro de Investigación para el Desarrollo Internacional
(IDRC) de Canadá, ha apoyado, desde 2001, alrededor de
50 proyectos para investigar los usos de Internet para el desarrollo
humano en América Latina y el Caribe (Martínez, Gómez
y Reilly, 2004) [4].
La perspectiva de este centro Junto con OLISTICA[5]
es que el desarrollo involucra metas sociales, políticas
además de las económicas. Promueve realizar estudios
que permitan conocer la particularidad de las necesidades sociales
Latinoamericanas (María Eugenia Fazio y Roxana Goldstein,
2003).
El
proyecto TELELAC (redes de telecentros) y Mística[6]
fortalece los actores sociales de las TIC de América Latina y
el Caribe, desde 2001. Experimenta una metodología
articuladora para comunidades virtuales, a través de
narraciones de historias, “storytelling”, como método
para transmitir experiencias de conocimiento local[7].
En
Centroamérica, sobresalen la fundación Acceso
“Internet: ¿cómo vamos cambiando?” y el
Proyecto Corporativo PAN América. En estos proyectos
Internet se concibe como una herramienta social, y promueven la
investigación sobre el uso, impacto y contexto de
incorporación de las tecnologías. En el Salvador se
creó una red de telecentros que parte de una iniciativa
estatal[8],
y en México se inició como un proyecto para implementar
telecentros usando conexiones a Internet a través de satélites
o ISP locales (Robinson, 2000).
En
Ecuador, el proyecto “Chicos de la Calle”[9],
realizado por los Salesianos y Chasquinet destaca como logros el
haber conseguido la participación de diversos actores en los
programas de formación permanente, la exploración de
opciones de interacción en el espacio virtual y la
participación en la formulación y gestión de
proyectos locales. En el Perú, la Red Científica
Peruana ha implementado Cabinas Públicas, desde donde los
ciudadanos navegan Internet, buscan trabajo, leen los diarios y se
comunican entre sí y con el extranjero.
En
Argentina a partir de 1999 se creó el Programa para el
Desarrollo de las Comunicaciones Telemáticas
argentin@internet.todos, a través del cual el gobierno
se proponía estimular el desarrollo de redes nacionales y
regionales para favorecer el acceso a la mejor tecnología
disponible en este campo en comunidades de nivel bajo socioeconómico.
Este proyecto busca fomentar el uso de Internet, promover la igualdad
de oportunidades en el acceso a las tecnologías de
información, impulsar nuevas herramientas pedagógicas
mediante la utilización de redes informáticas, y
promover la generación de contenidos locales útiles y
autorreferenciables por parte de las comunidades (Fienquelevich,
2001).
En
cuanto a proyectos con comunidades indígenas, se destaca
Ashaninka: Internet por radio para comunidades aborígenes,
desarrollado en Perú, y en México, la Red de
Intercomunicación de los pueblos indios de Oaxaca, RIO que
apropian las tecnologías desde la comunicación
alternativa y para la comunidad. En Trama indígena en la
red, las comunidades indígenas latinoamericanas cuestionan
su ingerencia en la concreción de políticas de
comunicación y de participación de las TIC.
En
Colombia se han desarrollado iniciativas privadas y gubernamentales.
El proyecto Redes comunitarias de comunicación en
América Latina y las Unidades Informativas Barriales (1996
y1999)[10],
sobresalen por los procesos de recuperación y sistematización
de información relacionada con organizaciones barriales (por
ejemplo, el Mapa Cultural de Bosa), así como los mecanismos de
participación local. Así mismo, el proyecto
Inforcauca[11],
desde 1999 ha trabajado en la creación de telecentros
comunitarios en el suroccidente de Colombia utilizando Internet y
medios tradicionales, en comunidades urbanas y rurales.
La
investigación de Gloria Alicia Chanduvi “El mundo
cultural de la comunidad indígena Paez y las oportunidades y
riesgos en la implementación de TIC en su contexto
tradicional”, indagó por los imaginarios
culturales que tienen los indígenas Nasa en relación
con los medios de comunicación, las motivaciones políticas
por las cuales los usan y la forma como las nuevas tecnologías
pueden conllevar aspectos negativos o positivos en una comunidad
donde la oralidad ha sido la forma comunicativa más
predominante. Se considera que los telecentros pueden ayudar a
reducir brechas e iniquidades sociales.
La
Fundación Raíces Mágicas y la fundación
Renacer han realizado proyectos de inclusión de jóvenes
por fuera del sistema educativo en torno a la reflexión sobre
diferentes entornos de socialización[12]
así como la promoción de aprendizajes sobre
Internet como fuente de investigación, conocimiento y de
relación con el mundo global (Navegantes: De la calle a la
escuela una conexión vital; Experimentando la conectividad de
Internet con niños de la calle de América Latina,
respectivamente).
