Una introducción a las políticas de Barack Obama - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2008-12-08

EE.UU

Una introducción a las políticas de Barack Obama

Esteban Morales
Clasificado en:   Política: Politica, |   Economía: Economia, |
Disponible en:   Español       
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Parece no haber dudas de que el reto más general y fuerte que enfrentará la nueva administración de Obama en su política exterior, serán los vientos y tendencias, yo diría que se vienen fortaleciendo, hacía la formación de un mundo multipolar. La hegemonía absoluta de EE.UU. hace mucho ya se resquebrajó, pero los últimos diez años creo que han sido decisivos. El mundo y  el país que Obama hereda, son  bien diferentes de los que heredó G. Bush (hijo) en el año 2000.

En realidad, la administración de W. Clinton no lo hizo muy mal, dejó a la economía estadounidense creciendo y con un superávit presupuestario apreciable; en lo exterior, EE.UU. era aún escuchado, las relaciones con los aliados estaban en buen momento y todavía no había rebelión en la Granja del traspatio histórico. Como si fuera poco, todavía Rusia no exhibía tanto esfuerzo por ser potencia, ni se había concretado su alianza con China. En Europa, todavía un Blair, Berlusconi y Aznar podían acompañar a EE.UU. en la aventura de Iraq.

El señorito Bush no pudo hacerlo peor, y le deja al país en lo interno una recesión económica que ya avanza hacia la crisis, una sociedad dividida y un nivel de desprestigio internacional que solo recuerda a la estampida con que los soldados norteamericanos abandonaron Vietnam del Sur.

Como si fuera poco, sobrevino una crisis financiera de proporciones globales, ante la cual EE.UU. no puede soslayar su responsabilidad, pues la llamada Burbuja Inmobiliaria, detonante inicial de la grave situación económica que vive hoy el mundo, comenzó por allí. Crisis que refuerza la incapacidad de EE.UU. para encarrilar los asuntos mundiales en la dirección de sus intereses estratégicos. Como si no fuera suficiente, además, todos los ejes estratégicos en los que EE.UU. se pudiese apoyar para reparar los destrozos a los que G. Bush terminó de darle forma, están perforados:

-  Europa, la UE en particular, no quiere volver a vivir la experiencia de una guerra en la que no le ha ido bien a nadie. Sobre todo cuando ahora comienza a sufrir los embates de una crisis económica que EE.UU. provocó. Una Europa que ve crecer su heterogeneidad, sobre todo económica y que no ha podido liberarse de los retos de Rusia, ahora bajo otro ropaje.

-  Asia, con China y Japón a la cabeza, parece tener otros planes. Sobre todo China, aprovechando las debilidades de EE.UU., le disputa los espacios en América Latina. Una Corea del Norte que no acepta las órdenes de EE.UU., junto a una Corea del Sur en la que sobreviven aires de reunificación. Una región que está más concentrada en la dinámica de la Cuenca del Pacífico, que en poner todas sus cartas en EE.UU.

-  Rusia desea volver a ser potencia y no solo se alía con China, tratando de construir un cierto poder compensador de los excesos de EE.UU., sino que también se acerca a su otrora aliada Cuba, viniendo en su rescate y “anotando en el hielo” la famosa deuda de los 15 000 millones. Al mismo tiempo, Rusia no se deja coger la delantera militarmente y también se gira hacia América Latina.

-  América Latina y el Caribe, antes traspatio seguro, ahora bajo el liderazgo de Venezuela y Cuba y de emergentes gobiernos de corte socialista o progresista en el área, trabaja para cortar los tentáculos de EE.UU.

-  El poderío militar estadounidense,  en el que se ha venido apoyando fuertemente, también esta fracturado. Tal vez no tanto desde el punto de vista de su capacidad material, pero si de su potencialidad política, para generar estrategias que puedan ser respetadas, incluso por sus aliados.

