La mediocridad está en campaña - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2011-03-11

Peru

Elecciones presidenciales peruanas

La mediocridad está en campaña

Antonio Romero Reyes
Clasificado en:   Política: Politica, Elecciones, |
Disponible en:   Español       
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En recientes declaraciones a los medios locales, el presidente Alan García sostuvo:

“Algunos ciudadanos dicen ‘la campaña está aburrida, no hay propuestas espectaculares’ y, claro, porque los peruanos ya hemos comprendido que el tema no es hacer propuestas espectaculares. El tema es construir firmemente el sentido que hemos tomado hace tiempo.” (Perú.21, 8 de marzo 2011, p. 5)

En realidad, la campaña presidencial, además de “aburrida”, brilla por la mediocridad que exhiben los candidatos, al menos del grupo que está liderando las preferencias (los tres primeros lugares) y no solamente para “algunos ciudadanos”.1

Todo está saliendo “a pedir de boca” para el Dr. García, pues, de un lado, hay un consenso implícito entre los principales aspirantes en torno a la continuidad del modelo económico y la gestión macroeconómica, los mismos que se vienen aplicando –con algunos cambios cosméticos, desde luego— desde hace 20 años. De otro lado, a pesar que ninguno de sus dos candidatos favoritos se halla en el primer lugar de las encuestas, sabe que uno de los dos ingresará a la segunda vuelta con el Dr. Alejandro Toledo, el “cholo sano y sagrado”. Y allí, en la segunda vuelta, es previsible que eche a andar toda la capacidad de poder que aseguró tener en marzo 2009, en el sentido que “puede evitar que sea presidente quien él [Alan García Pérez] no quiera”. Aun con un elevado porcentaje de desaprobación a su segunda gestión presidencial, y habiendo –según una encuesta nacional de Datum Internacional— un 85% de ciudadanos que desconfía de un eventual retorno suyo para un tercer mandato (2016-2021), el Dr. García cuenta con la memoria frágil de los electores peruanos y la facilidad de estos para perdonar a los líderes políticos que como él (recuérdese la campaña del 2006) traicionan sus ofrecimientos electorales, incluso al costo político de haber convertido a su propio partido (otrora popular) en una organización agonizante (¿quién dijo “el APRA nunca muere”?).

En la cita con la que iniciamos el artículo, el Dr. García aludió a un “tema” para él importante porque trasciende por sobre los que aparecen en la actual coyuntura: “construir firmemente el sentido que hemos tomado hace tiempo”. La memoria del Dr. García, como la mayoría de los electores peruanos, también adolece de amnesia: se olvida –porque le conviene hacerlo— que él mismo fue el principal artífice de la débâcle con que culminó su primer gobierno (1985-1990): hiperinflación; Estado en quiebra financiera; corrupción a granel; miles de muertos y desaparecidos por la guerra interna, especialmente en las regiones más deprimidas (sierra sur); matanzas en los penales; y una larga lista de etcéteras. Gracias a su ego político de juventud el Perú tomó el camino “que hemos tomado hace tiempo”. A él le debemos –y a la izquierda de ese entonces que le hizo eco— el “fenómeno Fujimori” y la década fujimorista de los noventa. Ese camino y el sentido por el cual las elites han estado, en los últimos cinco años, muy a gusto con el Dr. García, y gracias al cual el presidente saliente ha podido reconciliarse con aquellas, no es otra cosa que la reprimarización de la economía peruana y el sometimiento más profundo de nuestro país a las reglas de la mundialización capitalista (eufemísticamente llamada “globalización”). Esto en lo económico, o mejor dicho, desde el punto de vista de la economía política del capitalismo.

En ese contexto, ¿cuál es entonces “el sentido” por el que estamos transitando desde hace dos décadas? En otros términos, ¿cuál será el futuro del país cuando ese “sentido” haya sido exprimido al máximo y los grandes mercados mundiales de los que dependen las exportaciones peruanas –como China e India- dejen de demandar materias primas (commodities en la jerga de los economistas académicos)? Este tipo de preguntas, por supuesto, están lejos de causar la más remota preocupación ni al Dr. García ni a las elites y grupos de poder a los cuales él y su círculo de leales han servido.2 El sentido es claro: culminar el proceso de privatizaciones, esta vez afectando los recursos y patrimonios del Estado (grandes infraestructuras y terrenos); privatizar la educación, salud y otros servicios básicos; seguir succionando los recursos naturales al costo inclusive de afectar las reservas necesarias para el desarrollo endógeno del país, comprendiendo desde los recursos agotables (no renovables) hasta la biodiversidad y riqueza genética que albergan los ecosistemas y territorios indígenas ancestrales. La expresión más clara de esa “estrategia de desarrollo” fue el paquete legislativo que provocó el “baguazo” así como los decretos “de urgencia” 001 y 002, a comienzos del año, que buscan agilizar el trámite administrativo para la entrega de grandes proyectos a la inversión externa.

El “crecimiento económico”, un eufemismo estadístico que oculta las disparidades, desigualdades e inequidades realmente existentes en el país (de orden socioeconómico, intersectorial, y a diferentes escalas territoriales), viene acompañado por el descrédito de la política, los partidos políticos y la institucionalidad democrática en general. Lo que Jaime de Althaus denominó con mucho entusiasmo la “revolución capitalista en el Perú”, creemos que encierra un fenómeno más complejo que va más allá de la existencia de una “democracia sin partidos” (Santiago Pedraglio), o del empobrecimiento de la política peruana (César Hildebrandt): se trata de la muerte de la política en un país como el Perú. Esta es la tendencia inversa, aparentemente irreversible y contradictoria que nos trae en contrapartida el famoso crecimiento económico.