El
Sistema de comunicación para la paz en Colombia –
SIPAZ, y la Escuela Virtual son consideradas como “buenas
prácticas” que involucran TIC para modificar su entorno,
tanto por la generación de versiones alternativas al conflicto
y la guerra, como por la participación activa
de las comunidades en los procesos de dotación, capacitación
y uso de las TIC en contextos particulares.
En
cuanto a investigaciones, encontramos el estudio del CINEP:
Usos de Nuevas Tecnologías de Comunicación e
Información para la construcción de la paz en Colombia,
que logra una construcción conceptual colectiva, un
acercamiento crítico a las prácticas comunicativas de
los diferentes actores del proceso, sus concepciones, imaginarios y
usos de las TIC y generar alternativas de paz y desarrollo en
las regiones en conflicto producto de las reflexiones teóricas
y metodológicas (Baron L, 2002).
El
estudio de Ricardo Gómez (1997) sobre COLNODO[13]
en Colombia destacó en aquél entonces que la mayoría
de las ONG apenas prestan servicios de conexión y acceso a
computadores a las comunidades, pero con restricciones por la escasa
disponibilidad de equipos, apoyos y entrenamientos. Hay ausencia de
investigación sobre los efectos de las tecnologías en
las ONG y sobre el mejoramiento de las redes a través de
comunidades virtuales.
Otro
ámbito de experiencias es el abierto por el movimiento de
software libre[14]
como oposición al modelo dominante de
software propietario (Steve Weber,
2004)[15].
En
el caso de Brasil, en el 2003 se tomó la decisión de
usar software libre en todas las instituciones del gobierno para
crear un tejido y desarrollo local de empresas y desvincular la
inversión pública de las grandes multinacionales[16].
En
Colombia algunas universidades e instituciones de educación
secundaria han adoptado como parte de sus políticas educativas
el software libre, que sin alcanzar los desarrollos de Brasil y Chile
están avanzando de manera importante. En Bogotá se
destaca la experiencia de la IED Marco Fidel Cano donde
se desarrollan proyectos comunitarios desde una apropiación
social de las TIC. En este campo se destaca que el
concepto de propiedad privada se modifica alterando uno de los
principios fundamentales del capitalismo, focalizando asuntos morales
y éticos relacionados con la libertad del usuario y la
diseminación del conocimiento y de la información.
2.
Desde el territorio Ciber[17].
El movimiento ciberfeminista caracterizado por una relación
mujer y tecnología desde una posición
filosófica, artística y feminista, contemporánea,
lo podemos ubicar desde la publicación del “Manifiesto
para cyborgs” (Donna J. Haraway, 1984)[18].
Existen diversidad de significados del
ciberfeminismo como: el uso de
las TIC para patrocinar luchas feministas; la
crítica feminista a los presupuestos falogocentricos de las
TIC; la creación de cibercomunidades y las Zonas Tempora-les
Autónomas para que las mujeres reimaginen una identidad
política[19].
Es importante señalar que las propuestas ciberfeministas se
encuentran fuera de los circuitos académicos o estatales de
patrocinio a la investigación y además no existen
estados del arte capaces de proponer un balance concienzudo de la
cuestión, pese a esfuerzos como Cyberfeminism.
Next Protocols (Reiche; Kuni, 2004).
En
Latinoamérica, pese a que ya se han realizado algunos
proyectos de NetArt y se han organizado colectivos tales como
Coyosxahuqui Articulada, ComuArte
y
Polvo
de gallina negra
(México,
1983), se aprecia una orientación hacia la capacitación
en el uso de TIC[20],
en pro de movilizar acciones para la alfabetización virtual y
del activismo situado, privilegiando problemáticas como
la hambruna, la violencia física, la ecología o el
analfabetismo[21].
México tiene la experiencia más
consolidada a través de proyectos como: GIRE
(Grupo de Información en Reproducción Elegida,
A.C)[22],
Red
LAC[23],
la campaña “Niunamuertamás”[24],
el Consorcio para el Diálogo Parlamentario con Equidad[25],
las propuestas de “empoderamiento” de la mujer
movilizadas por Verónica Engler y Cindy
Gabriela Flores[26]
y las propuestas de integración de diversos medios en Costa
Rica y Asia [27].
En
Colombia, las TIC han sido apropiadas por grupos feministas con fines
de divulgación y consolidación de redes (auspiciado
principalmente por E-Leussis.net) para superar la brecha
digital y promover el acceso de las mujeres a las TIC,
desarrollar recursos de información, impulsar el acceso
a redes e incidir en las políticas públicas. Entre
estas experiencias es paradigmática la expuesta por el
movimiento social conocido como Proyecto agenda por las
sexualidades no heteronormativas (LGTB), que crea e-grupos
para la divulgación de sus supuestos y acciones
(Proyecto_agenda@yahoogrupos.com).
