Las naciones y pueblos del Ecuador ayer y hoy - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2010-03-19

Ecuador

Aportes para la construcción del Estado Plurinacional

Las naciones y pueblos del Ecuador ayer y hoy

José Yánez del Pozo
Clasificado en: Diversidad, Interculturalidad, Estado, Social, Indigena,
Disponible en:   Español       


El Ecuador de ahora vive momentos de grandes transformaciones. Estas transformaciones en los campos políticos, económicos, sociales y culturales, que tienen que ver con la implementación de nuevos modelos de organización de la sociedad, se basan fundamentalmente en conceptos que se discuten, se contraponen, se construyen, se aceptan o se rechazan. Por ser experiencias y conceptos totalmente inéditos, el camino es largo y tortuoso y los diferentes intereses y visiones entran en conflicto. Frente al neoliberalismo, por ejemplo, se plantea el socialismo del siglo XXI; contra los tratados de libre comercio con Estados Unidos se opta por relaciones multilaterales y la constitución de organizaciones sudamericanas. Dentro de esta dinámica se ubica la discusión sobre la plurinacionalidad y la interculturalidad. Para superar por fin la condición de estado uninacional, el estado ecuatoriano ya fue declarado oficialmente como unitario, plurinacional e intercultural, que garantice realmente la indivisibilidad del país, el respeto a los derechos de las diferentes naciones[1] y pueblos[2] y la interacción constructiva que supere toda discriminación. Para realizar la reflexión que presentamos en este artículo seguimos un modelo andino de pensamiento: partimos de la situación actual, nos remontamos a nuestro más lejano pasado para volver finalmente a los desafíos que la circunstancia de hoy nos plantea. En vista de que esta es una aproximación a conceptos y teorías nuevas, no es posible contar siempre con las fuentes completas; además, tanto las denominaciones como las maneras de escribir los nombres pueden mostrar cierta inconsistencia, debido al proceso de estandarización en el que se encuentran las lenguas nativas.
Interculturalidad y plurinacionalidad
La fuerza de los hechos ocurridos en las dos últimas décadas a nivel global ha contribuido decisivamente a la energía y claridad con que se plantean los cambios internos. La movilización continental contra los 500 años de invasión europea, la Declaración del primero y segundo decenios de los pueblos indígenas, el Foro permanente de las Naciones Unidas sobre asuntos indígenas, la Relatoría especial de las Naciones Unidas, entre otros hechos significativos, visibilizaron a los pueblos indígenas. La ratificación del convenio 169 de la OIT, el reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas por parte de las Naciones Unidas en 2007, la lucha por la educación intercultural bilingüe y la atención intercultural de la salud han ayudado a profundizar en el concepto de la interculturalidad y en su aplicación. Sin embargo, aunque el concepto de ‘interculturalidad’ aparece como un gran avance respecto a los antiguos conceptos de ‘multiculturalismo’ y ‘pluriculturalidad’, es solamente ahora que se lo quiere proponer como una práctica generalizada a toda la sociedad. El hecho de que la constitución ecuatoriana de 1998 haya reconocido al estado como multicultural, pluriétnico y multilingüe, solamente describía una situación obvia, la existencia de múltiples culturas, “etnias”[3] y lenguas, sin que sea posible analizar las situaciones históricas de conflicto y de relación interpersonal basada en las diferencias.
A pesar de ello, los pueblos indígenas del Ecuador, cansados de la exclusión sobre la cual seguía funcionando el estado y a través de sus propias organizaciones y movimientos, especialmente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), han dado pasos significativos hacia la constitución de un tipo diferente de estado. Instituciones como el Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador (CODENPE), la Dirección Nacional de Educación Intercultural Bilingüe (DINEIB) y la Dirección Nacional de Salud de los Pueblos Indígenas e Interculturalidad (DNSPI) han de entenderse en este marco[4]. Estas instituciones, con todas las limitaciones que puedan tener, atienden a las necesidades de las diferentes naciones indígenas existentes en el país (Shuar, Waorani, Epera, Achuar, Cofán, Siona, Secoya, Awa, Tsáchila, Chachi, Andoa, Shiwiar, Chochone, Atacames y las distintas naciones de habla kichwa como la Nación Karanki, la Nación Kitu-Kara, la Nación Puruway, la Nación Kañari, la Nación Palta[5]).
Cuando todo parecía indicar que el tema de la interculturalidad iba a seguir relegado a las naciones y pueblos indígenas, el Ecuador ya fue declarado no solamente como intercultural, sino como plurinacional. Esta declaración, exigida como una constante por la CONAIE, especialmente a partir del histórico levantamiento de 1990, se vuelve hoy un tema crucial no solamente para los mismos pueblos indígenas sino para todos los habitantes del país[6]. La plurinacionalidad y la interculturalidad, conceptos aparentemente contradictorios[7], en la realidad y en la teoría, no se contraponen. Como dice el investigador portugués Souza dos Santos (2008), no puede conseguirse una real interculturalidad si no se empieza por la plurinacionalidad que regule la convivencia de las diversas naciones con el resto de la sociedad, una sociedad que, al menos en la teoría, no ha hecho más que hincar sus raíces más profundas en los miles de años vividos por nuestros antepasados indígenas.
