Migraciones forzadas y pueblos indígenas - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2011-08-10

ALatina

Migraciones forzadas y pueblos indígenas

Carlos René Sop Xivir
Clasificado en:   Cultura: Cultura, |   Internacional: Migracion, |   Social: Social, Indigena, |
Disponible en:   Español       
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El 9 de agosto se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indígenas(1). En esta oportunidad quisiera abordar el tema de las migraciones forzadas indígenas desde la experiencia en el acompañamiento a esta población, más que de las reflexiones teóricas. Las migraciones indígenas a partir de la llegada de los europeos a estas tierras han sido siempre consecuencias de la exclusión socio-económico, política y cultural.
 
En este sentido, describiré algunas realidades concretas respecto a las migraciones forzadas de los pueblos indígenas en distintos escenarios de la realidad latinoamericana; los indígenas mayas en Guatemala; las consecuencias del choque cultural y migraciones transfronterizos, migración y refugio en Panamá; éxodo continuo del pueblo Ngöbe-Bugle hacia Costa Rica y el limbo legal del pueblo Embera en situación de refugio; por último, la dura realidad de los Emberas Chamí en situación de desplazamiento en la ciudad de Bogotá, Colombia.
 
Migraciones mayas en Guatemala
 
La migración forzada indígena guatemalteca es una realidad histórica compleja, que ha marcado tremendamente la vida de los pueblos originarios. Se podría hacer una reseña histórica muy amplia sobre cómo y por qué se han dado estos desplazamientos indígenas forzados desde la llegada de los europeos hasta la actualidad, pero mi pretensión es abordar dos temas centrales de las actuales olas migratorias indígenas: las consecuencias del choque cultural en los jóvenes mayas en los Estados Unidos y el desplazamiento trasfronterizo.
 
Las consecuencias del choque cultural en los jóvenes mayas que han emigrado hacia los Estados Unidos se reflejan en el comportamiento de los jóvenes retornados, personas que han vivido muchos años en el norte y ahora han regresado a su lugar de origen. La mayoría de los jóvenes indígenas que deciden emigrar hacia los Estados Unidos son campesinos, muchos sólo han cursado la primaria y otros sólo hablan el idioma materno (las lenguas mayas). Su experiencia de vida es la experiencia de vivir en un pueblo: actividades deportivas, religiosas, paseos vespertinos en las calles, el trabajo, etc. Regularmente en los pueblos indígenas no hay discotecas, bares, centros comerciales, parques de diversiones, cines, etc. Sus  espacios de diversiones son muy sencillos.  Por esta razón, al encontrarse con las grandes ciudades de los Estados Unidos muchos de los jóvenes se descontrolan y se exponen a una serie de riesgos, inclusive a la muerte.
 
Visitando algunos pueblos indígenas del altiplano guatemalteco pude observar en la población retornada y sus familiares problemas muy serios de adicción al alcohol, a la drogadicción, problemas de identidad cultural, personas portadoras del VIH, sobre todo jóvenes; desintegración familiar, problemas de pandillas, colocación de cantinas y bares en los pueblos, negocios de videojuegos, inclusive en ese año (2010) dos personas, del pueblo que visité, habían muerto en los Estados Unidos y sus familiares estaban extraditando sus cuerpos.
 
Claro está que hay otros cambios muy positivos, como las mejoras de viviendas, casas de bloque y cemento de dos o tres pisos, de estilo occidental, inversión de las remesas en la educación, se ven niños y jóvenes estudiando el ciclo básico y en colegios privados. Estos cambios trastocan grandemente el modo de vida de los pueblos mayas y la mayoría de los casos no están preparados para asimilar estos cambios y se da un fenómeno de aculturación y serios problemas de identidad en los jóvenes.
 
Así como la migración internacional que he descrito, Guatemala-Estados Unidos, el desplazamiento transfronterizo Guatemala-México  es otra realidad migratoria forzada de los pueblos mayas muy presente en la actualidad. Miles de personas de las regiones suroccidente y noroccidente del país se desplazan, para emplearse temporalmente, hacia las fincas de la región fronteriza de Comalapa y Comitán, más recientemente en Yucatán, Mérida y Quintana Roo para ocuparse en trabajos como la agricultura, sobre todo la cosecha de café y últimamente en el sector servicio y construcción, en el caso de la mujeres como trabajadoras domésticas. Desplazarse de Guatemala a México no es tan fácil, en la mayoría de los casos se dan una serie de violaciones de los derechos fundamentales.
 