En
general, el uso de TIC en Latinoamérica, desde una perspectiva
feminista, es de carácter instrumental y son escasos
los ejemplos de iniciativas ciberfeministas relacionadas con
prácticas artísticas locales o con experiencias
pedagógicas diferentes a las propuestas por la Escuela de
Estudios de Género, de la universidad Nacional de
Colombia[28],
o por Olga Paz, “Escribiendo caminos con las TIC”,
con respecto a las mujeres y los Telecentros[29].
De ahí la importancia de realizar estudios sistemáticos
sobre ciberfeminismo en la región para pensar la relación
educación-desarrollo-feminismo desde prácticas
alternativas a lo estatal e institucional y ver cómo desde la
massmediatización y tecnificación de la vida cotidiana,
no sólo se generan nuevas formas de indagación social
sobre nuestra cibercultura, sino también nuevas vías
al desarrollo y a la innovación educativa.
En
suma, los usos y aplicaciones del campo de la apropiación
social de las TIC –o informática comunitaria- son
diversos. Por una parte se encuentran los accesos comunitarios tanto
en organismos gubernamentales, como no gubernamentales, telecentros,
cibercafés, bibliotecas públicas, locutorios
telefónicos, escuelas, etc. Aquí lo importante es
proporcionar en los telecentros, o en cualquier otro lugar de acceso
público a Internet, las condiciones de formación básica
para que los usuarios que tienen o poco acceso o conocimientos
insuficientes en el uso de las herramientas informáticas,
puedan aprender a usarlas totalmente. Por ello la presencia de
instructores para auxiliar a los usuarios cuando éstos
experimenten dificultades.
Por
otra parte, y con el auge del comercio electrónico,
éste empieza a ser usado por organizaciones comunitarias o
emprendimientos locales para vender sus bienes y servicios
prescindiendo de intermediarios, alentando de esta manera las
economías locales, sin embargo, queda la duda si estas
comunidades electrónicas serán capaces de resistir las
tendencias comerciales que amenazan con desvirtuar su esencia social
y a su vez, extraer provecho financiero de Internet y sus
posibilidades para asegurar su permanencia. Así mismo
el teletrabajo empieza a ser una opción no sólo para
las clases medias y altas que pueden trabajar desde sus hogares, sino
para comunidades de niveles socioeconómicos bajos donde los
telecentros facilitan el trabajo a distancia y evitan el asilamiento
del trabajador en solitario frente al computador (Fienquelievich,
2001).
En
cuanto al tipo de información que procura la informática
comunitaria incluye desde guías telefónicas, guías
de trámites municipales, información sobre impuestos –
a veces con servicios en línea-, consejos sobre salud física
y mental, agenda de eventos urbanos o barriales, bolsas de trabajo y
de estudio, cursos, hasta noticias sobre espectáculos,
telecompras, noticias políticas locales, etc. Estos
espacios también se utilizan para alentar procesos de
participación social y política a través de
proyectos de democracia electrónica, de foros de discusión
partidarios y de consultas gubernamentales al público en
asuntos de interés local. Este tipo de usos permite la
expresión en línea de opiniones, críticas y
propuestas relacionadas con planes y problemas locales y la
participación en la planificación y gestión
urbana. De otro lado, es interesante la presencia de información
oral, escrita, audiovisual y digital en los telecentros. Hay algunas
experiencias que logran vincular cultura oral y cultura digital,
recuperando tradiciones, por ejemplo de la radio, ahora potenciadas a
través de Internet. Esta convergencia cultural y
tecnológica es fundamental en el proceso de apropiación
de las TIC en tanto permite un tránsito de una cultura a otra,
desde lo familiar hacia lo desconocido, tejiendo vínculos que
aprovechan viejos sentidos en nuevos proyectos comunitarios.
Es
importante señalar que existe un abanico de estudios y
experiencias donde la dotación de infraestructura tecnológica,
así como la capacitación son considerados “clave”
para contribuir a democratizar el uso de las TIC siendo parte de las
luchas políticas de diferentes grupos y movimientos, con
diferentes énfasis identitarios (indígenas, mujeres,
jóvenes). También se destaca la realización de
proyectos con un fuerte componente de “intervención
social” y “organización comunitaria”
alrededor de las TIC pero se carece de investigación,
especialmente de largo aliento. Es llamativo que buena parte de
los informes en este campo -aunque están vinculados a la
apropiación social de las TIC y establecen relación
directa con el desarrollo de comunidades-, refieren más a
estrategias y acciones locales de uso/adquisición de TIC,
datos cuantitativos de acceso y conectividad, y en algunos casos,
evaluación de política, que a investigaciones en
profundidad que den cuenta de procesos de transformación
social y cultural de las comunidades.
