ALAI, América Latina en Movimiento
2001-11-01
Estudio de CasoEcuador: El proceso de "sucretización" en el Ecuador
Alberto Acosta
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Cuando el
régimen del latrocinio tiene por égida el Poder
Ejecutivo, no es fácil conseguir oportunamente documentos con
que comprobar los peculados
Eloy Alfaro, 1896
Introducción
El proceso de
sucretización, que implicó que el Estado
ecuatoriano asuma la deuda externa privada, tuvo consecuencias
negativas para su sociedad y su economía. La más
importante fue la de hipotecar, una vez más, al país a
las condiciones impuestas por los acreedores de una deuda externa
impagable. Este proceso, como casi todas las soluciones
definitivas, contemplaba ciertos beneficios
derivados del cumplimiento de las condicionalidades del FMI y del
Banco Mundial (al presentarse el Estado ecuatoriano como un mejor
garante de los créditos frente a los acreedores
externos), al evitar la quiebra de las empresas y al estabilizar el
sistema financiero, según rezaba el discurso oficial.
Pero lo que
realmente significó la sucretización fue un
proceso corrupto donde el país se vio seriamente perjudicado.
Los impactos no solo fueron económicos, sino que también
tuvieron repercusiones en el tejido social al establecerse un
mecanismo de subsidio a un grupo privilegiado de personas, sobre todo
empresarios y banqueros, quienes también habían sido
los beneficiarios del auge petrolero y del concurrente proceso de
endeudamiento externo agresivo. A lo largo de este proceso, que
exacerbó la inflación, la corrupción nunca
estuvo ausente. Además, debido a que sus beneficiarios
estuvieron vinculados con grupos políticos y financieros muy
poderosos poco se ha logrado analizar sobre este tema y menos aún
juzgar a los responsables.
Antecedentes
A inicios de la
década de los setenta se vivió el boom
petrolero. Esto provocó un crecimiento económico como
nunca antes se había experimentado. Durante la primera mitad
de la década existió un endeudamiento moderado debido a
que la dictadura militar de ese entonces estableció,
expresamente, que el endeudamiento externo solo debía hacerse
cuando fuese absolutamente necesario. Pero esta actitud cautelosa,
derivada de la dura experiencia ecuatoriana en el campo de la deuda
externa desde los orígenes de la República, cambiaría
rápidamente en la segunda mitad de los años setenta,
también regida por los militares.
Sin embargo, hay que
estar consientes, que la demanda de préstamos de los países
empobrecidos no es la única razón de la existencia del
endeudamiento externo y su mal uso tampoco la única
explicación de las crisis. Los problemas derivados del
sobreendeudamiento encuentran sus orígenes en la oferta de
recursos financieros en los países desarrollados,
especialmente en los EEUU. El proceso de acelerado endeudamiento en
los años setenta del siglo XX se debió a la afluencia
masiva de los llamados eurodólares, por efecto, entre otros
factores, de los desbalances que provocó la guerra de Vietnam,
mucho antes del alza de los precios del petróleo. La masa de
estos dólares fuera de los EEUU se amplió aún
más con la eliminación de la convertibilidad del dólar
en oro, en agosto de 1971.
La carrera
expansionista de las disponibilidades financieras a nivel
internacional, encontró su punto de partida también en
la pugna comercial entre las grandes potencias. Luego crecería
el monto de recursos financieros con los petrodólares, los
cuales, al no poder ser utilizados productivamente en el Norte,
fueron canalizados alegremente hacia el Sur, tradicionalmente
marginado de los mercados financieros internacionales. Por eso la
demanda de necesidades financieras represadas en el tercer
mundo no puede ser vista como motivo suficiente para que se
movilice el flujo de los recursos externos requeridos.
En suma, la
disponibilidad de recursos financieros en los mercados
internacionales respondía directamente a un exceso de recursos
que ya no tenían cabida en los mercados del Norte. Esta
disponibilidad respondía directamente a la pérdida del
liderazgo económico de los EEUU. Esta se dio con el fin del
régimen monetario nacido en Bretton Woods, cuando los EEUU
pasaron de ser una nación acreedora a una deudora. Fue así
que la necesidad institucionalizada de la acumulación del
capital por parte del sistema financiero internacional hizo que se
prestaran los excedentes financieros a los países del Sur sin
las tradicionales complicaciones.