Todo ello obliga a EE.UU. a una política de reparaciones, que veamos como la va a encarar, o “negociando con amigos y enemigos”, como ha dicho Obama, o dando Garrote y Zanahoria, o con inteligentes combinaciones de ambos. No tiene muchas más opciones, G. Bush acabó con todas.

Pero, como en esencia, la mayor o menor fortaleza de un país para encarar cualquier reto en sus relaciones internacionales se mide por su fortaleza interna, valdría la pena pasar revista, al menos brevemente, a cuáles son los retos que la nueva administración debe encarar internamente.

Barack Obama llega a la presidencia, especialmente en el orden interno, en medio de una compleja combinación entre la crisis económica y las promesas que realizó durante su campaña.1

En cuanto a la crisis económica se refiere:


1-  No se trata de una crisis económica cíclica más.

2-  Es una crisis que combina serías dificultades estructurales (de relaciones y funcionamiento de la economía) tanto a nivel de las finanzas como de la economía real.

3- Se trata de una crisis que esta indicando el alto nivel de agotamiento de las palancas utilizadas por las políticas económicas que sacaron a la economía de la crisis de principios de los años 80, y que la hicieron crecer el más largo período que es posible recordar. Palancas, como el gasto militar, aliado a la burbuja tecnológica (en medio del tránsito al nuevo paradigma tecnológico), el extraordinario crecimiento del crédito, el desarrollo de mecanismos de transmisión que permitieron a EE.UU. vivir con el dinero de los demás, la prolongada presencia del dólar como centro del sistema, etc.

4-  Se trata de una crisis que se expandió internacionalmente desde la economía norteamericana.

5-  Una crisis económica, que de manera biunívoca se retroalimenta con las crisis alimentaria, energética y medioambiental, a nivel internacional, y a nivel interno con la crisis del sistema de salud, la educacional, la seguridad social, la crisis migratoria, etc.

De aquí que las soluciones que se adopten por la nueva administración deberán presentar un grado de coherencia, sistematicidad e integralidad, frente a problemas económicos y  sociales, que se retroalimentan, afectando al ciudadano medio norteamericano, sobre todo a la llamada clase media como no se recuerda en la historia norteamericana desde la gran depresión.

En medio de tales situaciones, Obama durante su campaña diseñó un conjunto de medidas que parecen querer lograr una combinación de impactos adecuados sobre el tratamiento de la situación económica y la situación de los ciudadanos.

De aquí, que se haya planteado adoptar las medidas siguientes:

1-  Mantener recortes impositivos para las familias que reciben menos de 250,000 dólares anuales.

2-  Otorgar un crédito de 3,000 dólares a las empresas por cada nuevo empleado contratado a tiempo completo durante los próximos dos años.

3- Permitir a las pequeñas empresas amortizar 250,000 dólares en gastos, de forma inmediata, para nuevos equipos y propiedades hasta finales de 2009.

4-  Eliminar los impuestos por ganancias de capital, obtenidas con inversiones en pequeñas empresas.

5-  Destinar 25,000 millones, de manera inmediata a los estados, para afrontar la desaceleración económica sin necesidad de subir los impuestos sobre las propiedades.

6- Poner 50,000 millones de dólares a disposición de las garantías crediticias, manteniendo abiertas otras opciones de ayuda para que las automotrices se reequipen, fomentando el desarrollo de una nueva generación de vehículos más eficientes en el uso del combustible.

7-  Imponer una moratoria de 90 días a las ejecuciones hipotecarias.

8-  Ampliar el seguro de desempleo para un paro prolongado y ausencia de beneficios.

9-  Suspender la ley que obliga a los pensionistas a retirar dinero de su fondo de pensiones, seis meses después de cumplir 70 años.

10-  Aumentar la ayuda para el costo de la calefacción en los hogares.

11- Modificar de manera eficaz los términos de las hipotecas. Modificar el código de suspensión de pagos para asistir a propietarios y quitar los procesos legales para alentar una mayor reestructuración de las hipotecas.

12- Reinvertir a largo plazo, parte de los recortes de impuestos aplicados por Bush.