Adicionalmente,
la producción y publicación de estudios o
informes sobre este campo ha disminuido notablemente en los últimos
cuatro años. Esto parece deberse a uno de los principales
problemas que han enfrentado los telecentros: la sostenibilidad. De
hecho, muchas iniciativas inicialmente exitosas han desaparecido ante
la ausencia de apoyo económico, de mantenimiento
técnico-tecnológico de los equipos y de personal
dedicado a su gestión y atención al público.
Otros telecentros ante tales problemáticas de sostenibilidad
han sido absorbidos por otros proyectos, perdiendo el carácter
comunitario y social que los inspiraba. Otros definitivamente han
desaparecido. Tal y como lo señala el estado del arte sobre
los telecentros de Chasquinet, aquellos que nacieron de programas de
gobierno, por ejemplo, han padecido de innumerables problemas. La
situación social, política y económica de
Latinoamérica y el Caribe adolece de males estructurales que
derivan en una falta de planificación, manejo, seguimiento y
evaluación de procesos trascendentales en la vida de las
sociedades. Tal ha sido el caso de los programas gubernamentales con
relación al uso de las tecnologías de la comunicación
y la información.
La
aspiración de operadores y operadoras de telecentros de origen
estatal y/o gubernamental es clara. Una aspiración legítima
de mantenimiento de los telecentros con su respectivo seguimiento y
evaluación periódicos. Un soporte por parte del Estado
o el Gobierno central a fin de mantener un proceso uniforme. Por lo
general, en América Latina y El Caribe, los programas son
netamente gubernamentales y no responden a un interés estatal,
es decir, estructural. Con cada cambio de gobierno los procesos
también cambian y, por ende, el personal, las instalaciones,
las normas y, en muchos casos, los intereses particulares se
anteponen a un interés social. En cuanto a desafíos y
perspectiva a futuro de los telecentros se plantea la producción
de nuevos y variados materiales educativos que promuevan el
acercamiento de hombres y mujeres a las nuevas tecnologías,
tomado ejes transversales como el ambiente, el enfoque de género,
el desarrollo local. Este es un reto para la Cumbre de la
Sociedad de la Información de este año en Túnez,
y para la investigación social en este campo.
En
conclusión, aunque muchas experiencias parten de una
idea “tecnófila”, “desarrollista” e
instrumental de las tecnologías, en algunos casos, los actores
sociales empiezan a apropiarlas y a repensar sus contextos y
sociedades, evidenciando una lucha permanente por superar las lógicas
de sistemas institucionales dominantes que obstaculizan la
construcción de una cibercultura de libertad, democratización
y justicia social. La red empieza a reflejar
dinámicas y dimensiones de lucha de fuerzas globalizadas,
localizadas y territorializadas, presentes también en la
construcción de una ciudadanía global. La producción
y distribución desigual de información y
significaciones que circulan globalmente en Internet, se articula con
las dinámicas de exclusión, desigualdad y diferencias
culturales, políticas y económicas y sociales presentes
en lo local. De hecho, es en estas tensiones y luchas reales y
simbólicas que dan cuenta de una permanente demanda de
reconocimiento, de grupos y movimientos, donde se ven posibilidades
de acción colectiva en el entorno cibercultural (Lozada:
2004).
III.
Hacia ciudadanías emergentes
El
concepto moderno de ciudadanía, en tanto status legal otorgado
por el Estado, con un fuerte anclaje territorial, está en
crisis. Como ha señalado Canclini, ser ciudadano no tiene que
ver sólo con los derechos reconocidos por los aparatos
estatales a quienes nacieron en un territorio, sino también
con las prácticas sociales y culturales que dan sentido de
pertenencia y hacen sentir diferentes a quienes poseen una misma
lengua, semejantes formas de organizarse y satisfacer sus
necesidades. Es por ello que pensar la ciudadanía en la
sociedad actual y entender las transformaciones tecno-socio-políticas
en tiempos de globalización, exige que comprendamos qué
está pasando en las redes electrónicas, en Internet,
como un nuevo espacio público (Mireya Lozada, 2004)[30];
este ciberespacio es un lugar de confrontación de ideas e
intereses económicos y políticos que revelan fuerzas y
movimientos sociales que nos interrogan acerca de una permanente
construcción socio cultural: la ciudadanía, donde
novedosas formas de comunicación y participación
ciudadana emergen, pero también nuevas exclusiones y
exigencias de nuevos derechos. No se trata de concebir una
representación dual, real-virtual, sino de una aproximación
que permita repensar la hibridación de lo real y lo virtual en
ambas direcciones y en nuestra vida cotidiana a través de la
mediación tecnológica.
