Pedro Casaldáliga, profeta - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2010-11-25

ALatina

Pedro Casaldáliga, profeta

Benjamín Forcano
Clasificado en:   Cultura: Religion, |   Social: Social, Indigena, Pobreza, Tierra, |
Disponible en:   Español       
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Cumplía Pedro Casaldáliga  80  años y queríamos recoger, en apretada síntesis y sin que  él lo supiera, las causas que han sido centro de su vida.   La vida de Pedro es densa,  rica en significados, referencia y estímulo para muchos que buscan cómo vivir su fe cristiana en el mundo de hoy. Era éste un homenaje, ciertamente especial, que debía quedar  plasmado en un libro, de memoria y compromiso,  pues sabíamos de sobras que Pedro era alérgico a cualquier homenaje de  enaltecimiento personal.
 
Fue él quien nos dio la pista: hablar de mi mismo y de mi vida, no; hablar de las causas  que han centrado mi vida, sí.  “Porque, dice, las causas de mi vida valen más que mi vida”. “A veces, le contesta a Frances Escribano en una  entrevista, los periodistas me preguntan  más por mi vida que por mis causas. Eso es quedarse en la superficie.  Yo siempre digo cambiando la de Ortega y Gasset, que yo soy yo y mis causas, y mis causas valen más que mi vida”.
 
“Causas mías, y no sólo mías, continúa, son: la tierra, el agua, la ecología, las naciones indígenas, el pueblo negro, la solidaridad, la verdadera integración  continental, la erradicación de toda marginación, de  todo imperialismo,  de todo colonialismo, el diálogo interreligioso e intercultural,  la superación  de ese estado de esquizofrenia humano, que es la existencia de un primer mundo y un tercer mundo ( y un cuarto mundo también), cuando somos un solo mundo, la gran familia humana, hijos del Dios de la vida”.         
Sin intentarlo, Pedro nos había dado el programa. Un programa  definido, con  puntos básicos y el camino para darles solución.
 
Y pusimos mano a la obra: temas y autores. Seleccionamos diez causas y diez autores. Espacios vitales, superactuales, que habían ocupado la cabeza, el corazón y las manos de este hombre: La causa  de la Patria Grande (Miguel D´Escoto), la causa de la tierra (Joao Pedro Stedile), La causa indígena (Paulo Maldos), La causa negra (Dom José Mª Pires), La causa de las mujeres ((Ivonne Gevara), La causa de los pobres (Leonardo Boff), La causa del diálogo interreligioso (José María Vigil), La causa de los mártires (Jon Sobrino), La causa de la Iglesia (José Ignacio González Faus), la Causa de Dios (Pedro Trigo). 
 
Nos impactó este enfoque de Pedro. Aparecía  interpelante verlo volcado en  problemas que afectaban a todos, y no en sí mismo.   ¿Quién era este Pedro que se desvivía por los demás?
 
Fue una sorpresa grata, al entrar en contacto con  los autores, escuchar su plena disponibilidad. “Tratándose de Pedro, me decía Federico Mayor Zaragoza, de rodillas”. Y el doctor Jorge Carvajal, colombiano, invitado para la segunda parte del libro escribe: “Permite, Pedro, que desde el alma de infinitas gracias  por tu obra, pues a través de ella te conozco,  y me reconozco humano, hermano, amigo. Nunca tuve la alegría de mirarte a los ojos,  pero en los ojos de todos los desplazados y perseguido te miro y lo reconozco a El: la misma voz de la vida que canta  en tu palabra, el grito de solidaridad que estremece y despierta nuestra humanidad, la mirada amorosa que va más allá de la carne y de la sangre nos hace a todos hijos de un solo Padre”.
 
El ensamblaje estaba hecho. Hablar de Pedro y de sus causas, implicaba hablar de causas universales que afectaban a todos y a cada uno, a los individuos, a la sociedad, a las naciones.
Faltaba la segunda parte. También ahí la solución fue clara: nadie es capaz de acometer  esas causas si primero no las vive en sí mismo. Ninguna revolución es posible, si primero no se revoluciona uno a sí mismo. Nadie puede cambiar nada, si no se cambia a sí mismo. Y las causas de Pedro abarcan para nuestra sociedad principios y consecuencias irrenunciables.
 
Era preciso, por tanto, ahondar y descubrir la personalidad de Pedro. ¿Los cambios anunciados iban a llegar espontáneamente, iban a ser vanos, o iban a ser efecto de la colaboración de todos?
Amigos, aquí,  tengo que confesar una vez más  mi asombro, pues no he encontrado  en mi vida  una persona con la radicalidad  y libertad  de Pedro Casaldáliga, con su ternura, su coherencia, su  coraje, su esperanza.
 