El proceso de constitución de las naciones y pueblos del Ecuador
Según las evidencias arqueológicas últimas, el poblamiento de lo que hoy es el Ecuador habría empezado 12.000 años antes de Cristo. Los grupos de cazadores y recolectores (en el denominado período paleo-indio pre-cerámico) evolucionaron hacia el período siguiente para formar sociedades agrícolas aldeanas incipientes (período formativo temprano y formativo medio), hacia el año 3900 a.C. Las sociedades aldeanas superiores (formativo tardío) existieron hacia el año 1300 a.C., dando paso luego a las sociedades agrícolas aldeanas superiores (desarrollo regional e integración) hacia el año 500 a.C. La última etapa, antes de la conquista europea, fue el estado incaico hacia el año 1500 d.C. (Segundo Moreno Yánez, 2008).
 Aunque el esquema anterior ayuda para ubicar los avances experimentados por los diferentes grupos en las diferentes etapas, peca de un cierto enfoque unilineal que valora la evolución humana en el Ecuador solamente en función de un determinado modelo estatal. Si luego, con similar enfoque, se analiza la época colonial y la república, se corre el peligro de entender el estado actual como una simple coexistencia intercultural de “diversidades” (Ayala, Enrique et al. 2007). Un punto de vista diferente, sin embargo, es el planteado por la mayoría de organizaciones indígenas del país[8] que entienden que la actual realidad plurinacional del Ecuador tiene directa relación con el poblamiento inmediatamente anterior a la expansión incaica y a la conquista europea. Sin querer afirmar de ninguna manera que las dos presencias (la incaica y la española) no hayan significado profundos cambios en todas y en cada una de las formaciones sociales en estudio, podemos sostener que tanto algunos de los grupos sociales identificados como señoríos étnicos[9] como algunos de los grupos identificados como curacazgos mayores o grupos tribales no desaparecieron sin más ni con la expansión incaica ni con la invasión europea, ni siquiera con la organización republicana.
En este sentido, nos parece útil empezar a señalar algunas pistas que nos ayuden a diferenciar adecuadamente el proceso seguido por los pueblos que actualmente conforman las naciones de habla kichwa del resto de naciones, todas las cuales confluían en torno al Kitu [10]. La información que generalmente se maneja nos habla de la existencia de una variedad grande de naciones y pueblos ubicados en el actual territorio ecuatoriano. Los pastos y quillacingas vivían en la actual provincia del Carchi y en el sur de Colombia. Los caranquis, que incluían pueblos como los cayambis, y habitaban en las provincias de Imbabura y Pichincha. La nación Kitu-Kara estaba poblada por varios pueblos (“señoríos étnicos”), siendo los más importantes Urin Chillo, Hanan Chillo y Uyumbicho. Al oeste de Quito habitaban los yumbos desde las estribaciones de la cordillera occidental hasta el Pacífico. Los panzaleos que habitaban en medio del triángulo formado entre Aloag, Aloasí y Machachi, formaban parte de la Nación Puruway. Los puruways vivían en las actuales provincias de Cotopaxi, Chimborazo, Bolívar y Tungurahua. La Nación cañari vivían en las provincias de Cañar y Azuay y los paltas habitaban en la provincia de Loja. Los mantas y huancavilcas ( mejor llamados chochones, según Alfredo Costales) habitaban entre Bahía de Caráquez y el Golfo de Guayaquil. Entre los ríos Daule, Babahoyo y Guayas vivían los pueblos de las naciones milagro-quevedo, al igual que los Atacames que vivían en la provincia de Esmeraldas[11]. Las naciones de la Amazonía eran las siguientes de norte a sur: cofanes, seonas, secoyas, omaguas, tetetes, záparos, oaques, shimgaes, hamboyas, coronados, pendaes, huaras, achuales, gaes, aucas o cimarrones, zillas de Jaén, Pacamoros, Nambijas, rabones y yaguarzongos (Benítez y Garcés 1986[12]). Estas naciones tan variadas y de características a la vez diferentes y a la vez similares ocuparon territorios que ahora se conoce como Andes septentrionales o Andes de páramo[13], que a lo largo de la historia se han adaptado al ecosistema con una sabiduría increíble. Según afirma Segundo Moreno (2008), era “una práctica constante la relación de una costa tropical marítima, al occidente, con la sierra andina y con la ceja de montaña oriental compuesta también por bosque húmedos tropicales.”(p.13).
