La Revolución Bolivariana 1999 – 2012 - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2012-05-14

Venezuela

“Los gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe”

La Revolución Bolivariana 1999 – 2012

Ana Elisa Osorio Granado
Clasificado en: Democracia, Estado, Partidos, Internacional, PoliticasEconomicas,
Disponible en:   Español       


I.             Antecedentes de la Revolución Bolivariana.
 
Hablar de la Revolución Bolivariana pasa por una revisión de lo que ha sido el devenir de estos 13 años de proceso bolivariano, democrático, revolucionario y, en los últimos tiempos, de construcción del socialismo, nuestro socialismo.  Sin lugar a dudas, lo hemos compartido con el hemisferio, ha sido un proceso inclusivo, participativo y de apertura a las corrientes del pensamiento progresista y de izquierda que por muchos años veníamos apostando por un genuino cambio en las desgastadas estructuras del Estado venezolano y que por razones que en breve comenzaremos a analizar, desembocaron indefectiblemente en el torbellino bolivariano; los venezolanos y venezolanas tomando los destinos patrios a través de un proceso revolucionario que se inicio constitucionalmente en el año 1999, con el triunfo de Hugo Chávez Frías, nuestro Comandante Presidente.
 
Así pues, fueron más de 40 años de un modelo de sumisión al capital, al imperialismo, a las trasnacionales, a los pactos políticos de unos pocos en detrimento de las grandes mayorías, a medidas impuestas por el neoliberalismo que llegado el momento asfixiaron a nuestro pueblo, el cual se lanzó a la calle buscando justicia y levantando su voz ante el mundo.  Ello ocurrió los días 27 y 28 de febrero de 1989 y fue denominado como “El caracazo”, estallido social que desnudó a la partidocracia, a los llamados demócratas para decirles: ¿Cuál democracia?  Elegir sin que ocurra nada, en el marco de una sociedad, con unas profundas diferencias sociales.  A partir de 1989 con el despertar del pueblo venezolano, las transformaciones en la conciencia ciudadana se fueron sucediendo progresivamente, sin que ello hiciera mella en la desgastada dirigencia de la derecha que no supo interpretar la trascendencia de aquellos hechos.
 
Es el Comandante Hugo Chávez, quien escucha e interpreta al pueblo y se lanza en armas, con un grupo de compañeros de la Fuerza Armada venezolana, el 4 de febrero de 1992; es la rebeldía producto del amor por la Patria, es la rebeldía por asumir la responsabilidad de reivindicar la conciencia nacional y luchar contra la degeneración moral en que había caído el país bajo la clase dirigente en Venezuela.  Años más tarde (1994) y luego de arrogarse sus actos de manera heroica, sale de la cárcel de la mano de un pueblo que lo llevó al triunfo electoral en diciembre de 1998; fue el triunfo de las mayorías, de los excluidos y las excluidas, de los invisibilizados y las invisibilizadas, de los obreros, de las obreras, los campesinos y las campesinas, sobre la alianza de los partidos de la burguesía y las oligarquías existentes sumisas, durante décadas, al imperialismo.
 
Considero pertinente haber realizado estas referencias, toda vez que constituyen hechos en nuestra historia contemporánea que determinaron el rumbo político y social de los venezolanos y venezolanas.  Sin embargo, no solamente hemos sido nosotros.  América Latina y el Caribe sufrieron esta realidad en casi todos nuestros países, con políticas y recetarios del Fondo Monetario Internacional, del Banco Interamericano de Desarrollo, de la Organización Mundial del Comercio, lo que conllevó a políticas nefastas de privatización de la salud, la educación, el agua, entre otros elementos de vital importancia para nuestros pueblos.  Ello fue tomando cuerpo en las políticas de Estado y el gasto en materia social se fue reduciendo considerablemente.
 
Podemos constatar que la avanzada de los movimientos sociales y progresistas ha sido tal, que los cambios en la región no se han hecho esperar.  La lucha contra las oligarquías ha sido sin tregua, y los resultados los hemos ido experimentando con profundos cambios en los últimos diez años, verificándose transformaciones en nuestras estructuras económicas, regímenes políticos, tejidos e identidades sociales, y en la propia relación entre el estado y la sociedad.  Son gigantes los desafíos que se nos presentan a la izquierda latinoamericana y caribeña, creo que los estamos afrontando con mucha dignidad y con los movimientos sociales a la vanguardia.
 
