ALAI, América Latina en Movimiento
2011-04-01

Guatemala

Violencia juvenil

Ileana Alamilla
Clasificado en: Social: Juventud, Violencia, |
Disponible en:   Español       
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En distintos lugares del país hay grupos de jóvenes, hombres y mujeres organizados. Unos buscan ser reconocidos en su cultura, otros quieren participación política, a otros los motivan razones artísticas, deportivas o inquietudes intelectuales; algunos también protestan por la violencia. Da gusto verlos promoviendo diálogos, participando en círculos de discusión política, impulsando planes de seguridad, mostrando solidaridad con los desposeídos a través de su trabajo, con el cual les ayudan a construir su vivienda.
 
Sin embargo, la mayoría de nuestra juventud tiene multiplicidad de carencias, ya sea de oportunidades laborales y/o dificultades para su superación, y no vislumbran expectativas para su desarrollo. Expertos en el tema aseguran que la niñez y la adolescencia no han sido prioritarias en la agenda del Estado, no hay recursos destinados a instituciones que los atiendan. Muchas veces sus necesidades e inquietudes son suplidas por entidades privadas que trabajan para ofrecerles alguna esperanza de futuro.
 
Uno de los principales obstáculos que enfrentan las personas jóvenes es la violencia indiscriminada que a diario nos asecha. Muchas de las víctimas y victimarios son adolescentes o jóvenes cuyas edades oscilan entre los 15 y los 24 años. Esta parte de la población, considerada como bono demográfico, no es objeto de una atención especial por parte del Estado, lo cual hace que el potencial que podría contribuir al desarrollo nacional se vea malogrado.
 
Los más afectados son los que se encuentran en zonas marginales o en lugares calificados como zonas rojas. Gran parte de ellos están fuera del sistema escolar; muchos deben trabajar, otros están desempleados, algunos se involucran en actos reñidos con la ley o participan en las maras o pandillas. Y cuando esto sucede, la sociedad se ensaña en su contra y pide medidas drásticas para castigarlos, para que aprendan la lección.
 
Los factores de riesgo a que se encuentran sometidos estos menores los llevan a escenarios en los que los problemas se agravan. Se convierten en presa fácil de drogas o alcohol, o bien buscan el camino de la migración en condiciones muy precarias. La desigualdad los afecta sobre manera, y la exclusión, discriminación y estigmatización complementan el cuadro. Desde la prensa se contribuye a las percepciones que los culpabilizan por su forma de hablar, de vestir o por sus expresiones culturales.
 
Siendo el Estado el responsable de garantizar la vida, la seguridad de las personas y el bien común, es a este ente a quien se le deben exigir las medidas necesarias y pertinentes para cambiar ese rumbo peligroso al que se está condenando a la juventud guatemalteca.
 
Una de las acciones más urgentes es romper con ese círculo de la violencia en la que ellas y ellos están atrapados. Según Unicef, en la última década la violencia homicida en Guatemala ha aumentado más del 137% hasta septiembre del año pasado. La entidad recuerda que este es un problema multidimensional, que tiene factores sociales y culturales.
 
Recientemente una alianza de organizaciones entregó al vicepresidente una propuesta de política pública para prevenir la violencia relacionada con este segmento de la población con criterios, principios, estrategias y acciones. Este fue un acto simbólico, pues para este gobierno ya es tarde, pero queda la expectativa de ver si el próximo impulsa algunas de estas iniciativas.
 
- Ileana Alamilla, periodista guatemalteca, es directora de la Agencia CERIGUA. http://cerigua.info/portal/
 


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