Liderazgo y organización comunitaria: Una vía a la democracia y el desarrollo - América Latina en Movimiento
ALAI, América Latina en Movimiento

2007-11-30

Colombia

Liderazgo y organización comunitaria: Una vía a la democracia y el desarrollo

Víctor Negrete Barrera
Clasificado en:   Política: Politica, Democracia, |   Social: Social, |   Economía: Economia, Desarrollo, |
Disponible en:   Español       
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Antecedentes

Hace diez años, en Ríonegro, Antioquia, un grupo de influyentes colombianos de variada condición social y política diseñaron, después de muchas reflexiones, cuatro escenarios posibles de lo que sería Colombia en los siguientes 16 años. A este ejercicio académico, basado en la planeación por escenarios, le llamaron Destino Colombia.

El primer escenario presenta el país con graves problemas económicos, sociales, políticos y en sus relaciones internacionales. Es tal la situación de desgobierno e ilegitimidad que se corre el riesgo de un colapso parcial del Estado y de fraccionamiento territorial. El caos es inminente y la capacidad para enfrentar los cambios necesarios es mínima o nula. El segundo escenario muestra la presencia e influencia de los grupos armados ilegales tanto de la guerrilla como de los paramilitares y el narcotráfico. Teniendo en cuenta que es improbable una victoria militar sobre ellos, adelantan procesos de negociación acogiendo propuestas de los distintos actores comprometidos que rediseñan la sociedad y el Estado. El tercer escenario es la ausencia o fracaso de las negociaciones de paz y para que el país no se hunda del todo surge el líder firme que pone orden al caos social e institucional con medidas extraordinarias; aunque hay mejoramiento económico y de seguridad tal hecho provoca reacciones en el interior y exterior del país por la limitación a las libertades públicas y la confrontación con los grupos de oposición, lo que ocasiona polaridad en la población y cierto aislamiento internacional. Y el cuarto escenario es el del país en reconstrucción donde la sociedad civil y las comunidades buscan salidas mediante organizaciones autónomas con el propósito de construir la paz, recuperar la economía y moralizar los sectores público y privado. El ciudadano común vence el temor y se decide a intervenir en política; la ciudadanía participa activamente en los asuntos públicos y se multiplican y fortalecen las organizaciones sociales, cívicas, sindicales, de mujeres, campesinas, organizaciones no gubernamentales y las asociaciones de empresarios. Al final Colombia se encamina hacia una democracia sólida con el respaldo de las naciones y los organismos internacionales.

Después de este ejercicio, como es típico en muchos colombianos, los participantes perdieron contacto entre si y los planes quedaron abandonados. Sin embargo los escenarios son interesantes, el tercero en particular guarda cierta coincidencia con la situación actual del país y el cuarto es una alternativa que no debemos olvidar en ningún momento.

En otro lugar y tiempo, en el departamento de Córdoba hace 35 años, un grupo de personas interesadas en la investigación social y organizaciones campesinas bajo la coordinación del conocido sociólogo Orlando Fals Borda, comenzamos la experiencia de lo que sería la investigación acción participativa. Con esta concepción y metodología orientándonos en el trabajo, la Fundación del Caribe y la Fundación del Sinú desde el principio, el Centro de Comunicación Educativa Audiovisual CEDAL, el Centro de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Sinú, las Redes ciudadanas y la Agenda ciudadana del medio ambiente de la Contraloría General de la República en la actualidad, hemos pasado por las siguientes etapas:

1. El trabajo con el movimiento campesino (1972-1974). Dimos énfasis a la investigación sobre los antecedentes de las luchas campesinas, adelantamos varias publicaciones sobre el tema, contribuimos en la formación de líderes con la Escuela de cuadros, la ampliación y fortalecimiento de la organización y devolvimos a los protagonistas e interesados el conocimiento adquirido y sistematizado a través de folletos ilustrados, proyección de filminas, programas en casetes, obras de teatro y títeres, décimas, cuentos literarios, canciones y conjunto vallenato. La discusión de la época y el sectarismo terminaron distanciando a la organización campesina, a Orlando Fals y a la Fundación del Caribe que el autor presidía. Como consecuencia el proyecto terminó y la Fundación cerró sus puertas.