II.            La unión: el sueño de Simón Bolívar, ¿cómo nos integramos?
 
Es indudable que en los actuales momentos en América Latina y el Caribe, ha surgido con fuerza la necesidad de promover la participación de nuestros pueblos en el camino de la integración, para lo cual es imprescindible la cooperación y articulación de las fuerzas progresistas que se han venido fortaleciendo y dando forma a la nueva geometría política en la región, orientada a alcanzar la independencia definitiva de nuestra Patria Grande.
 
En el preámbulo de nuestra Constitución se estable claramente que es un deber  promover “la cooperación pacífica entre las naciones que impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad”.
 
Desde esta perspectiva, la unión de nuestras naciones, debe ser impulsada desde las comunidades, desde el poder popular, para el despegue del desarrollo equitativo e inclusivo de nuestros ciudadanos y ciudadanas y esto pasa por la tesis de conformar un bloque regional de poder popular que nos haga valer  en el concierto mundial de naciones.
 
En la visión de la Revolución Bolivariana, esa lucha por la igualdad, la democracia, la equidad, la soberanía de nuestros pueblos, el amor, la complementariedad, la solidaridad, más que un elemento publicitario, es una realidad palpable día a día.  Nuestras historias, aunque distintas en muchos aspectos, tienen estrechos lazos que nos hermanan en todas las etapas.  Nuestros países han experimentado el denominador común de la resistencia contra los invasores.  Han pretendido mantenernos separados, nos han  inoculado la idea de que somos distintos.  Todo ello forma parte de la sostenida estrategia imperialista que pretende desunir a los pueblos y sus luchas, para facilitar la dominación, socavando nuestras identidades y singularizando las realidades que en esencia nos son comunes.
 
El devenir compartido entre nuestros pueblos es indisoluble, inseparable, y está expresado en la historia de las luchas de clases entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos.  Las batallas libradas por nuestros pueblos se inscriben en esas luchas, y ante esto el camino es uno solo: la unión de nuestros pueblos y gobiernos.
 
El futuro social, económico, político, ecológico y cultural de nuestros pueblos no se puede mantener aislado y enfrentarnos al mundo de manera aislada, por el contrario, tenemos el deber de proyectar iniciativas, formas cooperativas y objetivos que sean adoptados cada día por más gobiernos y por más pueblos.  El compromiso debe llegar hasta los más recónditos lugares de nuestra geografía continental y hasta la comunidad más alejada, es llegar a la escuela, a la comunidad afrodescendiente, a los pueblos originarios, etc.  Es por ello imperioso reconocernos como un gran bloque con historia común y, sin duda, también con un destino común, tal como lo soñó nuestro Libertador Simón Bolívar.
 
En la Revolución Bolivariana, se está haciendo énfasis en la promoción de la participación directa de las comunidades en las decisiones sobre las políticas de Estado, en el ejercicio de la Contraloría Social y la obligatoria corresponsabilidad del pueblo en el diseño, elaboración y aprobación de leyes (el pueblo legislador, hacia el Parlamento Comunal), en la vigilancia de su aplicación y oportuna transformación.  Con la unión lograremos una mayor conciencia, lograremos ser un  pueblo grande, como nos enseñó El Libertador en nuestra primera independencia y ahora construyendo la segunda y definitiva independencia.
 
En este contexto, los pueblos del mundo tienen el deber y la urgencia de organizarse para hacerle frente a todas las arremetidas imperiales, creando conciencia de nuestra labor de resistencia y asumiendo la Unidad Latinoamericana y Caribeña como un compromiso histórico, más aún cuando se ha dado el gran paso, el pasado diciembre (2011) en Caracas, con la creación histórica de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, CELAC, siendo la primera vez que nos encontramos en una organización sin Estados Unidos y Canadá, contribuyendo a la consolidación definitiva de la independencia nuestroamericana.
 
No podemos dejar de referirnos, a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de  Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), como una realidad de integración latinoamericana, basada en la solidaridad, la complementariedad, el respeto a la soberanía de los pueblos, la cooperación mutua y aunque no rechaza la ganancia empresarial ni el comercio, esencialmente, no se fundamenta en la competencia ni el mercado.  Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Dominica, Ecuador, Antigua y Barbuda, San Vicente y la Granadinas, nos acompañan en ese proyecto de integración.
 
