Estado e institucionalidad - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2010-07-26

ASur

Estado e institucionalidad

Juan J. Paz y Miņo Cepeda
Clasificado en:   Política: Politica, Estado, |
Disponible en:   Español       
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Entre los historiadores se considera que después de la independencia, los diversos países latinoamericanos iniciaron su larga marcha en la construcción de los Estados nacionales y en la consolidación de sus instituciones. En general, se reconoce que solo por excepción, Brasil y Chile lograron Estados con mayor institucionalidad desde los albores del siglo XIX. No fue el caso de Argentina, Colombia, México o Uruguay, que afirmaron esa institucionalidad pasada la primera mitad del siglo XIX. Venezuela o Perú tardaron hasta mediados del siglo XX. En Ecuador y Bolivia la consolidación de un Estado institucional es significativamente muy retrasada.
 
Vista desde una perspectiva de largo plazo, la construcción de la institucionalidad Estatal ecuatoriana no solo es tardía, sino que se produce entre avances y retrocesos. Y permanentemente ha sido resistida.
 
 En el siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, el predominio del sistema oligárquico-terrateniente fue un límite a toda institucionalidad perdurable. Entre otros, los resultados fueron: presidencialismo débil, Estado raquítico, leyes subordinadas al poder oligárquico, “democracia” excluyente, constitucionalismo teórico, caudillismo, dominación de elites económicas, abrumadora explotación social. Solo la Revolución Liberal (1895) pudo avanzar en algunas instituciones públicas, en la legislación civil, el laicismo y una serie de cambios culturales. Pero ni con ella el Estado tuvo roles económicos decisivos.
 
La Revolución Juliana (1925) fue la primera en fortalecer las capacidades económicas reguladoras del Estado, en crear instituciones nuevas que avanzaron frente a las heredadas de la Revolución Liberal y en imponer la obligatoria atención del Estado a las clases trabajadoras y populares.
 
Desde entonces hasta el presente, la construcción del Estado y de las instituciones nacionales ha caminado en oleadas. Y durante las décadas de los ochenta y noventa del pasado siglo, al mismo tiempo que se construyó un tipo de Estado y de institucionalidad adecuados a los intereses de las clases económicas más poderosas, se desarticularon las herencias institucionales construidas en las décadas pasadas.
 
 Como ha ocurrido a lo largo de toda su historia, en el presente también se despiertan en Ecuador los intereses privados y particulares, gremiales o clasistas, personales o grupales de todo género cuando se ve que vienen cambios que afectan la tradición y el orden preexistente. Igual que en el pasado, afloran resistencias, oposiciones y reacciones que son las que siguen impidiendo el fortalecimiento del Estado, las leyes y la institucionalidad nacional.
 
En 1828, Simón Bolívar, que además de Libertador fue un singular visionario, dijo frases que merecen recordarse: “Considerad que la corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. Mirad, que sin fuerza no hay virtud; y sin virtud perece la república. Mirad, en fin, que la anarquía destruye la libertad, y que la unidad conserva el orden.” Con fuerza desesperada, Bolívar rogaba a los legisladores (sic): “¡¡¡Leyes inexorables!!!”.
 
- Juan J. Paz y Miño Cepeda, historiador ecuatoriano, es coordinador del Taller de Historia Económica. http://puce.the.pazymino.com
Publicado en El Telégrafo, Ecuador, lunes 26 de julio de 2010


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