¿Qué ocurrió con todos estos pueblos durante la expansión incaica y las posteriores épocas? Nos encontramos con dos interpretaciones fundamentales. Según Ileana Almeida (2005), el proceso histórico seguido por el pueblo Kechua e iniciado varios cientos de años antes de la expansión incaica, se consolidó con esta expansión, fue reprimido por el dominio colonial y republicano y solamente ahora se reconstituye, dando como resultado lo que ahora vemos en la región andina: una mayoría de indígenas autodenominados kechuas o kichwas. Según esta autora, y como fruto de esta reconstitución, encontramos que la nacionalidad kichwa del Ecuador actual incluye diferentes pueblos que, si bien manifiestan algunas diferencias, forman un todo compacto caracterizado por el uso de una misma lengua, una problemática similar y, tal vez lo que es más importante, una similar forma de ver el mundo. La otra interpretación revaloriza las diferencias existentes entre los pueblos de habla kichwa[14], de peculiaridades preincaicas, mantenidas hasta la actualidad y de ninguna forma homogenizadas bajo el poder de la lengua Según la idea de Alfredo Costales, si bien es necesaria la tarea de fortalecer la importancia vital que tiene la lengua kichwa para toda la vida del país, no se debe descuidar la tarea de las reconstitución de las naciones y pueblos cuya sabiduría fue tal que tradujo sus propios principios y pensamientos a la lengua que les fue impuesta tanto por los incas, como especialmente por los europeos (comunicación personal del 31 de marzo de 2009).
Solamente de esta manera estaremos haciendo justicia a todos los pueblos y estaremos también reconsiderando la posibilidad de recuperar la antigua práctica política de las alianzas. Como quedó dicho, desde tiempos prehispánicos, los pueblos de esta parte de los Andes han establecido alianzas, mediante diversas formas de intercambio, a corta distancia (microverticalidad) o a larga distancia (macroverticalidad). Estas prácticas se vieron abruptamente interrumpidas tanto por la imposición colonial como por la dominación republicana. Es después de un largo período de distorsión por intereses creados, como el papel de las misiones religiosas en la Amazonía y la organización territorial republicana, que estas alianzas vuelven a establecerse, de una manera muy organizada y de grandes proyecciones. Solamente así se comprende que los propios movimientos indígenas se vean a sí mismos en la actualidad como “nacionalidades[15] y pueblos que /hemos/ existido milenariamente en el continente del Abya-Yala. Antes de la conquista española, teníamos nuestras propias formas de organización social, política económica y de solución de conflictos (comunidades, ayllus, confederaciones) todo eso sobre la base de un territorio. Nos encontrábamos en un proceso de construcción de un gran estado, teniendo como base común la religión solar, el sistema decimal, los sistemas de irrigación y terraplenes, los cultivos de maíz, las grandes obras de infraestructura, etc. Además teníamos saberes y conocimientos en astronomía, arquitectura, matemáticas, física, geometría, tecnología agrícola, artes, genética, medicina, biología, entre otros” (CONAIE 2007).
Como se señala en el mismo documento, el proceso truncado por la conquista española significó despojo de las tierras y territorios, sometimiento a las peores formas de explotación económica, imposición ideológica y cultural para justificar precisamente la dominación. Toda la resistencia y rebeldía indígenas, presentes durante toda la época colonial, no impidieron, sin embargo que el subyugamiento continuara durante la época republicana. El Ecuador como los otros países se constituyó en un estado a la manera europea de la época. De profundas características uninacionales, el estado impuso la lengua y la cultura de origen español como las únicas, con la convicción de que el llamado blanqueamiento y el mestizaje a todo nivel eliminaran todas las diferencias.
La inmensa variedad de pueblos, lenguas, regiones que ahora vemos en el Ecuador no son un fruto de la casualidad ni tampoco son un mero adorno, válido solamente para la promoción turística. Una riqueza ecológica y humana tan grande no puede menos que hacernos sentir a todos, incluidos los mestizos[16] de origen indígena más o menos cercano, muy orgullosos. En un territorio relativamente pequeño podemos presumir de una gran variedad de naciones y pueblos, habitantes aún de una megadiversidad natural.
