La reelección de Barack Obama y el futuro de las relaciones entre México y EE.UU. - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2012-11-09

EE.UU,Mexico

La reelección de Barack Obama y el futuro de las relaciones entre México y EE.UU.

María Cristina Rosas
Clasificado en: Politica, Elecciones, Internacional, Social, Violencia,
Disponible en:   Español       



 

Una gran amiga que en paz descanse solía decir que en el caso de las elecciones de Estados Unidos, todos los ciudadanos del mundo deberían elegir al mandatario correspondiente dada la importancia que su gestión tiene para el conjunto de la comunidad internacional. La realidad de las cosas, sin embargo, es que ni siquiera en Estados Unidos pueden los ciudadanos elegir directamente a su Presidente, toda vez que esta tarea, como es sabido, recae en un club de notables denominado “colegio electoral.” En cualquier caso, los comicios presidenciales de la Unión Americana, constituyen un evento de singular importancia, el cual acapara la atención de la comunidad de naciones dada la importancia que reviste.
 
Sobre el saldo electoral del pasado martes, hay mucho qué decir y analizar. De entrada, se observa que si bien la reelección de Obama como huésped distinguido de la Casa Blanca era un suceso esperado, hay notables diferencias entre los comicios recién celebrados y los de hace cuatro años. En 2008, Barack Hussein Obama se alzó con la victoria de manera contundente sobre un vapuleado John McCain, quien fue incapaz de recomponer el rumbo para los republicanos, tras la controvertida gestión de George W. Bush. La obamamanía se apoderó de millones de personas, dentro y fuera de Estados Unidos. Obama, el primer afro-estadunidense en arribar a la jefatura de esa poderosa nación, hacía realidad el sueño americano. La victoria de Obama fue coronada con el anuncio de que era el ganador del Premio Nobel de la Paz, en una designación que muchos interpretaron como un galardón inmerecido, aunque, tal vez fue la expresión de un anhelo por un Estados Unidos más cooperativo y proactivo en la solución de los problemas del mundo.
 
Con todo, muy pronto la obamamanía cedió ante los embates de la crisis económica; la divulgación de información sensible sobre las relaciones internacionales de Estados Unidos por parte de Wikileaks; el estancamiento político entre el ejecutivo y el legislativo estadunidenses en 2011, situación que planteaba un escenario posible de incumplimiento en el pago de la deuda; etcétera.
 
Es verdad que Obama ha desarrollado una gestión en la que ha privilegiado el ejercicio de lo que Joseph S. Nye denomina “poder inteligente”, que consiste en una mezcla del poder “duro” –i. e. militar, por ejemplo- con el poder “suave” –i. e. la diplomacia y la negociación- sin que ello signifique que ha renunciado a la consecución del proyecto de nación de Estados Unidos. Con todo, si algo distingue a Obama respecto a su antecesor, es su habilidad mediática y claro, su disposición al diálogo, factores que le han permitido maniobrar incluso en terrenos pantanosos. Con todo, hay importantes retos en el horizonte de su segundo mandato.
 
 Las prioridades de Obama en 2013-2016
 
Es evidente que la prioridad número uno es la gestión de la crisis económica, en particular en lo que se refiere a la creación de empleos, tema estrechamente relacionado con la reducción del déficit público. Si este último no es enfrentado a cabalidad, prácticamente el país estaría condenado a una recesión. Y para que haya acuerdo sobre el particular, Obama deberá negociar con el poder legislativo, donde, por ejemplo, la Cámara de Representantes es mayoritariamente republicana.
 
Otro tema que siempre ha sido el “negrito en el arroz” en Estados Unidos frente a otros países desarrollados es la reforma del sistema de salud. Como es sabido, el gasto en salud en el vecino país del norte, generalmente es sufragado por las personas, no por el Estado, lo que en diversos estratos sociales tiene efectos empobrecedores, dado los altos costos de los servicios y tratamientos médicos. Obama quiere cambiar esa situación hacia 2014, introduciendo normas que impidan que, por ejemplo, una aseguradora rechace como clientes a personas con enfermedades preexistentes.
 