De
hecho, los usos ciudadanos de la red, el papel que desempeñan
en la creación, propagación o difuminación de
las identidades sociales y nacionales, y la forma como ha sido
aprovechada por algunos movimientos sociales empieza a ser
investigado. Sin embargo, a menudo se estudia más la
singularidad o extravagancia que implica el uso de Internet para
cumplir con tareas que habitualmente se desempeñaban por
medios tradicionales, que los contenidos o las interacciones
específicas difundidos a través de ésta. Es por
ello que requerimos de estudios culturales de la red, es decir
mostrar no sólo diversos tipos de mestizajes culturales sino
también la apertura y la porosidad
intercultural, así como también la persistencia de
prejuicios, preferencias e intereses en la red. Este tipo de estudios
podría mostrar, también, de qué forma los
conflictos políticos y culturales se reflejan en Internet y
qué tipo de problemas genera este espacio que recubre, por así
decirlo, la estructura de límites geográficos,
culturales y legales cuya delimitación ha determinado la
historia de la humanidad desde sus comienzos. Se trata entonces de
algo que incluye pero va más allá de la pregunta acerca
de si existe o no, por ejemplo, una forma específicamente
latinoamericana de usar la red (Trejo, R: 2004)[31].
El
e-government (o gobierno electrónico) y las redes
electrónicas comunitarias parecen ubicarse en los extremos de
la tensión existente entre dos tendencias. En la primera de
las prácticas, se enfatiza la profusión de canales de
comunicación entre el gobierno y los ciudadanos bajo la
impronta de la eficacia y eficiencia de la gestión estatal. Se
fortalece la visión del ciudadano en tanto beneficiario y
consumidor de servicios públicos. En la segunda, los canales
de comunicación entre ciudadanos y gobierno están
orientados a fomentar la deliberación pública como
fundamento de la participación política, y a maximizar
las posibilidades de satisfacción de las demandas. O sea que,
mientras la primera tiende a socializar la política, esto es,
llevarla al terreno de la sociedad civil, asimilándola al
mercado, la segunda tiende a politizar a la sociedad, recuperando el
sentido de la acción (Baumann, P y Jara A, 2001)
De
este modo las redes electrónicas comunitarias aparecen como
los nuevos escenarios de recreación de lo público y
revalorización del status político de la
ciudadanía, introduciendo en dicha idea fuertes componentes
culturales identitarios y localistas, poniendo en juego a los mismos,
articulando sus discursos, más allá de la relación
individuo-Estado. En general, los usos detectados hasta el momento
por parte de los gobiernos locales (Baumann, P y Jara A, 2001), ponen
énfasis en la relación con el
ciudadano-usuario-consumidor-cliente y no tienen en cuenta que éstos
interactúan activamente en redes de relaciones diferenciadas.
Lo cual termina agudizando los problemas de gobernabilidad, dado que
en vez de articular demandas, las agrega estadísticamente[32].
No
obstante, estudios como los realizados por Susana Fienquelievich en
Argentina sobre nuevas formas de participación ciudadana a
través de las TIC, han encontrado que desde un sitio web, la
participación en una lista de discusión hasta
simplemente una dirección de correo electrónico les ha
permitido a algunas comunidades innovar en la gestión de sus
recursos y en el establecimiento de redes electrónicas
comunitarias. Estos grupos lograron incrementar sus posibilidades
mediante las TIC, pudiendo acceder a información, darse a
conocer, informar a la comunidad en general sobre sus objetivos y
formas de trabajo, fortalecer el vínculo con los beneficiarios
de sus actividades, ganar respaldo y sobre todo reposicionarse en las
estructuras de poder locales y regionales. En este sentido, la
ciudad como espacio por excelencia de la comunicación
tanto de redes territoriales, presenciales como de redes virtuales,
esta siendo reconfigurada por ciudadanos organizados que promueven y
potencian la creación de espacios colectivos de comunicación
y fortalecimiento de la participación ciudadana y no por los
gobiernos.
Es
por ello que las preguntas sobre cómo nuestras
representaciones sobre sí y sobre el otro se construyen o se
transforman en el ciberespacio, sobre el sentido de la acción
colectiva y los límites y posibilidades de construcción
de ciudadanía y de la esfera pública, son cuestiones
que estamos en ciernes de comprender. En particular, la
transformación de la subjetividad, de los procesos
identitarios por el desplazamiento de los referentes culturales,
corporales, espacio-temporales, geográficos y políticos,
en un ágora electrónica, de despersonalización
para algunos, o de exacerbación del yo, o de una subjetividad
compartida para otros, es un asunto que requiere de nuestra atención.
El cruce de narrativas que opera en la red está configurando
un nuevo espacio para la construcción del yo y del otro y en
consecuencia para pensar la “ciudadanía”.
