La crisis nacional y la vida de la dirigencia de Libre - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2013-01-09

Honduras

La crisis nacional y la vida de la dirigencia de Libre

Gustavo Zelaya
Clasificado en: Politica, Partidos, Economia,
Disponible en:   Español       


Buena parte de los analistas oficiales y de los que parecen oficiar como voceros del sistema, que se presentan como periodistas, escritores, intelectuales, sociólogos, economistas, obispos, profetas, pastores, etc., repiten constantemente que la situación nacional es caótica, que hay crisis económica, política y moral, que todos esos momentos están llevando al país a fases de ingobernabilidad hasta ir generando eso que llaman Estado degradado, incluso fallido. Se espantan frente a la crisis y claman por una vuelta al orden. Quieren hacer creer que una parte de tal situación es culpa del gobierno, del crimen organizado, de la voracidad de la dirigencia magisterial, del afán de venganza de Mel Zelaya y sus seguidores y, por supuesto, de la intervención de Hugo Chávez y de las ideas exóticas que provocan división social y lucha de clases. Según esos defensores del régimen la crisis es la degeneración mayor del sistema social y eso debe corregirse. Todos esos representantes de la oligarquía de nuevo están preparando el escenario mediático en donde saltan y vociferan individuos como Jimmy Dacaret, Fernando Anduray, Raúl Pineda, Selma Estrada, Ramón Custodio, Federico Álvarez, Vera Rubí y otros bichos similares encargados de afilar espadas y aclarar gargantas, para convocar a la primitiva jauría golpista.
 
Y el problema de ellos no es tanto la cuarta urna de Pepe Lobo, ni la ineficacia del Tribunal  Electoral o la acelerada debilidad institucional; tampoco les provoca mucha roncha la sustitución de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y el control de Juan Orlando Hernández sobre el Congreso Nacional. La dificultad fundamental que quieren enfrentar se llama Resistencia Popular-Partido Libertad y Refundación y los más de 600 mil votos obtenidos por Xiomara Castro de Zelaya en las elecciones primarias del año pasado. La dificultad se les vuelve más compleja cuando se dan cuenta que no sólo se trata de una determinada cantidad de votos sino que tras de cada papeleta electoral hay una voluntad popular en contra del desorden social defendido por esa obscura derecha y sus medios de comunicación. Esa es su crisis.
 
Es de tal magnitud todo lo que ocurre que muchos adversarios al proyecto popular de refundación nacional y otros que lo respaldan se esmeran en confundir las aspiraciones colectivas con el “programa” Melista. Muchas veces se dice que son “meladas”, ocurrencias del caudillo, caprichos personales y ambiciones del comandante vaquero. Claro que hay componentes de las personalidades en las luchas sociales. El pueblo, la masa, la militancia, etc., se compone de sujetos particulares y cada quien va destacando según su capacidad, su formación y habilidad. Otros desempeñamos papeles anónimos, poco visibles, algunos organizan, otros capacitan, dirigen, crean, cantan, dan la cara, y así vamos poniendo pequeños detalles por aquí, por allá, hasta ir construyendo entre todos la organización del pueblo y accediendo al poder político. Y lo hacemos desde nuestra particular posibilidad. En todo este caminar es importante saber que estamos en pos de un proyecto social y político en donde estará presente el hombre y la mujer, juntos, con sus diferencias, por un ideal que nos haga realmente humanos, cultos, dignos, participes activos por su dignidad y en interacción con la cultura universal.
 
Es nuestro proyecto socialista que pondrá como objetivos dinámicos y llenándose siempre de nuevos contenidos, a la soberanía nacional, la soberanía alimentaria, energética, minera, educativa, soberanía popular que no sirva de soporte al neoliberalismo que sólo provoca muerte, hambre y degradación de las personas y de la naturaleza. Se trata, pues, de un proceso que nos permita edificar una sociedad diferente por ser más justa.
 
Se entiende pues cuál es el miedo de la oligarquía y el pavor que les provoca su crisis. Pero no es aceptable que los que se pronuncian a favor de la refundación del país repitan las mismas palabras de los voceros golpistas y señalen que existe un acomodo, un plan entre Mel Zelaya y Pepe Lobo para repartirse tajadas del pastel nacional. Ese concepto de crisis puede servir para conocer de mejor forma las tendencias del capitalismo nacional, sus limitaciones, las probables salidas a los conflictos y ver todos esos momentos como parte del proceso de la realidad hondureña. Tener en cuenta lo anterior podrá servir de base para ir proponiendo alternativas, opciones, discusiones críticas que puedan incorporarse al socialismo democrático que se quiere  construir.
 