Por otro lado, el
Ecuador, como nuevo rico, se convirtió en un polo de atracción
para la banca y las empresas transnacionales, que veían en los
países exportadores de petróleo enormes posibilidades
para acelerar el proceso de acumulación, a través de la
colocación de créditos o del incremento de los flujos
comerciales o de las inversiones extranjeras directas. Hay que
anotar, también, que las tasas de interés bajas, aún
inferiores a la inflación, eran una invitación para
endeudarse por parte de los países subdesarrollados.
En 1975 se produjo
una primer debilitamiento de la economía ecuatoriana debido a
que se presentaron limitaciones a las exportaciones petroleras. Esto
provocó un extrangulamiento externo, agravado por el
incremento de las importaciones. Fue entonces cuando el Gobierno
ecuatoriano comenzó a endeudarse masivamente para mantener los
pasados ritmos de crecimiento económico. Las facilidades que
otorgaba el mercado financiero internacional, sumadas a las nunca
satisfechas necesidades de recursos financieros de una sociedad
rentista, que se orientaba rápidamente al consumismo y al
desperdicio, crearon el ambiente propicio para el endeudamiento
agresivo. Es así, como en sólo 10 años, el
endeudamiento creció 18 veces pasando de 242 millones de US$
en 1970 a 4.601 millones de US$ en 1980.
Entonces, la
posibilidad que ofrecía el dinero fácil
comenzó a ser considerada como una situación normal,
fomentada por las ofertas tentadoras de la banca internacional. A
esto se añadieron las limitaciones impuestas en los créditos
gubernamentales del mundo capitalista industrializado a los países
miembros de la OPEP, a la que pertenecía el Ecuador desde
1973.
En la segunda mitad
de los años setenta, la deuda del sector público pasó
de 456,5 millones de dólares en 1975 a 2.847,8 millones en
1979. Mientras tanto, la deuda privada experimentó un
incremento explosivo de 56,2 millones de dólares al finalizar
el año 1975 a 706,3 millones en 1979. El endeudamiento del
sector privado que no había superado los 60 millones hasta
1976, registró un crecimiento inusitado a partir de 1977: en
dicho año registró una elevación de casi 57%,
llegando a crecer, en el año siguiente, en 452%. Ese mismo
año, el sector público aumentó su nivel global
de la deuda en un 111%, que representaba apenas un cuarto del ritmo
del endeudamiento privado. Al finalizar 1979 la deuda del sector
privado alcanzó los 706,3 millones de dólares, con un
incremento de 55 veces desde 1971 y de 12,5 voces desde 1975.
Entre 1976
1979 se dio una marcada intensidad de endeudamiento externo tanto
público como privado. Estos años fueron bautizados como
los del endeudamiento agresivo.
Como se ve, el
endeudamiento agresivo se registró tanto por parte del sector
público como del privado, pero con algunas características
que deben ser destacadas. Hasta 1973, la deuda privada equivalía
a menos del 6% de la deuda global, situación que empezó
a variar en 1974, llegando en 1975 a un primer pico con 11%. En 1982,
de la totalidad de los créditos externos, casi 75%
correspondía al Estado y el resto a personas y empresas
particulares, esta relación cambiaría en poco tiempo
por la sucretización.
En 1982 la deuda
privada era de 1.628,5 millones de dólares: 75 por ciento con
un plazo de vencimiento inferior al año, 85 por ciento
correspondía a operaciones de mercado libre, 64 por ciento
tenía un aval bancario y 83 por ciento estaba contratada a
tasas flotantes. Poco antes de la ruptura de la burbuja financiera,
en abril de 1981, la deuda del sector privado, con un monto total de
1.543 millones de dólares, aparecía registrada en un
31,7 por ciento en la industria, 18,9 por ciento en el comercio, 15,7
por ciento en deudas de individuos particulares y un 14,3 por ciento
en la construcción. El resto de sectores tenían
participaciones inferiores: el sector financiero un 7,4 por ciento,
los servicios 6,2 por ciento, mientras que la agricultura recibió
apenas un 1,7 por ciento.