De
hecho, la ciudadanía puede ser vista, por una parte, como una
lucha por el reconocimiento y conquista de derechos en un espacio
tecnológico de conflicto donde se busca superar las
desigualdades y, por otra, como espacio “ideal” de
libertad y ejercicio de derechos democráticos que trasciende
los límites de una institucionalidad y la legislación
nacional y estatal (Halimi: 2004[33];
Escobar: 2003). En ambos casos, se tensiona y toma distancia del
modelo tradicional. Lozada (2004), en su estudio sobre las
representaciones sociales de ciudadanía en las páginas
web venezolanas encontró que la ciudadanía que se
expresa en Internet, por ejemplo a través de los foros
virtuales, no es una entidad paralela, ni menos real que aquella que
se manifiesta con intensidad en las marchas, protestas o urnas
electorales. El ciudadano va siéndolo en todos los espacios de
su vida cotidiana. Sin embargo, ¿cuáles son los
límites y las posibilidades de construcción de
ciudadanía y una esfera pública en la red? ¿Qué
modalidades asume la acción colectiva y las comunidades
políticas en Internet? Cuestiones que necesitamos considerar
en la transformación radical de los vínculos sociales
en el espacio cibercultural más allá del romanticismo,
a veces nostálgico, de los vínculos cara a cara y del
sueño comunitario.
La
tendencia hoy día es la de la convergencia de las estrategias
de ciudades digitales y de redes ciudadanas, entendidas como
intercomunidad, como una coalición de organizaciones locales
que acuerdan una visión conjunta de la sociedad de la
información que desean, así como una estrategia para
conseguirla. Elementos de esta visión pueden ser la
intercomunidad como colaboratorio/s, como localnet, como comunidad/es
multicultural/es (Serra: 2000) Pero este tipo de iniciativas
requieren de procesos investigativos que nos ayuden a comprender las
transformaciones culturales y políticas que se están
operando en el entorno cibercultural, materializadas en la producción
intersubjetiva de la significación y ligadas a prácticas
de comunicación y consumo, donde el lenguaje y los procesos de
interacción se realizan en el marco de los procesos
globalizadores e interculturales actuales.
Para
Baumman y Jara (2001) los nuevos movimientos sociales, voluntariados,
organizaciones no gubernamentales, utilizando y organizándose
a través de redes electrónicas y telecentros, adquieren
cada vez más una significación política. Por un
lado, van ocupando los lugares de los cuales el Estado de bienestar
va desertando. Por el otro, van tejiendo una nueva trama de
solidaridades y lazos sociales. Se conforman y actúan en red
porque saben que de esa manera tienen mayor velocidad de reacción,
porque pueden compartir recursos y porque intuyen que es la única
manera de hacer frente a un poder globalizado, concentrado y disperso
a su vez en redes de flujos de poder y riqueza, donde probablemente
se está recreando un nuevo concepto de ciudadanía
global, en la cual todos puedan ser ciudadanos, sujetos de derechos y
sentirse integrados política y socialmente en la sociedad de
la información.
Nuestra
apuesta es pensar una ecología política del
ciberespacio que teja lo real y lo virtual, las identidades, el
entorno y el desarrollo en una práctica política y
cultural compleja. Como lo denomina Arturo Escobar: una “antropología
de la interface” que integre usuarios en tanto identidades
históricamente constituidas, estrategias tecnopolíticas,
o tareas, y las posibilidades tecnológicas culturalmente
específicas, como elementos centrales de dicha apuesta.
El
desafío que tenemos es sin duda una utopía, quizás
con múltiples “topías”. Subversiones
electrónicas, comunidades cibernéticas al margen, en la
búsqueda de la democratización de la información
y la tecnología que junto con otros movimientos alternativos
promuevan la coexistencia de múltiples subjetividades, en
tanto colectivo intercultural, por encima de lo meramente individual,
son proyectos que se están soñando y poniendo en
práctica. Nuestro reto es reconocerlos, difundirlos, como
otras experiencias, movimientos y formas de conocimiento que nos
pueden ayudar a inventarnos otros “modelos de desarrollo”,
pensando en nuestras condiciones históricas, en nuestros
sueños y por supuesto nuestras propias utopías.
Sin
embargo, es importante enfatizar en que estas experiencias al margen,
que pueden proveernos de mundos alternativos al desarrollo, por estar
consideradas en el marco de la cibercultura, “per se”, no
aseguran ser progresistas o alternativas. Justamente nuestro trabajo
está en comprender cómo estas experiencias de
organizaciones y movimientos sociales no son completamente autónomas
y se hayan contenidas en una red mucho más grande, con sitios
dominantes y subalternos que no son independientes.
Se
trata de imaginar y procurar construir diseños tecnosociales
compatibles con la libertad, la justicia social y otros fines
políticos claves
de la educación y el desarrollo de cualquier sociedad
(Winner: 1987; Sclove: 1995; y Lèvy: 1999).