13-  Revisar el Tratado de Libre Comercio (NAFTA) y usar los acuerdos comerciales para lograr mejores estándares laborales y medioambientales alrededor del mundo.

Como podemos observar, todas estas medidas implican fuertes beneficios sociales, pero también una muy fuerte erogación monetaria. En medio de un déficit presupuestario, que ya llegó a los 438,000 millones de dólares y continúa creciendo, ello hará muy difícil cumplir las promesas.

Recientemente, Bush se le adelantó a Obama, y propuso un aporte de 850,000 millones para satisfacer las cosas que Obama ha propuesto, y sobre lo cual ya este último había presionado, advirtiendo que, o el Congreso aprobaba el paquete ahora o él lo haría inmediatamente después de su toma de posesión.

La situación es aún más grave pues, al mismo tiempo, la crisis económica hace que ingrese menos dinero a las arcas estatales. No debemos olvidar que a todas esas erogaciones se suman otras que ya se les han adelantado, y que están destinadas al rescate de algunas empresas bancarias, y que suman no menos de 850,000 millones de dólares más, sin que nadie pueda decir hasta ahora cuánto dinero es necesario inyectar para lograr que los bancos actúen como se necesita, para estimular el crédito y que este llegue a la economía real.2

Además, enfrentar el proyecto de Obama de reducir la dependencia del petróleo extranjero, requerirá, al menos, otros 150,000 millones de dólares anuales en los próximos diez años, proyecto que en el primer mandato de Obama sumara no menos de 600,000 millones.

Sin embargo, en medio de la crisis, también se hace muy difícil encontrar dinero para gastar en proyectos de energía alternativa. Es que la paralización económica no estimula para nada el consumo de energía.

A su vez, también las promesas respecto a la ampliación de ciudadanos con seguro médico mediante subsidios gubernamentales, así como promover los servicios educacionales, mejorando el salario de los maestros y entregando dinero para estudios universitarios, entre otros, chocan también con serias limitaciones financieras, tratándose además de asuntos que se enfrentan a la altísima prioridad que representan las acciones que deberán adoptarse para "rescatar" al sistema financiero de la ruina en que se encuentra, afectando lo menos posible al ciudadano medio y sobre todo logrando que la banca mueva el crédito, condición indispensable para comenzar a levantar la economía real .3

Tales son los retos y dificultades internas que enfrenta la administración a punto de estrenarse, al menos las más prioritarias. Fue la economía la que finalmente les dio el triunfo a los demócratas, ahora se enfrentan a ella como gobierno y están obligados a cumplir con las expectativas que crearon. 

Los retos externos

Como declaramos al principio, desde la posición imperial, el reto más importante que enfrentara Obama, no solo es económico, sino también en su política exterior, que tendrá que ser desplegada en un mundo hostil a EE.UU. como nunca antes y en el que soplan vientos de multipolaridad, con ejes político-estratégicos fracturados.

Obama ha declarado durante la campaña que “tendrá más diálogo y que será implacable con los enemigos”. Lo cual tiene cierto olor a “garrote y zanahoria”.

El reto mayor del mundo frente a Obama, es que EE.UU. está viviendo sus peores  momentos en los últimos 70 años tanto en el orden interno, como de su política exterior.

A continuación enumeramos algunos de los retos fundamentales que enfrenta EE.UU. en el orden externo, los que a nuestro entender son los siguientes:

1- Durante la campaña Obama apoyo fuertemente a Israel.  Puede entonces Obama eludir el eterno dilema, desde Camp David, de desempeñar un papel equilibrado dentro de un conflicto en el que es juez y parte.

