El huevo del sistema - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2012-01-11

520 ańos y algunas palabras

El huevo del sistema

Carlos del Frade
Clasificado en: Cultura, Social, Pobreza,
Disponible en:   Español       


El próximo 12 de octubre se cumplirán 520 años de la conquista de América. Era la cuna del capitalismo. Fue el descubrimiento de Europa como potencia a través de la doble explotación de recursos humanos y naturales de América y África que duraría siglos. Moría el mundo feudal y asomaban las ciudades, los burgos, y las clases sociales. La acumulación de riquezas en pocas manos y la consiguiente explotación de las mayorías. Semejante proceso histórico tiene una marca notable en el idioma español. Huellas visibles en la etimología de algunas palabras. Es a partir de 1492 cuando nace el imperio español y, en forma paralela, el idioma castellano. No se trata de una casualidad, al contrario. Y es allí, en ese volcánico origen de una nueva etapa histórica donde las palabras explican ciertas cuestiones que hoy, en pleno siglo veintiuno, siguen discutiéndose como si se tratara del famoso dilema del huevo y la gallina. Las palabras del castellano, su origen, explican –en realidad- el huevo del sistema. De allí que estas líneas hablen de algunas palabras, los 420 años de la conquista y también de un fenomenal espíritu renacentista, llamado Angonio Nebrija. Empobrecer, hambrear, milagro, justicia, impotencia, desobediencia, endemoniado, multa; son palabras que aparecen en el primer diccionario español, publicado por Nebrija, en 1495, a solamente tres años del principio del saqueo que daría origen al sistema capitalista.
 
Un tal Nebrija
 
-Hay que desbaratar la barbarie por todas partes de España tan ancha y luengamente derramada – sostuvo Antonio Martínez de Cala e Hinojosa, más conocido en la historia como Antonio de Nebrija, el autor del primer libro de gramática española y del primer diccionario de la lengua.
 
Aquella frase la escribió cuando tenía veintiséis años. Nació en Lebrija, España, en 1744. Había estudiado en Salamanca, donde se graduó en Retórica y Gramática. Viajó a Italia y en la universidad de Bolonia estudió griego, latín, teología, medicina, derecho, cosmografía, matemáticas, geografía e historia.
 
Un verdadero espíritu renacentista. Nada del conocimiento humano le era indiferente. Tuvo muchos hijos y muchas amantes, dicen sus biógrafos.
 
Remando contra la corriente intelectual del momento, Nebrija comenzó a trabajar en la llamada “lengua vulgar”, tal como se lo catalogaba por entonces al castellano.
 
Intentaron varias veces expulsarlo de la Universidad de Salamanca donde enseñaba con métodos nada tradicionales.
 
Sus cronistas sostienen que en 1490, “se consagró como poeta y conquistó el cargo de cronista real, en el que permaneció hasta 1509, cuando decidió volver a Salamanca como catedrático de Retórica. En la vieja universidad donde había comenzado sus estudios, fue perseguido por sus colegas, que le impidieron concursar en la cátedra de Gramática, por lo que decidió abandonar Salamanca y volver a Sevilla”, apuntan.
Y destacan: “Lo más importante de su obra se completó en la última década del siglo XV, con su Gramática de la lengua castellana y sus dos diccionarios de latín y castellano. De todas sus obras, ninguna tuvo el peso y la importancia histórica de su Gramática, que se adelantó a todos los estudios hechos en todas las lenguas romances sobre esta materia. Fue el primer gramático de destaque en considerar una lengua romance (por entonces llamada "lengua vulgar") como digna de ser estudiada”, remarca la biografía oficial publicada en su página de internet, la llamada “Asociación Cultural Antonio de Nebrija”.
 
En la entrevista que sostuvo con la reina Isabel la Católica, la misma que apoyó el viaje de Cristóbal Colón, Nebrija consideraba que era preciso fijar aquella habla catalogada como “lengua vulgar”. El nuevo idioma nacería junto al imperio español después de la reconquista de Granada y la llegada de las carabelas al Nuevo Continente.
 