Se trata de la “muerte” ineluctable de la política tal como la conocemos hasta hoy. ¿En qué se diferencia, p. ej., la presente campaña política de las que habían hace 50-70 años (desde –digamos— los años de Odría y el odriísmo)? Salvo las caras nuevas de algunos jóvenes, la pomposa publicidad que ocasiona “contaminación visual” en las calles y avenidas con mayor tráfico, el recurso al baile y otras escenografías para ganarse al electorado divirtiéndolo, pues en nada y desde cualquier punto de vista que considere el fondo de las cosas. Por supuesto, desaparecieron los grandes discursos y las “propuestas espectaculares” a las que se ha referido el Dr. García.

Lo grave es que el desfallecimiento de esa política, en las condiciones actuales del Perú, está dejando un “agujero negro” que nadie, ningún actor colectivo, ningún “salvador providencial”, ninguna institución por muy democrática y confiable que fuese, es ni será capaz de llenar por si mismo.  A esto nos está conduciendo políticamente el camino “que hemos tomado hace tiempo”, ruta con un sentido que solamente el Dr. García quizás sepa en qué irá a terminar. El Dr. García y todos los políticos que piensan como él, creen que el Perú seguirá siendo habitado por borregos y débiles mentales, subhumanos y “perros del hortelano”, un pueblo peruano siempre necesitado de “salvadores” y caudillos. Esto representa justamente la vieja política que se resiste a morir,... ¡pero está muriéndose, quiérase o no!

Los sectores populares, divididos como están, desorganizados y dispersos, fragmentados y políticamente desorientados, tardarán algún tiempo en comprender que ellos –no los intelectuales, ni los tecnócratas; tampoco las burocracias, ni los políticos oportunistas— son los depositarios de las mejores expectativas de que desde su interior puede surgir el sepulturero que acabe con el actual estado de cosas (mediocridad, corrupción, transfuguismo y tantas otras lacras de la “vieja política”). Tenemos que enfocar la “refundación” del país como un proceso social y político de largo aliento que provendrá sobre todo de allí (el Perú refundándose desde nuestra propia conformación social, étnica y de clases), no tanto por las acciones de un “buen gobierno” nacionalista, de izquierda o “progresista”. Sería el verdadero tributo desde lo más profundo del Perú a los ideales de nación de José María Arguedas y a los anhelos socialistas de José Carlos Mariátegui.

La refundación del país y, antes que esto, del espacio político desde el cual se postulen procesos de cambio y transformación, pero también desde las entrañas del pueblo y de todo sujeto histórico, auténticamente popular, constituye un gran reto especialmente para toda fuerza política anticapitalista (inexistente aun en el país y gran parte de América Latina), así como para los movimientos sociales que vayan adquiriendo/madurando la necesaria perspectiva estratégica que sea de utilidad para esos propósitos a partir de las luchas cotidianas, locales, sectoriales, reivindicativas. Se trata de un proceso difícil, complejo y lleno de incertidumbres, que ya está planteado por el propio desenvolvimiento histórico de la formación social peruana; nos obliga además a conectarnos (práctica y teóricamente) con los grandes temas que asoman o están presentes hace buen tiempo en el escenario mundial (revolución de las fuerzas productivas; crisis sistémica aunque no terminal del capitalismo; transición histórica; calentamiento global y crisis ambiental; revueltas sociales en la periferia del sistema global a favor de la democratización, en países donde subsisten las tiranías y los gobernantes sátrapas; revolución mundial).

Dr. Alan García, siendo ud. proclive a marcar el ritmo e intensidad del debate político en el país, aun entrometiéndose en la disputa electoral que elegirá a su sucesor, las “propuestas espectaculares” vendrán únicamente de un pueblo peruano organizado y realmente libre, que decida “construir firmemente” su propio futuro y tome por ende las riendas de su propio destino; siendo este un “tema” que lo trasciende a ud. y por supuesto a las actuales generaciones de políticos, jóvenes o viejos, nuevos o caducos.

Lima, 10 de marzo 2011

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1 «El 10 de abril del 2011 no será un día histórico. Y es que en las elecciones próximas las tres primeras opciones, las que se repartirán 75% de los votos, pertenecen a la misma corriente: el centro-derecha. Las diferencias son de matices sutiles, promesas vagas y populismo escenográfico. De modo que en abril, si nada cambia, el que ganará de modo inexorable será eso que la prensa conservadora llama pomposamente “el sistema”. O sea que todo seguirá igual.» (Alonso Ramos, “La misma chola con distinto sermón”, semanario Hildebrandt en sus Trece, Lima, 18 de febrero 2011, p. 8).

2 Días después del primer debate entre los candidatos presidenciales (3 de marzo), promovido por el diario El Comercio, apareció esta declaración del presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía: “La campaña electoral no debe convertirse en un factor perturbador para los inversionistas. Se debe dejar de lado las ofertas populistas y pasar al debate de las políticas de Estado.” (Perú.21, 9 de marzo 2011, p. 9). ¡Como si la regulación de la actividad minera, así como las condiciones de los contratos, teniendo en cuenta los intereses del país (las mayorías), no deberían ser materia de “políticas de Estado”! Este es el tipo de mentalidad cavernaria que desde el coloniaje se ha convertido en un “factor perturbador” que bloquea el verdadero desarrollo del Perú.



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