El cuadro a describir estaba asegurado: retrato de una personalidad. Y  aparecieron  enseguida los trazos principales: Pedro hombre (Pablo Gabriel), Pedro, misionero (Teófilo Cabestrero), Pedro solidario (Nicolás Castellanos), Pedro, defensor del otro (Adolfo Pérez Esquivel), Pedro, poeta (Zofia Marcet), Pedro, profeta (Benjamín Forcano), Pedro, inspirador y guía (Maximino Cerezo ), Pedro, místico (Marcelo Barros), Pedro, teólogo (Pablo Richard), Pedro, catalán, latinoamericano, ciudadano mundial (Frances Escribano), Pedro, obispo (Mons. Balduino), Pedro, piedra (Jorge Carvajal).
 
Trece rasgos que, juntados a  los autores de la primera parte y a los de la presentación, prólogo y epílogo, suman 26 colaboradores de doce países.
 
Ya con esta articulación literaria de 420 páginas, nos llegaba una pregunta  elemental: ¿esta vida está regida por u n hilo esencial? ¿Encontramos algo esencial que le da unidad?
 
Tres cosas descubro  más de inmediato cuando analizo la vida de Pedro Casaldáliga: su libertad,  su pobreza, su profecía.
 
1. Su libertad
 
 “Mi lema, escribe Pedro, fue: ser libre para ser pobre y ser pobre para ser libre”.
 
En el sistema eclesiástico, la libertad brilla por su ausencia.  Educa para la obediencia,, no par ala libertad. Quizás por eso, Pedro deja escrito: “Si me bautizas  otra vez, un día...; di a Dios y al mundo, que me has puesto el nombre de Pedro-Libertad”.
 
Pedro es, antes que nada, un hombre libre. Libre ante las instituciones, sean políticas o religiosas; libre ante las personas, los grupos y las ideologías; es la palabra libre, el gesto en rebeldía , la osadía que bebe en la fuente del Espíritu, que es viento y fuego y revienta estructuras y cadenas.
 
Es difícil manipular a Pedro. El es él, y porque esa él antes que todo, su relación con las cosas y con las personas es de extremo respeto, delicadeza ay libertad. Trata a todos y a todas  exactamente igual, se entrega entero en cada encuentro y, quien se relaciona con él, sale convencido de que fue tratado como alguien muy especial y único.
 
2. Su pobreza
 
Hablando de la pobreza, Pedro lo tiene bien claro: la actitud ante los pobres define la actitud ante Dios. Encontrarse con el pobre es encontrarse con Dios.  Por tanto, quien no toma en serio  al pobre, no puede encontrarse con Dios. Y, por eso seguramente, haya tanto no creyente que, al encontrase con Pedro  no le niega el respeto, la admiración y la credibilidad.
 
Al poco tiempo de llegar al Amazonas de Brasil, escribía: Estos son los pobres del Evangelio. Ya en  1970, firmó su primer informe-denuncia . Recogía , en letanía trágica, los casos en carne viva de peones engañados, controlados a pistola, golpeados o heridos o muertos, cercados en la floresta, en pleno desamparo de la ley, sin derecho alguno, sin humana salida.     
 
Hasta el nuncio le pidió que no publicara en  el extranjero ese informe-denuncia. Y uno de los mayores terratenientes  le advirtió que no debía  meterse en esos asuntos. Pero, para Pedro era la hora de aplicar su opción: “no podíamos, escribe, celebrar la eucaristía a la sombra de los señores”.
 
Pedro lo expresa con naturalidad: “los pobres son la niña de mis ojos. A mí siempre se me ha quebrado el corazón  ver la pobreza de cerca.  Me he llevado bien con la gente excluida. Soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Por otra parte, nunca me he olvidado de que nací  en una familia pobre. Me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté que si puedo  vivir con tres camisas , por qué voy a necesitar diez en el armario.  Los pobres de mi Prelatura  viven con dos,  de quita y pon. Estoy convencido de que no se puede ser revolucionario ni profeta, ni libre sin ser pobre. Siendo pobre me siento libre  de todo y para todo. Mi lema fue: ser libre para ser pobre y ser pobre para ser libre”. 
 