Para
que las TIC contribuyan a los desarrollos alternativos no es
suficiente con proveer acceso y conectividad. Se requiere de cambios
en la política pública, cualificar los modelos de
evaluación con la participación de las comunidades,
compartir el conocimiento y la información, establecer puentes
entre la memoria e historia de las comunidades con los sueños
y proyectos a futuro –aunque diversos y fugaces- de las
generaciones jóvenes. Necesitamos inventar, identificar y
definir nuestros propios principios de diseño tecnológico,
esta debe ser una contribución desde el Sur para evitar la
periferialización (Austerlic, Silvia, 1998), quizás
como creadores de discursos y prácticas alternativas acerca de
la sociedad, la economía, la naturaleza y la tecnología,
en un todo tecnocultural.
En
definitiva, como señala Susana Fienquelievich (2000; 2003) son
necesarios estudios sobre la sociedad de la información que
nos permitan comprender, por una parte, que los procesos de
tecnologización de las ciudades no suceden inocentemente, ni
por azar, ni están desprovistos de sentido, sino que, por el
contrario, soportan y materializan un sistema de vida, una estructura
socioeconómica, una forma de entender el mundo virtual.
Y, de otra, es fundamental conocer las experiencias existentes,
mejores prácticas y errores en la construcción de la
sociedad de la información, así como la concepción
e implementación de políticas y estrategias nacionales
y regionales con participación de los diversos actores
sociales: sector público y privado, sector académico y
sociedad civil. En cualquier caso, se trata de establecer una
relación de estas políticas y estrategias con las de
servicios sociales y desarrollo sustentable, humano y económico
y proveer entonces a las redes características democratizantes
y socializantes de la información, para que no funcionen
solamente como elementos de poder sino de contrapoder. La
accesibilidad a la red deberá ser acompañada por
políticas de aprendizaje y de desarrollo de conocimientos,
tendientes a modificar la tendencia a la privatización de la
red por parte de las corporaciones, y a introducir en ella contenidos
propios.
-
Rocío Rueda Ortiz. Instituto de Estudios Sociales
Contemporáneos, IESCO, Universidad Central
-
Ponencia presentada en el Congreso: “Colombia: Diálogo
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Littlefield Publishers.
[1]
La filosofía de la tecnología es un
campo de interés académico reciente y se ha
caracterizado, de una parte, por una actitud de sospecha acerca de
su racionalidad instrumental que impide a la humanidad hacerse cargo
de su destino; y de otra, por los tecnófilos
que proclaman el advenimiento del paraíso tecnológico
que hará posible la redención social.
[2]
Si bien no mencionaremos aquí el estado del arte de la
relación TIC-educación formal, se destaca que en
América Latina existen algunas experiencias exitosas sobre
incorporación social de TIC en la escuela primaria y
secundaria. En Brasil, el Programa Nacional de Informática en
Educación (ProInfo); en Costa Rica, el Programa de
Informática Educativa (PIE MEP-FOD), desarrollado desde 1988
por el Ministerio de Educación Pública y la Fundación
Omar Dengo; en Chile, el proyecto Red Enlaces, desarrollado por el
Ministerio de Educación; en Colombia el proyecto Conexiones
–par del proyecto Enlaces- desde la Universidad Eafit y ahora
también desde el Ministerio de Educación; En México,
destacan los proyectos Telesecundaria y Red Satelital de Televisión
Educativa (EDUSAT), desarrollados ambos por la Secretaría de
Educación Pública; y en Argentina, el programa educ.ar
desde el 2000, como compromiso del gobierno para que la totalidad
del sistema educativo ingrese a Internet y acceda a los desarrollos
tecnológicos más recientes (Cf. Jara Schnettler y
Pávez, 2001, Rueda, Rocío 2000). Entre otras, las
lecciones aprendidas de América Latina, se destaca que si
bien hay ciertas experiencias exitosas, no hay un claro desenlace en
la interacción y tensión de la lógica de la red
y la pedagogía masiva. Hay temor y entusiasmo, inseguridad y
curiosidad, resistencia y apertura (Hopenhyn: 2003).
Investigaciones hechas por FLACSO en Latinoamérica sugieren
que uno de los problemas respecto del impacto social del Internet en
la cultura escolar es la tendencia a una implementación
meramente instrumental o técnica que malogra su potencial
como lenguaje y sistema de representaciones en el que los jóvenes
crean y recrean relatos, visiones de sí mismos y de la
sociedad (Bonilla, 2001; Rueda y Quintana 2004). Otras críticas
se refieren a la deficiente capacitación docente que no logra
incorporar las TIC en los procesos formativos ni en los currículos
y prácticas pedagógicas (Martínez, 2000).
[4]
La revista electrónica Journal of Information Systems in
Developing Countries, tiene en el 2001 y 2004 un número
monográfico dedicado al tema de los telecentros en países
en vía de desarrollo: Asia, Africa y América Latina.