Asimismo, el mandatario reelecto quiere incorporar a 30 millones de estadunidenses a los esquemas de acceso a la salud, tema, por cierto, rechazado por los republicanos.
Otro tema importante es la reforma migratoria, la cual no ha logrado concretar. Obama es el Presidente estadunidense que más mexicanos ha deportado en la historia y se supone que estas acciones se inscriben en la necesidad del propio titular del ejecutivo, de contar con poder de negociación ante el Congreso. Claro que la comunidad hispana espera que Obama tome cartas en el asunto de legalizar la residencia de unos 12 millones de personas, cosa que es necesario hacer, si bien el “timing” más apropiado podría demorarse en función de la persistencia de la crisis económica.
 
¿Y las relaciones entre México y Estados Unidos?
 
La reelección de Barack Obama como Presidente de Estados Unidos es una buena noticia para México, si no por otra razón, porque Mitt Romney, adoptó una postura abiertamente anti-mexicana y en general anti-hispana a lo largo de la campaña presidencial. Aun así, la “tranquilidad” que se respira en México por la ratificación de Obama al frente del ejecutivo estadunidense, debe verse con mesura, sobre todo porque, a diferencia de la Unión Americana, en México habrá un cambio de gobierno y arribará una nueva administración, la que deberá negociar con Washington la agenda bilateral.
 
Es importante destacar que ya se tiene contemplada una reunión entre Obama y el Presidente electo de México, Enrique Peña Nieto el próximo 27 de noviembre, la cual servirá justamente, para ir preparando el terreno de lo que serán los vínculos económicos, políticos y otros más en los años por venir. Peña Nieto llegará a este encuentro luego de haber tenido interesantes encuentros con líderes latinoamericanos y europeos, lo que parecería sugerir una suerte de “reactivación” de la política exterior mexicana. Claro que sin negar la relevancia de esas giras, es evidente que Estados Unidos tiene el mayor peso específico en las relaciones internacionales de México, por razones obvias, situación que naturalmente definirá el perfil de quien será el nuevo embajador de México en Washington.
 
Por supuesto que uno de los temas más apremiantes en la relación bilateral, es la cooperación en el terreno de la seguridad, mismo que presenta una asimetría preocupante. Así, mientras que el Presidente electo Peña Nieto aun no explica con claridad las directrices de su política de seguridad, en Estados Unidos, en contraste, desde el 25 de julio de 2011 existe una estrategia para el combate del crimen organizado, la cual hace una mención puntual a los Zetas y a otras organizaciones criminales en el mundo. Cabe destacar que Washington dio a conocer dicha estrategia a dos meses de la captura y muerte de Osama Ben Laden, lo que significaría en principio, que el terrorismo está declinando en la lista de prioridades en materia de seguridad de la Unión Americana mientras que su lugar rápidamente es ocupado por el combate del crimen organizado transnacional.
 
Para México, esa estrategia es un arma de dos filos. En principio, sería positivo que Washington volcara genuinamente sus esfuerzos a favor del combate y la captura de prominentes criminales mexicanos. Empero, la forma en que podría echarse a andar una iniciativa de este tipo, lleva a temer que se recurra a operaciones excesivamente belicosas e intrusivas como las que figuran en otras latitudes, por ejemplo, Afganistán.
 
En este sentido, parece imperioso que en su encuentro con Obama, Peña Nieto sensibilice al mandatario estadunidense acerca de la importancia de que México sea un país próspero y seguro, dado que ello siempre abonará a favor de la propia estabilidad de Estados Unidos. La seguridad nacional de la Unión Americana pasa por México y ciertamente Obama no querría como vecino a un país que pudiera sufrir un deterioro tan grave como el que se observa en Afganistán. Así las cosas, en un encuentro como el referido, también será muy importante que México defina sus prioridades y las manifieste claramente, dado que sólo así será posible construir una genuina agenda bilateral en el ámbito de la seguridad en beneficio de ambas naciones.
 
María Cristina Rosas es Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México
 
etcétera, 8 de noviembre, 2012
http://www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=15912
 
 


http://alainet.org/active/59462




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