Proceso de reconstitución de las naciones y pueblos
Las actuales naciones de la Amazonía son: los ai-cofán, los siona, los secoya, los woaorani (que incluyen los pueblos libres de los Tagaeri y Taromenane), los zápara, los andoas, los shiwiar, los achuar y los shuar. Los cofanes, al momento de la invasión española eran varias decenas de miles que vivían en el curso alto del río Aguarico. Al igual que lo sucedido con las otras naciones amazónicas, la acción de los misioneros, la explotación del caucho, la labor del Instituto Lingüístico de Verano, y la explotación petrolera han sido las principales causas del progresivo exterminio de la gente. En la actualidad, son aproximadamente 400 personas que viven en un territorio que está dentro de la Reserva Cayambe Coca (Benítez y Garcés 1986). Los sionas estaban asentados en el curso de los ríos Eno, Napo, Aguarico, Shushufindi, Lagartococha y Zancudococha. Los secoyas habitaban los márgenes de los ríos Cuyabeno y Tarapuno. Aunque eran dos pueblos con territorios propios, las circunstancias adversas y la similitud en lenguas y costumbres hacen que ahora tengan una relación muy estrecha. Al igual que con la anterior nación, las invasiones culturales, religiosas y de interés económico acabaron poco a poco con la población. Denominados encabellados por los primeros misioneros, fueron también sometidos por los explotadores del caucho y el Instituto Lingüístico de Verano (Benítez y Garcés, 1986).
Los woaorani, conocidos con el término peyorativo de auca (salvaje) se ubican al nordeste de la región amazónica, entre los ríos Napo y Curaray. Luego de los contactos con el Instituto Lingüístico de Verano en 1956, se pueden notar tres grupos diferenciados entre los wao: los indígenas influidos por las misiones evangélicas, los que están fuera del control de las misiones y trabajan en las empresas y los que han conservado mucho de su cultura ancestral (Whiten 1981). Entre estos últimos podríamos ubicar a los Taromenane y Tagaere, conocidos como pueblos no contactados o en aislamiento voluntario, que han hecho noticia últimamente por su resistencia, incluso violenta, a seguir las reglas del juego occidental. Las 716 000 ha, que desde 1990 les fueron asignadas a todos los wao, corresponden parcialmente a su territorio tradicional (CODENPE). Una parte de esta extensión fue desmembrada del Parque Nacional Yasuní, que en la actualidad cobra nueva importancia por la idea del gobierno de no explotar petróleo allí siempre que ingresos similares se los consiga de la comunidad internacional.
La nación shuar ecuatoriana es uno de los grupos generalmente clasificados con el término peyorativo de jíbaros, presentes tanto en el Ecuador como en el Perú. Los shuar habitan en la montaña tropical, con la presencia de cordilleras como la del Cutucú. Su larga historia, llena de mitos y de un pensamiento profundo muy respetable, está documentada en muchísimas publicaciones realizadas por los padres salesianos, que tomaron a su cargo gran parte de la evangelización de la zona (cfr. Colección Mundo Shuar, Editorial Abya-Yala). Los achuar, un pueblo dentro de la nación shuar, viven en una región más fértil que la de los shuar, entre las cuencas de los ríos Upano y Zamora y la Cordillera del Cutucú. Hay varios estudios sobre este pueblo, aunque posiblemente los estudios más completos sean los realizados por Philippe Descola, especialmente el último con una aproximación más vivencial al pueblo achuar (1990). El asentamiento tradicional Shiwiar, con una extensión de 189 377 ha, está localizado en Numi-Inindi, sector ubicado en Kambaentsa, actualmente conocido como el curso medio y alto del Río Corrientes y parte del curso medio y alto del Río Tigre. Sus asentamientos actuales se ubican en las riberas de los ríos Corrientes, Shiona y Chuintza, desde las cabeceras hasta la línea limítrofe con el Perú, declarada en una extensión de 40 km “Franja de Seguridad Nacional”. Los Shiwiar constituyen el típico caso de pueblo en situación binacional como resultado de la guerra entre Perú y Ecuador, en 1941, con la cual se cambiaron las fronteras quedando las familias y el territorio fragmentado, disperso e incomunicado (CODENPE).
El territorio tradicional zápara ocupa 271 000 ha., sin incluir el territorio de los llamados Kichwas Canelos, kihwizados por fuerza de la colonización y la evangelización, según la investigación y la comunicación personal de Alfredo Costales. Uno de los problemas de esta nación es que no tiene demarcado su territorio. Desde la década de los 70 existen problemas de tierra, ya que los colonos realizan incursiones hacia territorios Zápara para abastecerse de productos de bosque para su subsistencia (CODENPE). Aunque sobre los andoas disponemos de muy poca información, reconocemos su progresiva consolidación. El número de miembros de tal o cual pueblo o nación o la cantidad de información no son los elementos que definen la importancia de su gente. Desde el momento en que desechamos el concepto de minorías, lo único que interesa es la presencia de un pueblo, fruto de una larga y muy difícil trayectoria.