Otro ejemplo de integración, en este caso en materia energética, lo constituye PETROCARIBE, nacido el 6 de septiembre de 2005, en Montego Bay, Jamaica, como una organización intergubernamental de carácter permanente, de conformidad con el Acuerdo de Cooperación Energética, suscrita por los Gobiernos de Antigua y Barbuda, Bahamas, Belize, Cuba, Dominica, Grenada, Guyana, Jamaica, República Dominicana, San Vicente y Las Granadinas, Saint Lucia, San Kitts y Nevis, Suriname y Venezuela.
 
Teniendo a Caracas como ciudad sede de la organización, PETROCARIBE se fundamenta en los principios de soberanía e igualdad de sus países miembros y tiene como objetivo central coordinar las políticas públicas en materia de energía. En el artículo 2 de sus Estatutos podemos leer lo siguiente como parte de sus objetivos: Crear mecanismos para asegurar que los ahorros derivados de la factura energética, surgidos en el marco de PETROCARIBE, sean empleados para el desarrollo económico y social, el fomento de empleo, el incremento de actividades productivas y de servicios, de salud pública, de educación, de cultura, y de deporte, para que de este modo los beneficios derivados de PETROCARIBE sean un aporte sustancial a la lucha contra la pobreza, el desempleo, el analfabetismo y la falta de asistencia médica en los países miembros.”
 
III.           La Revolución Bolivariana: democracia participativa. Final del modelo capitalista-rentista.
 
Para la profundización y maduración de la democracia venezolana a partir del triunfo de la revolución, es ineludible referirnos a nuestro proceso constituyente en 1999, lo que se tradujo en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que refundo la Patria y le dio inicio a la 5° Republica.  Un cambio de paradigma necesario: pasar de la democracia representativa, la cual limitaba la participación del pueblo al sufragio (Derechos civiles y políticos con restricciones), dando paso “…a la refundación de la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones…”(Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999).
 
Realidades concretas soportan en el ámbito científico, a la luz del momento político venezolano, algunos de los principios generalmente admitidos por la Ciencia Política, para reconocer a un régimen como democrático, veamos:
 
Elecciones libres, plurales y con alternabilidad en el poder: ¿Puede alguien en su sano juicio dudar que este principio se ha venido cumpliendo reiteradamente?  Los lapsos de los mandatos y las formas de traspaso del poder están claramente establecidos en la Carta Magna venezolana, aprobada por el 73% de los electores y electoras.  Podemos mencionar fechas: el 6 de diciembre de 1998 obtiene la primera victoria popular el Comandante Chávez; el 30 de julio del 2000 es relegitimado por nuestro pueblo en el marco de la nueva Constitución de 1999; el 15 de agosto del 2004 es ratificado como Presidente Constitucional cuando los sectores de oposición, gracias a la posibilidad que nos ofrece la Constitución, activaron la convocatoria para referéndum revocatorio presidencial.  En el año 2006 reelegimos al Comandante Chávez, con la votación de más de 7 millones de compatriotas para un 62,84% de los sufragios.  Y ahora nos alistamos a un nuevo proceso electoral, el próximo 7 de Octubre, donde el Presidente Chávez tiene el respaldo de más del 58% de los electores.
 
Libertad de asociación y pluralismo político: En los años de Revolución han florecido organizaciones políticas y civiles, afectas y desafectas al gobierno, sin ningún tipo de restricción, por el contrario amparadas en la Constitución de 1999 y la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política.  De igual manera, la mayoría de las fuerzas políticas están representadas en el Parlamento, en las legislaturas regionales y concejos municipales, así como en alcaldías y gobernaciones.
 
Plena libertad de expresión y manifestación: La observancia internacional ha podido constatar el pleno ejercicio de estos derechos en la sociedad venezolana.  Una muestra de ello, son las manifestaciones que se escenificaron en la Plaza Francia de Altamira, en Caracas, durante los años 2002 y 2003, sin ninguna intervención de la fuerza pública para ejercer represión, aún cuando parte de lo allí acontecido violentaba el ordenamiento jurídico venezolano, no obstante, nuestro Gobierno restituyó el orden en el marco de las legislación venezolana.
 