2. Varios años después reiniciamos actividades. Comenzamos con el trabajo en la zona de la cuenca del río San Jorge y las fuentes de agua en el Sinú (1979-1981). Privilegiamos la investigación sobre los municipios mineros del San Jorge (ferroníquel en Montelíbano, carbón y oro en Puerto Libertador) con presencia de grupos armados ilegales, la situación de los humedales en ambas cuencas y las consecuencias de la construcción de la hidroeléctrica de Urrá I en el Sinú; impulsamos la creación de Juntas cívicas en Montelíbano y comités cívicos de barrios en Montería; nos vinculamos a los medios de comunicación con programa diario de radio durante 10 años y columnas en los semanarios locales; la devolución del conocimiento en la mayoría de los casos fue precisamente a través de estos medios.

3. Continuó el trabajo en el San Jorge y en el Sinú (1982-1984). Culminamos y publicamos algunos estudios; ayudamos a formar organizaciones cívicas y productivas en Montelíbano, Puerto Libertador, Ayapel y La Apartada y para la devolución del conocimiento nos valimos de la prensa hablada y escrita, exposiciones de fotografías, proyecciones de diapositivas, canciones y grabaciones en casetes con informes especiales, cuentos literarios y otros textos.

4. El trabajo en territorios y poblaciones a merced de grupos armados ilegales (1985-1996). La agudización del conflicto armado con la participación de las guerrillas (Ejército Popular de Liberación, Farc, Corriente de Renovación Socialista y Partido Revolucionario de los Trabajadores), el narcotráfico y el paramilitarismo produjo muertes, desplazamientos y desapariciones por un lado y restricciones severas o clausuras transitorias o definitivas a numerosas organizaciones sociales por el otro, tanto en el campo como en las cabeceras. Al final del período, entre 1991 y 1994, la mayoría de estos grupos, con excepción de las Farc, se desmovilizaron por acuerdos con el gobierno, lo que trajo alivio pasajero en algunas zonas que perdieron poco después cuando fueron ocupadas por los farianos.

Aún en estas condiciones tan desfavorables, hicimos investigaciones y publicamos libros, folletos, cartillas, revistas; participamos activamente en los análisis y discusiones sobre ordenamiento territorial promovidos por el Consejo Regional de Planificación de la Costa; organizamos y participamos en cientos de reuniones, charlas, foros, talleres, seminarios en el departamento, la región y el país; promovimos concursos culturales, ferias de la ciencia para estudiantes de secundaria, historias de barrios, recorridos por los ríos Sinú y San Jorge y a llamar la atención sobre el estado de los humedales; en comunicaciones proseguimos con radio y prensa, iniciamos la elaboración de videos basados en creencias populares y empezamos a incursionar en programas de televisión; en organización creamos la Academia de historia, la Asociación de archivistas y las Asociaciones de municipios del Caribe y el San Jorge; con tantos medios al alcance la devolución del conocimiento alcanzó más cobertura y efectividad.

5. El trabajo en áreas de influencia del vínculo paramilitares-políticos y las desmovilizaciones (1997-2007). Con la conformación de las Autodefensas Unidas de Colombia AUC las relaciones entre comandantes, políticos y mandatarios, amén de otros sectores importantes, adquirieron connotación política que se refleja en los resultados de las elecciones de 2002, 2003, 2006 y en menos proporción en el 2007. El poder que consiguieron afectó los presupuestos oficiales, la economía, las inversiones en determinados renglones, la burocracia, la salud, los valores y principios familiares y comunitarios y se convirtieron en modelos a seguir por numerosos grupos y sectores sociales. Los procesos de desmovilización, reinserción y reintegración han sido improvisados, con fallas y fracasos que han ocasionado malestar y reincidencia en la población atendida.