Desde mayo del 2009 el Gobierno mexicano ha implementado nuevas formas de control migratorio tipo “credencial”(2) para los visitantes locales y trabajadores fronterizos. Es muy común ver en las fronteras terrestres mexicanas pancartas con leyendas como: “¡Obtener tu credencial es muy sencillo! ¡La nueva forma migratoria hará de tu entrada más fácil y legal! ¡Por las Buenas es mejor! ¡Recuerda, todos tus trámites son gratuitos!”, etc.Con esta forma de presentar la obtención de la credencial cualquiera diría que ingresar a México es facilísimo, pero no, es un trámite complicado y demorado. En primer lugar, se debe pedir cita para presentar los requisitos que solicitan, esperar de 15 a 20 días para que aprueben o rechacen la solicitud, el trato de los agentes de migración hacia la población indígena es pésimo, con mucha discriminación étnica. Las filas son inmensas y las personas que no logran realizar sus trámites durante el horario de atención esperan hasta el día siguiente y tienen que quedarse en las calles.
 
Pude observar que estas credenciales pueden obtenerse de  manera ilegal, teniendo una buena cantidad de dinero, claro está, los taxistas y los agentes de migración están bien conectados para conseguir credenciales casi de inmediato, lo cual es una muestra más de la corrupción, la coima y el aprovechamiento hacia los inmigrantes en las fronteras. Además de todos estos trámites los desplazados transfronterizos sufren muchas violaciones a sus derechos laborales, salarios mínimos o debajo del mínimo, sin prestaciones laborales y malos tratos, más toda la problemática de la desintegración familiar.
 
Migración y situación de refugio en Panamá
 
Los desplazamientos transfronterizos es una realidad no sólo de Guatemala, sino casi de toda Centroamérica, en Panamá se dan dos flujos migratorios en las poblaciones indígenas, el pueblo Ngöbe-Bugle que se desplazan temporalmente hacia las fincas agrícolas y cafetaleras de Costa Rica y la población Embera colombiana que se encuentra en situación de refugio en la frontera colombo-panameña de la provincia de Darién. Me detendré un poco más sobre este último tema, sin dejar de mencionar algunos problemas de las migraciones hacia Costa Rica.
 
Según las autoridades costarricenses alrededor de 10.000 a 13.000  panameños indígenas cruzan la frontera anualmente entre los meses de agosto a febrero de cada año. Los principales problemas que enfrenta esta población, aparte de los típicos abusos a migrantes indígenas laborales como he mencionado, tienen que ver con la deserción escolar y el trabajo infantil, ya que son familias enteras las que se desplazan y hacen que los niños y niñas dejen la escuela y se marchen a trabajar en las fincas, además se da también la desintegración familiar, sobre todo con un notorio abandono de la gente mayor y de las personas con alguna discapacidad.
 
Ahora, quisiera centrarme un poco más sobre la situación de los indígenas Embera colombianos, solicitantes de refugio que se encuentran en las comunidades fronterizas panameñas, provincia de Darién. El conflicto armado colombiano ha provocado grandes desplazamientos y entre ellos los pueblos indígenas. De 1998 al 2004 hubo grandes desplazamientos indígenas hacia Panamá, de los cuales a muchos no les han resuelto su situación migratoria y se encuentran en un limbo legal. Un grupo de 15 familias Emberas, aproximadamente 75 personas, se encontraba perdido en las comunidades de Darién hasta que a finales de 2007 el Servicio Jesuita a Refugiados empezó a acompañarles y a visibilizar su situación.
 
Esta población ha tenido un largo camino para lograr obtener su estatus de refugio en Panamá. A mediados de 2008 presentaron su solicitud formal ante la Oficina Nacional para la Atención a Refugiados (ONPAR). Dos años después, esta oficina, emitió la resolución rechazando la admisión a trámites a dichas solicitudes (julio de 2010). Luego, se emitió el primer recurso de reconsideración y hasta la fecha no ha habido ninguna notificación. Mientras tanto, la población vive en malas condiciones, ya que no recibe ningún tipo de asistencia humanitaria de parte del Gobierno, no tienen terreno para cultivar ni casa para habitar, vive de la pesca y del jornaleo que a veces sólo consigue dos o tres días a la semana. La iglesia, a través del Servicio Jesuita a Refugiados, es la que ha estado acompañando esta población desde la asistencia humanitaria y seguimiento a sus solicitudes de refugio.
 
No ha sido nada fácil la estadía de estas personas en Panamá. Sufren grandes maltratos de parte de la policía fronteriza, de los agentes de migración y autoridades locales, además son amenazadas constantemente a ser deportadas a Colombia, no las dejan cultivar la tierra y les niegan muchos servicios básicos por ser indocumentadas. A mitad del año pasado cuatro personas, que estaban cazando en la selva para el sustento alimenticio de sus familias, fueron detenidas por la policía fronteriza, y las quisieron hacer pasar por miembros de grupos armados irregulares, les hicieron un proceso legal muy fuerte y casi las deportan. Cabe señalar que mientras ocurría esto último, dichas personas estuvieron en la cárcel más de dos meses. Situaciones como éstas son muy constantes en esas comunidades fronterizas, a veces no sólo con la población solicitante de refugio, sino también con la población indígena panameña, sólo por el hecho de ser indígenas.
 
