Tras la sangre de un héroe - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2009-10-09

Bolivia

Tras la sangre de un héroe

Antonio Peredo Leigue
Clasificado en:   Social: Social, |
Disponible en:   Español       
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El sacerdote del pueblo ya había pedido tres veces a los jefes militares que lo dejasen salir para cumplir una misión cristiana. La consigna era no dar permiso a nadie. Pero el cura se ingenió y logró que, un campesino, lo esperaba a unos cuantos kilómetros con un caballo a punto para partir. Era el 9 de octubre de 1979. El poblado era Muyupampa. El religioso logró eludir la guardia militar y emprendió veloz cabalgata hacia La Higuera.

Caballo joven. Caballo fuerte. Caballo criollo. La carrera era interminable pues, entre uno y otro lugar debía recorrer una distancia considerable. Pero a duras penas y echando espuma, el caballo llegó a La Higuera en momentos en que acababan de atar el cadáver del comandante Che Guevara a uno de los patines del helicóptero, donde se lo llevarían a Vallegrande.

Bajando apresuradamente el sacerdote sacó sus utensilios rituales y, ante la mirada asombrada de oficiales y soldados que no se atrevieron a detenerlo, rezó algunas oraciones y puso algo de óleo en la frente del cadáver. Después, como siguiendo la misa, recogió un terrón de tierra mojado con la sangre del Che y lo guardó junto con su frascos y el misal que había llevado hasta allí.

La escena es sobrecogedora. Con ella, el escritor y periodista Luis J. González B., inicia el relato de su luminosa obra: “El Gran Rebelde” que, apenas concluida la epopeya de Ñancahuazú, se atrevió a escribir con la misma persistencia de aquel religioso a quien no le importó las restricciones militares. González hizo lo mismo. Barrientos no logró impedirle que escribiese una crónica que termina relatando el asesinato del Che, cuando los mandos militares todavía hablaban de su muerte en combate.

¿Qué movió a un sacerdote y a un periodista, desafiar las prohibiciones con riesgo de su tranquilidad, de su integridad física y hasta de su vida? Gran parte de los hechos ocurridos en aquella gesta se desconocían. Pero, para ninguno de ellos, era desconocida la vida de aquel hombre que renunció a las glorias del poder para iniciar, una vez más, la lucha por los desposeídos. El Che impulsó a ese sacerdote a emprender una desenfrenada carrera para dejar constancia divina de su presencia en la tierra. El Che motivó al periodista para establecer una constancia escrita de una historia que los militares se empeñaban en sepultar.

No pudieron hacerlo. Con hombres y mujeres como ellos, la presencia del Che fue permanente. No hubo forma de ocultarla, de ignorarla. Este 9 de octubre, 42 años después de aquella tarde en que ataron sus restos a los patines de un helicóptero, el comandante Ernesto Che Guevara está tan vivo como entonces y tan vigente como siempre. 

- Antonio Peredo Leigue es periodista, senador del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia. 



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