Pues bien, la crisis en la que estamos inmersos ha generado la  existencia de mayores grados de explotación del trabajo humano y una considerable disminución de las políticas públicas encargadas de atenuar el envilecimiento del trabajo. Esto se nota en el ataque a los fondos de retiro y previsión social, a la escuela pública y en el deterioro de los sistemas de salud estatal. Se provoca la quiebra de las empresas estatales para ser entregada a inversores particulares, siempre y cuando sean afines al mandamás de turno, y aumentan el precio de esos servicios. Se encarece la canasta básica y disminuye la capacidad de compra de las personas, del mismo modo hay un descuido consciente en el mantenimiento de las carreteras, puertos, caminos secundarios, etc., cuestión que impacta en el costo de las mercancías. Aumenta el número de la población desempleada y crece también el ámbito de la economía informal debido a la reducción de las fuentes de trabajo. Los niveles de corrupción se elevan tanto que no sólo se habla de ese fenómeno en la política, también la actividad privada esta penetrada por esa actividad hasta convertirse en algo “natural”. Seguramente que existen más efectos de la crisis y que se manifiestan a nivel individual, subjetivo, familiar, en cada rincón del país.
 
En todo este espacio social, más o menos desde 1979 a la fecha, se ha desarrollado un fino y sostenido trabajo desde los diferentes gobiernos y siguiendo órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, que ha desbaratado todo el sistema de protección de los trabajadores, que ha atentado contra sus derechos obtenidos después de largas y sangrientas luchas. Disminuyen las conquistas sociales para aumentar constantemente la ganancia de los grandes empresarios. La devaluación de la moneda es la salida a todos los males fiscales y ningún economista oficial se atreve a proponer la revaluación del dinero.
 
Un efecto de todo ello es la proliferación de las zonas urbanas marginadas y de grupos de población considerados marginales que, desde la concepción policial de la oligarquía, pueden ser liquidados y, de hecho, son eliminados en cada esquina, en cada calle, en cada pueblo; no importa cómo, de todos modos la supuesta autoridad pública tiene a mano la explicación a priori: normalmente las víctimas tenían antecedentes, son asesinadas por riña entre pandillas, son asuntos del sicariato o del narcomenudeo etc., sin necesidad de llevar a cabo la obligada investigación del crimen.
 
La incapacidad de la oligarquía de enfrentar la crisis les ha hecho creer  que estamos envueltos en una catástrofe sin salida, y que se requieren medidas drásticas, radicales cortes quirúrgicos, los más moderados de los grupos del poder proponen “medidas heroicas” que afectan a la mayoría de la población mientras que ellos engordan su barriga. Y frecuentemente se producen visitas de “buena vecindad” de los comandantes militares norteamericanos que son recibidos por el gobernante local. Tales formas, burdas, torpes, de salir de la crisis que provocó su ceguera política van desde el Golpe de Estado, la entrega de los recursos naturales, la venta del país a pedazos, la represión del pueblo, el descarado fraude electoral y algo extremo, pero muy posible en su paranoica concepción del orden, es el asesinato de más dirigentes populares y líderes políticos.
 
El 2013 debe ser el año del triunfo político del partido Libertad y Refundación, pero también es el período de mayor terror de la oligarquía al saber de la real posibilidad de la candidatura de Xiomara Castro de Zelaya. Y en esta fase de la crisis también podrá mostrarse con más claridad el carácter asesino y demencial de los grupos económicos que ven amenazada su hegemonía política. Conociendo las actuaciones criminales que desplegaron en junio de 2009, es probable que se hayan puesto como meta para detener el avance de Libertad y Refundación el mes de septiembre, dos meses antes de las elecciones generales.
 
Son conscientes de la fuerza de LIBRE y de la existencia de tendencias que resquebrajan en alguna medida el “orden” social existente; saben muy bien que aunque el partido del pueblo y de la fuerzas democráticas no tengan todavía la capacidad suficiente de transformar la sociedad hondureña, si pueden modificar radicalmente nuestra realidad, pueden  hacerla más humana y sentar sólidos cimientos para el buen vivir de todos y todas la hondureñas. Ni siquiera ha terminado el primer mes del año y esa enloquecida oligarquía está dispuesta a detener el proceso de emancipación popular como sea, con los medios que sean y a costa de la vida de quien sea. A la vista tenemos una de las tareas fundamentales del pueblo organizado en la Resistencia Popular y en el partido Libertad y Refundación: asegurar y proteger la integridad física de nuestros candidatos, cuidar la vida de Xiomara Castro de Zelaya y de Manuel Zelaya Rosales. Cuidarnos todos, cuidarlos a todos y a todas los que conforman las filas del pueblo que lucha por la refundación de Honduras. Y, entre cada acción de defensa pacífica de nuestros dirigentes, continuar el trabajo de organización, capacitación y movilización del pueblo.
 
8 de enero de 2013.


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