Fuente:
Banco Central del Ecuador
Elaboración
del gráfico: CDES
Esta gráfica
demuestra el cambio de la estructura del endeudamiento global del
Ecuador por efecto de la sucretización a partir de
1984, cuando el Estado asumió éstas deudas.
Mecánica
de la sucretización
En 1982, al ocurrir
simultáneamente la caída de los ingresos por
exportaciones del petróleo, el incremento de las tasas de
interés internacionales y la restricción del acceso al
mercado de capitales, como consecuencia de la política
monetaria restrictiva aplicada por los países industrializados
-en particular por los EEUU-, el Ecuador inició, como ha sido
la característica en sus relaciones financieras
internacionales, una nueva historia de renegociaciones que hasta el
día de hoy no ha llegado a una solución definitiva.
La sucretización
asomó como la medida correcta, adecuada y sabia
(al decir de los propios beneficiarios) para solucionar en el corto
plazo el problema del sobreendeudamiento del sector privado, que se
había endeudado libremente en los años de la bonanza
petrolera. Para que se diera esta medida existieron presiones tanto
internas como externas. Las presiones internas estaban dadas
lógicamente por los grupos de poder político y
económico que urgían a que el gobierno de Hurtado (el
cual no contaba con un sólido respaldo político) tomará
esta medida para satisfacer sus propias necesidades. Las presiones
internacionales estuvieron dadas por el FMI y el Banco Mundial que
respondían a intereses de la banca internacional interesada en
conseguir un mejor garante para sus acreencias, cuando fue dicha
banca, que por falta de análisis, criterio y por estar en
extrema competencia con los otros acreedores, la que entregó
alegremente esa enorme cantidad de créditos.
Con la
sucretización el Estado, es decir toda la
sociedad, se hizo cargo de la deuda externa privada frente a los
acreedores internacionales. Convirtió las obligaciones en
dólares de los agentes económicos privados en
obligaciones en sucres en condiciones excepcionales. Los deudores
debían pagar en sucres con una paridad cambiaria y una tasa de
interés fijada a la fecha de celebración del contrato.
En una primera instancia, estas condiciones consideraban el riesgo
cambiario. La rigidez posterior de éstas condiciones de pago
hizo que este proceso sea aún más perjudicial para el
país.
Quizás
convenga recordar algunos detalles de la mecánica del
endeudamiento externo por parte de los agentes privados, como punto
de partida para comprender como funcionó la mecánica de
la sucretización.
El endeudamiento
privado que se dinamizó desde 1976 se sustentó en
varios supuestos, entre éstos la declaración de que las
divisas que se prestaban debían ser negociadas en el Banco
Central del Ecuador o en el mercado libre de cambios.
Para el efecto,
primero se solicitaba la autorización al Banco Central y, una
vez concedida, se registraba el crédito. En la práctica,
en alguna época el Banco Central se reservó el derecho
de decidir si compraba las divisas o dejaba que se negociaran en el
mercado libre, pero generalmente la decisión quedaba en manos
del deudor. Cuando las divisas se negociaban en el Banco Central,
existía el derecho a demandar del instituto emisor la
provisión para el reembolso del principal y los intereses,
según el abogado León Roldós Aguilera.
En el caso de que
las divisas se negociaran en el mercado libre, el servicio de pago
del principal e intereses dependía de la disponibilidad de
divisas en ese mercado.
En el primer caso
evidentemente existía un control de retorno de las divisas y,
por lo tanto, se podía conocer sobre la extinción del
crédito anterior por parte del Banco Central, lo que no
ocurrió cuando las divisas se negociaban en el mercado libre y
el servicio se hacía por ese mercado. El Banco Central no
registraba si los intereses y el principal habían sido
abonados.
