Osama el terrorista y Obama el presidente - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2011-05-16

EE.UU

Osama el terrorista y Obama el presidente

Benjamín Forcano
Clasificado en:   Política: Politica, DerechosHumanos, |   Internacional: Internacional, |   Social: Violencia, |
Disponible en:   Español       
Compartir:


“Todo individuo tiene derecho a la vida” -
“Nadie será sometido a torturas ni a penas ni tratos crueles, inhumanos o degradantes” –
“Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado” –“Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa”   (Declaración universal de Derechos Humanos, Artículos, 3, 5, 9,11).
 
Dos son los planos que se cruzan en la interminable polémica entre el terrorista Osama y el presidente Obama: el telón de fondo donde surge el terrorismo de Osama y el hecho presidencial de su ejecución por terrorista.
 
¿Por qué se produjeron – y se siguen produciendo- los actos terroristas que producen la muerte de miles de personas?
 
Relevantes ciudadanos estadounidenses han dado respuesta: “Somos el punto de mira de los terroristas porque, en buena parte del mundo, nuestro Gobierno defiende la dictadura, la esclavitud y la explotación humana. Somos el blanco de los terroristas porque nos odian. Y nos odian porque nuestro Gobierno hace cosas odiosas».(Robret Bowman, piloto de cazas militares durante la guerra de Vietnam y luego obispo, en carta abierta al Presidente) . Lo mismo dijeron en entrevistas Richard Clarke, responsable contra el terrorismo de la Casa Blanca y Chalmers Johnson, uno de los principales analistas de la CIA. “ Este conoció por dentro los maleficios que las más de 800 bases militares norteamericanas producen, distribuidas por todo el mundo, pues suscitan la rabia y la revuelta en las poblaciones, caldo de cultivo para el terrorismo. Cita el libro de Eduardo Galeano «Las venas abiertas de América Latina» para ilustrar las barbaridades que los órganos de inteligencia norteamericanos cometieron por aquí. Denuncia el carácter imperial de los Gobiernos, fundado en el uso de la inteligencia que recomienda golpes de Estado, organiza el asesinato de líderes y enseña a torturar. En protesta, dimitió y se hizo profesor de historia en la Universidad de California. Escribió tres tomos, «Blowback» (venganza), en los que preveía, con pocos meses de anticipación, los actos de venganza contra la prepotencia estadounidense en el mundo. Ha sido tenido como el profeta del 11 de septiembre” (Leonardo Boff).
 
En el laberinto concreto de las discusiones, apenas si se plantea lo que significa este telón de fondo y todo se cifra en analizar otras cuestiones más inmediatas.
 
Ciertamente, hubiera sido importante oir a Osama explicar en público las razones de su terrorismo, sus motivaciones, sus contradicciones, sus soluciones y su objetivo final. Y no menos importante analizar las medidas que a nivel internacional, desde el Derecho establecido, se tomaron para denunciar y castigar las barbaridades cometidas por una política imperial, esta vez estadounidense.¿Qué cambios habría de haber asumido esta política para erradicar la práctica del terrorismo? No se ha hecho nada, ningún gobierno ha levantado la voz y se ha dejado tamaño terrorismo en perfecta impunidad.
 
Pues bien, entrar en el segundo plano sin tener en cuenta éste, es no entender casi nada y exponerse a valorar fuera de contexto.
 
Ciertamente Osama no puede, para eliminar lo que pretende, caer en el mismo vicio que persigue: el terrorismo. Y es terrorismo criminal luchar contra otro terrorismo matando a miles de inocentes.
 
Sin una política invasora y explotadora, ¿se daría el terrorismo? ¿Tendríamos necesidad de estar aclarando ahora cuestiones ético-legales sobre si fue adecuada la forma de saber dónde se ocultaba Osama, su detención y la forma de hacerlo, su ejecución y el arrojo de su cadáver al mar?
 
Me temo que no son esas las cuestiones claves ni van a resolver el problema en su raíz. El terrorismo se extirpa extirpando sus causas: “Nos odian, dice Robret Bowman, porque nuestro gobierno hace cosas odiosas”.
     
 Sin embargo, en la situación conflictiva, inesquivablemente real, que nos toca vivir, no se puede hacer análisis abstractos ni valoraciones extra-contexto.
 
Todo el mundo se cuida de afirmar que Osama es un criminal, un terrorista nefasto, sin que nadie pueda aportar pruebas que lo nieguen; él mismo lo confiesa públicamente. Luego, se sabe y lo sabemos todos, que es un asesino reconocido, odiado y que un día u otro la ley tenía que caer sobre él.
 
Este ciudadano ejerce su terrorismo en cualquier parte del mundo, viola un derecho universal (El derecho de todo individuo a la vida), que sobrepasa territorios y fronteras y que, por lo mismo, se puede proceder contra él universalmente, desde cualquier lugar- Estado, que sepa y pueda detenerlo, para evitar que siga matando.
 
El modo de hacerlo depende de muchas circunstancias, y se contará normalmente con el Estado donde resida, pero una detención suya pactada, para luego, conforme a Ley, someterlo a un juicio público, ¿qué hubiera reportado al mundo: el reconocimiento de su culpabilidad y su reclusión, ya confesas y declaradas, o una campaña de defensa de sus seguidores con mil actos de chantaje, secuestro, eliminación de vidas inocentes?
 
¿Quién valora la solución éticamente más congruente para no poner en riesgo inevitable el asesinato de otras muchas vidas? ¿El valor de esas vidas no está por encima del trámite jurídico de un juicio público, que iba a desencadenar más odios, persecuciones y asesinato de vidas? ¿Ha sido mejor, éticamente hablando, -porque solución ideal no la hay- que, aún contraviniendo la ley “Nadie puede ser detenido arbitrariamente”, “Todo individuo tiene derecho a que se pruebe su culpabilidad en un juicio público”) se le ejecutara por salvar el bien mayor de otras muchas vidas?
 
En principio, toda vida es sagrada, todo ciudadano tiene derecho a ella, pero cuando ese ciudadano deja de comportarse como tal y actúa como criminal, menospreciando e incumpliendo su obligación de respetar la vida de los demás, entonces en nombre de una convivencia de respeto recíproco, ese ciudadano debe ser privado de libertad, recluido, con tiempo y condiciones para ser rehabilitado. Y, en circunstancias especiales, ¿puede que hasta el bien mayor de vidas humanas por él amenazadas, dictamine otras soluciones?
 
No vale eludirse diciendo: toda vida humana es sagrada, también la de Osama. Sí, pero hay que seguir: ¿y no son sagradas las vidas humanas que Osama piensa eliminar? ¿Qué opción tomar cuando hay que elegir entre salvar la vida de Osama o salvar la vida de aquellos que, por inspiración o acción criminal suya, van a perecer? ¿Actúas aprobando la acción de un ciudadano criminal o la impides salvando otras muchas vidas inocentes?
 
- Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo.


http://alainet.org/active/46576&lang=es




[Página de búsquedas]  [Página principal]  [Main Page]  [Regresar]
Quienes somos | Área Mujeres | Minga Informativa de Movimientos Sociales