ALAI, América Latina en Movimiento
2004-01-14
Colombia Se cierra la puerta de oro!
Amylkar D. Acosta M.
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Enhorabuena el Constituyente de 1991, le hizo justicia al Río madre
de Colombia, el Magdalena. Con 1.540 kilómetros de longitud, su
cuenca abarca aproximadamente 250.000 kilómetros(casi el 20% de la
superficie terrestre de Colombia), que recorre el país desde el
macizo colombiano, hasta desembocar en Bocas de ceniza en el
Atlántico y en el Canal del Dique en Bolivar. Once departamentos del
país y más de 100 municipios ribereños están en su área de
influencia. Desde 1823 se hicieron continuos esfuerzos tendientes a
facilitar la navegación a vapor por el Río Magdalena y este se
convirtió en el principal medio de transporte de carga y de
pasajeros. Astilleros, bodegas y muelles proliferaban por doquier a
lo largo de su extenso recorrido. Su decadencia comenzó un siglo
después, con la introducción de la incipiente red del ferrocarril
primero y de carreteras más tarde(1) . Ya en 1843 el gobierno
destinó las primeras partidas para el dragado del Río y su
canalización; más tarde, una inestable barra de arena impedía a los
buques marítimos llegar al puerto de Barranquilla y para removerlas
se contrataron las obras en bocas de ceniza, las cuales se
realizaron entre 1924 y 1936(2) .
Ya lo había advertido premonitoriamente Tomás Suri Salcedo en 1919:
"Para que la apertura de Bocas de ceniza de todo el beneficio que de
ella esperamos, hay que complementarla con los trabajos de
regularización del Río Magdalena"(3) . Esta fue una de las
reivindicaciones que alentaron a la Liga costeña, que surgió ese
mismo año, demandando atención del gobierno central, pues la región
Caribe se sintió excluida de los nuevos rumbos del desarrollo
nacional. Pues bien, la otrora principal arteria fluvial del país se
vino a menos y se sumió en un agudo proceso de deterioro, por el
desdén y el abandono a que fue sometida. Se estima que el Río
arrastra aproximadamente 200 millones de metros cúbicos anuales de
sedimentos, producto de la erosión y esta, a su vez, consecuencia de
la tala indiscriminada de bosques, que va a depositarse en su
desembocadura, con las consecuencias que hemos tenido que lamentar.
El país ha invertido ingentes sumas en el dragado del canal del
acceso y en el dique direccional del puerto de Barranquilla, para
que este pueda operar y lo propio ha ocurrido con el Canal del dique
en el puerto de Cartagena. Pero, pretender mantener la navegabilidad
de dichos puertos sin una recuperación integral de la Cuenca de Río
Magdalena, es en vano; sería tanto como pretender endulzar el mar.
Precisamente, con la mira puesta en dicha recuperación, fue que se
aprobó el Artículo 331 de la Constitución Nacional, que crea la
Corporación del Río Grande del Magdalena, el cual tuvo su desarrollo
en la Ley 161 de 1994, al tiempo que la Ley 141 del mismo año, le
asignó el 10% de los recursos propios del Fondo Nacional de
Regalías(4) . "Un propósito: recuperar la navegabilidad del Río
Magdalena. Unir este proyecto a las opciones de puerto de
Barranquilla, al mejoramiento del canal de acceso y a la
recuperación de los puertos del Río" es el punto 79 de los 100
puntos del Manifiesto Democrático del Presidente Uribe. Por su
parte, el Ministro del transporte fue categórico en afirmar su
propósito de consolidar "…la navegabilidad por la principal arteria
fluvial del país(5) ". Por ello, fuimos los primeros sorprendidos
cuando el gobierno pretendió eliminarla fulminantemente, a través
del Proyecto de Acto legislativo 03 de 2003(6) , el cual, por
fortuna se hundió en su trámite.
Semejante dislate, pretendieron justificarlo con el socorrido
expediente de que la corporación no ha cumplido con "…los objetivos
para los cuales ha sido creada…la empresa ha sido diseñada para
cumplir labores muy dispersas…dichas funciones pueden ser
desempeñadas por los ministerios sectoriales respectivos, generando
ahorros importantes en funcionamiento y control(7) ". Precisamente
para cumplir labores tan dispersas, pero todas ellas convergentes a
un mismo objetivo, el de la recuperación integral de la cuenca del
Río Magdalena, es lo que la justifica con creces y si no ha cumplido
con sus objetivos, lo que se impone es que los cumpla y no
desaparecerla, en ese afán por descuartizar la Constitución vigente.
Luego del relevo en la dirección de la corporación, se imponen las
rectificaciones a que haya lugar, para que ella cumpla cabalmente la
misión para la que fue concebida. Ello es tanto más urgente, habida
consideración de la crisis que afronta en estos momentos el puerto
de Barranquilla, que está a punto de colapsar; circunstancia esta
que se puede repetir, en cualquier momento en el de Cartagena.
Superemos el inmediatismo; nuestra preocupación debe ir más allá del
desencallamiento del buque Cala Panamá!
A todas estas, cabe preguntarse, será que el país está preparado
para dar el paso hacia un tratado de libre comercio sin contar con
puertos de aguas profundas y vías expeditas a los mismos? Seamos
serios, aún estamos en pañales y el tiempo apremia!
Bogotá, enero 14 de 2004
www.amylkaracosta.com
(1) Adolfo Meisel. Por qué perdió la Costa Caribe el Siglo XX. Banco de la República
(2) Alberto Abello-Silvana Giaimo. Población y ciudades del Caribe colombiano
(3) Eduardo Posada C. El Caribe colombiano. Una historia regional.
(4) Ley 141 de 1994, Art. 30
(5) El País. Andrés Uriel Gallego, Enero, 13 de 2003
(6) Art. 26, derogatorio del Artículo 331 de la C.N
(7) Proyecto de Acto legislativo 03 de 2.003. Fernando Londoño. Exposición de motivos
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