Bajo esta situación seguimos con las investigaciones y publicaciones de libros y revistas, en especial las relacionadas con los anteriores acuerdos de paz, el proceso de negociación entre el gobierno y las AUC, las desmovilizaciones y posdesmovilizaciones, la parapolítica, los procesos electorales, las victimas; organización y participación comunitarias; las fuentes de agua, en especial los humedales, y más recientemente la intención del gobierno de construir la segunda parte de la hidroeléctrica de Urrá; en capacitación creamos la Escuela de liderazgo democrático con egresados de dos cohortes, talleres sobre manejo de internet, medios impresos, radio comunitaria y elaboración de historias y vidas de comunidades campesinas; en las jornadas de reflexión el análisis se ha centrado en el trabajo realizado, impactos causados, perspectivas reales de cambio o mejoramiento de las condiciones de vida de los asociados y comunidad en general y cual debe ser el papel de las organizaciones locales en estos tiempos de globalización; en organización creamos, junto con otras asociaciones, instituciones y organizaciones no gubernamentales, las Redes ciudadanas de Córdoba, la Agenda ciudadana del medio ambiente, el Centro de Estudios Sociales y Políticos, la Red ciudadana de reconciliación de la Costa y en etapa preliminar la Corporación de desarrollo y paz para Córdoba y Urabá antioqueño; en comunicación prosigue el trabajo con radio, prensa, televisión e internet y la devolución del conocimiento es cada vez más amplia y diversa.

A pesar de las dificultades, el miedo y la impotencia que padecimos, agudizadas a partir de 1985, el trabajo no decayó en ningún momento. La prudencia, la independencia frente a los grupos o movimientos políticos legales e ilegales, la credibilidad y transparencia ganadas en el transcurso de los años, los esfuerzos hechos por ayudar a superar la pobreza y la exclusión de la mayoría de la población, valorados por muchos, han protegido el trabajo y respetado la vida de los miembros.

Una anotación más: desde la época de Fidel Castaño, principio de la década de los años ochenta, el departamento de Córdoba es referencia obligada para toda clase de estudios sociales, económicos, políticos y antropológicos por parte de investigadores nacionales y extranjeros, en especial de Estados Unidos y Europa; igual para la prensa nacional y del exterior y últimamente para los jueces de justicia y paz.

Tomando como base los antecedentes reseñados hay dos aspectos que llaman la atención y son la razón del presente documento: 1. Las organizaciones sociales y las comunidades con objetivos precisos, poder de convocatoria y gran participación pueden ser una alternativa para alcanzar la democracia y el desarrollo (local o comunitario) como lo indica el cuarto escenario de Destino Colombia. 2. En Colombia hay muchas organizaciones y comunidades que a pesar del trabajo realizado durante largo tiempo no han podido constituirse en alternativa para lograr la democracia y el desarrollo como ha sucedido con nuestras organizaciones en Córdoba. ¿Qué ha sucedido?, ¿dónde están las fallas?, ¿qué hacer?

Para empezar, veamos lo siguiente:

Breve historia y características generales del liderazgo en Montería

Los líderes institucionales. Montería es la capital de Córdoba desde su creación en 1952. Los que fungían de líderes en ese entonces eran por lo regular los señores alcalde, sacerdote, maestros y policías. Todos varones, mayores de 40 años de edad, acatados y respetados por la mayoría de la población. Velaban por las buenas costumbres, el orden y la moral de los habitantes. Cuando se presentaban conflictos mediaban para conciliar y solucionar las dificultades. Como las necesidades materiales de los sectores populares crecían todos los años y no tenían voceros que los representaran, este liderazgo empezó a declinar.