Cuando se vencía
un crédito, se acostumbraba a conceder uno nuevo, siguiendo
las prácticas usuales de la renovación parcial. Si los
dólares debían ser reembolsados por el Banco Central,
se hacía el registro de operación y se obtenía
en sucres la cantidad necesaria para negociar las divisas en el tramo
que se renovaba, se preveía la diferencia y se compraban los
dólares al Banco Central para pagar al exterior.
Cuando los dólares
habían sido negociados en el mercado libre, no se declaraba la
renovación, sino que simplemente se procedía a obtener
un nuevo registro, de modo que en el Banco Central se acumulaba el
registro anterior al nuevo; así, en la práctica, se
multiplicaban los registros. Tal procedimiento pareció no
tener trascendencia.
¿Qué
sucedió al momento de aplicar la sucretización?
Como absurdamente sólo se exigía la existencia del
registro, muchas personas -que ya no tenían deudas porque los
créditos habían sido pagados en divisas del mercado
libre, en el que se vendieron originalmente las que se recibían-
tenían registros vigentes no cancelados, aunque vencidos, con
lo que hicieron un doble negocio. Por un lado obtuvieron con sucres
divisas subsidiadas para supuestos intereses de mora y, por otro, se
convirtieron en deudores de créditos sucretizados,
lo que en palabras simples consistía en obtener créditos
baratos y a largo plazo.
A esta práctica
se sumaron los supuestos acreedores externos que concedían
certificados de deudas inexistentes Acreedores bancarios, proveedores
y financistas no bancarios del exterior que, en la mayoría de
los casos, no eran sino simples membretes de los mismos grupos que
sucretizaban sus deudas en el país. Asimismo,
bancos del exterior -matrices o vinculados con oficinas bancarias en
el Ecuador-, así como empresas extranjeras o sus subsidiarias
-es decir moralmente sin derecho alguno a que el Banco Central
asumiera el riesgo de crédito- hicieron uso de este mecanismo.
En algún
momento se sugirió la posibilidad dé que se exigiera
una declaración juramentada sobre la disponibilidad de
depósitos en el exterior. Se pensaba que ésta, aunque
difícil de sustentarse como prueba plena, preocuparía a
algunos deudores porque para sucretizar la deuda no
debían tener vinculación con cuentas e inversiones en
dólares en el exterior. La propuesta no fue aceptada y también
ahí se hizo gala de una conducta ingenua, por decir lo menos;
con el paso de los años se evidenció que los sectores
que sucretizaron tenían, en muchos caso, sumas
superiores en el exterior.
Algunos de los
principales beneficiarios de la sucretización
Resulta curioso
advertir que uno de los argumentos para la sucretización
es que con esta medida se estaba evitando la quiebra de empresas que
eran parte importante del aparato productivo del país. Sin
embargo, recuérdese que en el listado de los sucretizados
aparecen entidades que no tienen nada que ver con actividades
productivas. Esto demuestra que esta medida solo sirvió para
beneficiar a las tradicionales elites.
Para graficar este
hecho simplemente se menciona a las siguientes entidades: el Quito
Tenis y Golf Club (El Condado), uno de los clubes privados más
exclusivos de la capital, está entre los veinte primeros
beneficiarios con un monto cercano a los 6,5 millones de dólares;
el Guayaquil Tenis Club, con un monto de casi 2,7 millones de
dólares; los opulentos equipos de fútbol Barcelona y
Emelec; el hipódromo Buijo. Otros clubes que aparecen son:
Club Ballenita, Club del Banco del Pacífico, Club de
Automovilismo y Turismo de Guayaquil, Club Deportivo PIN S.A. y el
Club Ecuestre La Herradura. Aquí cabe preguntarse la utilidad
productiva de estas empresas que se beneficiaron de la
sucretización o si acaso ocultan papeles de deuda
pertenecientes a otras personas.
Igualmente habría
que destacar en la lista. en la cual aparecen también
editoriales y radiodifusoras, un gran número de empresas
constructoras, conjuntamente con grandes casas comerciales, que
fueron instrumentos para el auge consumista de la bonanza petrolera.
En total se han registrado 2984 sucretizadores; con casi 14.500
registros.
