ALAI, América Latina en Movimiento
2012-06-11
Mexico El debate, los candidatos y la política exterior de México
María Cristina Rosas
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Uno de los tres grandes temas abordado en el segundo debate entre los cuatro candidatos a la presidencia de la república, fue “México en el mundo”, o bien, la política exterior. A grandes rasgos, las propuestas de Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador, Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri, fueron vagas, imprecisas, plagadas de errores y con una muestra evidente de falta de información, ello sin dejar de mencionar que con frecuencia evadieron el tema y se pusieron a hablar de otras cosas. Antes de continuar en el análisis de lo que dijeron los candidatos, es importante recordar a qué se refiere el concepto de política exterior.
Una primera aproximación al concepto, cortesía de Calduch es que es “aquella parte de la política general formada por el conjunto de decisiones y actuaciones mediante las cuales se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros actores de la sociedad internacional.”1
En la definición expuesta, se intuye que el concepto de política exterior tradicionalmente ha estado vinculado a la soberanía y la independencia de los Estados. Esta caracterización, por tanto, ha asumido que sólo los Estados soberanos –e independientes- pueden desarrollar acciones de política exterior. Sin embargo, en décadas recientes se han acentuado los debates que sugieren que con motivo de la globalización, la soberanía e independencia de los Estados se encuentran crecientemente acotados, además de que la diferencia entre la política interna y la política exterior tiende a diluirse a favor de una relación cada vez más simbiótica entre ambas.
Christopher Hill define a la política exterior como la suma de las relaciones exteriores oficiales desarrolladas por un actor independiente –generalmente un Estado-, en las relaciones internacionales.2 Cuando se habla de un actor independiente, éste puede ser también una entidad supranacional como la Unión Europea –aun cuando diversos especialistas coinciden en señalar que no existe una política exterior de la Europa comunitaria como tal. Las relaciones oficiales es un concepto que permite la inclusión de resultados de todas las partes de los mecanismos de gobierno del Estado o bien de las empresas, en el entendido de que éstas llevan a cabo una gran cantidad de iniciativas a nivel internacional. Es importante insistir, entonces, que la política exterior es una suma, dado que, de otra manera, cada acción individual o particular podría ser vista como una política exterior, amén de que hay que reconocer que los actores buscan una cierta coherencia respecto al mundo exterior. Asimismo, es exterior porque a pesar de la globalización, el mundo de hoy sigue siendo un conglomerado de diversas entidades diferenciadas, más que un actor homogéneo. Dichas entidades demandan estrategias para lidiar con lo extranjero o “lo de afuera”, de manera que puedan hacer prevalecer sus intereses ante ello o, al menos, evitar que ello les haga daño o limite el desarrollo de aquellas.3
Conforme a lo expuesto, la política exterior es, entonces, un atributo del Estado –si bien hay actores no estatales que cada vez con mayor frecuencia incursionan en el quehacer de la política internacional-, que forma parte de la política general del mismo. Asimismo, la política exterior está estrechamente vinculada a la política interna. “La diferencia entre estas dos esferas de la política del Estado responde, en último extremo, a la diversidad de formas y órganos que participan en la elaboración de una y otra, así como a sus diferentes destinatarios. Mientras la política interior se dirige a los individuos y grupos de una misma sociedad estatal, la política exterior está orientada a permitir la vinculación entre Estados.”4
En ninguna de las intervenciones de los candidatos presidenciales se apreció un conocimiento cabal sobre la política exterior. Antes bien, se incurrió en errores frecuentes todo el tiempo en los medios de comunicación, pero que no debieron presentarse en personas como los candidatos, quienes presumiblemente cuentan con equipos de asesores especializados en la materia. Los errores más frecuentes observados en las presentaciones de los candidatos el día de ayer, fueron los siguientes:
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La igualación de la política exterior como política de Estado, con la política exterior de un gobierno –el que formaría cualesquiera de los candidatos de ganar los comicios y llegar a la presidencia. Con frecuencia se les escuchó decir “en mi gobierno, la política exterior será…”, lo cual sugiere que lo que los candidatos plantean es sobre todo una política de gobierno, alejada del proyecto de nación, y que respondería esencialmente a las prioridades del gobernante en turno, no del Estado. Este no es un tema menor, dado que sugiere que en cuanto haya un cambio de gobierno, habrá una nueva “política exterior”, lo que impediría la cabal promoción del interés nacional, y, por supuesto, no permitiría concretar los objetivos del proyecto de nación (en el caso de que dicho proyecto existiera, claro está).
