ALAI, América Latina en Movimiento
2009-08-31
Peru
Gripe A contagia tribus indígenas
Norberto Ovando
Varios estudios han demostrado que los pueblos indígenas se encuentran en una situación de alto riesgo ante la epidemia de la gripe A.
Niño Machiguenga / Foto: Carlos Mora
El director de Epidemiología de la Dirección Regional de Salud del Cusco, Luís Gonzáles, informó que se han confirmado 23 casos de gripe A H1N1 en la provincia de La Convención, entre los cuales figuran diez nativos indígenas Machiguenga de la comunidad de Timpía. Este suceso generó temor entre los expertos pues el temor de un contagio devastador entre pueblos sin defensas ante las enfermedades externas sería incontrolable.
La “conquista biológica”
“Aunque la espada fue un arma importante en la destrucción de las unidades políticas de los indígenas y en la creación de los imperios coloniales, no constituyó el principal factor que hizo posible la victoria europea. Fue el cuarto jinete del Apocalipsis, cargado de gérmenes, virus y bacterias…La enfermedad fue la verdadera arma de Santiago Matamoros, no la espada del conquistador español”.
Así lo cuenta Noble D. Cook, en su libro -La conquista biológica. Las enfermedades en el Nuevo Mundo-. La tesis de Cook es que las epidemias que llegaron con los conquistadores fueron hasta cierto punto funcionales a la empresa imperial española. Ayudaron a doblegar la resistencia indígena.
A fines del siglo XIX, al cobrar valor en el mercado mundial la quinina y el caucho, el interés de los andinos por la región del Urubamba aumentó considerablemente. La búsqueda de estos productos trajo como resultado una alta tasa de mortalidad entre los matsiguengas (así se auto denominan) debido a la cacería de esclavos, que obligó a muchos de ellos a refugiarse en zonas aisladas.
Muchos Machiguengas murieron a causa de las epidemias de malaria y viruela que se desataron en esos años.
La etnia Machiguengas
En la novela "El hablador", 1987, el escritor Mario Vargas Llosa relata que entre los Machiguengas existe un personaje que cumple una función muy particular, porque no es una función religiosa, ni es la de un curandero, si no, fundamentalmente, la de un contador de historias. Es un hombre que cuenta, un hombre que habla.
Los Machiguengas han vivido, hasta hace relativamente poco tiempo, dispersos en unidades muy pequeñas de grupos familiares, a veces muy pocas personas, porque vivían en una región sumamente pobre, que no permitía la formación de conglomerados sociales, importantes debido a las dificultades para la alimentación.
Entonces vivían completamente dispersos y aislados. Y una forma de comunicación, de enlace entre esos grupos, eran unos personajes a los que los Machiguengas llaman los habladores, algo así como trovadores ambulantes, un poco como esos cantadores que todavía se encuentran en el Nordeste brasileño, que van de pueblo en pueblo, con su guitarra, cantando. En el caso, los habladores no van cantando, pero van de grupo en grupo contando historias, hablando: un poco de las cosas que han visto en el grupo anterior, sus propias experiencias, viejas historias de la comunidad, mitos, leyendas y también invenciones personales.
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