Si sientes la pobreza  como una cuestión de justicia y decencia humana, necesariamente sentirás compasión, mostrarás amor y te rebelarás con indignación. “No podíamos ver todo eso con los brazos cruzados. Quien cree en Dios, debe creer en la dignidad del hombre. Quien ama al Padre, debe servir a los hermanos. El Evangelio es  un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano  y soportar la justicia con la boca callada. Jesús dice en el Evangelio que El nos juzgará el último día  por lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más pobres y pequeños”.
 
Sólo con esta actitud, se pueden asumir  las causas de que habla Pedro: “Lo que pretendemos asumiendo estas causas, dice en su discurso cuando la concesión del Premi Internacional de Cataluña, es humanizar la humanidad practicando la projimidad. Utopía, ciertamente, pero inevitable. Si vivir es convivir, todos y todas debemos ser reconocidos  como personas en la radical dignidad  de la raza humana. La más esencial tarea de la Humanidad es humanizarse-. Humanizar la Humanidad es la misión de todos, de todas, de cada uno y de cada una de nosotros. La ciencia, la técnica, el progreso solamente son dignos  de nuestros pensamientos y de nuestras manos , si nos humanizan más. Y esto nos compromete a transformar el mundo juntos.  El pequeño mundo del propio corazón, del propio hogar, de la vecindad y de  el gran mundo de la política y de la economía y de las instituciones. Otra ONU  es posible, y necesaria. La paz y el diálogo son necesarios entre las religiones  para que haya paz en el mundo. Un diálogo generador de humanidad. Como ahora nos encontramos todos con todos, debemos optar por chocar  unos contra otros, en la intolerancia y la agresión, , o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad. Hago mías las palabras de Baltasar Porcel: Las naciones son contenido, no fronteras.  Es hora, pues,  de creer en plural unidad en el Dios de la vida y del amor y de practicar la religión como justicia, servicio y compañía. Un Dios que separa la humanidad es un ídolo mortífero”. 
 
3. Su profecía
 
Hablar de Pedro como profeta es un  buen camino para comprender  su personalidad cristiana. Entre otras razones, porque el profetismo se en la historia del cristianismo con una fuerza que no se da en otras religiones.
 
El profeta  es un intermediario entre Dios y el pueblo: es hombre de Dios y es hombre del pueblo; de Dios, porque  está en estrecha relación con El,  “suscitaré un profeta entre vosotros y pondré mis palabras en su boca”; del pueblo porque sale de él para orientarlo, denunciar los malos caminos, proclamar la verdad sin halagos, arrojar luz sobre  cuestiones de gran interés para todos, exigirle conversión y prometerle cambio y liberación.
 
La sociedad que se queda sin profetas, se queda a ciegas. . Lo que pasa es que los profetas no abundan, seguramente porque los profetas  ofrecen una visión de la realidad  que lo demás no tenemos o no queremos tener.
 
Pero, ¿quién es el profeta? El profeta es un vidente realista , que percibe la realidad de Dios mayormente  a través de los hechos de la vida, de las personas que nos rodean, de los acontecimientos que nos acompañan. Es una persona libre y valiente: no se casa con nadie y canta la verdad  allí donde haga falta y ante quien sea. Y por esta razón entra en conflicto con toda clase de poder: monarquías,  regímenes políticos, castas sacerdotales, multinacionales, etc.  Y el profeta actúa con la palabra hablada y     escrita y con acciones simbólicas.
 
Cuando uno ha seguido la vida de Pedro y la ha seguido sucesivamente, en uno y otro lugar, cuando ha podido compartir sus sueños y luchas,  sus conflictos y lágrimas, su fortaleza y esperanza, uno concluye que   hay que está por encima de él. Y ese algo es Dios, el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo. , l
Como escribe Pedro Trigo en el libro: “Dios es la razón mayor o mejor, la pasión de Pedro. Dios es para él una realidad ineludible, una presencia cierta, aunque libre y soberana. Una presencia nunca desvelada, remitida cada vez más  al futuro total de la  esperanza mayor, pero siempre operante y repentinamente aparecida e invocada” (Pg. 153).
 
En una ocasión, periodistas  de al televisión europea le preguntaban a Pedro: ¿Haría Vd. lo mismo que está haciendo si no existiera Dios? Pero, como existe, contestó  enseguida Pedro. Eso era, continúa Pedro, como preguntarme qué haría yo  si yo no existiera o si yo no fuera persona y cristiano. Sé que otros sin Dios  a las claras, hacen más y lo dan todo, y se dan. Yo creo siempre que Dios está con ellos”.
Pedro confiesa “haber tenido un explícito  encuentro con Dios, en Jesucristo, dentro de la comunidad de fe, que es u Iglesia. Y ese es un misterio que me abruma , y que me obliga a creer  que Dios es mayor  que nuestro corazón  y nuestros dogmas  y nuestra comunidad”.
 