Esa “oscura lengua nacida en la tierra de los bárdulos, en el Norte de España, estaba en vías de convertirse en el gran idioma internacional, segundo del planeta, que es hoy el castellano”, dice el artículo de la Asociación ya citada.
 
En 1495, Nebrija publicó el primer diccionario español. Allí estaban las palabras del pueblo, las que venía pronunciando y las que se fueron agregando al mismo tiempo que la conquista de América avanzaba.
 
Nebrija murió en Alcalá de Henares el 5 de julio de 1522.
 
Palabras.
 
1.
 
-Pobres habrá siempre – sostuvo, en su momento, el que fuera dos veces presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem.
Era una concepción que entrañaba la naturalización de las necesidades.
Ni los pobres, entonces, ni las urgencias son causadas por la historia, si no por un mandato eterno e inmutable.
Quería decir, al mismo tiempo, que la política, la acción concreta de los hombres sobre el presente, no podía modificar esa estructura.
El futuro es igual al pasado y al presente.
“Pobres habrá siempre”, significa eso.
La pobreza es como el aire, como la atmósfera.
Estuvo antes, está ahora, estará mañana.
De tal forma, no hay de qué preocuparse.
Allí estarán los pobres más allá de las acciones que se tomen o no.
Cuando un conjunto de personas son sumergidas en la eternidad que promete el “siempre”, los seres humanos son condenados al territorio de lo inmodificable, apenas son números que suelen aparecer en los censos y las estadísticas.
Están allí, como si hubieran surgido de la naturaleza.
Son familias que vienen con esa condena y no hay responsables ni beneficiados con su existencia.
Aceptar que la pobreza forma parte de la eternidad es creer que no se puede modificar la realidad.
Es, al mismo tiempo, ocultar los intereses que se favorecen con la naturalización de la pobreza.
 
2.
 
Diccionarios.
Pobre: Necesitado, menesteroso y falto de lo necesario para vivir, o que lo tiene con mucha escasez. Escaso y que carece de alguna cosa para su entero complemento. Humilde, de poco valor o entidad. Infeliz, desdichado y triste. Pacífico, quieto y de buen genio e intención; corto de ánimo y espíritu. Persona que reúne las circunstancias exigidas por la ley para concederle los beneficios de la defensa gratuita en el enjuiciamiento civil o criminal. Mendigo. Pobre de solemnidad: el que lo es de notoriedad.
Pobreza: Necesidad, estrechez, carencia de lo necesario para el sustento de la vida. Falta, escasez. Dejación voluntaria de todo lo que se posee y de todo lo que el amor propio puede juzgar necesario. Escaso haber de la gente pobre. Falta de magnanimidad, de gallardía, de nobleza de ánimo.
Estos son los significados que aparecen el diccionario enciclopédico Espasa Calpe, editado en Madrid, en el año 1989.
En relación a la palabra pobre, surgen los vocablos “apurado; carente; desventurado; falto; indigente; infortunado; mendigo; menesteroso; necesitado; paupérrimo; pelagatos; pordiosero; arrancado; corto; desgraciado; escaso; infeliz; raquítico”.
Para el diccionario de sinónimos, de la misma editorial, pobreza es equivalente a “carencia; carestía; escasez; estrechez; falta; indigencia; necesidad; penuria; miseria; vía”.
Según el etimólogo Joan Corominas, la palabra pobre apareció en el castellano en el año 1200. Hacia el siglo XVII derivó en pobrete.
Pobreza, en tanto, surgió entre los años 1220 y 1250.
Empobrecer, por su parte, nació en 1495, a tres años del llamado descubrimiento de América. Es decir cuando Europa descubre el origen del capitalismo a través de la explotación de los recursos humanos y naturales de América y Africa. A tres años, entonces, del descubrimiento de Europa como el momento de transición del feudalismo al capitalismo.
Y la palabra empobrecimiento, en cambio, aparece en el siglo diecisiete, en el año 1607.
Como vocablo vinculado a pobre dentro de este diccionario etimológico, surge “pocero”, derivado de pozo, de hoyo.
La otra palabra relacionada a pobre, es pocilga que remite a puerco. Pocilga, al igual que el verbo empobrecer, nace en 1495, “derivado de formación incierta”, sostiene Corominas.
Al agregar otros datos, apunta al “lomo entre surco y surco”. Una imagen vinculada al trabajo sobre la tierra. La actividad que hacían los esclavos.
 