2– Pero el conflicto internacional más fuerte que afronta EE.UU. es el de la invasión a Iraq. La invasión a Iraq puede ser calificada como el error más garrafal de la política exterior norteamericana en los últimos 40 años, solo superado por Vietnam, hasta ahora.4

Para entender a fondo el conflicto de EE.UU. en Iraq, valdría la pena preguntarse por qué Bush (padre) no invadió a Iraq después de aplastar a Saddan Hussein en Kuwait en 1991. Se trata de un asunto sobre el que Bush (hijo) nunca se ha preguntado seriamente. Es que con la invasión a Iraq, Bush (hijo) destrozó el esquema estratégico que le hubiera permitido controlar la situación, evitarle sufrimientos al pueblo iraquí y evitarle casi cinco mil vidas de soldados norteamericanos a EE.UU. Saddan Hussein era aliado de EE.UU. en el área, lo que le habría permitido ejercer presión sobre Irán, evitar los excesos de Israel y mantener una plaza en el centro mismo de la región del Golfo arábigo- pérsico.

Al parecer, Bush y su séquito, con tal de llenarse los bolsillos con el petróleo iraquí y los contratos de la “reconstrucción", en la práctica lo que hicieron fue sacrificar los objetivos estratégicos de la política de EE.UU. en el área. Ha sido la invasión a Iraq y la destrucción del régimen de Saddan Hussein lo que le ha permitido a Irán emerger con fuerza, complicando la situación a EE.UU. en el área, generando un frente que a Israel le es imposible contrarrestar.

Todo parece indicar que EE.UU. le dio armas de exterminio masivo a Iraq, al menos armas químicas, que Saddan sí utilizó en su guerra contra Irán, instigada por EE.UU. Razón que nos permite comprender, más allá de la cuestión nuclear, por qué EE.UU. ya tomó la decisión de invadir a Irán, al parecer pretendiendo rectificar el error estratégico.

Por eso resulta tan difícil imaginar que EE.UU. algún día pueda retirar a todas sus tropas de Iraq.

El error de EE.UU. en Iraq se mide entonces no tanto por lo fallido de la invasión y sus desastrosas consecuencias tanto para EE.UU., como para Iraq, sino principalmente, porque la situación estratégica de EE.UU. en el área, era mejor antes de invadir a Iraq que ahora, y la preservación del régimen de Hussein hubiera desempeñado un papel importante en ello.[5]

En Iraq las armas de destrucción masiva nunca aparecieron y la invasión ya hace rato es vista como un acto fallido e injusto, a diferencia de lo que ocurre con Afganistán. Salvo aquellos que se llenaron los bolsillos con la invasión a Iraq, nadie más es capaz de explicar las razones que EE.UU. tuvo para la invasión. Porque jamás tampoco ha podido establecerse que Saddan Hussein tuviese nada que ver con Bin Laden.

Razones por las cuales cuando Obama se propone retirar las tropas de Iraq,  16 meses después de su toma de posesión, lo que está haciendo es más un cambio de prioridades que una retirada en sí, dado que las tropas que saldrán de Iraq serán instaladas en Afganistán.

Afganistán aparece entonces como un conflicto que la administración de Obama priorizara, al considerar esta invasión realmente como justificada, porque es donde están los terrorista y, por tanto, de donde supuestamente viene la verdadera amenaza contra los norteamericanos. Lamentablemente la invasión de Afganistán es vista como legítima.6

A su vez, Obama llama a desplegar “mano dura” contra Paquistán, territorio ya bombardeado en varias ocasiones, bajo la justificación de que en sus aldeas fronterizas hay fuerzas terroristas (talibán) que son protegidas y que representan un peligro para las tropas norteamericanas.

J. McCain había señalado y con no poca razón, de que Obama había cambiado, en tres días, su actitud sobre el enfrentamiento ruso-georgiano. Primero criticando la violencia de ambas partes y llamando al cese al fuego; para después decir que “sin importar cómo se inició el conflicto, Rusia lo había llevado más allá”. Lo cual significa que Obama tiene plena conciencia de que Georgia fue la que comenzó bombardeando Tsjinvali, capital de Osetia del Sur, causando centenares de muertes a la población civil, cosa que en su afán de proteger al régimen georgiano a EE.UU. no le importa, porque, en realidad, todo parte de la recreación del mito de Georgia como una nación democrática.