Fue esa su fe, mayor que nuestro corazón y nuestra Iglesia, la que le llevó a cantar cuando  la muerte del Che Guevara:
 
Descansa en paz. Y aguarda ya seguro
con el pecho curado
del asma del cansancio;
limpio de odio el mirar agonizante;
sin más armas, amigo,
que la espada  desnuda de tu muerte.
Ni los “buenos”  -de un lado-
  ni los “malos” –del otro-
entenderán mi canto.
 Dirán que soy poeta simplemente.
 Pensarán que la moda me ha podido.
Recordarán que soy un cura “nuevo”.
 ¡Me importa todo igual!
 Somos amigos
y hablo contigo ahora
a través de la muerte que nos une;
alargándote un ramo de esperanza,
 ¡todo un bosque florido
de iberoamericanos jacarandás perennes,
 querido Che Guevara! 
 
 “Somos amigos, querido Che Guevara”, canta Pedro. Ni los unos ni los otros nos entenderán.  Me da igual. La muerte nos declara toda verdad. Sé  por qué tú luchaste: el bien, la dignidad y la liberación del hombre. Coincidimos. Y no voy a restar validez a tu testimonio. Porque, más que con palabras, respondiste con hechos a aquella pregunta: ¿Cuándo, Señor, hicimos esto contigo? No sé si lo hiciste  con fe, pero lo hiciste. No sé si lo hiciste en nombre del Señor, pero lo hiciste.
 
¿Qué hemos hecho los cristianos  para que muchos puedan o tengan que concluir que defender la justicia y la liberación  es incompatable con la fe cristiana? ¿Cuándo acabaremos con el litigio entre razón y fe, entre justicia  social  y teología liberadora? Pedro nos da , sin duda,  una patente para acabar con este desencuentro.
 
La sociedad,  en que Pedro vive, es un espejo de la sociedad universal: las mismas desigualdades, las mismas injusticias, las mismas estructuras, parecidos responsables y, cómo no, los mismos anhelos y luchas por la liberación. 
 
Dar la vuelta a esa situación, denunciarla, proponer  alternativas para el futuro es crear ese mundo más humano al que Pedro ha consagrado toda su vida. La batalla de Pedro es  propia y  universal.          
Lo que en este punto resulta  excepcional la vida de Pedro.  Y creo que fue un acierto hacer acompañar  la primera parte del libro de la segunda: “Retrato de una personalidad”. La personalidad de Pedro empuja a muchos a obrar con coraje y esperanza: es repudiable el mundo que nos toca vivir, ciertamente;  pero es encomiable también  el ejemplo que a muchos remueve, ilumina y seduce.
 
. Si el tiempo no los permitiera, serviría mucho exponer algunas de las causas que Pedro llama suyas y veríamos cómo pone en acción su libertad, su pobreza, su profecía. Interesantes todas, pero acaso tengan mayor repercusión social la  causa de la Patria Grande, la causa de  la Tierra y la causa de los Indígenas
 
Hay un poemita en que Pedro dice:
 
Tengo tres amores, tres: el Evangelio,
 la Patria Grande,
y el corazón intacto de una mujer:
a llena de Dios,
tan nuestra,
María de Nazaret.
 
La causa de la Patria grande
 
Pedro comprendió y se identificó con las luchas libertarias de América Latina. Como otros muchos grandes hombres, él sintió el afán unionista del continente, pues al fin y al cabo los sueños revolucionarios se quedan por debajo de  los sueños del Reino de Dios. “Tan hondo caló, escribe Miguel D’ Escoto, la encarnación de Don Pedro en nuestra América originaria, ibérica, negra y proletaria, que llegó a la médula de lo que constituye su esencia hoy en día : ansias de liberación  y de conformación de la Patria Grande como medio indispensable para la lograrla... Su compromiso con Jesús no podía  dejar de llevarlo a un rechazo total a todo lo que oliera a imperialismo, capitalismo y su inhumana ideología liberal”  (Pgs.22-23).
 Pedro hubo de afrontar la incomprensión de obispos y hasta de conferencias episcopales. Respecto a Nicaragua, conviene recordar que la jerarquía eclesiástica nicaragüense, apoyada por Roma,  había dado la espalda a su pueblo y se había aliado con Reagan. Pedro, en aquella hora, suplía la omisión escandalosa de la Iglesia local. Identificado con toda la humanidad,  el amor y la solidaridad estaban por encima de las fronteras.  “No vengo, escribía a los obispos, a dar ninguna lección. Quiero estar cerca del  sufrimiento y de la esperanza de su pueblo” (Pg. 28).
 