Libertad de Prensa: En el gobierno bolivariano se ha democratizado el espectro  radioeléctrico en señal abierta.  Es decir, en el año 1998 existían 40 televisoras, en la actualidad Venezuela tiene 111 concesiones en televisión abierta, de las cuales 61 son privadas, 13 del Estado y 37 comunitarias.  En cuanto a radio, en 1998 había 342 concesiones, ahora hay 466 privadas, 82 operadas por el Estado y 243 comunitarias.  En televisión, es diferente, el 80 % del espectro era privado, sin embargo, observamos un proceso en que predomina un nuevo factor, el de los medios comunitarios y alternativos, que hoy ocupa 33 % del espectro en televisión versus 13 % de los medios públicos; pero aun así hay una hegemonía, sobre casi 60 % de las concesiones en televisión que siguen en manos privadas.
 
Autonomía e independencia de los poderes públicos: Estos resultaron de una votación plural y calificada en el seno de un Parlamento escogido en elecciones libres, como sucede en todas las democracias del mundo.  La ineficiencia en el funcionamiento de los mismos, que hemos ido superando progresivamente, no es consecuencia de la forma como fueron escogidos, sino de la estructura corrupta que históricamente ha minado nuestras instituciones, lo cual es una responsabilidad de todos los actores políticos.
 
Pudiéramos enumerar muchísimos otros elementos que configuran nuestro modelo democrático, socialista, participativo y protagónico, sin embargo, creo que los descritos soportan suficientemente el espíritu democrático de la Revolución Bolivariana.
 
IV.          La construcción del Estado Socialista.
 
Hablar de socialismo, el construir una sociedad socialista, es enfrentar el capitalismo en todas sus expresiones.  Vale la pena recordar que Venezuela ha vivido durante muchas décadas el capitalismo rentístico, levantado por una economía petrolera-rentista, bajo un capitalismo no sustentado por el trabajo productivo y la ganancia, sino por una renta que se captura en el mercado internacional.  A mediados del siglo XX se logró en nuestro país un consenso social y político para intentar construir un modelo industrial, cuyo motor sería inicialmente esa renta petrolera.  Por todos y todas es conocido el modelo de sustitución de importaciones, el cual persiguió, como en otros países de la región, crear economías capitalistas.  Los gobiernos de la Cuarta República en Venezuela, a través de planes de la nación, usaron la renta para establecer condiciones de producción en el país de lo que hasta ese momento se importaba.  Se comenzó por bienes de consumo final, luego intermedios y finalmente de capital.  Se suponía que en algún momento la industria no necesitaría más del apoyo de la renta petrolera, despegaría hacia un crecimiento autosostenido.
 
Ese modelo capitalista-rentista tenía una falla estructural, pues no lograba que el aparato productivo industrial de la nación se independizara de las rentas producidas por el sector primario exportador.  Sin embargo, la renta petrolera fue responsable de que en pocas décadas pasásemos de ser una sociedad mayoritariamente rural a una urbana y moderna, en apariencia.  Nos concedió una clase media con patrones de consumo y cierta capacidad adquisitiva similares a la norteamericana y dichos patrones de consumo se generalizaron a todos los sectores sociales.  Obviamente, ello repercutió culturalmente en todos los niveles.  No es una realidad exclusivamente venezolana, es una realidad latinoamericana que varía en mayor o menor escala en nuestros países.
 
La República Bolivariana de Venezuela orienta su proyecto de país hacia un modelo socialista que no se circunscribe meramente a los socialismos que hemos conocido en el mundo, es decir, pensamos que tenemos un altísimo compromiso por construir un Estado Socialista derivado de nuestras propias realidades y necesidades, este no es otro que el Socialismo en el siglo XXI.
 
El Comandante Presidente, Hugo Chávez, lo ha expresado en la presentación que realiza del Proyecto Nacional Simón Bolívar, Primer Plan Socialista, 2007-2013”, en el cual esboza brevemente las siete (7) directrices que nos llevarán a construir y consolidar nuestro socialismo, ellas son: una nueva ética socialista, la suprema felicidad social, la democracia protagónica revolucionaria, modelo productivo socialista, nueva geopolítica nacional, Venezuela una potencia energética mundial y una nueva geopolítica internacional.
 
Es así como la construcción de nuestro modelo socialista, pasa por diversos factores que se describen en el mencionado Primer Plan Socialista “Simón Bolívar”; hemos venido avanzando a paso firme en aspectos fundamentales de transferencia de poder al pueblo venezolano y la consolidación del Poder Popular, “…fomentando la participación organizada del pueblo en la planificación de la producción y la socialización equitativa de los excedentes…”, “Garantizar la participación protagónica de la población en la administración pública nacional…”, “Alcanzar irrevocablemente la democracia protagónica revolucionaria, en la cual, la mayoría soberana personifique el proceso sustantivo de la toma de decisiones…”, entre muchos otros factores.
 
