Las caras del maltrato en la tercera edad - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2010-04-30

Cuba

Las caras del maltrato en la tercera edad

Raquel Sierra
Clasificado en:   Social: Violencia, |
Disponible en:   Español       
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Juana Fausto pasa en estos días por un infierno. A su casa, en una populosa barriada de La Habana, donde vive acompañada solo por el televisor, entró una familia de guayabitos (pequeños ratones), la peor de sus pesadillas. Uno de sus hijos emigró; el otro, por exceso de trabajo, no ha tenido tiempo de ir a socorrerla de la plaga.
 
"Estoy sola, no tengo quién me ayude", dice, en medio de una depresión que la dejó en la cama por más de un día, huyéndole a los dos roedores que se atreven a ir del cuarto a la sala en plena luz del día. Sin saberlo, es víctima de una de las formas que adopta el maltrato en la tercera edad: olvido y desatención. Un hecho que, por desconocimiento, algunas personas no consideran como tal.
 
Durante mucho tiempo, los temas relacionados con la ancianidad fueron poco tratados o desestimados, considera la geriatra Yanet Cabrera, especialista del policlínico Plaza de la Revolución, en la capital cubana. "Se omitía el maltrato a la tercera edad, etapa en la que aparecen enfermedades, se depende de los familiares y, a veces, hay situación de discapacidad", agrega.
 
"En la sociedad primaba el concepto de que el término se refería sólo a un golpe, un empujón o abuso sexual. En realidad, lo que abunda en Cuba es la violencia psicológica, sea una mirada torcida o una frase o un gesto desagradables", afirma a SEMlac.
 
La especialista reconoce como violencia, además, el despreocuparse de los padres y no ayudarlos, incluso desde el punto de vista económico, cuando las pensiones son insuficientes frente a las necesidades cotidianas. También actos como el aislamiento, dejar de visitarlos, no darles participación en la familia o irrespetar sus roles, aunque socialmente no están bien definidos.
 
Juana defiende a sus hijos: "No son malos, solo tienen su propia vida, pero no creo que me maltraten". Ellos, al parecer, consideran que hacen suficiente al darle dinero de vez en cuando. Ella, sin embargo, preferiría tenerlos cerca o que, al menos, la llamaran con frecuencia.
 
Una investigación realizada entre 2003 y 2006 en tres municipios de la capital cubana arrojó que la violencia más frecuente entre la población anciana es la psicológica, incluyendo el descuido, la omisión, no escuchar al anciano y dejarlo solo por varias horas.
 
Bajo el título "Caracterización de la violencia intrafamiliar en Ciudad de La Habana", el estudió abarcó a 1.282 familias de las localidades de Plaza, Cerro y Regla, de las cuales 75 por ciento del total eran adultos mayores.
 
En esta isla caribeña, casi 17 por ciento de la población de 11,2 millones de habitantes tiene 60 años o más, lo que representa un millón 900.000 adultos mayores.
 
Estimaciones de la División de Población de las Naciones Unidas indican que Barbados y Cuba serán los países más envejecidos en América Latina y el Caribe en las próximas décadas.
 
"Te voy a llevar para un hogar de ancianos", "tu otra hija no te ayuda y yo tengo toda la carga" o "mira, te orinas como un niñito y se te bota la comida", son algunas de las frases hirientes y amenazantes que reciben ancianas y ancianos de sus familiares cuidadores, comenta Maité Baez, trabajadora social.
 
Algunas circunstancias complican aún más la situación. "En familias disfuncionales se ve al anciano postrado como una carga, no lo respetan, no son recíprocos con la atención que recibieron de esa persona. A lo mejor no le dan un golpe, pero sí una mala respuesta, no conversan con ellos, o les tiran el plato de comida", explica la geriatra Cabrera.
 
¿Etapa de pérdida?
 
La ancianidad es una etapa del ciclo vital muy complicada y muchas teorías la identifican con la enfermedad, lo acabado, amplía Cabrera.
 
Los estereotipos en torno a la vejez se aprenden desde edades tempranas.
 
"Asustamos a los menores con aquello de que `el viejo del saco te va a llevar´ o `la bruja de la escoba´, que es una vieja. Sin darnos cuenta, vamos impregnando esos patrones negativos desde la niñez, por lo que la vejez se ve como algo malo y no se asimila adecuadamente, tanto por los mayores como por quienes los rodean", considera.
 