La causa de la tierra
 
Respecto a la causa de la tierra, transcribo simplemente unas del autor que trata de ella en el libro: “Si me lo permiten,  encuentro que Don Pedro Casaldáliga  fue una especie de Che Guevara brasileño. De la misma edad.  Don Pedro completa ahora los ochenta, los que también cumpliría el Che, de vivir.  Los dos tuvieron un comportamiento semejante  con relación a sus pobres. Los dos fueron extremadamente humanistas e internacionalistas.  Los dos combinaron la poesía con la profecía.  Y los dos fueron tal vez de los pocos hombres públicos que   consiguieron vivir con coherencia  todo lo que decían. Los dos vivieron con una profunda coherencia de vida,  mezclados con el pueblo, sea en la humildad, sea en el espíritu de sacrificio, sea en llevar una vida simple,  sin apego alguno a los bienes materiales.  Y, al mismo tiempo, eran hombre cultos,  que supieron utilizar esa cultura  erudita a favor de los pobres. Pienso que el mayor don de Don Pedro a los campesinos brasileños y a sus movimientos  fue el ejemplo de su vida” (Stédile, pg. 48).
 
Por esta razón, Pedro Casaldáliga pasó prácticamente  toda su vida amenazado de muerte. He aquí una muestra no más. Lo cuenta Paul Gabriel, que lleva 20 años viviendo con él.
 
En 1972, la hacienda Bordón  cercó el poblado Serra Nova y comenzó a expulsar a los posseiros y a quemar sus barracas, sirviéndose de  pistoleros, que amedrentaban al pueblo.  Pedro fue a Serra Nova  para dar a apoyo a los labradores.  Estando allí decidió ir a la sede de la hacienda para hablar con el gerente.
 
 Benedito  Boca Quente, empleado de la hacienda y con fama de valiente, sabiendo que el obispo iría a la sede, contrató un pistolero para matarlo. Le dio un revólver y dinero para la huida. Pedro fue con Lulú, líder de los posseiros.  El pistolero se había escondido en la floresta y acechaba sus pasos.  Pasaron cerca de él,  pero el pistolero no disparó. El gerente de la hacienda se quedó pálido al ver que llegaba Pedro.
El pistolero, antes de huir , fue y declaró al equipo de pastoral lo que le había pasado. Cuando estaba escondido, comenzó a recordar que de niño  su madre le decía, que quien mataba a un cura iba para el infierno. El, al saber que iba a matar a un obispo, se asustó y desistió del empeño” (Pg. 201). Estas son sus palabras:
 
Yo, Vicente Paulo de Oliveira, peón de la compañía Bordón, S.A.,
 donde estoy trabajando desde Junio, declaro lo siguiente,
 sin recibir para ello ninguna paga:
 El capataz Benedito Teodoro Osares,
 de sobre nombre Boca Quente,
 abatió a tres hombres (Benedito da Silva, Geraldo y Vicente Paulo) porque no estaban conformes con la paga recibida.
Benedito Boca Quente, el día 1 de octubre, me pidió  que matase al padre Pedro, y por matarlo,  él me daría mil cruceiros, un revólver 38 y pasaje para donde quisiera. Y otra vez, el día 5 de octubre, me pidió insistentemente que matase al padre Pedro;  y si yo le descubría a él, me mataría.
 
 Y, por ser verdad, lo firmo
  Sao Félix, 30-X-71
Firmado con el dedo por Vicente Paulo de Oliveira
Testigo: Benedito da Silva
 
La causa de los indígenas
 
Para entender un poco la gravedad de esta causa hay que imaginar a Pedro, a los 10 años de estar en Brasil, visitando las ruinas de San Miguel, “Monumento-herida en desafío” evocando la barbarie llevada a cabo “en nombre de Cristo y del Imperio”.  Me lo imagino reviviendo a  222 años de distancia  aquella tragedia histórica. Me lo imagino llegando de España con todo lo acumulado en su vida  y lo ya vivido en Brasil desde 1968. Las ruinas de aquel pasado crucificado, cual ondas  perforando  los tiempos, estremecieron su alma. En medio de  ideas y símbolos religiosos que, en lo exterior, sonaban idénticos a lo suyos, escribió:
 