Las naciones de la costa ecuatoriana son los awas, los epera, los chachi, los tsáchila, los mantas y los chochones, según las denominaciones que hasta ahora se mantienen. De acuerdo a la información proporcionada por el CODENPE, los Awá tienen una presencia binacional, pues se encuentran en Ecuador y en Colombia, país donde se asienta la mayoría de su población. En el Ecuador tienen 121 000 ha de tierras legalizadas y 5 500 ha de posesión ancestral no legalizadas, las mismas que constituyen un solo cuerpo perteneciente al conjunto de la nación. El territorio de los tsáchilas ha sido paulatinamente invadido por la colonización, desarrollada a partir sobre todo de la década del 60. Dispone de 19 119 ha (una ínfima parte de su territorio ancestral) legalizadas por la comunidad. Al momento conservan de ellas sólo 9 060 ha, mientras que 9 940 ha restantes han sido invadidas por colonos, que siguen ampliando sus dominios sin respetar el derecho de posesión y adjudicación legalizado por el Estado. Los tsáchilas, denominados también colorados, se ubican en la nueva provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas. Su hábitat corresponde a la montaña baja, muy fértil, de abundante vegetación y fauna.
Los chachis, conocidos como cayapas, se ubican entre los ríos Cayapa, Onzole, Santiago y Canandé en la provincia de Esmeraldas. Los Epera son una ramificación de los Eperara Sia (Embera), uno de los grupos indígenas con mayor población en Colombia. En el Ecuador son de presencia tardía, producto de un proceso migratorio que se produce en 1964 desde el Chocó Colombiano, debido a la atracción provocada en ellos por las similitudes de esta región con el Chocó Ecuatoriano. Los Epera se ubican en el Ecuador en la Costa Norte, Provincia de Esmeraldas, Cantón Eloy Alfaro, parroquias Borbón y La Concepción (CODENPE).
Los manta, los chochones y los punáes se encuentran ubicados en la Costa Sur del Ecuador, en las provincias de Santa Elena, Manabí y Guayas. En Manabí, en los cantones Portoviejo, Jipijapa, Manta, Montecristi, 24 de Mayo y Puerto López; y en Guayas, en los cantones de Playas y Guayaquil y en toda la provincia de Santa Elena. En 1982, el Estado les entregó los títulos de propiedad de las tierras en una extensión de 515 965,38 ha. Según la información del CODENPE, los mantas, los chochones y los punáes se encuentran en un proceso de reconstitución como pueblo y de precisión de su identidad[17]. Su reconocimiento reciente por parte de la CONAIE puede deberse tanto a la documentada historia que habla de estas culturas existentes antes de los Incas como a la decisión de los actuales habitantes de cada una de estas zonas de autoreconocerse a sí mismos como herederos del largo proceso histórico que da fundamento a su vida actual.
Con el caso de los chochones conocidos como huancavilcas (del kichwa wanca=poste y wilca= totem), pueblo kechuizado según Ileana Almeida (pp. 40-41) aludimos precisamente a las naciones de habla kichwa. Las naciones de habla kichwa con sus diferentes pueblos, dispersos por toda la geografía nacional e, inclusive, fuera de ella, son uno de los ejes fundamentales del estado ecuatoriano. Sobre esta nación, entre otras, es que se constituyó el otro grupo grande del Ecuador, el grupo autodenominado mestizo. El proceso de mestizaje, iniciado en los tiempos de la colonización europea, continúa en la actualidad. Reivindicado por muchos como su actual identidad, ha sido durante mucho tiempo utilizado por los sectores dominantes como el mayor justificativo cultural y político para hablar de la conformación uninacional ecuatoriana con la consecuente invisibilización de indígenas y negros. Sobre este último pueblo, no objeto del presente análisis, anotamos el peligro que corre de no ser tomado en cuenta suficientemente en las transformaciones legales y reales que vive el país. Es por ello que Jhon Antón Sánchez insiste en que el Ecuador será realmente unitario y plurinacional siempre que se incluya en esta declaración al pueblo afroecuatoriano (http://alainet.org/active/23496)[19]. Indígenas, negros y mestizos –a los que habría que añadir gente venida de otros lados como los colombianos, los peruanos e, inclusive los árabes y los chinos, formamos un grande y vivo complejo. Aunque los lugares de origen son referentes fundamentales para cada una de las naciones y cada uno de los pueblos, sabemos muy bien que las fronteras estrechas del mapa nacional o los mapas locales no reflejan la realidad verdadera y actual. Indígenas, negros, mestizos y los demás pueblos estamos en todas partes del país, y muchas veces en lugares muy distantes de los lugares de origen. Las leyes y las condiciones necesarias para desarrollarnos como personas y pueblos deben tener en cuenta estas nuevas circunstancias.
En estas condiciones, y abocados ya a la construcción de un verdadero estado unitario, plurinacional e intercultural, conviene hacer referencia al tema de las autonomías indígenas las cuales, por otra parte, no deben ser confundidas, como se explicó anteriormente, con las autonomías regionales, algunas de ellas de corte excluyente y oligárquico. “Son /las autonomías indígenas/ uno de los principales bastiones de resistencia contra el capitalismo neoliberal, también por las propuestas que hacen al resto de las sociedades actuales, necesitadas de una nueva democracia y una nueva forma de convivencia política”, señala el investigador mexicano Gilberto López y Rivas http://campus.clacso.edu.ar/conferences/F0000EADF/F0000DF04/F0000F004/S0056E9ED.