Los líderes comunales. En 1958 el gobierno nacional reconoció las Juntas de Acción Comunal JAC. A principio de la década de los sesenta ya estaban en Montería. Todos sus dirigentes eran hombres, mayores de 30 años, reconocidos y respaldados por sus comunidades y con aceptación en la administración municipal. Desde el inicio de sus actividades hasta el presente, la mayoría de estos dirigentes con formación académica básica incompleta y precaria situación económica, propiciaron invasiones y revueltas para poder hacerse a programas de vivienda; mejoran el estado de calles, colegios, puestos de salud, parques y canchas deportivas; reclaman mejores servicios y ayuda humanitaria; organizan eventos deportivos y recreativos; solicitan la presencia de instituciones y organizaciones públicas y privadas y cuentan con experiencia en actividades políticas y electorales. Cerca del 50% de ellos cumplen su labor por convicción cívica, política o religiosa.

El papel de este liderazgo ha sido importante en la historia del trabajo comunitario porque desde él fue posible levantar gran parte de los asentamientos subnormales y populares de la ciudad a través de las invasiones, a veces la única vía para acceder a lotes donde levantar los ranchos; gestionó recursos para mejorar las condiciones de las comunidades y abrió espacios a la actividad política y la participación de la mujer en estas actividades. Pero también hay debilidades: la mayoría no estudia, no lee, no investiga; les falta disciplina para su formación personal, así como para fijar y alcanzar metas; no tienen claro lo que quieren a mediano y largo plazo; no sistematizan ni evalúan el trabajo ni las experiencias y están acostumbrados a ser los cargaladrillos o peones de brega de los grupos políticos tradicionales.

Los líderes de izquierda. Hicieron su aparición a finales de la década de los años sesenta. A la sazón se encontraban haciendo proselitismo político el Partido Comunista Marxista Leninista, el Partido Comunista, Debate Marxista Leninista, Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario y el Bloque Socialista. Todos tratando de cambiar el país: unos a través de reformas y elecciones y otros por la vía armada. La dirigencia pasaba de los 24 años, ninguna mujer y el nivel de estudios era de estudiantes universitarios, docentes y profesionales. Eran estudiosos de temas sociales y políticos, teoría y praxis revolucionaria, consagrados a su labor, disciplinados, agitadores, sectarios. Sus bases las componían estudiantes de secundaria y universidad, profesores, campesinos sin tierra y minifundistas, trabajadores, en especial del sector servicios y jóvenes de grupos de teatro y danzas. Este liderazgo estuvo al frente de grandes movilizaciones y protestas por educación, salud, tierra, vivienda y servicios públicos. Fue duramente reprimido por el gobierno y nunca se conocerá el número de muertos, encarcelados, desplazados y exiliados que debieron pagar por sus concepciones y acciones.

Los líderes de las organizaciones no gubernamentales. Hacen parte de organizaciones de ámbito departamental, nacional o internacional. Por lo general cuentan con apoyo de organismos nacionales o internacionales de carácter gubernamental, religioso, político o privado. El trabajo que llevan a cabo en las comunidades es con base en proyectos o programas específicos a corto, mediano y largo plazo con visitas periódicas de seguimiento y evaluación. Es casi norma de conducta entre ellos no hacer acuerdos o alianzas con líderes comunales por embaucadores ni con políticos por clientelistas y deshonestos ni con funcionarios, algunas veces, por incumplidos o aprovechadores. A pesar de atender grupos o comunidades durante largos años poco acostumbran dar a conocer los resultados obtenidos y las sistematizaciones elaboradas. Las alianzas entre ellas son escasas, poco comparten experiencias, son reacios a los medios de comunicación y a las publicaciones de difusión amplia y no presentan propuestas de cómo trascender lo asistencial y humanitario. Al parecer, como dicen ellos, prefieren desempeñar una labor tranquila y meritoria de bajo perfil.