Mártires indefensos
por el Reino de Dios hecho imperio,
por el Evangelio hecho decreto de conquista,
 víctimas  de las masacres que quedaron con nombre glorioso
en la mal contada Historia,
 en la mal vivida Iglesia...
(Proclama Indígena de Don Pedro Casaldáliga)
 
 Tiempos habían corrido y generaciones enteras  se habían sucedido, pero en ningún momento parecen haberse alzado  voces de profetas que -cristianos como Pedro- denunciaran el impacto de aquel “encuentro” etnocida. Quien quiera percibir un  poco la magnitud de de su grito lea su “Proclama indígena”. Se le saltarán las lágrimas.
 
Pero , ¡cuidado!, porque la cosa no va de evocaciones históricas, como si hubieran ocurrido una vez y se hubieran borrado para siempre. La epopeya siguió y avanzó hasta tornarse en nuestros tiempos  ilimitadamente voraz y destructiva. Los imperios y las multinacionales acreditan siempre profesar la misma lógica agresora.
 
Datos históricos nos hablan de que  cuando Brasil “fue descubierto” había unos 5 millones de indígenas. Posteriormente, en solo siglo y medio (1900 a 1957)  desaparecieron  87 grupos tribales.  Los karajás, que viven en la prelatura del obispo Pedro, eran 10.000 hace un siglo y ahora son 1500.  Los manquibara, que Pedro defendió hasta jugarse la vida,  han pasado de 20.000 a 680. El mundo pudo leer con espanto  la noticia de que, entre los indígenas guaraní-kaiowá  del Mato Grosso do Sul,  211 de ellos especialmente jóvenes, se suicidaron  en los últimos diez años. No encontraban razón para seguir viviendo.  La expectativa de vida del indígena de Brasil alcanza una media de vida de 42,6 años, frente a los 67 años del brasileño no indio.
 
Sí, la Misa de la Tierra sin Males se refiere al pasado, pero a un pasado que sigue presente: “Yo cultivo la convicción de que  la América Latina – América Amerindia, más de acuerdo con sus raíces- o se salva continentalmente  o continentalmente se hunde”.
 
Pedro, después de viajar, conocer y analizar el proceso de estos pueblos, señala como causa principal de tanto despojo y dominio al imperio norteamericano. La caída del muro de Berlín en 1985  y el derrumbe del “socialismo real” tuvo enormes repercusiones en toda América Latina y especialmente en América Central. Fueron tiempos de negociar la paz y establecer las democracias formales. Pero, en el fondo, aparecía hegemónica y globalizada la faz siniestra del capital financiero concentrado en la única y gran potencia de Estados Unidos. Este pregonaba la propuesta neoliberal como la única salida  para el futuro. No someterse a ella era volver a tiempos oscuros y atrasados del pasado y  estancarse en la ignorancia y en la esclavitud.
 
Pedro Casaldáliga denuncia la perversa globalización neoliberal que busca siempre  más lucro, más tierra, más propiedades, más poder  en manos de unos pocos y le contrapone la globalización de la solidaridad , que abre e impulsa nuevos senderos para asegurar los derechos de los pueblos excluidos y de las comunidad y pueblos indígenas: “A la globalización actual, con todos sus pecados, graves, se le contrapone la virtud  de lograr que  hoy, más que nunca, la Humanidad se sienta  una . Estamos descubriendo, por necesidad que navegamos en un mismo barco.  El choque de civilizaciones  o la alianza de civilizaciones es la alternativa inevitable. Como ahora nos encontrarnos todos con todos, debemos optar por chocar unos con otros , en la intolerancia y  en la agresión, o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad”.
 
Pedro es nítido como el cielo azul: “Si alguna razón hubiera de mencionar como  base de esta mi lucha, esa es mi pasión por la  utopía. Una pasión escandalosamente inactual  en esta hora de pragmatismos, de productividad, de mercantilismo total,  de postmodernidad desesperanzada.  Pero, en otros términos, es   la pasión de la Esperanza; es, en términos cristianos, la pasión por el Reino, que es pasión de Dios y se su Cristo. Una pasión que, en primera  y última instancia, coincide con la mejor pasión  de la Humanidad misma, cuando quiere ser plenamente humana, auténticamente viva y definitivamente feliz... No pido la globalización neoliberal homicida, suicida; sino la mundialización de la solidaridad  para la construcción (progresiva ciertamente y hasta dialéctica) de esa igualdad en la dignidad , en los derechos y en las responsabilidades  de las personas y de sus pueblos , que harán de la Humanidad una, aunque plural en sus alteridades”. 
 