 El mismo autor considera que “el capitalismo neoliberal constituye una amenaza para la sobrevivencia misma de la especie humana, y eso lo vemos en aspectos ecológicos, sociales y en la profunda crisis de las instituciones de otro tipo. /Frente a esto, debemos tener en cuenta/ las formas de gobierno indígenas… para la solución de conflictos incluso armados… procesos democráticos desde una perspectiva distinta… formas de organización de la propia sociedad en su conjunto que restituyan la legitimidad de un gobierno que viene desde abajo, un gobierno que tiene procesos como mandar obedeciendo, la revocación del mandato, que no estimula la producción de burocracias”.
En un sentido amplio, y dentro del marco de los derechos individuales y colectivos, la autonomía indígena apunta al revolucionario concepto del buen vivir (allí kausay)[20]. Para López y Rivas, “la autonomía es definida… no como un arreglo administrativo o una descentralización del Estado-nación, sino como un proceso de resistencia ante el capitalismo neoliberal y en la búsqueda de una relación favorable con la naturaleza[21] y que se inserta en los procesos democráticos a partir de una propuesta de un tipo de democracia totalmente distinto”.
Ciudadanías diferenciadas y pensamientos profundos
Una vez reconocida la existencia plena de naciones y pueblos indígenas, pueblos indígenas y afroecuatorianos, como entidades económicas, políticas, culturales, espirituales y lingüísticas históricamente diferenciadas, las autonomías respectivas, la autodeterminación y la interculturalidad se constituyen en los instrumentos legales y sociales para la construcción del nuevo estado plurinacional. La autodeterminación que se demanda está ya reconocida por el Derecho Internacional. Tanto el Convenio 169 de la Organización del Trabajo (OIT) de 1998 como la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) de 2007 establecen que los indígenas son sujetos colectivos de derechos con posibilidades de autogobierno al interior de países independientes.
En lugar de dividir al actual estado, lo que se propone es simplemente enriquecer el concepto y la práctica de la democracia, el concepto y la vivencia de la ciudadanía. La democracia representativa se volverá participativa y la ciudadanía única se transformará en una ciudadanía diferenciada y plural. Según Kimlika (1999) “el término ciudadanía se refiere generalmente a la membrecía dentro de una comunidad política, y designa, por lo tanto, la relación entre el individuo y el estado.” Sin ser ésta una situación privativa de nuestros países[22], parece evidente que si queremos construir sociedades verdaderamente interculturales, necesitamos reconocer que a poblaciones diferenciadas deberían corresponder ciudadanías diferenciadas. Ya no es suficiente el reconocimiento de la ciudadanía universal, sobre todo, si, como pasa en el caso de los derechos humanos considerados universales, le exigen al diferente dejar de ser tal para acceder a esos derechos (Arias-Schreiber). Según el planteamiento de Floresmilo Simbaña, dirigente de la CONAIE, si los derechos individuales se refieren a los ciudadanos tomados como individuos, los derechos colectivos se deben referir a los pueblos y naciones (Foro Nacional Soberanía Cultural y Derechos culturales en la Constituyente, 2008). Estos derechos colectivos podrían dividirse en cuatro tipos:
·         Derechos de autogobierno y de autonomía territorial relativa, considerando las concepciones especiales que los pueblos indígenas tienen sobre tierra y territorio.
·         Derechos de representación en todos los niveles de la escena política
·         Derechos poliétnicos entre los cuales destacan el derecho al pluralismo jurídico y al derecho consuetudinario.
·         Derechos a las lenguas y cosmovisiones propias que incluye el derecho a una educación y atención a la salud a partir de las perspectivas propias de los pueblos (Arias- Schreiber 2003).