Los líderes políticos de las comunidades pobres. Se van formando con el ejemplo de los líderes comunales y políticos de sus respectivos barrios o asentamientos. Hay hombres y mujeres. La edad en los hombres está entre 25 y 40 años y en la mujer pasa de los 30. El número de mujeres es cada vez más creciente. Llevan una vida política muy activa: están enterados de lo que sucede en las administraciones, en las corporaciones públicas y en los grupos políticos de Montería y Córdoba; leen prensa, oyen y ven noticieros locales y nacionales, intervienen en los corrillos y debates que arman en cualquier momento y lugar; se mantienen pendientes de los copartidarios en su área de influencia, les molesta que los jefes les mientan o engañen y no es raro que ofrezcan sus votos a otros que si los atiendan y compartan con ellos. No cuentan con salarios u honorarios por desempeñar estas actividades, a cambio reciben de sus jefes la posibilidad de incluirlos en los programas de ayuda asistencial del gobierno, recibir pequeños contratos, empleos temporales, beneficios médicos y educativos, tener relaciones con personajes de importancia y cierta preferencia en las dependencias controladas por funcionarios de sus grupos. Este líder no se desarrolla políticamente por la estructura y manejo de los distintos partidos y movimientos que reservan solo para los familiares y grandes contribuyentes el acceso a curules, puestos o contratos de importancia.
Breve historia y características generales de las organizaciones e instituciones con trabajo comunitario en Montería

Juntas de acción comunal. De acuerdo con el censo de 2005, el municipio de Montería tenía 381.525 habitantes distribuidos así: 288.192 en la cabecera y 93.333 en el campo. Hoy en día existen cerca de 200 Juntas, más de la mitad en la ciudad y el resto en la zona rural. Gran parte de ellas están inactivas, los directivos que trabajan son pocos, las reuniones formales son escasas, los programas de trabajo los han reducido, la presencia de mujeres y jóvenes es mínima. En el campo, además de acciones comunales se encuentran las asociaciones de padres de familia, grupos religiosos y de deportes, frentes de seguridad, madres comunitarias y un número reducido de cooperativas y grupos de producción.

Comités cívicos. A finales de la década de los años setenta por iniciativa del programa de radio de la Fundación del Sinú fueron creados cerca de 20 de estos comités en distintos barrios con estructura organizativa sencilla y operativa y un plan de acción preciso y viable que les ayudaba a resolver algunos problemas de la comunidad. Desafortunadamente los directivos escogidos no cumplieron su papel y desaparecieron con el tiempo.

Ollas comunitarias. Comenzaron a funcionar en 1994. Grupos de mujeres de distintos lugares juntaban sus pequeñas cuotas para comprar alimentos, preparar la comida y repartírsela. Este proceso las acercaba, conversaban y nacían nuevas ideas. Con los años la propuesta se fue agotando por falta de recursos para comprar los trastos e implementos de cocina y mejorar algunas cocinas, muchos fiaban y no pagaban y a otros las raciones les parecían insuficientes.
Iglesias. Las iglesias católicas y evangélicas por medio de sus funcionarios, organizaciones barriales o directamente con los beneficiarios atienden emergencias, calamidades domésticas, capacitan, entregan ayudas para el estudio y conceden pequeños préstamos para generación de ingresos.

Organizaciones no gubernamentales o sin ánimo de lucro. Son numerosas y hay de todo tipo. La mayoría son de corta vida o permanecen la mayor parte del tiempo inactivas. Casi todas las de Montería son débiles y pobres, temen pronunciarse sobre los conflictos que agobian la ciudad y el departamento y no tienen propuestas sobre lo que debemos hacer para el futuro. Sus programas y proyectos, grandes o pequeños, terminan cuando se agotan los recursos de los organismos patrocinadores y continúan en caso estos decidan prorrogarlos. La continuidad y el impacto del trabajo siempre están en suspenso.

La desorganización e incredulidad de la mayoría de la población

La mayoría de los miembros de las comunidades no hacen parte de ninguna
organización. Niños, adolescentes, jóvenes, mujeres, ancianos, productores, trabajadores informales, tenderos y artesanos, entre otros, no cuentan con organizaciones propias que les atiendan sus necesidades, aspiraciones e intereses económicos y sociales de acuerdo con la edad, género y ocupación. Las pocas que existen no incluyen estos objetivos ni les dan paso a sus voceros en las juntas directivas. Hay algo más, la incredulidad y desconfianza que generan buena parte de los directivos o dirigentes por el incumplimiento reiterado, la falta de carisma y preparación, el acaparamiento de beneficios económicos o sociales, además de pérdida de tiempo en reuniones largas y fastidiosas.