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Considerar que la política exterior sólo contempla las acciones del Estado en el exterior. Si bien esta es una de las expresiones más claras de la política exterior, lo cierto es que su estructuración obedece en buena medida a propuestas, acciones e iniciativas que se desarrollan en el interior de las sociedades, incluyendo a las burocracias, diversos ministerios del Estado, la sociedad civil, grupos de presión, las fuerzas armadas y los legisladores, entre otros actores.
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Asumir que la política exterior consiste esencialmente en la actividad diplomática y en el accionar de las fuerzas armadas –tema, éste último, que no aplica en el caso mexicano, dado que fuera de la asistencia humanitaria y ejercicios militares conjuntos con otras naciones, las fuerzas armadas no participan en contiendas internacionales, como tampoco en operaciones de mantenimiento de la paz, ni de Naciones Unidas ni de organismos regionales. Siguiendo con lo expresado en el párrafo precedente, la política exterior sí se manifiesta sobre todo en acciones diplomáticas, pero hay otra gama de rubros como los culturales, los económicos, los sanitarios, ambientales, etcétera, que son componentes crecientemente importantes de la política exterior y que involucran a cada vez más actores.
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La tendencia a asumir a la política exterior como un ámbito desconectado, por completo, de la política interna, cuando, como se desprende de lo expuesto, una y otra están muy relacionadas y las acciones en el exterior tienen repercusiones a nivel nacional y viceversa. Por ejemplo, determinadas iniciativas en el exterior, pueden contribuir a la unidad nacional. Lo contrario también es cierto: una crisis económica tan dramática como la que padeció México entre 1994 y 1995 puede desquiciar al mundo.
Los errores descritos, que en esencia son lugares comunes en que suelen caer quienes no conocen del tema, fueron reiterados, en distintas magnitudes por los cuatro candidatos al hablar sobre “México y el mundo.” Por ello, y en función de lo que dijeron sobre la política exterior de México –cuando no hablaron de otra cosa, claro está- a continuación se formularán algunas recomendaciones a cada uno de ellos, con la esperanza de que en futuras ocasiones, cuando se refieran a este tópico, efectivamente contribuyan a enriquecer el debate en torno a una necesaria política exterior de Estado.
La primera observación para los cuatro candidatos es que en su concepción del mundo desaparecieron África y Europa. Ninguna de esas dos importantes regiones mereció siquiera la más mínima alusión, pese a que, por ejemplo, el continente africano representa 53 importantes votos en la Asamblea General de Naciones Unidas, los cuales serían fundamentales, entre otras cosas, para apoyar cualquier iniciativa que México desee impulsar en el seno de esa institución e, inclusive, si desea regresar al Consejo de Seguridad como miembro no permanente. Por cuanto hace a la omisión de Europa, ésta resulta inverosímil, considerando la magnitud de la crisis que la aqueja y las grandes repercusiones que ello tiene en la economía global y en México.