Para la doctora Cabrera, en la sociedad está muy impregnada la creencia de que la vejez es una etapa de pérdida y los familiares identifican como signos de la edad, por ejemplo, los problemas de memoria.
 
"Eso sucede incluso con el personal de salud. La tendencia es a no explorar al paciente desde el punto de vista psicoafectivo y cognitivo y adjudicarle a la edad toda la sintomatología. A veces llegan en estadíos avanzados de depresión. No intervenir, entonces, es maltratarlo indirectamente, porque no se le está brindando una atención integral", sostiene.
 
A partir de su experiencia en la atención primaria de salud, la doctora Cabrera señala que, no pocas veces, después de la jubilación, les asignan miles de tareas: el cuidado de los nietos, comprar el pan, hacer los frijoles, lo que no les deja tiempo para ir al dentista, hacer ejercicios o sentarse en el parque.
 
"El enfoque de género tampoco escapa a la ancianidad. Las mujeres se jubilan y son sobrecargadas, siguen velando por la familia, apoyando a hijos e hijas, velando por nietos y nietas; si hay un enfermo u otro adulto mayor, los atienden sin dejar de asumir las tareas domésticas. La persona se descompensa desde el punto de vista biosicosocial, pero se le atribuye a la edad y no a la sobrecarga de género", apunta la geriatra.
 
Los hombres, explica, desarrollan múltiples roles hasta la inactividad total, sin participación en nada, lo que hace de ellos un objeto que solo se alimenta, duerme y ve televisión. La inercia lo lleva a deprimirse y esa autopercepción se vierte contra su salud psicológica.
 
El maltrato puede tener una repercusión negativa para la salud, que depende de factores físicos, sociales, psicológicos y emocionales. Contrariamente a lo que se opina, la buena salud no está ligada a la mera ausencia de enfermedades o de discapacidad.
 
En el anciano, indican expertos, la salud debe medirse en términos de función, la posibilidad de realizar actividades del diario vivir —como bañarse, comer, dormir— y las instrumentadas, aquellas que dependen del medio: comprar un medicamento o hacer una gestión, seguir su tratamiento o utilizar su dinero.
 
La confluencia de varios elementos negativos es causa frecuente de depresión y deterioro cognitivo, pues pueden aparecer enfermedades crónicas o producirse una descompensación.
 
La sociedad cubana es protectora de la ancianidad; no obstante, por las características de la edad, determinados indicadores psicológicos se resienten por el maltrato, entre ellos, la baja autoestima, que se convierte en factor de riesgo; estados emocionales negativos como depresión y ansiedad, que son uno de los motivos fundamentales de las consultas de psicología, dijo a SEMlac la psicóloga Matilde de la Caridad Molina.
 
Así aparecen el retraimiento, el aislamiento social del anciano, el experimentar que no sirve. Esto hace que se sienta como un objeto, lo que es muy frustrante. Por otra parte, a esa edad hay una necesidad muy importante de trascendencia, a partir de la transmisión de la experiencia, y el maltrato al anciano repercute negativamente, agrega la psicóloga.
 
Aunque parezca increíble, destaca Cabrera, entre la población de adultos hay también abuso sexual. "Sucede que el hombre, al tener la vejiga llena, tiene una erección y quiere aprovechar ese momento y se vuelve hacia su pareja. Ella, por la edad, lubrica más lentamente, pero él quiere una penetración rápida y le hace daño".
 
Una vejez mejor
 
Luego de la citada investigación "Caracterización de la violencia intrafamiliar en Ciudad de La Habana", un segundo estudio incluyó a 27 familias de cada territorio y cuatro grupos vulnerables: niños, adolescentes, mujeres y ancianos.
 
En las sesiones de trabajo con las personas de la tercera edad, mediante técnicas psicoafectivas y dinámicas, aprendieron qué era la violencia, cómo la percibían y los patrones de funcionamiento de una familia.
 
"Como saldo, hubo un aumento de la autoestima y una modificación significativa en la visualización de la violencia. Al inicio, las personas tratadas no la identificaban con el descuido y la omisión. Luego comprendieron que eran víctimas de maltrato y que, a partir del aprendizaje, podían protegerse", asegura la psicóloga Matilde de la Caridad Molina.
 
Para la doctora Cabrera, en este asunto la familia es un pilar importante. "Desde temprano debe inculcárseles a las generaciones más jóvenes un enfoque positivo sobre la ancianidad", sostiene.
 
Fuente: http://www.redsemlac.net/web/
 


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