A profundizar, que así lo decidió el pueblo - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2012-10-08

ALatina

54: el número maldito de un proyecto burgués

A profundizar, que así lo decidió el pueblo

Guillermo Maessen
Clasificado en:   Política: Politica, |   Internacional: Internacional, Integracion, |
Disponible en:   Español       
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Las elecciones en Venezuela ratificaron la plena vigencia del proyecto de integración y soberanía en el sur continente y reafirmaron el fracaso de las estrategias opositoras locales y la derecha internacional.
 
Dos proyectos se sometieron a la voluntad popular: la profundización del Socialismo del Siglo XXI y la vuelta al conservadurismo liberal de la burguesía y la oligarquía local.
 
En ese sentido, cabe señalar quiénes ganaron y quiénes perdieron de acuerdo a las fuerzas en pugna y su vinculación directa con órganos y protagonistas internacionales.
 
Hugo Chavéz expresa un proceso de desarrollo político, económico y social sin precedentes. Un modelo que se sustenta en la potencialidad de la estructuración de un sistema que ubica y posiciona a Venezuela como potencia política y energética.
 
El proceso bolivariano debe ser considerado como uno de los principales impulsores del nuevo escenario latinoamericano. En primera instancia, puede responsabilizarse a Chavéz por la integración de la originalidad cubana al resto del continente; luego por la promoción del populismo en Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
 
El presidente venezolano fue y es pieza clave en el armado de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA); y, a través de ella, del resurgimiento y el desarrollo de la Comunidad del Caribe (CARICOM). Protagonizó el delineamiento del modelo actual de integración amplia y soberana a través de iniciativas de cooperación y solidaridad como Petrocaribe.
 
Chavéz puede ser considerado co-responsable del fortalecimiento, y por qué no, del viraje político, económico e ideológico del Mercado Común del Sur (Mercosur). La resolución venezolana en su afán de pertenecer al bloque y su capacidad de sentar las bases para permitir un mayor equilibrio, han logrado el despegue y el posicionamiento de la región.
 
La conjunción de dichas iniciativas, la impregnación de la política chavista en la región y la iniciativa y complementariedad del resto de los líderes populistas latinoamericanos, construyó las bases excluyentes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur); así como su presente, su originalidad y también su ampliación y crecimiento por sobre la línea del ecuador, hacia el Norte.
 
Esas acciones concretas son la prueba irrefutable de que Simón Bolívar dejó de ser un mero discurso, nombre de calle o población para concretarse como ícono del pensamiento rector de la unidad latinoamericana.
 
Más aún, la política exterior venezolana –y el impacto de su potencia energética- representa para la región un puente directo con el medio oriente, los países africanos y el conjunto de los No Alineados. Potencia, así, los objetivos de un mundo que se resiste a la unipolaridad y comienza a transitar alternativas multilaterales.
 
Estados Unidos, la potencia beligerante más importante de la tierra, no ha podido desembarazarse del obstáculo venezolano en forma externa y directa. La presencia regional de la nación bolivariana es un tope para el intervencionismo militar estadounidense. Además, Washington tiene una relación de dependencia respecto del petróleo venezolano. Más allá de las diatribas en su contra, Venezuela sigue siendo uno de los principales proveedores del consumo capitalista del pueblo del norte, promovido por su mismo gobierno.
 
Ese escenario se corresponde con en el desarrollo de estrategias destituyentes y golpistas, y la constitución y apoyo ideológico, técnico y material de los sectores opositores a la política chavista.
 
Los medios corporativizados, a través de los cuales se produce la lenta pero continua injerencia de los Estados Unidos en la política interna venezolana, son comandados explícita y oficialmente desde la Casa Blanca, la Embajada y las sedes y entidades consulares en el país.
 
Tal injerencia se camufla bajo la forma de herramientas de cooperación internacional como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), organismos internacionales como los dependientes de la Organización de Estados Americanos (OEA); otras agencias internacionales entre las que destaca la Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas (DEA), y hasta algunas que dependen de la mismísima Organización de Naciones Unidas (ONU).
 
Al interior de Venezuela se articula con la amplia red de medios de comunicación hegemónicos que desde allí construyen un sentido común que poco se relaciona con la realidad de las clases populares del país. Más bien se trata de un discurso que interpela a las clases medias y altas en función de que participen de una suerte de revancha clasista por la afectación necesaria de determinados intereses para la concreción de políticas de inclusión social, redistribución de las riquezas, industrialización y movilidad social del chavismo. 
 
La acción destituyente se justifica continuamente a partir de premisas liberales y neoliberales; se organiza a partir de un continuo desapego y aversión a la normativa, la legalidad o cualquier tipo de regulación de un Estado institucional, constitucional y democráticamente establecido.
 
Más aún, el golpe de Estado no deja nunca de ser nunca una opción vigente en el país mientras continua fresco el recuerdo del secuestro del presidente Chávez y el Golpe de 2002. Esa oposición golpista nunca se pudo refrendar en un proceso electoral. Y este 7 de octubre no fue la excepción, más allá de los esfuerzos por articular una alternativa tras una figura de aparente recambio en relación a sus viejas y desgastadas figuras de antaño.
 
La falta de legitimidad de la oposición, más allá del orden jurídico, ha sido demostrada en cada elección que desde 2000 han ratificado la representación popular del chavismo en el país. 
 
Hugo Chávez Frías representa la profundización del modelo popular de inclusión social y desarrollo para su país, tanto como sinónimo de integración regional y multipolaridad a nivel internacional. Henrique Capriles representaba la vuelta al liberalismo, más o menos “neo”, reivindicador de las minorías oligárquicas y burguesas, las mutinacionales económicas y la unipolaridad de Estados Unidos.
 
La decisión de optar por uno u otro proyecto la asumió más del 80 por ciento de los 18.903.143 electores y electoras habilitados para votar. A profundizar, entonces; pues así lo decidió el pueblo.
 
- Guillermo Maessen desde la Redacción de APAS Mendoza
Fuente: http://www.apasdigital.org/apas/nota_completa.php?idnota=5707
APAS | Agencia Periodística de América del Sur | www.prensamercosur.com.ar
Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Universidad Nacional de La Plata.
 


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