Ahora bien, si los pueblos y naciones tienen el derecho a cosmovisiones propias, una profundización necesaria de este derecho será el avanzar en el análisis de lo que se entiende por pensamiento propio. Los estudios y la vida misma de los pueblos andinos nos ha llevado a algunos investigadores a plantear la existencia de una filosofía propia[23] o runa yuyai, tan válida como cualquier otra filosofía del mundo, como claro desafío a lo que hasta aquí se ha denominado filosofía universal. Sin textos escritos y sin autores famosos, los pueblos andinos de las varias regiones viven intensamente su vida y se movilizan según sus condiciones y es a partir de estas prácticas que elaboran su pensamiento profundo. Sobre la base de la utilización de los diferentes pisos ecológicos, la gente actúa movida por una lógica de supervivencia, probada a través de los años. Los andinos, entendiendo por tales todos los pueblos que de una u otra manera viven influenciados por la cordillera de los Andes, han aplicado a su vida diaria el concepto dual de arriba y abajo, convirtiéndolo en uno de los ejes más importantes de su pensamiento. Según esta concepción, y según el esquema manejado por muchos autores desde tiempos antiguos (Cfr. Pachacutic Salcamayhua es el más conocido), los andinos en su generalidad entienden al mundo en varios niveles de correspondencia. Para las naciones de habla kichwa, por ejemplo, el mundo de arriba (hanan pacha), el mundo de aquí (kay pacha) el mundo de abajo (urin pacha) no se confunde de ninguna manera con el pensamiento cristiano de cielo, tierra e infierno. Esta característica de correspondencia entre lo alto y lo bajo nos lleva inevitablemente a la otra dualidad siempre presente en el mundo andino: lo masculino y lo femenino que no se agota en el mundo de los humanos. Este sentido de complementariedad entre lo masculino y lo femenino se extiende a todos los elementos del mundo. Más que una visión homocéntrica, la andina, y la indoamericana en general, es una visión geocéntrica e integral. Los dos ejes, a su vez, suponen una serie de elementos, de espacios y tiempos de transición (chakana). Son puentes que hacen posible que nada quede fuera del todo. Según la investigación de Josef Estermann (1998), el conocimiento andino se crea y se recrea en su espacio privilegiado: la celebración simbólica que siempre supone relaciones de reciprocidad. Esta lógica de relacionalidad vivida por grandes sectores de la población general y por todos los pueblos andinos, con sus propias especificidades[24], es diferente a aquella que ha sido impuesta por las formas oficiales de organizar la sociedad (Para mayor profundización, véase el último artículo de la presente publicación).
Los desafíos más urgentes
Si queremos ser consecuentes con la teoría del buen vivir propuesta por las naciones y pueblos del Ecuador, es urgente transformar el modelo de desarrollo del país. El reto es reencontrar un estilo de desarrollo que armonice con la megadiversidad ecológica y humana que tenemos, a partir del reconocimiento de los diversos pensamientos profundos, en una tarea de constante descolonización de la mente y del corazón. Solamente de esta manera podremos reencontrar los elementos comunes entre todos los ecuatorianos. Si el mestizaje se construyó y se construye fundamentalmente sobre una base indígena que no ha desaparecido no sería muy difícil reapropiarnos de nuestras similitudes. Los ecuatorianos tenemos un bagaje amplio y actual en muchas de nuestras tradiciones provenientes de la base indígena o negra (Espinosa 1987). La primera y más grande lectura subversiva posible del mestizaje es el reconocimiento del mismo como sujeto de dominio ideológico – político del mundo blanco europeo, como factor de opresión y exclusión del indio. Solamente a partir de esta toma de conciencia será posible que este ser hibrido en proceso de transformación, no termine sin más asimilándose al mundo idealizado de los blancos, sino que haga causa común con el mundo profundo de los indios (Villavicencio 2008). Y así, a partir de las diferencias se creará una nueva noción de ciudadanía que responda a la pluralidad ecuatoriana, una ciudadanía plural entre los diversos que compartimos elementos comunes.
 
- José Yánez del Pozo, Ph.D., es profesor universitario ecuatoriano.
Nota: Una primera versión de este artículo fue ya publicada en la Revista de la Universidad de Murcia, España, en 2008.
 
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Paza, Manuel. “Historia de los pueblos del Kitu (Ecuador).” pazakamak@yahoo.com
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---. Yanantin: la filosofía dialógica intercultural del Manuscrito de Huarochiri. Quito: Editorial Abya-Yala, 2003.


[1] Entendemos el concepto de nación en referencia a la herencia social transmitida a lo largo de los siglos y que pervive ahora al interior de estados como el Ecuador (conversación mantenida con Alfredo Costales el día martes 31 de marzo de 2009)
[2] Entendemos el concepto de pueblo en el sentido del convenio 169 de la OIT. En este sentido, pueden haber varios pueblos que pertenezcan a una misma nación, como lo veremos en esta publicación.
[3] El concepto de etnia tiene que ver con una visión eurocéntrica que considera que todo lo que no es de origen europeo directo es “étnico”. Así se habla de etnociencia, etnohistoria, etnobotánica, etc. En este trabajo, no utilizamos ese concepto.
[4] Aunque estas instituciones están ahora en entredicho por las acciones tomadas por el gobierno central, no dejan de ser espacios de referencia importantes porque se han constituido en verdaderos instrumentos para el ejercicio de la autonomía indígena.