3
 
El viaje de las palabras a través de los tiempos en el idioma castellano está atravesado por las circunstancias políticas y económicas que enfrentaron sus hablantes, las mayorías españolas.
Los pobres fueron nombrados antes que la pobreza.
Los sujetos históricos, los castigados por el sistema, aparecieron en la lengua antes que la situación social que los generó.
A la hora de repasar los significados y los sinónimos, es interesante observar que el pobre es calificado de “infeliz, desdichado y triste. Pacífico, quieto y de buen genio e intención; corto de ánimo y espíritu”.
De tal forma, su identidad, el qué es un pobre termina siendo contestado por su modo, por el cómo. De allí esas palabras.
Cuando se ahonda en los sinónimos, surge con notoriedad el término “infortunado”. Los pobres, entonces, son aquellos que no tienen suerte.
Una vez más la apelación a lo que está más allá de la historia concreta y material.
Una postal de los mitos griegos: hay fuerzas tutelares superiores que vuelcan sus vinos sobre los mortales según su arbitrio. Algunos beberán el buen vino y, entonces, serán afortunados. Los otros, a los que desde más allá del tiempo y el espacio les arrojan la mala bebida, serán infortunados.
Los pobres son consecuencia de lo metafísico, de lo que está más allá de la humanidad, de sus intereses y la lucha de sectores sociales que pugnan por hacer realidad esos puntos de vista.
Pero también resulta destacable que el verbo empobrecer, la acción de multiplicar los pobres, aparezca a tres años de la conquista de América.
Será en esos días de saqueo de América y Africa cuando se hace notorio que el sistema es capaz de producir riqueza para algunos y también pobreza para muchos.
Es en el surgimiento del verbo donde la lógica de las minorías no puede aplazar la presencia de la historia concreta, material y existencial.
Hay una acción humana que logra empobrecer a muchos.
Y esa acción, claro, es el resultado de una política aplicada en un momento y un lugar determinado.
Ya no se puede hablar de malos augurios de dioses ebrios y ajenos a las necesidades humanas, se trata de una acción producida en el mismo seno de la sociedad, allí donde se ama, se sueña, se lucha y se proyecta un futuro mejor.
 
4
 
Antónimos.
Empobrecer, entonces, tiene una historia.
Humana, bien humana.
Su antónimo, enriquecer, también la tiene.
La palabra rico surgió en el año 1140 en el idioma castellano.
Derivaba del gótico, reiks, sinónimo de poderoso.
Ricacho, por ejemplo, es del año 1599 y enriquecer, el verbo, la acción humana que ya está metida entre mujeres y hombres de carne y hueso, tiene su nacimiento alrededor del año 1250.
Es llamativo que Corominas en su emblemático diccionario etimológico haya incluido como palabra derivada de rico, al vocablo ridiculez, ridículo, vinculado a reir.
He aquí una clave: porque ridiculizar, según el Espasa Calpe, significa “burlarse de una persona o cosa por las extravagancias o defectos que tiene o se le atribuyen”. El rico, entonces, deriva en alguien capaz de ridiculizar o poner en ridículo, es decir aquello que está “expuesto a la burla o al menosprecio de las gentes”.
Para el mismo diccionario, la riqueza es “abundancia de bienes o cosas preciosas. Copia de cualidades o atributos excelentes. Abundancia relativa de cualquier cosa”.
Sus sinónimos son “abundancia, acomodo, bienestar, exuberancia, fertilidad, holgura, opulencia, profusión, cantidad, copia”.
Uno de esos sinónimos, fertilidad, devuelve el concepto a la idea de lo natural.
Al concepto de que si “pobres habrá siempre”, es porque “siempre habrá ricos”.
Porque surge de la tierra, de la fertilidad, de la capacidad natural no humana que tienen ciertos hechos que suceden sobre la faz de la Tierra.
Pero hay una diferencia notable en tiempos históricos: enriquecer surge en el año 1250, en el siglo trece; mientras que empobrecer comienza a utilizarse, dos siglos después, alrededor del 1495, en el siglo quince.
De acuerdo al origen etimológico de las palabras, los españoles tuvieron claro que la acción de ciertos hombres de enriquecerse fue anterior al empobrecimiento que devino a posteriori.
En esta crónica de las palabras, entonces, la pobreza, la consecuencia del empobrecimiento es el resultado histórico de un proceso anterior de enriquecimiento de parte de unos pocos.
El origen de las palabras, por consecuencia, explica una lógica.
Es la riqueza la creadora de la pobreza.
El enriquecimiento es el padre del empobrecimiento.
Está allí, en la historia misma de los vocablos que se dicen a diario.
No es verdad que pobres hubo siempre.
Primero fueron los ricos.
Y no es una cuestión de pura consigna.
Se trata de una simple verificación del derrotero de las palabras.
El origen de las palabras, entonces, explica el huevo del sistema.
El origen del saqueo americano y africano es el momento del inicio de la construcción del empobrecimiento y sometimiento de millones y millones de seres humanos.
 