Por lo demás,
un estudio detallado de los reales beneficiarios sólo será
posible cuando se destape el contenido de muchos membretes
empresariales para conocer no sólo nombres de personas qué
pudieron haber tenido injerencia en el manejo de la deuda, sino
también las vinculaciones empresariales existentes, por
ejemplo el Banco Continental pertenece a Conticorp SA, con lo cual
sólo estas dos empresas de este grupo financiero aglutinan
16'700.000,- dólares de sucretización.
La sucretización
benefició a personas destacadas en la vida política
nacional, entre los cuales aparecen los siguientes, en orden
alfabético:
- Fernando
Aspiazu Seminario, ministro de Finanzas del gobierno roldosista y
luego propietario de EMELEC y del Banco del Progreso;
- Raúl
Baca Carbo, ministro de Bienestar Social socialdemócrata y
luego ministro de Energía en el gobierno del encargado del
Poder Fabián Alarcón;
- Andrés
Barreiro, ministro de Energía del arquitecto Durán
Ballén, propietario de OCABSA.
- Washington
Bonilla, ex-diputado de la Democracia Popular;
- Gonzalo
Córdova Galarza, superintendente de Bancos del gobierno de
Rodrigo Borja;
- Ricardo
Crespo Zaldumbide, embajador en Washington durante la administración
de Oswaldo Hurtado;
- Alberto
Dahik -en el listado aparece sin el segundo apellido-, en este caso
bien podría tratarse de un homónimo (7) o del padre
del vicepresidente prófugo en Costa Rica, que antes fue
presidente de la Junta Monetaria, ministro de Finanzas y asesor
personal del presidente de la República durante el
febrescorderato;
- Remigio
Dávalos, diputado conservador;
- Roberto
Dunn Barreiro, ministro de Gobierno con Roldós y Durán
Ballén y ex-diputado roldosista;
- Marcel
Laniado de Wind, presidente del CONAM, que comandaba el grupo
financiero del Banco del Pacífico y Leasing del Pacífico;
- Jaime
Morillo, ministro de finanzas de Hurtado Larrea;
- Jaime
Nebot Velasco, ministro velasquista y padre del actual alcalde de
Guayaquil y gobernador del Guayas durante el febrescorderato;
- Pedro
Pinto Rubianes, ministro de Finanzas de Hurtado, actual
vicepresidente de la República;
- Mauricio
Pinto, ex-ministro de Industrias de Durán Ballén;
- Julio
Ponce Arteta, gerente general de INECEL con Rodrigo Borja, actual
subsecretario de Economía;
- Alejando
Ponce Luque, ministro velasquista;
- Juan
José Pons, ministro de Industrias durante el régimen
de Borja Cevallos y ex-presidente del Congreso Nacional, actual
diputado.
Igualmente, hay que
tener presente que el Banco del Pacífico encabeza la lista de
bancos sucretizados y de entidades financieras que intermediaron en
esta operación. Entre los entes intermediarios, el Banco del
Pacífico representa más del 13%, seguido por el
Citibank con un 9,2% y el Banco Popular con un 6,7%.
No nos olvidemos que
muchos de estos personajes, en varias oportunidades, no sólo
en el caso de la sucretización, han sido actores
de primera línea en un complejo y añejo proceso de
privatizactón del Estado. Así en el Estado,
como parte de este proceso social de larga data, han intervenido, en
primera línea, los grupos financieros más poderosos
directa o indirectamente a través de sus intermediarios.
Resulta, además,
curioso que los empresarios privados no hayan tomado las debidas
precauciones al endeudarse en el exterior. No nos olvidemos que, de
acuerdo a la teoría económica convencional, el sector
privado sería incapaz de sobreendeudarse más allá
de sus posibilidades, ya que posee mecanismos autoreguladores
derivados de las fuerzas del mercado (y su responsabilidad)
que lo impedirían. No así en el caso del Estado.
La
sucretización ampliada de León Febres
Cordero
Al iniciar su
gobierno, Febres Cordero amplió aún más las
ventajosas condiciones de pago de la deuda externa sucretizada
concedidas durante la administración precedente.