En julio del año pasado seis comunidades indígenas panameñas en el Río Tuira, Darién, se encontraban en una crisis alimentaria muy fuerte, puesto que la policía fronteriza panameña les había prohibido ingresar alimentación básica en sus comunidades, además les tenían restringida la salida de las comunidades hacia las fincas. El argumento central de la policía era que esas comunidades colaboraban con los grupos armados irregulares del vecino país, Colombia. Por tal motivo las comunidades vivían en un estado de sitio, sin alimentación básica ni comunicación, vivían de lo que el río les proporcionara y del poco cultivo que tenían cerca de sus viviendas, ya que no podían ir a las fincas a trabajar o a recoger sus cosechas.
 
Además de la crisis alimentaria, varios dirigentes indígenas fueron detenidos y encarcelados sin ningún motivo, simplemente por ser dirigentes. La policía temía que estos dirigentes denunciaran y se revelaran ante la situación que vivían, entonces, la forma que encontraron para que los dirigentes no denunciaran era encarcelándolos. Durante los casi tres meses de aislamiento de estas comunidades el Gobierno no les asistió en nada, el Servicio Jesuita a Refugiados y otras organizaciones incidieron para visibilizar la situación y permitir el ingreso de alimentos al área.
 
Desplazamiento indígena en la ciudad de Bogotá, Colombia.
 
El pueblo indígena colombiano no sólo vive la situación de refugio en Panamá, sino también el desplazamiento interno hacia las grandes ciudades del país, específicamente Bogotá, por esta razón concluiré este tema refiriéndome a las condiciones en que se encuentra la población indígena Embera Chamí en situación de desplazamiento en la ciudad de Bogotá.
 
Es muy recurrente ver en las calles de la ciudad mujeres indígenas con sus niños en brazos mendigando su sustento diario, son personas que han dejado su lugar de origen por causa de la violencia y buscan como rehacer sus vidas en este lugar totalmente diferente al entorno donde han vivido. Viven regularmente en casas de hospedajes llamados “paga diarios” en los barrios más pobres y marginados, en condiciones de hacinamiento. Existe un buen grupo de ellos que no pueden acceder a la asistencia humanitaria de parte del Gobierno porque no poseen su documento de identidad (cédulas o partidas de nacimiento) entre la población indígena colombiana, ya sea por distancia o cultura, no existe la costumbre de registrar a los niños ni de tramitar la cédula de vecindad, lo cual los hace más vulnerables.
 
Este segmento de la población es el más vulnerable porque tiene una serie de dificultades para acceder a los servicios básicos, desde la alimentación hasta su movilidad dentro de la misma ciudad. Los niños y niñas en las escuelas se sienten perdidos porque no se tiene un programa diferencial para ellos, la manera de manejar la medicina tradicional no es bien vista en los hospitales y clínicas, su cultura y modo de ser es extraño y raro para los citadinos de “cultura occidental”, por lo tanto, aparte de su situación de desplazamiento, son excluidos y marginados en ese modo de vida citadino.
 
Describir estas realidades va más allá que narrar las problemáticas que les aqueja los pueblos indígenas en movilidad. Es visibilizar de alguna manera las consecuencias de la exclusión y marginación económica y socio-política de las instituciones estatales y de la sociedad en general. A la vez manifestar, aprovechando este día dedicado a los pueblos indígenas, que nosotros los pueblos indígenas soñamos con una América Latina incluyente, equitativa, con justicia social, con proyectos interculturales y multilingües, que los hermanos no indígenas valoren nuestra cultura y manera de ser como pueblos originarios, así como nosotros hemos aprendido y asimilado su cultura y modo de vida. Por lo tanto, conmemorar este día es pedir respeto, atención, igualdad y equidad para todos.
 
- Carlos René Sop Xivir, S.J.
Estudiante de Teología
Provincia Centroamericana
 
1) El 20 de diciembre del 2004, la asamblea general de las Naciones Unidas proclamó el segundo decenio internacional de los Pueblos Indígenas, que se celebra el 9 de agosto de cada año, dicha celebración ofrece la oportunidad para abordar, reflexionar y sensibilizar sobre los problemas que les afectan actualmente, que históricamente han sido problemas de exclusión, discriminación, pobreza y territorialidad.
 
2) Es un carnet que otorga el departamento de migración mexicana y tiene una validez de noventa días, la cual permite el ingreso y egreso de los visitantes locales y trabajadores fronterizos, únicamente en el territorio de Chiapas. Para ingresar a otros Estados mexicanos se necesita visa.


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