5
 
13.981 chicas y chicos argentinos fueron vacunados como consecuencia de un experimento llevado adelante por la multinacional Glaxo Smith Kline desde 2005 en las provincias de Santiago del Estero, Mendoza y San Juan.
 
Catorce de ellos murieron.
 
Aquel ensayo clínico se denominaba protocolo Compas.
 
El juez penal económico Marcelo Aguinsky ratificó tres multas por un millón de pesos cada una sobre el laboratorio.
 
La sanción es porque no se respetaron los derechos de los pacientes, no dieron a los padres suficiente información sobre los riesgos potenciales del estudio e hicieron firmar consentimientos a personas pobres que no sabían leer ni escribir.
 
“La vacuna está aprobada y es segura, pero se detectaron irregularidades en el proceso de captación de niños. Se descubrieron decenas de casos en los que no se hicieron bien las cosas. La resolución del juez Aguinsky habla específicamente del ensayo en Mendoza y nos satisface, porque ratifica la actuación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT)”, sostuvo Roberto Lede, director de relaciones institucionales del organismo.
 
En julio de 2009, al constatarse en la provincia de Santiago del Estero que madres analfabetas habían sido inducidas a firmar permisos para un experimento con sus hijos sin saber de qué se trataba, la multinacional recibió la primera multa. Todavía no pagó un peso.
 
El juez Aguinsky sostuvo en su fallo que “se aprecia, sin mayor esfuerzo, un indudable incumplimiento de los sumariados respecto a la normativa vigente como así también las deficiencias advertidas en el proceso de consentimientos informados”, apuntaba el escrito.
 
Glaxo Smith Kline, de acuerdo al último balance publicado, facturó 746 millones de pesos en un año. Se ubicó en el puesto 272 entre las mil empresas que más venden en la Argentina. Su nivel de ventas es de 1.439 pesos por minuto. Una suma de 2.072.222 pesos por día.
 
En buen romance, con un día y medio de facturación, la multnacional va a pagar la multa que el aplican por la forma de imponer el ensayo y continuará haciendo negocios con sus medicamentos.
 
Los pibes argentinos usados como cobayos, los catorce que murieron, no forman parte de la factura que el estado nacional le presenta a la empresa.
La multa es para blanquear a la firma.
 
En realidad, la multa es para multiplicar.
 
De acuerdo al diccionario Espasa Calpe, la multa es una pena pecuniaria, monetaria, relativo al dinero efectivo.
 
Pero la palabra multa tiene su origen en aquel primer diccionario del castellano escrito por Nebrija en 1495, tres años después del inicio del saqueo del continente americano.
De su raíz derivan palabras tales como multicolor, multiforme, múltiple, multiplicar, multiplicidad, múltiplo, multitud, mucho. Mullido, mullir. Muelle, mundanal, mundano, mundial, mundo, mundificar y mondo.
 
La multa, entonces, no corrige, sirve para multiplicar.
 