También los neoconservadores han estado presionando para aprovechar la supuesta agresión rusa a Georgia, como un argumento para que Georgia ingrese cuanto antes en la OTAN.

Oba
ma declaraba por su parte, “... no habrá Guerra Fría, pero la conducta de Rusia está fuera de toda norma de naciones prósperas... Putin ha mostrado una política agresiva con Georgia y Ucrania, que ahora las tiene en la mira. Debemos dar más apoyo a Georgia y Ucrania. Queremos presionar de forma internacional sobre Rusia para que modifique  su conducta. Los rusos deben entender que este tipo de acción es inaceptable; no podemos ver un renacimiento de la Guerra Fría, pero Rusia es un desafío...”


No hay dudas de que si alguna vez EE.UU. miró hacia Rusia como un aliado, ya esa "luna de Miel" se terminó. Rusia quiere ser potencia y EE.UU. preferiría que no lo fuera, por cuanto ello representa un peligro para las aspiraciones de reconstruir su hegemonía.

Es proverbial la actitud de Rusia de no dejarse presionar, por lo que tales confrontaciones no auguran momentos fáciles a la política norteamericana.7

Al mismo tiempo, Obama ha proclamado una “diplomacia personal agresiva” para detener, a toda costa, el programa nuclear iraní. Es decir, negociación, pero sin quitar de la mesa la opción de la agresividad contra Irán, que como sabemos ya está cualificada a partir de una guerra anunciada.

Este conflicto no parece tener solución, pues tanto Irán como otros países del área, saben que los terroristas israelíes, que asesinan palestinos todos los días, ya tienen armas nucleares, con el beneplácito de EE.UU. Por lo que nos atrevemos a asegurar que Irán no va a ceder, ante este clásico doble standard de la política norteamericana, y ello ha generado una explosiva situación, que está deviniendo en el foco de conflicto más explosivo de las actuales relaciones internacionales. Creo que lo único que detiene a EE.UU. ante Irán es el peligro de desbordar las fronteras del conflicto en Iraq. Se tratarían ya de involucrarse en tres guerras al mismo tiempo y que dentro de esa llamarada bélica Israel también podría desaparecer, entre otras razones.

Obama se distingue por haber votado contra la invasión a Iraq, pero esa credencial no le es totalmente positiva y se ha hecho acompañar de J. Bidden.8

En los asuntos de la política exterior, el vicepresidente, Joseph Bidden, que le aprobó a Bush (hijo) todas sus andanzas en el asunto de Iraq, puede ser entonces una mano tenebrosa, auscultando continuamente y tal vez corrigiendo las políticas de Obama, cumpliendo así, desde la derecha, la función que parece le han asignado dentro del equipo presidencial.9

A finales de 2002, el actual Vicepresidente, defendió el derecho de G. Bush a invadir Iraq, votando a favor de todas las partidas presupuestarias destinadas a financiar la ocupación. Es más, propuso la división de Iraq según alineamiento étnico, con gobiernos regionales y una autoridad central débil, medida que finalmente no fue aprobada.

Entonces, todo parece indicar que aún con Obama en la presidencia, continuará el partido de la guerra en la Casa Blanca.

C
on estos conflictos que se avisoran, que tendrán que ser atendidos, sus declaraciones y con el Vicepresidente que tiene, en realidad, Obama no parece desligarse casi nada de la política exterior de la anterior Administración de George Bush.10,11


Pero, un reto adicional, más allá de la presencia neoconservadora dentro de su gobierno, son otros complicados asuntos que la política exterior de Obama tendrá que afrontar.

Asuntos todos que se pueden complicar dentro del decursar de la primera mitad de su mandato hasta el 2010, momento ya en que de cara a las elecciones congresionales de medio término, tendrá que exhibir logros en su gestión, si es que desea conservar la mayoría dentro del órgano legislativo.

Veamos brevemente, cuáles son esos otros asuntos:

1-¿Qué actitud adoptará Obama ante la decisión al parecer ya tomada de invadir Irán?

2-El conflicto con Siria, con participación de Iraq.