Se extendieron los
plazos de pago de 3 a 7 años; inicialmente las amortizaciones
debían empezar en 1985 y terminar en 1987, pero luego Febres
Cordero postergó su inicio a 1988. Igualmente se congeló
la tasa de interés en 16%, cuando las tasas comerciales
superaban el 28%. Finalmente, se anuló la comisión de
riesgo cambiario, congelando el tipo de cambio en 100 sucres por
dólar y se aumentó el período de gracia de 1 año
y medio a 4 años y medio.
La ampliación
de los períodos de pago no se tomó en el gobierno
democristiano por un problema legal y no por falta de voluntad, como
se aprecia en el proyecto de decreto enviado por el doctor Hurtado
Larrea el 5 de julio de 1983, al presidente de la Cámara
Nacional de representantes. En él existe una notable similitud
con el Decreto Ley urgente N° 01 del ingeniero León Febres
Cordero, con el que se introdujeron las reformas mencionadas.
Al inicio de su
gestión, el gobierno de Rodrigo Borja Cevallos, quizás
por las presiones de los grupos empresariales interesados, resolvió
refinanciar el pago de los intereses de la comisión de riesgo
cambiario, ampliando de alguna manera los subsidios a quienes se
endeudaron en el extranjero y que ya se habían beneficiado con
la sucretización. Sin embargo, es preciso
reconocer que no se dio paso a las pretensiones de quienes buscaban
conseguir una ampliación en los plazos para el pago de los
compromisos adquiridos con el Banco Central entre 1983 y 1984. Por lo
que hasta 1995 se consiguió el pago de la casi totalidad de
dichos créditos.
Algunos efectos
de uno de los mayores subsidios de la era republicana
La sucretización
de casi 1.500 millones de dólares de deuda externa, solo desde
un cálculo del diferencial cambiario, representó un
subsidio al sector privado superior a un millón trescientos
mil millones de sucres (1'300.000'000.000,-) o sea mil trescientos
millones de dólares (1.300'000.000,-), al tipo de cambio de
mil sucres por dólar como promedio para el período de
pago. El subsidio total de la barbaridad de la
sucretización, que representó una
gran dosis de fraude, según León Roldós
Aguilera, ha sido estimado entre 5 y 6 mil millones de dólares:
Una de las mayores subvenciones puntuales de la historia republicana.
En este contexto,
parece conveniente recordar el impacto negativo sobre la distribución
del ingreso. De no haberse producido la intervención estatal,
un buen número de empresas y otro tanto de personas naturales
se habría visto obligado a traer sus recursos del exterior o a
vender parte de sus propiedades si en esa fecha los acreedores
internacionales les obligaban a asumir sus compromisos adquiridos
libremente.
La sucretización
no constituyó un freno para la fuga de capitales; endeble
argumento si se considera que la fuga se produjo de todas
maneras. Y tampoco contribuyó a la reactivación del
crecimiento económico, como se había ofrecido.
Otro de los efectos
negativos fue la inflación, debido al aumento de sucres por la
transformación de las obligaciones. Lógicamente, esta
inflación benefició aún más a los que se
beneficiaron de este proceso ya que ahora tenían que pagar sus
deudas en sucres cada vez más devaluados y con tasas fijas de
interés. Por efecto de la sucretización y
luego de la compra de cuentas especiales en divisas
(canje de deuda) la inflación alcanzó niveles
insospechados en la historia nacional y la economía se
sumergió en un prolongado período recesivo, del cual
aún no ha salido
Por último
cabe recordar que en Venezuela se intentó llevar adelante una
operación similar, pero luego de las correspondientes
averiguaciones en el exterior realizadas por el Banco Central de
dicho país, el monto de la deuda socializada quedó
en apenas 6 mil millones dólares frente a un planteamiento
inicial de los deudores privados de 14 mil millones. El proceso de
sobreendeudamiento privado en México fue similar al registrado
en Ecuador, mas no así la forma en que el Estado ayudó
a los deudores privados. En dicho país, el gobierno se negó
desde el principio a avalar dicha deuda, pues ello equivalía a
absorber los riesgos comerciales de las empresas, frente a lo cual
elaboró algunos programas para apoyar a que dichas empresas
puedan atender el servicio de su deuda externa, con algunos
mecanismos para disminuir las riesgos de devaluación o de no
disponibilidad de divisas. Pero sin asumir todos los riesgos como en
el caso ecuatoriano.