En el modelo socialista en marcha en Venezuela, queda definida la democracia protagónica y revolucionaria que estamos proponiendo que no es otra que la democracia participativa definida en nuestra Constitución de 1999.  En el PPS “Simón Bolívar”, está reflejada de la siguiente manera: La democracia protagónica revolucionaria se fundamenta en el republicanismo y el bolivarianismo. En esta la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en la Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. La democracia protagónica revolucionaria se basa en la defensa, conservación y desarrollo de la vida humana y en la corresponsabilidad solidaria por la vida del otro en comunidad. La sociedad es un tejido comunitario y solidario, guiado por el bien común que tiene en la solidaridad el principal sentido de la vida humana. El bien común determina el sentido de lo justo y lo bueno, es decir, de lo ético, lo cual determina el contenido de la legislación general, es decir, de la Constitución y las leyes. No es ético lo que va en contra del bien común.”.
 
Por otro lado, el paso de un Estado Burgués a un Estado Comunal responde a los cambios en el modelo de producción, eliminando la división social del trabajo y enfatizando en la satisfacción de las necesidades de toda la población de manera sustentable.  Será la propia ciudadanía organizada quien tendrá bajo su pertenencia la propiedad de los medios de producción para así construir una producción conscientemente controlada por los productores asociados al servicio de sus fines.  En el PPS “Simón Bolívar” seguimos desmenuzando componentes que nos ayudan a comprender lo descrito, cito:
 
“…a. Establecer un Modelo Productivo Socialista con el funcionamiento de nuevas formas de generación, apropiación y distribución de los excedentes económicos y una nueva forma de distribución de la renta petrolera, lo que será el reflejo de un avance sustancial en el cambio de valores en el colectivo, en la forma de relacionarse los individuos con los demás, con la comunidad, con la naturaleza y con los medios de producción.
 
b. La dirección a seguir, por encima de lo urgente y lo inmediato, responderá a las preguntas sobre cómo será posible:
 
c. Cohesionar las fuerzas sociales en productores asociados, haciéndolas responsables de prácticas productivas y administrativas autogestionadas
 
d. Sustituir la concentración y centralización de la toma de decisiones por una genuina autonomía descentralizada que alcance hasta las comunidades locales...”.  
 
El motor de nuestra democracia participativa son el Control Obrero en la fábrica y los Consejos Comunales en las comunidades, en este sentido tenemos una interesante experiencia que mostrar desde Venezuela para nuestra región y resto del mundo.  Los Consejos Comunales se relacionan entre sí, intercambian, se enriquecen.  Es así, como la construcción social del Estado se irá haciendo desde abajo hacia arriba, contrario a lo que ocurría en la democracia mal llamada  representativa.
 
En este sentido, se han creado los mecanismos e instancias para garantizarlo, además de lo desarrollado a lo largo de estos 13 años, se promulgó en febrero del año 2010 la Ley Orgánica del Consejo Federal de Gobierno que permitirá reglamentar la coordinación de políticas y acciones entre las entidades político territoriales y las organizaciones de base del Poder Popular con la finalidad de alcanzar un equilibrado desarrollo regional del país mediante una justa distribución de los recursos nacionales.
 
La Ley Orgánica del Consejo Federal de Gobierno define el ámbito territorial de la “Comuna” como el ámbito fundamental de la revolución, a tal efecto, la precisa en su artículo 3° como: “...un espacio socialista definido por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos, y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que les sirven de sustento y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y participación protagónica como expresión del poder popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno, sustentable y socialista contemplado en el Plan Nacional de Desarrollo”.
 
La redistribución del poder político es el motor impulsor de las transformaciones en todos los órdenes en Venezuela.  La premisa de “todo el poder para el pueblo” implica mucho más que una modificación coyuntural de la correlación de fuerzas políticas dentro del sistema.  La creación, impulso y fortalecimiento de los mecanismos y espacios para el ejercicio del Poder Popular como en el caso de los anteriormente mencionados Consejos Comunales y las diferentes formas asociativas de economía popular de cara a la construcción del modelo productivo socialista, han permitido el avance progresivo hacia la Venezuela Socialista del siglo XXI, aún cuando falta mucho por recorrer.
 