Ese es Pedro, el indignado, comprometido y esperanzado.  La Misa de la Tierra sin males es el grito de una utopía guaraní, traspasado poéticamente al texto subversivo de una Misa, de que nunca, ni en el pasado en el presente, debieron acaecer hechos como éstos,  debiendo fermentar revolucionariamente toda una cultura, con marca de occidental y  cristiana y que, con rostros distintos, sigue siendo bandera de mercantilización y exterminio, en nombre de un crecimiento económico y progreso humanos, que en lugar de enorgullecernos debiera avergonzarnos y  hacernos deplorar nuestra  soberbia.
 
Con razón, Pedro Casaldáliga, cuando el Gobierno del estado de Mato Grosso en 1987 le confirió, junto a otros dos misioneros “la Orden de Mérito del Mato Grosso”, la recibió,  como “un presente de luto”, “como brasas de holocausto”, “como herencia de sangre”.
 
Pedro actuaba así porque era así, lo llevaba dentro. Nadie da lo que no tiene. Y nadie actúa con libertad si no es libre.
 
Conclusión: La profecía se hace al andar, con hechos concretos.
 
 Voy a concluir, enumerando unos  hechos que muestran  la libertad, la pobreza y la profecía con que procede Pedro Casaldáliga.
 
 Primero, atender al  hombre
 
 Cuenta Pedro que, navegando una vez por el río de las Mortes,  tuvo que atender un  hombre moribundo.  La comunidad le pidió que celebrara una misa. No había pan ni  vino. No traía nada  para decir misa: “Yo venía más preocupado  por atender al hombre. Allí había una pequeña taberna. Cogí unas galletas y   un poco de pinga  y celebré la misa.  Me pareció que era una buena misa. El pueblo me pedía misa  y yo era sacerdote, la Pascua de Cristo bien se puede celebrar  con vino de las viñas de Italia o de las de España , pero si no había vino, ¿por  qué no se podía celebrar con alcohol de caña de azucar”.
 
 La excomunión de Haciendas
 
Otra vez, cuenta que llegó a un acto extremo:  “He maldecido  una estructura de acumulación, de capitalización, de exclusión y de dominación. He llegado incluso  al extremo de excomulgar  dos haciendas. La Piraguacu  y la Frenova., porque tenían pistoleros  que mataban a los peones, les cortaban las y las llevaban a  la hacienda para demostrar su muerte. Una vez enterré a uno de esos peones asesinados, cogí un puñado de tierra de su sepulcro, lo puse sobre el altar  y excomulgué estas haciendas. Pero fue un acto contra las haciendas, no contra las personas”.
 
Se puede uno preguntar: ¿Cuántas excomuniones de este género se han hecho en la larga historia  del latifundio y de la colonización?  
 
El Evangelio a favor de los pobres, en contra de los ricos
 
Donde Pedro no da lugar a componendas es en el tema de ricos y pobres: “Nosotros hemos dicho muchas veces  que aquí o estás en un bando o en un bando o en el otro. Yo digo siempre que el Evangelio es para los ricos y para los pobres. Es para todos pero está a favor de los pobres y también está a favor de los ricos, pero contra su riqueza,  contra sus privilegios,  contra la posibilidad  que tiene de explotar, dominara y excluir. Yo puedo relacionarme con los ricos, siempre que les diga las verdades  y no me deje llevar... No es que no pueda ir un día a merendar a casa de un rico,  pero si voy cada semanas  y no pasa nada, no digo nada, no sacudo aquella casa, no sacudo aquella conciencia, ye me he vendido  y he negado mi opción por los pobres”.
 
 A favor de la propiedad privada, no privadora
 
“Una vez tuve la ocasión de intervenir en un proceso público que se hace en la Asamblea Nacional, donde se trataba de una problemática  de la tierra. Y, entonces, algunos  de los senadores y diputados más conservadores, incluso variso de ellos  muy católicos y practicantes, me dijeron: monseñor, usted está en contra  de la propiedad privada. Les dije: no, si usted tiene una camisa  y todo el mundo puede tener una camisa, estoy a favor de la propiedad privada  de cada camisa . Ahora, si usted tiene 50 camisas y las demás personas no tiene ninguna camisa, entonces la propiedad privada es privadora”.
 