Otros países
de la región también pusieron en marcha esquemas
similares, como la Argentina y Chile: siempre presionados por los
organismos internacionales, que se encargaron de difundir en el mundo
la experiencia ecuatoriana, que fue conocida en otras latitudes
también como sucretización.
En suma, hay
argumentos sólidos para demostrar lo que el abogado León
Roldós Aguilera calificó como la naturaleza
fraudulenta de la sucretización. Según
él, lo que pudo justificarse para ciertas actividades
productivas, se convirtió en un mecanismo de impúdico
beneficio para decenas de personas dada la falta de control del Banco
Central una vez que se procedió a su aplicación.
Fue un mecanismo para salvar a los amantes del riesgo,
agresivos en la captación de una mayor porción del
mercado, proclives a intermediar con moneda extranjera y poco
cuidadosos en la selección del portafolio, como
caracterizó a los diversos agentes económicos
beneficiarios de la sucretización Abelardo
Pachano, quien fuera gerente general del Banco Central con el propio
Hurtado, o sea uno de los principales gestores de la sucretización.
Es más, el
haber forzado a socializar las deudas privadas, de
conformidad con algunas legislaciones, es un acto que puede y debe
ser declarado nulo. Esta acción constituye, en definitiva, un
acto criminal en muchos países acreedores, lo cual permitiría
exigir simplemente la nulidad de estas deudas y también la
aplicación de los códigos correspondientes.
Frente a esta
realidad, la anulación o cancelación total y sin
condiciones de la deuda externa pública es una posición
contundente en términos económicos, no solo por razones
éticas. Hay suficientes argumentos económicos y también
jurídicos para exigir dicha anulación.
Desde una simple
sumatoria matemática, la deuda estaría pagada. En
Ecuador, desde 1982 a 2000, se pagó por concepto de capital e
intereses 75.908,2 millones de dólares y en el mismo lapso se
recibió como nuevos desembolsos 65.678,8 millones:
transferencia neta negativa de 10.229,4 millones, a pesar de lo cual
la deuda creció en 6.931,7 millones, pues pasó de 6.633
millones a 13.564,5 millones en el período mencionado. Cabe
mencionar que con la reciente transformación de los Bonos
Brady en Bonos Global en el año 2000, la deuda se redujo en
2.717,8 millones en dicho año; reducción que, sin
embargo, oculta la realidad: el saldo neto que habrá que pagar
al final de período pactado en esta nueva negociación
es mayor que el existente cuando regían los Bonos Brady.
Además el no
pago se justifica legalmente porque muchos créditos
contratados caen en el ámbito de las deudas odiosas (las
deudas de la dictadura, por ejemplo); además, hay muchas
deudas que podrían ser consideradas como usurarias y
corruptas, que por definición deberían ser nulas. Hay
otras deudas cuyo servicio se ha visto imposibilitado por las
condiciones impredecibles impuestas por los acreedores, como fue el
masivo incremento de las tasas de interés. Una situación
explicable por los desbalances de poder existentes en los diversos
procesos de negociación y porque, en muchos casos, se ha
partido de condiciones que luego resultaron equivocadas o que de
antemano eran imposibles de cumplir.
Desde esta
perspectiva la anulación o el no pago de la deuda está
más que justificado.
Nota: La
elaboración de este resumen estuvo a cargo de Alberto Acosta.
Gran parte del material utilizado fue extraído del libro
del autor; Los nombres de la deuda: Sucretizadores, canjeadores
y tenedores, Grupo de Trabajo sobre Deuda Externa y Desarrollo,
Quito, 1994.
Noviembre
del 2001
http://alainet.org/active/1549&lang=es
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