Las aspiraciones de la comunidad

En las numerosas aspiraciones de las comunidades que han sido atendidas a medias o ni siquiera las han considerado las hay sencillas y complejas para cumplirlas a corto o mediano plazo. Me limitaré a las más conocidas: contar con adecuados servicios públicos; salud y educación de calidad, con revisión periódica de los programas de estudio en todos los niveles y evaluación de resultados; capacitación a los interesados en los niveles técnico, tecnológico o profesional; empleo o apoyo para crear pequeños negocios rentables y sostenibles en el tiempo con base en estudios de mercado; fomento del deporte, la ciencia, la cultura y la recreación mediante la construcción de escenarios, obras, programas e incentivos; adopción permanente de programas de prevención, atención y rehabilitación que controlen la drogadicción, alcoholismo, prostitución y delincuencia; atención especializada en educación sexual y reproductiva; programas de atención a desplazados, desmovilizados, discapacitados, abandonados o con problemas mentales; montaje de puestos de conciliación, orientación familiar y comunitaria; órganos de divulgación o voceros autorizados que permanentemente den a conocer la situación , las propuestas y opiniones de los moradores; el debate electoral sea con base en programas de gobierno y en la preparación, honestidad y antecedentes de la vida pública y privada de los aspirantes; deliberación política abierta, con argumentos y respeto, sin miedo, prevenciones ni fanatismos, abiertos y dispuestos a la crítica; participación activa, con incidencia en los procesos y resultados, en los programas, obras y acciones de importancia que adelanten las administraciones gubernamentales; control público sobre los bienes y recursos de la nación; foros abiertos, plebiscitos o cualquier otra forma de participación ciudadana para decidir programas o políticas controversiales que dividan a la población; protección al medio ambiente y los recursos naturales; fomento de los principios éticos, el respeto de lo público, la convivencia y la solidaridad ciudadanas.

¿Con las organizaciones y liderazgos actuales es posible que las comunidades puedan hacer realidad sus aspiraciones?

No. No es posible. La historia y características del liderazgo en Montería recuerdan una serie de debilidades y fortalezas que deben ser asumidas, reconsideradas y renovadas con nuevos principios y metas. La historia y características de las organizaciones exigen replantear objetivos, resultados obtenidos y alcance. La desorganización y la incredulidad de la mayoría de la población son obstáculos difíciles de remover que ameritan análisis detallados para la adopción de medidas eficaces. Lo fundamental del asunto está en que se debe pasar de un trabajo de muchos años basado en la atención de emergencias, asistencia humanitaria y proyectos productivos de sobrevivencia a otro, que, sin descuidar los logros anteriores, haga énfasis en la formación política, la práctica de la democracia, la búsqueda del desarrollo para el bien común y la inclusión social.

¿Qué hacer?

El qué hacer depende de lo que se quiere lograr en determinado tiempo, cómo hacerlo, con quién y con qué recursos. Cada caso es particular y no hay fórmulas para aplicar en todos los casos. Lo que presentamos a continuación es para el caso particular de Montería.

Replantear y crear nuevas organizaciones .Sin excepción, todas las organizaciones que existen en las comunidades deben replantearse su estructura, funcionamiento y objetivos, valorar el trabajo hecho y el impacto causado y ajustarlas a las necesidades y aspiraciones señaladas.

Plan de desarrollo comunitario. Es un instrumento importante que les permite conocer a fondo e integralmente la situación que viven, proyectar su mejoramiento y llevar a cabo programas de interés colectivo. Debe ser elaborado por las personas interesadas de la comunidad con ayuda, si la precisan, de personal idóneo y comprometido de organizaciones e instituciones. El documento final debe ser producto de análisis y discusiones con todos los implicados, de tal manera que todo grupo o sector sea consciente de sus derechos y deberes, sus funciones y responsabilidades en cada etapa o momento de su ejecución, dispuesto a enriquecerlo cada vez que las evaluaciones y seguimientos lo aconsejen.