3- El problema judío-norteamericano en el Líbano y Gaza.

4- Una posible escalada militar contra Rusia, por parte de EE.UU., a partir de una prolongación del conflicto en el Cáucaso.

5- La colaboración militar entre Rusia y Venezuela.

6-La posible afganización y ocupación militar de Paquistán.

7- La utilización de Ucrania y Polonia como catapultas de un nuevo conflicto político-militar con Rusia.

8- Las incursiones de Turquía en el Kurdistán (Iraq).

9- Conflicto con Corea del Norte.

10- Los cambios en América Latina.

11- El conflicto con Cuba.

Esta es la primera transmisión presidencial que tiene lugar en medio de una guerra, después de 1968. Al mismo tiempo complicada esta transmisión por su ocurrencia en medio de una crisis económica de proporciones y final impredecibles. Como si fuera poco, sin un proyecto aún coherente de política económica, que a nivel interno e internacional pueda influir en su solución, atacando de fondo los problemas estructurales que se manifiestan en la crisis del sistema financiero actual y de la economía real.

Todo ello indica que Barack Obama tendrá que tomar decisiones trascendentales, para las que ya se prepara.

Pero si Obama no despoja a la política exterior norteamericana de la excesiva  prepotencia y el doble estandard que le caracterizan, ejemplificado muy bien en los casos de Irán, Palestina y Corea del Norte, estaremos en presencia de un tipo de actuación internacional de EE.UU., que no se diferenciará sustancialmente de la de su predecesor.

Pero Barack Obama, con el solo hecho de haber sido elegido presidente, ya tiene un crédito a su favor. Su elección ha despertado las esperanzas y expectativas que no se recuerdan para el caso de ningún otro presidente norteamericano en toda la historia de las elecciones presidenciales en EE.UU.

El nuevo Presidente ha personificado un acontecimiento inédito de la historia americana. Por eso, muchos, aunque no confiasen en él, al menos le otorgan el beneficio de la duda. Otros, más superficiales, creen que por el solo hecho de ser negro, inteligente y no haber nacido en cuna de oro, ya tendría que ser el mejor presidente.

Sin duda, Obama tiene una meta de arrancada ventajosa. No solo ha ganado la presidencia, sino que  lo ha hecho con más de 340 votos electorales y más de seis millones de votos populares, sobre su contrincante republicano, por lo que sin duda, ha recibido un mandato político.

Como si fuera poco, su partido tiene mayoría en el Congreso de la nación, como no se recuerda en largos años. ¿Qué hará Obama con todo ese crédito? No podemos predecirlo, porque su imagen, si bien se presta para levantar las más altas simpatías y expectativas respecto a lo que puede hacer  con su mandato, al mismo tiempo le brinda  también la oportunidad para actuar como el Presidente más cínico y engañoso de la historia americana, sin que sea fácil descubrirlo.

No debemos olvidar que el primer compromiso que tiene Barack Obama es cumplir con los sectores y las elites políticas que lo llevaron al poder. Porque ningún candidato, sea del partido que sea, tenga el color que tenga y venga de donde venga, puede llegar a donde Obama ha llegado, si poderosas elites políticas no lo identifican como un depositario de sus intereses.

Lo que Obama tiene de diferente se lo da no tanto el ser negro como la materia prima personal de historia,  procedencia,  inteligencia y habilidad política que aportó para su construcción como figura presidenciable, así como la coyuntura interna e internacional en que emerge; sobre todo, después de ocho años de una presidencia republicana que más desastrosa no ha podido ser, y que fue capaz de asustar, incluso a muchos que al principio la apoyaron.

Al mismo tiempo, si bien es cierto que en el ambiente político de EE.UU. la figura presidencial es una construcción desde arriba, Obama rompe un poco con ese algoritmo, al ser también el fruto de años, dentro de los cuales la sociedad norteamericana también ha cambiado respecto a muchas de sus lacras. Por lo menos para hacer factible que el racismo quedará aplastado por el pragmatismo. Con la elección de Obama como presidente coincidieron muchos ingredientes, entre otros, que la sociedad norteamericana, en coyunturas de crisis, puede comportarse más pragmática que intolerante y racista.