Ver: http://www.ejisdc.org/
[5]
Observatorio Latinoamericano del Impacto Social de
las Tecnologías de la Información y Comunicación
en Acción
[7]
La Fundación Acceso creada en 1992 tiene como
propósito trabajar para mejorar la efectividad de las
organizaciones civiles que trabajan por el desarrollo sostenible,
participatorio y equitativo en Centroamérica. Ver:
http://www.idrc.ca/pan/pan/www.acceso.or.cr
El SEM, Servicio de noticias para mujeres, en Costa Rica produce
informes y análisis sobre la apropiación de las TIC
desde una perspectiva de género. Ver:
http://www.idrc.ca/pan/www.sem.or.cr
Finalmente, el proyecto de protección de los niños de
los abusos en la red, denominado “Casa Alianza” es otro
de los proyectos de este macro programa. Ver:
http://www.idrc.ca/pan/www.casa-alianza.org
[11]
Tomado de: Inforcauca (2003) Telecentros
comunitarios: una estrategia para fomentar el desarrollo sostenible
en el suroccidente de Colombia. Informe final -15 de enero de
2000 a junio 30 de 2003-
[12]
El programa de reeducación que adelanta la
Fundación Renacer, con niños de la calle víctimas
del acoso sexual, contempla: Un trabajo de acercamiento y prevención
(incluye labor preventiva en los colegios y programas en las
comunidades, el Centro Ambulatorio que abre un espacio para el
encuentro y el diálogo, el Hogar de Paso que incluye atención
terapéutica y una cuarta en el Hogar Permanente, en la que se
trabaja además del apoyo terapéutico el crecimiento
personal, con oportunidad de validar los estudios y asistir a
talleres vocacionales.
[13]
Asociación de organizaciones no
gubernamentales para la comunicación vía e-mail,
creada en 1993.
[14]
Algunos gobiernos han adoptado el software libre, o
para ahorrar dinero, o por seguridad, o para ayudar a la creación
de industrias locales, convirtiéndose en una herramienta para
evitar una división entre los países que lideran este
proceso y los que sólo intervienen como meros consumidores de
tecnologías propietarias (Mas Jordi, 2005; Brun Mario, 2005).
[15]
El modelo open source suele basarse en un
tipo de licencia conocida como copyleft que da el
derecho a quienes la utilizan de modificar el original con la
condición de poner la modificación a disposición
de todos
[17]
Este apartado sobre el ciberfeminismo fue elaborado
con el apoyo de mi colega María Teresa Garzón quien
viene trabajando en este campo desde su
especialidad en el tema de Estudios críticos de
género y transdisciplinariedad. María Teresa
pertenece al grupo de Identidades Culturales
también del IESCO de la Universidad Central.
[18]
Entre estas propuestas vale la pena destacar el
manifiesto “Zorra/Mutante” del colectivo Vns Matrix
(1991), Ceros y Unos de Sadie Plant (1991), “Monstrous
Domesticity” de Faith Wilding (2000) y las propuestas
plásticas del colectivo Critical Art Ensemble: Ver:
www.critical-art.net
[19]
En:
http://teknokultura.rrp.upr.edu/teknosphera/ciberfeminismo/_ftn5
[23]Red
Latinoamericana y Caribeña de Jóvenes por los Derechos
Sexuales y Reproductivos, Ver: Redlac.net/nueva
[27]
La red WENT (Capacitación para Redes Electrónicas de
Mujeres en Asia y el Pacifico) integra otros medios y tecnologías,
por ejemplo, medios electrónicos escritos y audio en la web.
Y, la Radio FIRE, de Costa Rica, también realiza actividades
de producción y gestión de información en su
sitio web.
[30]
Ver: Lozada, Mireya (2004) “El ciberciudadano:
representaciones, redes y resistencias en Venezuela y América
Latina”. En: Mato, D. (Coord.) Políticas de
ciudadanía y sociedad civil en tiempos de globalización.
Caracas: FACES, Universidad Central de Venezuela, pp. 167-180.
[31]
Trejo D, Raúl (2004) “La
investigación latinoamericana sobre Internet. Brechas
digitales y diversidad analítica”. En: TELOS,
No. 61. Versión Digital.
[32]
Ester Schiavo menciona cuatro requisitos para ser ciudadano en la
Sociedad de la Información: la presencia, otorgada por la
dirección electrónica provista al ciudadano por el
gobierno local, el acceso universal provisto por entidades privadas
o comunitarias, el capital que implica un proceso de aprendizaje
para incorporar los saberes necesarios para actuar en la plataforma
digital, y el habitus que posibilita incorporar los
conocimientos (el capital) a los modos de percibir pensar y actuar
en la vida cotidiana. Esta autora alude a las posibilidades de
multiplicación del espacio publico social, porque coexisten
en él, territorio urbano presencial y entorno telemático.
Cf. Schiavo, Ester (2000). “Los Ciudadanos de la Sociedad de
la Información: entre los Señores del Aire y el Pueblo
Natal”. En: Finquelievich, S. “Ciudadanos, a la Red!”
, Ed. Ciccus – La Crujía, Buenos Aires.