[5] Las naciones de habla kichwa no forman un solo colectivo ideológico y cultural. A pesar de sus grandes similitudes y el uso actual de una sola lengua, la trayectoria propia de cada una de ellas se remonta a las épocas preincaicas. Sus lenguas están presentes en los innumerables topónimos, antropónimos, fitónimos, zoónimos de fácil constatación. (Conversación mantenida con Alfredo Costales, el día 31 de marzo de 2009)
[6] Por herencia biológica o cultural o por libre decisión, todos los habitantes del Ecuador pertenecemos a una de las naciones en que nuestro país se puede volver a constituir.
[7] Para entender esta contraposición se puede revisar la discusión establecida entre Galo Ramón y Lautaro Villavicencio en http://es.groups.yahoo.com/group/la hora de los trabajadores/
[8] Decimos que solamente la mayoría de organizaciones indígenas defiende el planteamiento de la plurinacionalidad porque hay sectores como los agrupados en la Federación de Organizaciones Indígenas y Negras (FENOCIN) y la Federación de Indígenas Evangélicos (FEINE) que son renuentes a aceptar el mismo.
[9] El concepto de señorío étnico se asienta sobre el concepto de llacta que según Salomon (1980) es un grupo de personas que comparten derechos hereditarios sobre ciertos factores de producción (tierras, trabajo de ciertos individuos, herramientas específica e infraestructuras) y que reconocen como autoridad política un miembro privilegiado del grupo (p.87)
[10] Renace con todo esto la vieja discusión entre los planteamientos del padre Juan de Velasco y los planteamientos de sus detractores. Más que defender la existencia del denominado Reino de Quito, según planteaba el padre Juan de Velasco, nos parece más acertad o el concepto de buluala o casa grande reunión de ayllus, según el pensamiento de Alfredo Costales (conversación mantenida el 31 de marzo de 2009).
[11] Como es obvio, los procesos históricos y de autoadscripción han sido diferentes en las diferentes regiones del país. En la costa, la situación de las naciones está menos definida y es una tarea que recién comienza.
[12] Las autoras de este libro, no se refieren a estos grupos humanos como naciones. La nueva denominación es nuestra.
[13] Hay una discusión muy rica sobre las diferencias ecológicas, políticas y culturales entre los Andes centrales y los Andes de páramo que puede consultarse en Frank Salomon (1980) y José Yánez del Pozo (2003). Esta discusión se complementa con las nuevas reflexiones de pensadores como Gustavo Guayasamín y el mismo Alfredo Costales que ubican al Kitu como el lugar del sol recto y como el centro de procesos culturales y sociales de gran envergadura (comunicación personal del 31 de marzo de 2009)
[14] Ejemplos de esto los constituyen las naciones Puruway y Cañari y el pueblo Cayambi que reivindican para sí límites históricos y nuevas definiciones en el afán de reforzar las identidades locales y las lealtades más regionales.
[15] En un proceso de reconsideración profunda de los conceptos y las prácticas, pensamos que la CONAIE empezará a actuar como una verdadera Confederación de naciones y pueblos más que como organización de organizaciones de tipo más bien gremial.
[16] Sobre el concepto de mestizaje se necesita una reflexión más profunda, pues esta noción tiene que ver no exactamente con la biología sino con los estados de vida y las características de una identidad que tiende a ser negada constantemente.
[17] La identidad de estos pueblos está también atravesada por la demanda de algunos de sus sectores de ser reconocidos como pueblos montubios, como se puede notar en algunas de sus últimas publicaciones y proclamas (Consejo de Desarrollo del Pueblo Montubio de la Costa ecuatoriana y zonas subtropicales de la región litoral CODEPMOC).
[20] Para una mejor comprensión de este concepto puede consultarse el artículo de Pablo Dávalos: “El sumak Kawsay (Buen Vivir) y las cesuras del desarrollo.”
Alai-AmLatina [alai-amlatina@alai.info]
[21] Sin duda que una de las reflexiones más novedosas de la Asamblea Nacional de Montecristi que elaboró la nueva Constitución del Ecuador es la declaración de los derechos de la Naturaleza. Una hermosa alusión a esta declaración ha sido realizada por el escritor uruguayo Eduardo Galeano http://viejoblues.com/Bitacora/node/5942
[22] Los casos de Québec en Canadá, Puerto Rico en Estados Unidos o Cataluña en España son buenos ejemplos de grandes conglomerados humanos asentados en determinados territorios y en una lucha constante por mayor autonomía (Kimlicka).
[23] Para comprender mejor la filosofía andina desde tiempos coloniales hasta la actualidad, puede consultarse varias obras. Destacamos dos: Filosofía andina de Josef Estermann (1998) y Yanantin: la filosofía dialógica intercultural del manuscrito de Huarochiri de José Yánez del Pozo (2003).
[24] Para el caso de los pueblos negros hace falta, como quedó anotado, mayor investigación que dé cuenta de su propio pensamiento profundo o filosofía.


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