Juntas de gobierno. A medida que el proceso de creación y replanteamiento de organizaciones comunitarias avanza junto con la elaboración del Plan de desarrollo, surgirá la necesidad de constituir una nueva instancia que agrupe o coordine a las nuevas y viejas organizaciones. Esta sería la Junta de gobierno, encargada, entre otras cosas, de gestionar y hacer realidad el Plan de desarrollo y promover la democracia. Se convertirá en el núcleo básico del análisis y el debate democrático, el defensor acérrimo del interés público y la ética, ejemplo de respeto a los derechos humanos y la convivencia, impulsador de propuestas, políticas y programas de beneficio común, siempre abierto a la creatividad y la innovación.

Puestos de atención comunitaria. Son sedes atendidas por jóvenes y adultos de ambos sexos, debidamente entrenados, de las respectivas comunidades. Estarían encargados de suministrar información, orientación y atención (en convenio o no) a las personas que lo requieran en los siguientes aspectos: riesgos en adolescentes y jóvenes, conciliación comunitaria, acompañamiento sicosocial y capacitación para el empleo y la generación de ingresos.

Medios de comunicación y devolución de conocimientos. El uso sistemático y cada vez más profesional de los medios de comunicación (radio, prensa, televisión) es fundamental para divulgar las realidades y propuestas de las comunidades y sus puntos de vista sobre temas de interés general. Es indispensable conformar e ir especializando el grupo que atenderá esta labor. La devolución del conocimiento debe ser múltiple y creativo, de acuerdo con las características e intereses de los destinatarios.
Redes ciudadanas. La coordinación entre organizaciones con fines similares, sobre todo en situaciones como las que vivimos en Montería y Córdoba, es de indiscutible utilidad. Permite la adopción conjunta de planes de trabajo, capacitaciones y reflexiones, necesarias para el avance del trabajo. El intercambio y la confianza crecen, los celos y la dispersión se reducen.

Jornadas de reflexión. De manera puntual y obligatoria hay que efectuar estas jornadas. Es la oportunidad para revisar lo hecho, evaluar el resultado, hacer ajustes, esbozar análisis y sacar conclusiones que se aplicarán en el trabajo.

Movimiento de opinión. La idea es que cada organización en particular y cada red temática en general divulguen sus apreciaciones y devuelvan los conocimientos adquiridos y sistematizados a través de todos los medios y formas posibles de tal manera que se vaya construyendo un movimiento de opinión que genere simpatía y apoyo en el grueso de la población.

Ejemplos importantes a tener en cuenta. El país está lleno de buenos ejemplos que deben conocerse y tenerse como referencias al momento de reflexionar sobre el trabajo local. Basta señalar el banco de las buenas prácticas del Informe de desarrollo humano de las Naciones Unidas, los premios Planeta Azul, Mujer Cafam, de la Paz, del Maestro y, en fin, muchos otros que pueden servir de guía a lo que se intenta hacer en Montería.
Fuera de estos hay otros procesos en marcha en el sur de la Costa Caribe que es necesario conocer como las constituyentes comunitarias, laboratorios de paz, programas de desarrollo y paz, iglesias santuarios de paz, observatorio del proceso de negociación y el posconflicto, comisión de reparación y reconciliación, entre otras. Y hace poco en Barranquilla se lanzó una nueva propuesta que pretende ser regional, el Compromiso Caribe, para reducir la pobreza y la exclusión de la mayor parte de la Costa. Hay, pues, un movimiento en marcha que partiendo de los pueblos y regiones intenta incidir en las políticas nacionales. Montería y Córdoba deben responder al llamado y lo primero que deben hacer es replantear su liderazgo y organización comunitarias.

Montería, 27 de noviembre de 2007

- Víctor Negrete Barrera, Centro de Comunicación Educativa Audiovisual CEDAL y Centro de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Sinú

Fuente: Semanario Virtual Caja de Herramientas
Corporación Viva la Ciudadanía. www.vivalaciudadania.org


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