Las siguientes observaciones se formularán a partir de lo expuesto por cada candidato. Comenzando con Enrique Peña Nieto, es importante recordarle que si bien Estados Unidos es el socio comercial e inversionista más importante de México, no es el único país del mundo. Todo apunta a que la Unión Americana ya no puede ser ni el líder del planeta –ni el garante de su seguridad, como quedó de manifiesto desde el 11 de septiembre de 2001-, ni tampoco el que conducirá a las naciones del orbe por los senderos de la prosperidad. La crisis financiera de 2008 que estalló en su seno, muestra una vez más la incapacidad de Washington para, por sí mismo, sortear este desafío, a diferencia de lo visto tras la crisis de 1929, cuando la Unión Americana encabezó los esfuerzos del mundo capitalista para salir de la gran depresión. Por lo tanto, si bien Estados Unidos sigue siendo uno de los actores clave en la escena internacional, México debe mirar también a otros horizontes, de manera integral, estableciendo jerarquías entre socios y aliados potenciales, pero identificando, al mismo tiempo, las oportunidades que genera un entorno tan globalizado y con actores que han venido desarrollando capacidades de liderazgo, como la República Popular China (RP China), India, Brasil, etcétera.
Si bien el candidato Gabriel Quadri fue el que más trató de hablar sobre el tema, ello no significa que ese sea su “fuerte”. Quadri es ampliamente conocido por sus conocimientos en materia ambiental, pero hay que señalar que lo dicho por él sobre la política exterior, deja mucho qué desear. De entrada, el candidato habló de suscribir un tratado de libre comercio con China. Si bien a primera vista, la propuesta puede parecer interesante, lo cierto es que México ha tejido un entramado de tratados de libre comercio con naciones de tres continentes sin contar con una política industrial, lo cual es, simple y llanamente, inadmisible. A México de poco le sirve ser el país con más tratados comerciales en el mundo, cuando no los usa para acceder a mercados no tradicionales y diversificar su dependencia. Hace algunos años, un funcionario de la Secretaría de Economía fue tajante con quien esto escribe: “México no necesita una política industrial porque para eso tiene una gran red de tratados de libre comercio” (sic). Lo dicho ayer por Quadri, lo coloca en la línea de quienes piensan que los tratados de libre comercio sustituyen a una política industrial, lo cual es un error de proporciones bíblicas. Para decirlo pronto: antes de pensar en nuevos tratados comerciales, hay que trabajar arduamente en la concreción de la política industrial, mediante la cual se podrá dilucidar cuántos y cuáles tratados comerciales requiere México, y, de ser el caso, con qué características.
Por su parte, la candidata Josefina Vázquez Mota está muy mal informada. México no tiene 44 tratados de libre comercio. México posee 11 tratados comerciales que involucran a 43 países (eran 44, pero Venezuela se retiró del Grupo de los Tres en 2006). Por otra parte, si el “Checo” Pérez subió al podio en Canadá, esa es una muy buena noticia para el automovilismo en México, pero claramente la política exterior es algo mucho más complejo que los logros de los deportistas mexicanos en el exterior, por lo que sorprende la ligereza con la que la candidata, en general, trató el tema de las relaciones de México con el mundo, sin autocrítica y sugiriendo, prácticamente, que, de llegar ella a la presidencia, ese rubro permanecería sin cambios.
Finalmente, el candidato Andrés Manuel López Obrador acertó al vincular la política exterior con la política interna, pero no fue más allá. Prácticamente todo el tiempo de que dispuso lo dedicó para puntualizar los problemas nacionales y la necesidad de “poner la casa en orden”, pero omitió explicar cómo serían las relaciones de México con el mundo, de llegar él a la presidencia.
Queda claro entonces en este segundo debate, que la política exterior es un tema residual para los cuatro candidatos a la presidencia de la república, lo cual es un hecho lamentable, considerando las oportunidades que genera el entorno internacional, y que se podrían aprovechar a cabalidad siempre que se contara con una genuina política exterior de Estado, tópico, éste último, al que ninguno de los candidatos se refirió.
1 R. Calduch (1993), Dinámica de la sociedad internacional, Madrid, CEURA, p. 3.
2 Christopher Hill (2003), The Changing Politics of Foreign Policy, London, Palgrave Macmillan, p. 3.
3 Ibid.
4 R. Calduch, Ibid.
- María Cristina Rosas es Profesora e investigadora en la Universidad Nacional Autónoma de México
etcétera, 11 de junio, 2012
http://www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=13218
http://alainet.org/active/55551&lang=es
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