Qué puede ocurrir con la Administración de Barack Obama y sus políticas, solo podremos saberlo cabalmente cuando haya completado su equipo de gobierno, tome posesión y comience a ejecutar sus políticas.

Para finalizar, diríamos que Barack Obama, ahora como presidente continuará teniendo ante sí el reto del racismo, que ahora se exacerba, representando un verdadero y creciente peligro para su vida.

30 de noviembre de 2008.

La Jiribilla, La Habana, Año VII, 6 al 12 de diciembre de 2008
http://www.lajiribilla.cu/2008/n396_12/396_09.html

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[1] La campaña presidencial de Barack Obama es como un test case, digno de ser estudiado en cualquier cátedra de Ciencias Políticas.

[2]
El crédito es el mecanismo que vincula a la economía financiera con la economía real. Si no hay créditos, el proceso inversionista que saca a la economía real de la crisis no se produce.

[3]
Esa historia no está por terminar, sino por complicarse aún más. En la reciente Conferencia del G-20, se adoptaron acuerdos que son más de lo mismo, reafirmando al FMI como la institución encargada de la crisis. Las metas a alcanzar son ambiciosas y se vuelve menos alcanzables, cuando se apela a los mismos mecanismos que no han funcionado.

[4]
Recientemente y después de muchas artrimañas y deliberaciones se aprobó precariamente el llamado Acuerdo SOFA, por medio del cual se establece el período y condiciones de estancia y retirada de las tropas norteamericanas de Iraq. La historia aún no ha concluido y apunta a ser complicada antes de que las tropas inicien su retirada. EE.UU. necesitaba a toda costa el acuerdo al vencer el plazo que le fue otorgado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

[5] Teniendo
en cuenta cómo fue la captura y el final de Saddan Hussein, no sería nada absurdo considerar que con posterioridad al desastroso final que para Iraq tuvo la operación Tormenta del Desierto, los bombardeos y el impedimento del cambio de petróleo por alimentos, junto a las sanciones de Naciones Unidas, Saddan Hussein hubiera estado dispuesto a hacerle cualquier concesión a EE.UU. con tal de no ser invadido. Lo cual le hubiera permitido a EE.UU. mantener un aliado débil, respecto a EE.UU. en el área, pero fuerte y temido en la región, como para continuar prestando importantes servicios a EE.UU.


[6]
Se habla poco de esa guerra, pero es tan complicada como Iraq, y en enero serán enviados unos tres mil soldados norteamericanos, bajo el proyecto de Obama de atender mejor ese conflicto.

[7]
Rusia, en los años de la Administración de Putin, produjo un cambio sustancial en su política exterior no solo hacia EE.UU. sino hacia el mundo en general.

[8]
Sin duda, fue una jugada inteligente llevar a Bidden para equilibrar a Obama con la derecha y tener a alguien en el ticket con experiencia en política exterior. Pero Bidden es un militarista, que ha mostrado desprecio por el derecho internacional tanto respecto a Iraq, como en otros asuntos de la política exterior.

[9]
Bidden proporcionó una cobertura bipartidista al peor desastre de la política exterior de G. Bush: la invasión a Iraq. En su calidad de presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, en julio del 2002, convocó audiencias sobre la guerra ya preparada, a las que citó especialistas, que ninguno ponía en tela de juicio el pretexto principal para invadir Iraq: que S. Hussein tenía armas de exterminio masivo.

[10]
En medio de esta situación será de suma importancia quiénes ocuparán las Secretarías del Pentágono y el Departamento de Estado.

[11]
Bidden no es judío, pero sí un devoto ferviente. Al mismo tiempo, un halcón que puede mantener con vida algunas políticas, que recordarían más a la administración republicana de George Bush (hijo) que a una nueva Administración demócrata, en la que tantos han puesto sus esperanzas.



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