En la acepción que coloca Joan Corominas en su diccionario etimológico de finales del siglo veinte, cuando habla de la palabra muelle como uno de los orígenes de multa, se reconoce que deriva de mullis: flexible, blando, suave, pieza elástica de metal.
Queda claro que para el capitalismo, multar equivale a suavizar el proceso que, en definitiva, no se cortará sino, al contrario, se multiplicará.
Exactamente lo que hará GlaxoSmithKline.
 
Los cobayos argentinos, entonces, serán más en las nuevas múltiples intervenciones de la corporación en estos arrabales del mundo.
 
6
 
El diccionario de Nebrija es la pauta de la constitución del imperio español y, por ende, de la nueva fase de la humanidad que se desprendía del feudalismo e iniciaba su viaje hacia el capitalismo como consecuencia de la explotación humana y natural de África y América.
 
Las palabras de entonces, marcan la ferocidad de las nuevas clases dominantes y su continuidad en el presente explica cómo las minorías imponen sentidos culturales para que se perpetúen los mecanismos de sumisión.
 
La acumulación de riquezas a partir de 1492 hace surgir, entonces, como consecuencia la decisión de ningunear a las mayorías.
 
En 1495 surgen verbos emblemáticos de la situación histórica, política y económica: empobrecer y hambrear.
 
Es notable el origen y periplo de las palabras.
 
Hay una deliberada decisión de producir hambre, de allí que surja el verbo hambrear. La palabra denota la acción de las minorías.
 
Se inventa y se multiplica el hambre, de allí el verbo hambrear.
 
Tampoco es casual que en semejante auge de los sectores privilegiados aparezcan dos términos hermanados a la hora de imponer ideas y sentimientos de resignación entre los que son más.
 
Por un lado, justicia; y por el otro, milagro.
Ambas palabras aparecen en el idioma español en 1495.
Los tribunales y la iglesia, nada menos, tendrán a partir de la conquista de América y el saqueo, la función de producir sentimientos de subordinación ante las nuevas clases hegemónicas.
 
La cruz, la espada y la ley.
 
Milagro, hambrear, empobrecer y justicia.
 
Palabras que explican la orden del nuevo modo de producción.
 
Las palabras expanden el mandato.
 
Pero no lo hacen en cualquier momento de la historia.
 
Lo hacen desde un momento determinado.
 
También en 1495 aparecen los términos impotencia, desobediencia y endemoniados.
Tres vocablos notables que designan nuevas herramientas populares pero que tienden a la destrucción de la autoestima, el señalamiento social de lo incorrecto y el estigma con los que deciden no someterse.
 
Si no se aprende que las masas deben aprender que sus vidas se resumen en la pura impotencia, incurrirán en el delito de la desobediencia y si insisten en rebelarse, la afrenta ya no solamente será contra los nuevos señores burgueses, sino también contra el Dios del Milagro, socio de los hacedores de la Justicia y los multiplicadores del hambrear; serán considerados endemoniados y morirán en la hoguera o devorados por perros salvajes como repetidas veces ocurrió en América.
 
7
 
Nebrija es la expresión individual de las voces que el poder imprimió en la vida cotidiana de los españoles y sus colonias a partir de la conquista de América.
Cada una de esas palabras, cuando se pronuncian en el tercer milenio, repiten aquella lógica de las clases dominantes.
 
Es posible que esta mínima observación a la historia de las palabras nos permita escuchar y ver mejor la realidad en la que nos movemos.
 
Pensar en las palabras es también pensar en cómo funciona el poder de las minorías y, en forma paralela, descubrir cómo podemos construir herramientas de transformación de la realidad desde las mayorías.
 
Recuperar el sentido histórico de las palabras es también una forma de emancipación.
Pensar desde la propia cabeza, sentir desde el propio corazón.
 
Porque si no tenemos nuestras propias palabras, terminaremos repitiendo las que nos imponen los de siempre.
 
Si no tenemos las palabras adecuadas para pelear por nuestros sueños, para poder compartirlos, terminaremos viviendo las pesadillas que los dueños de casi todas las cosas –entre ellas las palabras- nos quieren imponer.
 
A 420 años del inicio del saqueo es fundamental reconquistar el idioma y casi todo lo demás a favor de las mayorías.
 
- Carlos del Frade es periodista, escritor y docente argentino.
 


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