V.            Inclusión Social. Misiones sociales. Logros y avances del Gobierno Revolucionario.
 
El Proyecto Bolivariano, traducido hoy en un proyecto de país, en la refundación de la República, está legitimado y materializado en políticas públicas que han significado la mayor transferencia de poder político al pueblo que se haya conocido jamás en Venezuela, la construcción de un Estado Social de Derecho y de Justicia, el rescate de la dignidad de las venezolanas y venezolanos garantizando sus derechos a través de las misiones sociales, favoreciendo el acceso a la salud, seguridad social, alimentación, vivienda, educación y ahora trabajo.
 
Las misiones sociales nacen como instrumento efectivo dirigidas a solventar la deuda social; deuda que recoge el deterioro acumulado durante los últimos 30 años en que se vinieron dejando de lado los objetivos de desarrollo.  Una brecha que habla de inmensos contingentes de personas sometida a una atroz exclusión social, política y económica a lo largo de muchas décadas.  Es así, como las misiones constituyen un conjunto de estrategias para la universalización de los derechos contenidos y expresados en la Constitución de 1999, produciendo acciones que al mismo tiempo garanticen los derechos sociales, permitan la inclusión, en la producción y en el trabajo, y también la inclusión política, garantizando organización, participación y protagonismo en los asuntos públicos del Estado.
 
Esbozare brevemente, a dos de las últimas misiones impulsadas por el Gobierno Bolivariano: La Misión AgroVenezuela y la Gran Misión Vivienda.
 
La Misión AgroVenezuela, es parte de las misiones creadas en el marco del bicentenario.  Su objetivo principal es continuar impulsando la seguridad y soberanía alimentaria en el país.  Incluye inversión en sectores estratégicos, convocatoria al pueblo, incremento de la superficie sembrada e incremento de la producción nacional.  Asimismo, tiene como metas trazadas: incrementar la producción de cereales en un 70%, entre 2011 y 2013; incrementar en 50% la producción de maíz amarillo en 2011, hasta 1,39 millones de toneladas; en maíz blanco la meta es avanzar un 59%; y en arroz se plantea un incremento en la producción de 33%, con 1,39 millones de toneladas.
 
Dentro de esta misión, encontramos a Agro-Patria que se encarga de desarrollar toda clase de actividades agrícolas, especialmente en el financiamiento a programas de producción y en la prestación de asesoría y asistencia técnica a campesinas y campesinos, realizar actividades comerciales e industriales en el área de producción agrícola, bien por sí misma o junto con otras personas naturales o jurídicas.  Hoy en día Agro-Patria cuenta con 59 sucursales más una planta de mezclado.  Agro-Patria es el producto de la nacionalización de una transnacional asociada a la Monsanto.
 
Por otro lado, la Gran Misión Vivienda Venezuela nació producto de la imperiosa necesidad del Estado venezolano por dar respuesta más efectiva al problema de la vivienda.  Esta misión, coadyuvará igualmente, a revalorizar el sistema socio-productivo nacional.  El Gobierno del Comandante Chávez se ha fijado como meta la construcción de dos millones de viviendas en seis años, lo cual desde el punto de vista humano, necesitará una mano de obra importante, en su primer año, 2011, se construyeron 147.000 viviendas, este año la meta es de 200.000, generando más empleo para los venezolanos y venezolanas.
 
Los logros de las misiones sociales han sido extraordinarios para el pueblo venezolano: erradicación del analfabetismo, inclusión en todas las etapas del sistema educativo, estamos en el 5° lugar del mundo en matrícula universitaria, sistema de salud universal y gratuito, reducción de la pobreza en más del 50%, reducción de la mortalidad infantil y de la desnutrición infantil, salario mínimo que cubre la canasta básica y se adecua, anualmente, al índice inflacionario.
 
Hemos logrado buena parte de las metas del Milenio como la cobertura de agua potable y saneamiento, la reducción de la pobreza, el acceso a una alimentación balanceada, la inclusión en la educación y en el trabajo sin discriminación por género, entre otras.
 
Bibliografía
 
1.      Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela. 1999.
2.      Primer Plan Socialista “Simón Bolívar”
3.      Leyes del Poder popular de la República Bolivariana de Venezuela.
4.      Ley Orgánica del Consejo Federal de Gobierno. 2010
5.      Misiones Sociales. Ministerio para el Poder Popular para la Comunicación e información
 
- Ana Elisa Osorio Granado es miembra de la Dirección Nacional del PSUV y Vicepresidenta del Grupo Venezolano del PARLATINO
 


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