Consumismo: En estos tiempos de tanto consumismo , creo que la Iglesia de Jesús , y sobre todo los que somos o deberíamos ser  más responsables dentro de la Iglesia, tenemos que ofrecer un testimonio de anticonsumismo.  El proyecto del mercado , al fin y al cabo, es el consumismo... Lo que me hace no es lo que tengo, sino lo que soy, lo que amo, las razones de mi vida... Es lo que  doy lo que me hace, no lo que tengo. Pero sin tengo mucho y doy poco, tengo menos porque soy menos”.
 
La teología de la liberación  
 
Pedro, se muestra libre. Una vez le hice esta pregunta: “¿Qué queda de la teología de la liberación? Sagradamente indignado me contestó: Estoy harto de oír la pregunta. Me la han preguntado por activa y pasiva, compañeros, obispos, periodistas.... Que no me sigan nombrando, por vergüenza al menos,  las barbaridades  -verdaderas calumnias- que colgaron de la teología de la liberación y sus teólogos. Nosotros: teólogos  de la liberación, obispos que los acompañamos  e Iglesias que se benefician de sus doctrinas, no hemos optado por Marx sino por el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo , por su Reino y sus pobres.  Nuestro Dios quiere la liberación de toda esclavitud, de todo pecado y de la muerte. Analizar la trágica situación  de los dos tercios de la humanidad, señalarla como  contraria a la voluntad de Dios y asumir compromisos prácticospara transformar  esa situación son pasos obligados de la teología de la liberación. A los enemigos del pueblo es a los que no gusta la teología de la liberación.  ¡Celebrarían tanto  que los cristianos pensasen sólo en  el Cielo...despreciando la Tierra. Cuando nosotros queremos ganar el Cielo, conquistando la Tierra. Hijos libres de Dios Padre y hermanos verdaderos “.
 
Su radicalidad  por la pobreza y libertad, la tiene escrita Pedro en estos versos:
 
No tener nada.
No llevar nada.
No poder  nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar anda.
Solamente  el Evangelio, como una faca afilada,
y el llanto y la risa en la mirada,
y la vida, a caballo, dada.
Y este sol, y estos ríos, y esta tierra comprada,
 para testigos de la revolución ya estallada.
 ¡Y mais nada!
 
Su radicalidad le ha llevado a decir: “El teólogo Karl Rhaner escribía : En el siglo XXI un cristiano, o será místico o no será cristiano. Que conste que yo considero  a Rhaner como el mayor teólogo del siglo XX. Sin embargo, creo, con la más estremecida convicción evangélica, que hoy, ya en el siglo XXI, un cristiano o cristiana, o es pobre y/o aliado o aliada visceralmente de los pobres, o no es cristiano, no es cristiana. Ninguna de las  famosas notas de la Iglesia se mantiene en pie si se olvida esta nota fundamental, la más evangélica de todas: la opción por los pobres”.
 
 Concluyo con unas frases de Federico Mayor Zaragoza y  Leonardo Boff escritas en el mismo libro:
“Para conseguir estas transformaciones audaces de la Sociedad y de la Iglesia, de las que tanto y tan bien se habla  en este libro, es imprescindible  poseer  la apertura a los cambios del mundo , su compromiso con la justicia y con las más marginados, su sensibilidad genética para dialogar. La vida vale en la medida en que se entrega a los demás...En otros momentos, las ofrendas a la Divinidad, pudieron ser edificios, monumentos, oro, perlas, riquísimos encajes y bordados;  hoy serían acercarse a la palabra de Jesús y situarse como Pedro Casaldáliga en la vanguardia de la justicia y la caridad. Después de leer este libro, todos soñaremos sin arredrarnos en el mismo sueño de Pedro Casaldáliga: Yo, pecador y obispo, me confieso de soñar con la Iglesia, vestida solamente de evangelio y sandalias.” (Federico Mayor, Pgs. 9, 14)
 
“Cuando los tiempos actuales perturbados hubieren pasado, cuando las desconfianzas y mezquindades  hubieren sido engullidos por lo vorágine del tiempo, cuando miremos para atrás y consideremos los últimos decenios del  siglo XX y los comienzos del siglo XXI,  identificaremos una estrella  en el cielo de nuestra fe, rutilante, después de haber parado nubes, soportando oscuridades y  venciendo tempestades: es la figura simple, pobre, humilde, espiritual y santa de  un obispo que, extranjero, se hace compatriota, distante se hace prójimo y prójimo se hace hermano de todos, hermano universal: Don Pedro Casaldáliga” (Leonardo Boff, p. 103). .
 
 - Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo.


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